viernes, agosto 29

Bolivia, entre el dolor, la división y el fin de su historia


El camino al progreso no está sembrado de referéndums ni discursos sindicales, el verdadero desarrollo se encuentra fundado en el trabajo y la estabilidad, ambos factores unidos permiten a todo ciudadano poder acceder a bienes y servicios que satisfagan sus necesidades y le otorguen aquello que todos deseamos: paz.
De manera hasta morbosa Bolivia se acostumbró a vivir entre los enfrentamientos de agendas políticas divergentes e incoherencias legales que cada vez se tornan más complicadas. Nuestra vida está dividida entre aprovisionarnos para las posibles épocas de conflictos y la cotidiana lucha entre bolivianos.
El pasado jueves por la noche el Presidente de la República convocó vía Decreto Supremo (rango inferior a la ley) a un referéndum “combo”, pisoteando de esta manera las esperanzas de diálogo que tanto pide el país.
La convocatoria al referéndum “combo” decidiría (si se llega a realizar) aspectos tales como: la aprobación del texto constitucional masista, dirimir la cantidad de tierra para labores agrarias, elegir consejeros departamentales, votación para sub prefectos y selección de Prefectos de Cochabamba y La Paz.
Desde ya la Media Luna anunció que dicho acto no será efectivo en su territorio, situación que traerá – como antes – una serie de disputas, manifestaciones, ampliados, cabildos, reuniones, denuncias, reclamos y finalmente derivará en mayor violencia.
Mientras se da una nueva pulseteada con las regiones, el Presidente olvida que hemos perdido el norte, hoy en día la razón de existir del boliviano pareciera ser vivir enfrentados, esperando por las reacciones de los Comités Cívicos, impidiendo que autoridades nacionales aterricen en sus ciudades o por último incluso mencionando que la independencia de ciertas regiones se vislumbraría como única salida a la crisis.
Las respuestas a nuestros problemas no las encontraremos en Libia o Irán, tampoco serán ni Venezuela ni Estados Unidos la opción a seguir, en la coyuntura en la que vivimos únicamente nos resta empezar por lo básico, y esto significa pretender unir a todos los habitantes de esta tierra.
Hemos caído tan bajo que para siquiera pensar en progreso primero tenemos que aprender a vivir entre nosotros, a tolerarnos, a no discriminarnos y por supuesto a entendernos.
Debemos recordar que no todo proceso de cambio debe pasar por la violencia y que los líderes más destacados de la humanidad, llámense Luther King o Ghandi, no recurrieron a la violencia para dejar un legado imperecedero, que el mismo Jesús buscó la unidad de pueblos en función a un mensaje de paz y esperanza.
En nuestra patria, empezando por Evo Morales, pasando por las aguerridas masas masistas o los radicales grupos de la Unión Juvenil Cruceñista y terminando en Rubén Costas, ya nadie apela al diálogo, las divisiones que tenemos son más fuertes que nuestras similitudes. Los jóvenes cruceños olvidan que tienen entre sus abuelas a collas de muy buena estirpe que forjaron con mucho esfuerzo la Santa Cruz que hoy conocen, igualmente los alteños más radicales no dudan en dejar de lado que muchos intelectuales cambas aportaron decisivamente al desarrollo del país.
La unidad del país sigue en juego, muchos ya no se sienten bolivianos, los unos prefieren ver el espectáculo desde un balcón y los otros sólo atinan a lanzarse piedras y palos ante la mínima provocación. En esta lógica lo último que se necesitaba era lanzar más fuego al incendio, pero lamentablemente esa es la lógica boliviana del poder político: destruir, maltratar, imponer, aplastar y – por la fuerza – ejercer el mando de lo que queda de nuestra patria.
Mal paso se ha dado al convocar por Decreto a una consulta que de realizarse solo traerá más dolor y división a una ya maltratada Bolivia y que trae consigo el serio riesgo de marcar el fin de su historia.

