jueves, octubre 30

El difícil oficio de ser periodista


A pesar de que la Asociación Nacional de la Prensa viene desde hace bastante tiempo alertando respecto a la violencia que gira en torno a los trabajadores de la prensa, oscuros personajes siguen amparándose en las aglomeraciones pro gubernamentales para limitar la labor periodística y por ende limitar la libertad de expresión.
Cuando se habla de un periodista amedrentado se habla también de que nos limitan a todos el acceso a la información, y eso no es democracia.
El pasado mes de octubre la organización Reporteros Sin Fronteras presentó un informe en el cual se muestra que la democracia no necesariamente garantiza la libertad de prensa. En este reporte se muestran como los países con mayor libertad de prensa a los europeos Islandia, Noruega y Finlandia, en tanto que en el área de Latinoamérica los primeros son Costa Rica, Chile y Argentina y el último sigue siendo Cuba.
Si anotamos la nómina casi completa de nuestra región tendremos: Costa Rica (22), Chile (56), Argentina (68), Brasil (82), Paraguay (90), Honduras (100), Perú (108), Venezuela (113), Bolivia (115), Colombia (126) y México (140).
Hace tiempo atrás Bolivia estaba en posiciones expectables en esta nómina, ahora nos vemos menos que la misma Venezuela solamente superando a Colombia y México.
En octubre del año 2006 la misma organización manifestaba respecto a la libertad de prensa boliviana “a lo largo del último año los periodistas bolivianos han disfrutado de una libertad comparable a la de sus colegas austriacos o canadienses”, en ese entonces nuestra posición era el número 16 del mundo (99 puestos más arriba), éramos el mejor país Latinoamericano en cuanto a libertad de prensa refería.
¿Qué sucedió en Bolivia que en menos de tres años hemos pasado de ser los campeones latinoamericanos de la libertad de prensa a ser los antepenúltimos?
Seguramente la explicación pasa por la creciente polarización en la que vivimos, los encendidos discursos que maldicen la labor periodística y por supuesto las acciones de hecho que en cada movilización se pueden evidenciar y que han terminado por germinar un sentimiento de rechazo hacia una de las profesiones más nobles: el periodismo.
Esperemos que el llamado que hizo el Vicepresidente para que se sancione a los responsables de estos actos vandálicos sea un primer paso para que el país mejore su posición en cuanto a la libertad de prensa y por consecuencia permita que el trabajo periodístico se vea garantizado. No podemos permitir que a nombre de movimientos sociales se menoscabe la libertad nacional que en derecho nos corresponde, libertad traducida en saber cómo está nuestro país ya sea en lo político, económico o social, afecte a quien afecte.
Es deber de la Policía Nacional, el Ministerio Público, las autoridades nacionales, departamentales y municipales, la Iglesia Católica, Derechos Humanos y de todo ciudadano el tomar cartas en el asunto y defender a la prensa de cualquier agresión, venga de donde venga.
Es preciso – además - que el propio Presidente de la República sea el primero en promover la libertad de prensa y garantizar la seguridad de los trabajadores periodistas, de este modo, por efecto cascada, sus bases sociales imitarán dicha conducta.
Debemos recuperar nuestro liderazgo en materia de libertad de prensa, no podemos conformarnos con abandonar a los medios de comunicación y dejar que nuestro país se ubique a la cola de una larga fila de naciones que no respetan a los medios de comunicación y sus trabajadores.
La democracia se funda en la libertad de cada uno y el respeto a la libertad de los demás, en saber mis límites y en respetarlos, en buscar el progreso y el desarrollo sin ilegalidad y en concordancia con mi sociedad, en poder acceder a la información sin limites y con la garantía de que no se está sesgando la misma.
La libertad de prensa es demasiado importante como para no respetarla.

sábado, octubre 25

Inclusión


Bolivia es un país con variedad de culturas incluidas en su territorio, con diversos tipos de color de piel y criterios políticos y económicos. No somos una rareza, somos como cualquier otra nación del mundo, con peculiaridades y diferencias que en un todo van construyendo aquello que llamamos “el ser boliviano(a)”.
La historia de nuestra nación no se inicia en 1492 con el descubrimiento de América sino que se remonta a 30.000 años antes cuando esta tierra ya era habitada por diversas culturas, las influencias que recibimos datan no solamente de las culturas incaicas o tiahuanacotas sino que hay mucho de europeo y de otros lados también, las nuevas generaciones bien festejarán Halloween y también Todos Santos, esto pasa aquí y en la China comunista, por el Facebook nuestra gente ahora puede hablar con gente de África o de Rusia y mezclar más aún sus culturas. En suma el mundo con todo lo grande que es también puede resultar pequeño.
Así como son orgullo nuestro el Carnaval de Oruro o el Salar de Uyuni también asimilamos fácilmente la tecnología japonesa o los productos Chinos, la sociedad boliviana hoy en día es parte de un todo que es cada vez más tangible.
Pero no todo es color de rosa, arrastramos sobre nuestras espaldas desde hace mucho tiempo el conflicto y la enemistad, esto se refleja en un alto grado de polarización que en los últimos años ha aflorado de forma radical y ha concluido en nuevos índices de intolerancia y racismo.
La pasada semana se aprobó la ley de convocatoria a un referéndum para ver si la Constitución que inicialmente fue propuesta en Sucre y luego en Oruro, y finalmente modificada en La Paz, podrá convertirse en el nuevo cuerpo legislativo que una a los unos con los otros, en la Carta Magna de nuestra nación.
Si bien este acuerdo permite respirar a un país que ha olvidado que el desarrollo y el progreso vienen de la mano de la estabilidad, la seguridad económica, jurídica y política, también es evidente que Bolivia es diversa y en su legislación debe reconocer derechos de indígenas, asiáticos, collas, cambas, chapacos, vallunos, ricos, pobres, blancos, negros, castaños, rubios y todo aquel que resida en nuestra patria.
El MAS debe desterrar una agenda agresiva y exclusivamente política y la oposición debe de apoyar al progreso de la patria con actitudes de apertura y concertación. La comunidad internacional hace lo que debe, felicita y apuesta por el diálogo antes que la confrontación, por supuesto, ese es y debe ser su rol.
Un acuerdo constitucional debe, en todo caso, ser principalmente inclusivo y promover valores muy profundos, entre estos la igualdad de oportunidades, el valor de la propiedad privada, la defensa de la libertad del individuo y la iniciativa privada debiendo ser sujetos de garantías y respeto por afectos al oficialismo y a la oposición.
Es momento de que los líderes asuman posiciones constructivas, que se archiven para siempre las marchas de presión, los paros cívicos, los bloqueos de caminos y las persecuciones. Es momento de trabajar por Bolivia, con todo lo que ésta contiene.
Como muchas, la Constitución Política Nacional no será ni socialista ni liberal, y aquello está bien, porque en el equilibrio de ambas es que se puede estar mejor. Independientemente de su aprobación o no es preciso que tanto los unos como los otros entiendan a cabalidad que vivir enfrentados sólo nos mantendrá ajenos al desarrollo.
Debemos cambiar la imagen de que en Bolivia el conflicto es nuestro estado natural y que solamente con muertos podemos resolver las cosas. Debemos aprender a ser primero bolivianos(as) antes que “masistas” o “autonomistas” y en esta lógica debemos de ser inclusivos con todos y para todos. Podemos hacer mucho por nuestro país si solamente entendemos que bolivianos(as) somos todos.

