viernes, junio 27

¿Diálogo o Guerra Civil?


Las naciones desarrolladas ni siquiera tienen que plantearse tal interrogante, por supuesto que el diálogo es la única salida a la existencia de problemas, sin embargo en Bolivia la cosa se pinta distinta.
Roberto Aguilar, otrora Vicepresidente de la Asamblea Constituyente, planteó este dilema en ocasión de su visita a Berlín y dejando una estela de duda sobre el futuro de la nación.
Todo pasa por que la imagen que mostramos al mundo es negativa, somos noticia por las masivas amenazas de paros (cívicos, de transporte, sectoriales, etc.), bloqueos en rutas nacionales o internacionales, la expulsión de USAID del Trópico de Cochabamba, los enfrentamientos por la toma de espacios de poder, los atentados a medios de comunicación, las elecciones “al cohete”, los referéndums autonómicos, la producción de coca, la pobreza, la matanza de perros, el desorden, el exceso de basura, la carencia de calidad en nuestros trabajos, el bajo nivel educativo, el preocupante desarrollo humano y - por supuesto - el referéndum revocatorio; todo esto demuestra al planeta entero que seguimos viviendo en el siglo pasado, que elegimos la ruta del desastre y no la del progreso.
Nos quejamos de la situación del país (siempre lo hicimos) pero no asumimos nuestra propia responsabilidad. La indisciplina y el caos en el cual navegamos cotidianamente es en gran parte responsabilidad nuestra, fue nuestro voto el que puso a Morales en el Gobierno, son nuestras actitudes las que día a día evitan que el país avance hacia un futuro mejor, son nuestros dirigentes quienes faltos de visión siguen viviendo en la locura de la lucha entre izquierda y derecha, es nuestra idiosincrasia la que nos impone taras que día a día debemos tratar de superar.
Las y los bolivianos somos poseedores de una razón que poco tiene que ver con la lógica, hemos privilegiado a la política en vez de la economía, pretendemos valorizar lo indigenista encima de lo académico, exaltamos la viveza criolla y hacemos mofa de la responsabilidad, en Bolivia lo que en el mundo desarrollado es bueno aquí es malo, vivimos en una suerte de desparramo de lo correcto.
Hoy, ya establecida de manera formal como una nación en permanente crisis, nos debatimos entre guerras políticas que bien pueden derivar en la violencia, en cuyo caso nadie habrá ganado.
El diálogo no pasa por sostener una Constitución Política que no tiene respaldo pleno y que surgió como por “arte de magia” en Oruro, luego de que en meses las y los Asambleístas no pudieron siquiera redactar una línea, tampoco pasa por revocar el mandato del Presidente o los Prefectos, peor aún por – de forma unilateral – declararse autónomos y pretender tomar instituciones, todos estos factores solamente ahondarán la crisis y consolidarán esta imagen que tenemos de país inestable.
En esta lucha destacan PODEMOS y el MAS como fuerzas políticas formales y las regiones (principalmente la media luna ampliada) como fuerzas políticas informales, en los más de los casos considero que no son dignos representantes de lo que Bolivia necesita o quiere, ni Branco, Rubén Costas, Manfred, Tuto, Evo o todo su Gabinete en pleno son soluciones a la crisis nacional. Todos ellos olvidan que la Patria es algo que va más allá de ideologías políticas o de intereses particulares.
La Patria es el campesino que quiere producir en mejores condiciones sus tierras, el trabajador de corbata que pretende estabilidad laboral y un sueldo decente con el cual poder vivir, el empresario que invierte su capital y espera seguridad jurídica y económica, el estudiante que busca calidad académica, la ama de casa que quiere mantener un hogar sano y libre de temores, es aquel niño(a) que desea jugar libre en un parque y sentir la seguridad de que tiene a su familia cerca (no en otras latitudes por falta de trabajo).
Señores, Bolivia necesita soluciones, no políticos, requerimos de amor a la Patria no Evos, Tutos, Prefectos ni Gobernadores.