viernes, agosto 22

El Estado Colla Vs. las Autonomías Cambas


El Estado ha sufrido varias transformaciones a lo largo de la historia, su importancia es indiscutible al haberse constituido en principal actor de las organizaciones humanas que en torno a él han encontrado un pacto social que les permita vivir.
Bolivia no es ajena a esta realidad y tiene en su propia existencia a un Estado compuesto por los elementos clásicos del mismo: población, territorio, poder y – de acuerdo al Derecho Internacional - soberanía. Este mismo Estado reviste de manera general dos formas importantes en todo el mundo: el Unitario y el Federal, el primero es el que hemos conocido desde niños y que – a pesar de la descentralización administrativa – tiene una marcada centralización en la ciudad de La Paz, misma ciudad que en la “Guerra Federal” (nótense las comillas) luchó por un sistema más independiente que las propias autonomías regionales y que costó mucha sangre colla (misma que hoy se riega por defender el sistema central). El otro sistema nunca lo conocimos realmente, vivimos tan enceguecidos con que la única forma de administrar el país es a través del Palacio de Gobierno en la Plaza Murillo que no se nos pasa por la mente otra alternativa.
La propuesta de las autonomías, si bien tiene como antecedentes a las Comunidades Autónomas Españolas, no deja de ser un híbrido entre el Federalismo y el Centralismo, y como todo híbrido no representa una lógica clara y transparente en su accionar político, económico e incluso social. Esta lucha solamente tiñe de sangre el sueño patrio en vez de tender puentes entre la población de un mismo Estado.
Hoy el territorio nacional presenta dos bolivias claramente definidas, en el lado “centralista” (Oruro, Potosí, La Paz y el área rural de Cochabamba y Sucre) se desbordan las raíces del centralismo paceño nacional lideradas por el propio Presidente de la República, por otro lado en el lado “autonómico” del país (Santa Cruz, Beni, Pando, ahora con la suma de Tarija y las zonas urbanas de Cochabamba y Sucre) se enterca una visión nueva de país.
La pregunta pasa por incrustarnos en la cabeza si deberíamos analizar de mejor manera nuestra posición como país independientemente de lo que Costas o Morales digan, una propuesta real debería pasar por analizar técnicamente si es conveniente Federalizar a Bolivia, cosa que ya han seguido – entre otros – países como: México, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Venezuela, Argentina y Australia. Esto no significa éxito automático, tampoco las autonomías lo significan, y tal cual naciones centralistas como Chile o Italia bien podríamos encontrar fórmulas provechosas para toda la población en el mismo sistema centralista.
La lucha entre lo que ya es llamado como el “Estado Colla” y las “Autonomías Cambas” ha dejado de lado lo técnico y ha priorizado una agenda política enfocada en quien tiene más poder, ¿tiene más poder el MAS o las regiones de la Media Luna?, ¿qué poder tiene la Autonomía Camba si el dinero (de todo) llega a través del Estado Colla?, ¿en qué medida afectará la suspensión del envío de carne al Estado Colla si éste tiene recursos para incluso cortar salarios a los “gobernadores” de las Autonomías Cambas?, ¿en qué medida desempata el Estado Colla con la Autonomía Camba en un plano eminentemente político si lo único que sumamos es odio y hasta muertos?.
El discurso (exacerbado y hasta loco) de Ruben Costas le agranda ante los grupos juveniles radicales de Santa Cruz pero le resta ante el cúmulo de collas que también viven en Santa Cruz y están hartos de escuchar adjetivos e insultos que han polarizado a nuestra patria, y aún así – con todo y locura - la cosa sigue empatada.
Por su parte de qué le sirve al Gobierno que se grite a voz en cuello “¡Patria o muerte!” si él mismo sabe que a la primera medida socialista serán sus mismos cocaleros los que reclamen al verse afectados sus terrenos y los cientos de campesinos que hoy moviliza de aquí para allá marcharán en su contra.
En suma y definitiva conclusión, la lucha entre el Estado Colla y las Autonomías Cambas no tendrá vencedor, será un empate histórico cuyas únicas salidas parecieren ser seguir empatados - violencia de por medio - o la división del país. En ambos casos estamos alejados de poder constituirnos en un Estado maduro, digno de inversión y respeto.

