viernes, agosto 1

El mundo del revés


¿Con qué fin se sostienen las facultades de Ciencias Jurídicas?, ¿para qué se incluyen en las más de las mallas curriculares asignaturas como ética forense?, si el propio Presidente de la República indica de manera textual que ante las advertencias de sus asesores legales cuando pretende cometer un acto anti jurídico él es el primero en afirmar que “le mete por más que sea ilegal… si es ilegal, legalicen ustedes. ¿Para qué han estudiado?”.
Entonces en nuestro país lo ilegal es correcto y en el camino se puede arreglar, por ello es mejor “meterle” olvidando lo institucional o siquiera lo mínimamente sensato.
No es otra cosa lo que ahora hace la Corte Nacional Electoral al interpretar a su manera la normativa referida a la convocatoria al Referéndum Revocatorio, es decir sigue el ejemplo del Primer Mandatario de la Nación.
Desde ya, la polémica convocatoria del Referéndum Revocatorio, ha provocado una serie de análisis enfocados en su constitucionalidad. Igual camino que los mismos procesos autonómicos que también son hacer las cosas independientemente de la normativa. Peor aún del proceso constituyente con todo y sus presiones populares.
Y es que estamos en un laberinto que empezó con el irrespeto a la formalidad, cosa muy habitual en Bolivia, estamos acostumbrados a “meterle no más”, sin importar las reglas ni las normas básicas de convivencia. Por esto es que hemos llegado a este punto de inflexión en que lo institucional pasa a segundo plano y lo irregular se ha convertido en atribución presidencial.
La conocida por los abogados como Pirámide de Kelsen explica de forma básica la jerarquía de las leyes, normas y reglamentos, encabezando la misma y con potestad transversal sobre el resto está la Constitución Política del Estado, que debe ser respetada en toda normativa de jerarquía inferior. Esto, en el caso nacional, se ha olvidado y tanto el Presidente como la Corte Electoral pretenden interpretar a su libre albedrío lo que más le conviene.
Por su parte el MAS siempre manejó la lógica de imponer por la vía violenta (Democracia Morbosa) sus criterios, amparado en la presión popular de los grupos sociales que en su momento cercaron la Prefectura de Cochabamba, la Asamblea Constituyente en Sucre o el mismo Parlamento en La Paz. Por otro lado los partidos tradicionales han siempre manejado a su antojo la norma provocando descontento y generalizada corrupción que tampoco se puede negar hoy en día, subsiste.
Vivimos en un laberinto y estamos enfrascados en la lucha cotidiana de saber qué sucederá mañana, se anuncian enfrentamientos para los próximos días y los únicos que ganan algo son los centros de abasto porque todos – desesperados – tratan mínimamente de salvar el buche.
Y nos hemos acostumbrado a esto, lo toleramos y aguantamos, las luchas diarias, el incremento del racismo, la intolerancia, el radicalismo sectorial, la corrupción generalizada, el morboso afán por buscar el enfrentamiento, la lógica del garrote presente en todo cuanto hacemos, el poco deseo de hacer las cosas bien a la primera.
Este es nuestro panorama, ni el Presidente ni sus ciudadanos cumplen la ley, ¿a dónde vamos a parar?, ¿qué podemos enseñar a nuestros hijos?, ¿cuándo empezaremos realmente un cambio en el que cada uno sea mejor?.
La respuesta dista mucho de escucharse, lamentablemente vivimos en un país donde hecha la trampa luego le pondremos la ley. Con el “meterle no más” Bolivia se ha convertido en el Mundo del Revés.

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