sábado, junio 21

América Latina y la Directiva de Retorno


La Comunidad Europea aprobó a través de su Parlamento la conocida como Directiva de Retorno, este instrumento legal que permitirá – entre otras cosas –detener a una persona por el plazo máximo de 12 meses (en casos excepcionales 18), así como la repatriación de menores que no estén en compañía de sus padres, y que en suma afectará a los aproximadamente ocho millones (casi como toda nuestra población) de indocumentados que viven actualmente en los 27 estados miembros de la Unión Europea entrará en vigencia a partir del 2010.
Hasta ahora el rechazo a esta medida se hizo escuchar en toda el área de América Latina, incluidos entre ellos connotados personajes nacionales como Evo Morales o Jorge Quiroga, y a nivel internacional – como no podía faltar – Hugo Chávez y otras autoridades.
En la lucha por la aprobación de esta Directiva los eurodiputados de corte socialista trataron - sin éxito – de incluir reformas que favorezcan la situación de los ya complicados migrantes ilegales. La postura europea de luchar de manera conjunta contra el flujo ilegal de emigrantes no es cosa nueva, data ya desde 1999 cuando se tomó esta decisión, el acuerdo sobre la Directiva de Retorno tomó tres años en ser consensuada. Corresponde ahora que el Consejo de Ministros apruebe la Directiva, sea publicada en la Gaceta Oficial y que cada país incorpore la norma en su propia legislación, situación que deberá realizarse dentro los dos años siguientes.
En la situación específica de los inmigrantes Latinoamericanos se estima que al menos un millón se verían afectados por la Directiva de Retorno, sin embargo de que los más afectados serán aquellos de nacionalidad senegalesa, bengalí e iraquí entre otros, considerando que según datos de autoridades europeas los Latinoamericanos – en muchos casos – al menos inician trámites de regularización de su permanencia, cosa que no se presenta en los nacionales arriba mencionados.
Dentro el campo de las estimaciones se considera que en España, Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania y Suiza residen la gran mayoría de indocumentados. En el caso español se considera que existen al menos 450 mil latinoamericanos de un total aproximado de un millón y medio, de este total los grupos humanos de nacionales según su número van desde la mayoría rumana, seguida por los de origen marroquí, .y posteriormente por ecuatorianos, bolivianos, peruanos, colombianos y finalmente brasileños.
Pero ¿cuál es el origen de este problema?, ¿la Directiva de Retorno o las continuas crisis en las que vivimos que hacen que no seamos un “país de oportunidades”?, ¿qué tienen España, Alemania, Gran Bretaña o Italia de especial?, pues duele aceptar las respuestas, entre las diferencias no está sólo su buen fútbol, van cosas como la estabilidad (con la que en el caso particular nuestro estamos peleados desde siempre), la promoción del aparato productivo nacional con regulaciones sociales estables y firmes pero con garantías para el empresariado privado, el respeto al libre tránsito y los derechos de los demás (cosa que no pasa por un Gobierno y que es más actitud de cada uno), el trabajo dedicado y bien hecho desde el inicio, en suma la calidad de su gente y la calidad de su gobierno, cosa que significa a ojos de los nuestros escapar para alcanzar el sueño de vivir mejor.
Pensemos de mejor manera en cómo acercarnos a ser un país de oportunidades, en cómo otorgar garantías para un buen trabajo tanto al empleado como al empleador, en poder vivir en un lugar con respeto a los derechos de los demás. Criticar la Directiva de Retorno suena un buen cliché político pero no solo veamos la paja en el ojo ajeno sino veamos el tronco de responsabilidades incumplidas que tenemos en el nuestro.