viernes, agosto 15

El empate catastrófico boliviano


Nuevamente Bolivia se enfrenta a un empate catastrófico entre los propios bolivianos, ya esta figura se había presentado de forma histórica con distintos actores y coyunturas pero con idénticos resultados, vivimos tal cual el perro del hortelano “no comemos ni dejamos comer”.
El pasado fin de semana el Presidente de la República, más allá del fraude que se podría haber montado, demostró que sí tiene apoyo en gran parte del país y salió fortalecido del proceso electoral, llevándose con él las Prefecturas de Cochabamba y La Paz. Por otro lado los Prefectos de la Media Luna recibieron un masivo respaldo regional y se posicionaron bien en sus puestos con una posición igual a la del Presidente Morales.
¿Qué gano Bolivia?, pues nada, la confrontación sigue, los Prefectos se sienten más fuertes y el Gobierno también. Un famoso dicho indica que cuando dos elefantes pelean, quienes sufren las consecuencias son las hormigas, en este caso mi estimado lector las hormigas somos la mayoría de la población que buscamos donde guarecernos de la lucha entre estos dos gigantes.
El diálogo que era esperado como una solución posible a este entuerto no tuvo los resultados esperados, el Gobierno pretende aprobar su Constitución incluyendo el estilo de autonomías de la Media Luna y esta última busca el retorno del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) para sostener precisamente su sistema, en esta lógica no se tuvo acogida de ninguna propuesta y nuevamente continuamos en un empate sin solución..
En ambos casos la visión está equivocada, toda vez que lo adecuado sería llegar a un pacto para designar autoridades del Tribunal Constitucional, quienes – garantizando imparcialidad – puedan poner orden en el caos institucional en el que vive Bolivia. Este Tribunal deberá, en estricta justicia, manifestarse sobre la constitucionalidad de la Constitución Propuesta por el MAS, las autonomías implantadas de facto por la Media Luna y por supuesto el mismísimo referéndum revocatorio, en todos los casos con altas probabilidades de abrir las viejas heridas que tanto daño le han hecho al país pero que deben de tocarse a fin de empezar nuevamente por un camino correcto y con las responsabilidades del caso. En breve, volver a fojas cero y hacer las cosas bien desde el principio.
En este momento, el mensaje del Referéndum no debe enfocarse en que cada bando es más fuerte y por ello puede exigir más (que es lo que parecen haber entendido tanto el Gobierno como la Media Luna), el mensaje apunta a que el país está dividido, que en un lado se exige “mano dura” y en el otro se amenaza con no permitir el acceso de autoridades nacionales, que la ciudad y el campo cada vez se distancian más y nadie reconoce que bolivianos somos todos, que la intolerancia y el racismo se acentúan y es tema de chiste y conversación en las mesas de los hogares, el mensaje refleja la crisis en la que está Bolivia, muestra lo duro de vivir en un lugar en que se enfrentan todos contra todos, en un lugar en que se hicieron las cosas mal.
En este sentido las regiones no deberían planificar paros cívicos, deberían exigir diálogo y concertación, el Gobierno igualmente debe – por todos los medios existentes – sostener las posibilidades de diálogo en beneficio último del país, si para ello es preciso dejar de lado lo trabajado por la Asamblea Constituyente bien debe hacerse, es un precio justo a pagar, si es preciso sacrificar las autonomías para llevarlas por el camino correcto es algo que también debe otorgarse.
La actitud responsable de las autoridades en este momento es ceder en sus pretensiones y poner en la mesa de discusión sus autonomías, su constitución, su “patria o muerte”, sus presiones, sus paros cívicos, en fin dejar sus radicalismos y confrontar ideas sobre un plano técnico que beneficie a la nación en su conjunto, bien decía Jorge Luis Borges: “Nadie es Patria, todos lo somos”.

