viernes, julio 18

Harvard Boy´s Vs. Evo Boy´s


El liderazgo político es una de las encrucijadas por las que deben enfrentarse todas las naciones del mundo, implica diferencias entre distintos actores que van desde Obama contra McCain, hasta Evo Morales contra los Prefectos de la Media Luna.
El liderazgo bien entendido tiene distintas facetas, así pues por su formalidad en la elección será formal o informal; por la relación entre el líder y aquellos que le siguen llegará a ser autoritario, democrático o liberal; por el tipo de influencia que ejerce en sus subordinados será transaccional o carismático.
Pero ¿qué es en suma el liderazgo?, la respuesta es simple: es el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Por lógico análisis deductivo podemos definir también que un líder requiere seguidores, sin éstos no existirá un líder.
En Bolivia el liderazgo político fue mal entendido siempre, así tenemos a aquellos a los que podemos considerar “tradicionales”, que ya cuentan con un aparato político establecido y que – en los más de los casos – siguen con el respaldo de políticos que desde su época universitaria ya venían cometiendo excesos, que se encargan de meter plata para ganar elecciones en Colegios de Profesionales, Universidades Públicas y toda entidad que pueda representar una cuota de poder que apoye el ascenso del líder a los cargos de poder y que (por supuesto) pueda llevar colgados de su saco a una “juntucha” de políticos que únicamente buscan utilidades ilegítimas. De estos hay muchos ejemplos y tienen una suerte de espiral que atrae a nuevas camadas de políticos que ávidos de desempeñar su rol ingresan en el mismo sistema corrupto de hacer política.
El líder tradicional es hasta cierto punto un letrado, un “Harvard boy”, como dicen muchos. Su conocimiento académico es alto pero su enfoque de la realidad es limitado al ver todo bajo la óptica de la mera teoría, situación que lo separa de las grandes masas sociales a las que - por lógica – solo conoce bajo el rótulo de estadísticas.
Su esquema de marketing político se vio desgastado en los últimos tiempos en función a los resultados visibles de corrupción y clientelismo que se mostraron, no fueron suficientes lemas positivistas como “Orden, paz y progreso” ni ofertas masivas de empleos, la realidad mostró un tedio notorio ante ese Harvard Boy que no mostraba soluciones visibles para el país. Esto influyó en que la clase media vote por Evo Morales, muchos no votaron por Evo, muchos votaron por que estaban aburridos de aquellos partidos tradicionales que no ayudaron al país.
Por otro lado llega la nueva visión del caudillo, enfocada (en nuestro caso) en Evo Morales, personaje no respaldado en un aparato político tradicional, sino más bien fruto del rechazo a ese tipo de esquema pero respaldado por un fuerte esquema sindical que de igual forma le corta la visión y lo mantiene como su líder únicamente para obtener beneficios sectoriales. Este nuevo personaje, carente de formación técnica y de criterios gubernamentales, tiende a meter la pata en cuanto a diplomacia refiere, su forma de expresarse deja mucho que desear ya que no habla bien el castellano (se dice que el quechua y el aymará tampoco), su conocimiento del Estado es limitado y el respaldo que recibe se funda en su color de piel y origen humilde que a todas luces representa (para una nación como la nuestra) una marca o slogan insuperable.
Es precisamente éste el fuerte actual del mensaje propagandístico del Presidente Morales, su cercanía al pueblo y – por supuesto – el mensaje del “cambio” que siempre es bien recibido por la sociedad.
El peor defecto del Presidente radica en la toma de decisiones siempre políticas y no técnicas, en dejar de lado la economía y preocuparse por satisfacer a la Bolivia Andina (que es la única que él reconoce), en el continuo discurso de confrontación y por supuesto en el resentimiento que expresa en torno a las clases sociales a las que él considera oligarcas, incluida la clase media.
Ambos liderazgos no son lo ideal para una Bolivia que si bien no requiere un Harvard Boy al 100% tampoco debe conformarse con un Evo Boy en el poder, se necesita sembrar nuevos líderes que cuenten con las habilidades y conocimientos que amerita la administración estatal y que a la vez puedan acercarse a ese pueblo que (conformado por todos) requiere estabilidad para progresar.
El liderazgo en Bolivia necesita un nuevo viraje con gente que con honestidad en la mano puedan llevar a este país a días mejores.

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