jueves, junio 12

El Estado, la economía, Evo y Yo


El Estado es una figura política abstracta en torno a la cual se identifica una población, su origen se remonta a mucho tiempo atrás y su forma ha sufrido transformaciones a lo largo de la historia, sin embargo de esto el Estado mantiene aún vivo su rol principal como entidad común que busque el mayor bienestar para sus habitantes.
La economía por su parte es la ciencia que estudia los procesos de producción, distribución, intercambio y consumo de bienes y servicios, entendiéndose como fin último de ello a la satisfacción de las necesidades humanas.
Bajo esta lógica el Estado debe garantizar que la economía nacional se presente saludable ante los ojos de la población que en suma será la beneficiada o perjudicada según se presente la situación.
Viene ahora la pregunta ¿cuál debe ser el grado de participación del Estado en la economía?, diversas corrientes han planteado su parecer ante este dilema y en muchos casos los resultados no fueron saludables.
Para el Presidente Evo Morales la respuesta parece ser muy simple, el Estado deberá tener una ingerencia de un 56% en la economía en asociación con pequeños productores, desplazando de esta forma el capital privado que existe. Este esquema pretende reemplazar al modelo neoliberal que data de 1985 (con el D.S. 21060) y apunta a la expansión del control estatal sobre la economía, la industrialización de los recursos naturales, la modernización y tecnificación de los pequeños y medianos productores, la satisfacción del mercado interno y el fortalecimiento de las exportaciones que en suma lograrían una mejor distribución de la riqueza nacional; en todos los casos pretende mayor presencia en hidrocarburos, minería, telecomunicaciones y agricultura. En resumen retornaríamos al Capitalismo de Estado.
Este proyecto, que si bien puede sonar hasta bonito, no es descubrimiento del Gobierno y ya tuvo experiencias similares con los estatismos de años pasados en los que el aparato gubernamental y su burocracia demostraron ampliamente que el Estado es un mal administrador y que fue nido de corrupción, de insatisfacción, ineficiencia y poca modernidad.
Yo, como ciudadano erraría si afirmo que los modelos económicos extremos constituyen la única alternativa, es más real y más inteligente aceptar que la economía de corte mixto es la única posibilidad de desarrollo actual, que ideas tales como el estado del bienestar o la tercera vía tienen fundamentos razonables tanto como el respeto al libre mercado, que en suma y conjunción las políticas sociales son requeridas para sostener el respeto básico a los derechos ciudadanos, a la calidad de vida y por ende a la satisfacción de necesidades
Debe recordar el Gobierno que el engordar al Estado no será una solución que nos coloque como país en el tope del mundo, este modelo que ya fue pretendido con anterioridad mostró sus falencias hace muchos años ya. Retomarlo tal cual lo presentó el Vicepresidente el pasado fin de semana es retroceder en el tiempo y tapar al progreso y desarrollo debajo de una piedra, recordemos que el Capitalismo de Estado fue dejado de lado incluso por la misma China que ahora propugna un Socialismo de Mercado.
Tal parece que el Gobierno ante la coyuntura electoral que se avecina nuevamente prioriza lo político y no lo económico

viernes, junio 6

Viviendo en el despelote


Las autonomías de Santa Cruz, Pando y Beni bien pueden catalogarse de ilegales pues en estricto derecho no corresponden, lo propio se puede afirmar de la Constitución Masista. Un extremo o el otro solamente reflejan el despelote en el cual vivimos y el que – por lo visto – ya estamos acostumbrados a soportar.
El mundo ha optado por avanzar pero nosotros seguimos de contreras intentando dar marcha atrás, o peor aún nos ubicamos a un lado del camino y nos venimos sacando la mostaza entre nosotros desde hace tiempo ya.
Los cívicos piensan que con autonomía el país se convertirá en un paraíso, cosa que por lógica es irracional porque para el desarrollo lo que se requiere es plata y eso no viene solo de un sistema de descentralización. Los masistas, que por el contrario vienen nadando en el dinero estatal, no tienen la visión de otorgar estabilidad y promoción al aparato productivo nacional por lo que en el momento en que los petrodólares se terminen, su mágico edén económico terminará también.
La sociedad boliviana ha perdido la cordura, ha dejado de lado la idea de desarrollo que prima en el mundo y ahora se contenta con mirar cómo la política relega cada vez más a la economía a costa del neopopulismo y se alimenta del morbo que cada vez nos hace pensar que estamos a punto de caer al abismo.
Pero el neopopulismo no solo es cosa de Evo o Chávez, también el “Gobernador” Rubén Costas fue víctima de él al ofertar alegremente un salario de Bs. 1000 como base mínima alegrando a todos los cruceños quienes ignorando que la plata no se regala le aplaudieron hasta muy entrada la noche. Por otro lado Evo Morales promociona en todos los medios de comunicación que con sus nacionalizaciones cumple y de un plumazo está poniendo todo en orden, olvidando también la imagen que como país dejamos y por supuesto la poca estabilidad que otorga internamente.
Ni Morales con sus nacionalismos ni Costas con sus ofertas podrán sacar al país del escollo en el que se encuentra porque para siquiera poder ubicarnos del lugar en el que estamos será preciso hacer un alto, mirar nuestra miseria, buscar en nuestros bolsillos y empezar a trabajar en la búsqueda de un bienestar que nada tiene que ver con el desenfrenado capitalismo ni con el Socialismo del siglo XXI.
En los hechos tenemos a ciudades contra campo, a cambas cada vez más alejados de lo que es Bolivia, a la gente cada vez más preocupada por el alza en el costo de vida, a cientos de campesinos que a rajatabla apoyan al Presidente pero no saben siquiera una línea de su Constitución, a ciudadanos de clase media que temen por sus propiedades, a unos y otros enfrentados en una Bolivia que está estancada en el anonimato del subdesarrollo y solo es noticia cuando la crisis nos golpea fuerte.
Piense mi querido lector, vea a su alrededor… Bolivia cada vez menos país y más despelote.