jueves, octubre 16

El Plomero Joe y el sueño boliviano


En las calientes contiendas políticas del país del norte, mucho se ha venido hablando del “Plomero Joe”, una suerte de icono de las clases trabajadoras que aspiran cumplir el sueño americano.
Específicamente el “Plomero Joe” se llama Joe Wurzelbacher, un habitante de Ohio que aspira comprar una pequeña empresa de plomería. Su fama empezó hace poco más de una semana cuando le dijo al candidato demócrata Barack Obama que sus planes impositivos le impedirían comprar el negocio en el que ha trabajado durante años, por ende le truncaba el lograr el afamado “sueño americano”.
En números el negocio que Wurzelbacher aspira adquirir tiene utilidades entre $us. 250.000 y $us. 280.000 por año, por lo que en el plan de gobierno demócrata recibiría el incremento de impuestos de un 36% a un 39%.
Este hecho bastó para que Jhon McCain utilice la imagen del “Plomero Joe” como un ejemplo del perjuicio que las medidas (a su juicio) socialistas de Obama podrían tener, no sólo por su carácter económico sino más por un fondo emblemático en el cual cualquiera que trabaje arduamente puede cumplir su “Sueño Americano”.
En definición aquello que se conoce como el “Sueño Americano” no es otra cosa que la igualdad de oportunidades y la libertad que permite a las y los ciudadanos lograr sus objetivos con la aplicación exclusiva del esfuerzo y la dedicación. En suma el éxito depende de las habilidades de cada uno y de su propio trabajo.
Como el “Plomero Joe”, en Bolivia tenemos muchos, trabajadores asalariados y subvaluados que también quieren tener su sueño americano, en nuestro caso un sueño boliviano.
En Estados Unidos muchos compatriotas nuestros aspiran a cumplir un sueño parecido al de Joe Wurzelbacher, muchos que iniciaron su vida aquí y tuvieron que terminarla allá, lejos – en muchos casos – de sus seres queridos, sin ver como crecen sus hijos e hijas, sin estar con ellos en los momentos más importantes y por supuesto sin atender sus necesidades.
¿Cuál la diferencia entre el “Sueño americano” y el “Sueño boliviano”?, ¿que acaso aquí no quisiera un plomero poder tener su propia empresa de servicios?, ¿poder ser su propio jefe?, ¿qué acaso ese no es un sueño común a muchos ciudadanos?, ¿porqué no puede aspirar nuestra gente a cumplir un “Sueño boliviano”?
Entre las múltiples respuestas encontraremos que una de las causas más importantes es la inestabilidad que tiene Bolivia como país, aquellos que no nos permite levantarnos y avanzar juntos hacia un futuro común y promisorio.
Muchas cosas positivas podríamos decir de las y los bolivianos, pero la estabilidad no es una de ellas.
Bien sabemos que en Bolivia la economía ha pasado a un segundo plano por detrás de lo político, que estamos más ocupados de pelear entre nosotros que en producir, que nos sentimos bolivianos sólo cuando la Selección gana, que el racismo se ha disparado por los cielos y todo el mundo ya lo asume como si nada pasara, que los unos no pueden ver al Presidente ni en pintura y los otros lo propio con los Prefectos, que se respira un ambiente de inestabilidad para invertir y que por lógico resultado seguimos siendo un país inestable.
Entonces… ¿el Sueño boliviano no existe?, al menos podemos afirmar que es muy difícil que se realice en las condiciones actuales.
El “Plomero Joe”, como muchos otros trabajadores bolivianos no desean enfrentamiento ni muerte, realmente la política no les interesa en tanto reciban un digno salario, puedan satisfacer las necesidades de su hogar y solventar una buena educación para sus hijos. El “vivir bien” es un deseo anhelado por todos, es aquella posibilidad que debe otorgar todo país a sus habitantes de hacer real su propio sueño, para nosotros nuestro “Sueño Boliviano”.