viernes, agosto 8

El 10 de agosto y después


¿Qué sucederá el 10 de agosto?, o peor aún ¿qué irá a pasar a partir del 11 de agosto?, me imagino que el lunes todos irán a sus trabajos o reuniones con el tema del referéndum en la boca.
Habrá pasado mucho en menos de 24 horas, si la cosa va tal cual se pinta, el Presidente de la República resultará ratificado y con un alto porcentaje, esto seguramente no será resultado solamente de la capacidad de sus seguidores de votar cual ovejas, sino que será fruto de un padrón electoral viciado de dudas y que ha puesto en tela de juicio incluso a la misma Corte Electoral.
Si la cosa va por otro camino y Evo es revocado será una verdadera sorpresa, mostraría que no se montó fraude, que el campesino no es tan fácil de convencer y que los altos precios, el discurso de confrontación y los muertos le pasaron la factura al Presidente.
¿En cualquier caso quién habrá ganado?, ¿podríamos decir que gana Evo si es ratificado?, ¿ganan los Prefectos al seguir en sus puestos?, y finalmente la pregunta clave: ¿qué gana el país?.
¿Cuándo ganará Evo?, el Presidente se sentirá ganador en la medida en que logre eliminar prefecturas opositoras, si logra bajar a Manfred o Paredes habrá logrado mucho, si a estos puede sumar alguna de las Prefecturas de la Media Luna tendrá razones de sobra para festejar. Desde ya el Referéndum Revocatorio impulsado por PODEMOS ha dejado en punto de quiebra a la oposición, que, hasta ese entonces se centraba y fortalecía en sus procesos autonómicos, en la toma de aeropuertos y el rechazo casi uniforme al Primer Mandatario de la Nación.
A pesar de esto y de todos los triunfos autonomistas Evo sigue siendo dueño de la mitad del país, si somos más exactos es favorito en Oruro, Potosí, La Paz y el área rural de Cochabamba, en tanto que el resto del país – más o menos – le costará triunfar fácilmente.
La lucha por el poder se funda en quien puede más y a quien se puede forzar a hacer lo que uno desee, para esto se requiere plata y Evo la tiene, además tiene una base social amplia, seguidores condenados a la ignorancia de seguir a quien les pinta de mejor manera las cosas. A la par de esto el mensaje de Evo es más contundente: él es el “cambio”, el héroe que los salvará del temido neoliberalismo. La oposición, que además ahora debe superar las metidas de pata de Tuto Quiroga, no tiene en ningún caso un representante nacional digno de reemplazar a Morales en el poder, Manfred parece más de lo mismo, Costas es muy camba, ni que decir del Prefecto beniano y del pandino, el Prefecto de Tarija no convocaría al oriente y el de La Paz suficientes problemas tiene al estar cerca del grueso de masistas que conforman el Gobierno Central.
¿Cuándo ganan los Prefectos? En el momento en que sean ratificados se ratificará también su autonomía, a partir de ahí deberán de aplicar sus estatutos y normarse, en suma trataran de hacer lo mismo que pretendían antes del Referéndum. Si un Prefecto en Oruro o Potosí es revocado, les será igual de difícil la cosa ya que el Gobierno aún tendrá el poder en esas regiones, la cosa no se pinta mejorada en relación a su situación hace un par de meses.
En resumen los Prefectos tienen menos que ganar que el Gobierno, en cambio si ellos pierden, Evo puede ganar mucho, al menos a nivel de influencia en algunas regiones.
En los hechos, sin embargo, la cosa no cambiará radicalmente en el país, las ciudades no quieren a Evo ni al campesinado, los campesinos continuarán creyendo que la gente de corbata es ricachona y seguirán con su odio visceral hacia el sistema.
En suma y respondiendo de manera objetiva a la interrogante respecto a qué gana el país con este proceso, podemos afirmar que – tal cual el 11 de enero – no ganamos nada y nuevamente perdemos todos.

viernes, agosto 1

El mundo del revés


¿Con qué fin se sostienen las facultades de Ciencias Jurídicas?, ¿para qué se incluyen en las más de las mallas curriculares asignaturas como ética forense?, si el propio Presidente de la República indica de manera textual que ante las advertencias de sus asesores legales cuando pretende cometer un acto anti jurídico él es el primero en afirmar que “le mete por más que sea ilegal… si es ilegal, legalicen ustedes. ¿Para qué han estudiado?”.
Entonces en nuestro país lo ilegal es correcto y en el camino se puede arreglar, por ello es mejor “meterle” olvidando lo institucional o siquiera lo mínimamente sensato.
No es otra cosa lo que ahora hace la Corte Nacional Electoral al interpretar a su manera la normativa referida a la convocatoria al Referéndum Revocatorio, es decir sigue el ejemplo del Primer Mandatario de la Nación.
Desde ya, la polémica convocatoria del Referéndum Revocatorio, ha provocado una serie de análisis enfocados en su constitucionalidad. Igual camino que los mismos procesos autonómicos que también son hacer las cosas independientemente de la normativa. Peor aún del proceso constituyente con todo y sus presiones populares.
Y es que estamos en un laberinto que empezó con el irrespeto a la formalidad, cosa muy habitual en Bolivia, estamos acostumbrados a “meterle no más”, sin importar las reglas ni las normas básicas de convivencia. Por esto es que hemos llegado a este punto de inflexión en que lo institucional pasa a segundo plano y lo irregular se ha convertido en atribución presidencial.
La conocida por los abogados como Pirámide de Kelsen explica de forma básica la jerarquía de las leyes, normas y reglamentos, encabezando la misma y con potestad transversal sobre el resto está la Constitución Política del Estado, que debe ser respetada en toda normativa de jerarquía inferior. Esto, en el caso nacional, se ha olvidado y tanto el Presidente como la Corte Electoral pretenden interpretar a su libre albedrío lo que más le conviene.
Por su parte el MAS siempre manejó la lógica de imponer por la vía violenta (Democracia Morbosa) sus criterios, amparado en la presión popular de los grupos sociales que en su momento cercaron la Prefectura de Cochabamba, la Asamblea Constituyente en Sucre o el mismo Parlamento en La Paz. Por otro lado los partidos tradicionales han siempre manejado a su antojo la norma provocando descontento y generalizada corrupción que tampoco se puede negar hoy en día, subsiste.
Vivimos en un laberinto y estamos enfrascados en la lucha cotidiana de saber qué sucederá mañana, se anuncian enfrentamientos para los próximos días y los únicos que ganan algo son los centros de abasto porque todos – desesperados – tratan mínimamente de salvar el buche.
Y nos hemos acostumbrado a esto, lo toleramos y aguantamos, las luchas diarias, el incremento del racismo, la intolerancia, el radicalismo sectorial, la corrupción generalizada, el morboso afán por buscar el enfrentamiento, la lógica del garrote presente en todo cuanto hacemos, el poco deseo de hacer las cosas bien a la primera.
Este es nuestro panorama, ni el Presidente ni sus ciudadanos cumplen la ley, ¿a dónde vamos a parar?, ¿qué podemos enseñar a nuestros hijos?, ¿cuándo empezaremos realmente un cambio en el que cada uno sea mejor?.
La respuesta dista mucho de escucharse, lamentablemente vivimos en un país donde hecha la trampa luego le pondremos la ley. Con el “meterle no más” Bolivia se ha convertido en el Mundo del Revés.