viernes, mayo 22

El Bicentenario


A principios del siglo XIX en nuestra capital de la República – Chuquisaca – se daba el puntapié inicial de la independencia de América Latina, más allá de toda la historia quedan flotando en el aire preguntas como ¿somos realmente independientes?, ¿en qué medida avanzamos en estos 200 años de independencia?, ¿qué logros tuvimos como Latinoamérica en estos 200 años?
La cosa se torna harto difícil de responder bajo la lógica de que Bolivia es desde ya un sitio complejo en muchos aspectos y no podía estar excluida de esta complejidad la celebración del bicentenario. A decir de muchos cuando se pretende comprender la política boliviana: “si se entiende la política en Bolivia, entonces no se entendió bien”.
Avanzando en orden podemos afirmar que – como la mayoría de las revoluciones – los verdaderos caudillos de este movimiento fueron los integrantes de las clases medias, así también fue en esta ocasión histórica con los Criollos.
Las crisis europeas bien se reflejaban hace 200 años en esta parte del mundo, Napoleón pretendía intervenir en América mermando la influencia española, en Portugal su reina (Carlota de Borbón) se trasladaba a Brasil para mantener su seguridad respecto a la arremetida francesa, a esto se sumaba el deseo portugués de asumir posesión en el Alto Perú (hoy nuestra amada Bolivia).En la Universidad Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca se estudiaba y analizaba esa realidad, en secreto se conversaba sobre la independencia del país.
La revuelta popular que en Sucre derrocó al Gobernador e instaló una junta criolla en el poder fue fruto del arresto del rebelde Jaime Sudáñez, quien al ser detenido pide ayuda gritando en las calles de la Capital y consigue el levantamiento del pueblo (25 de mayo de 1809).
Este levantamiento enciende la mecha de que es posible formar una nueva Patria, alejada de las influencias españolas o portuguesas, proclama que encuentra asidero principalmente en La Paz, Buenos Aires y Lima.
A raíz de este incidente histórico en los siguientes meses se levantaría La Paz que sería reprimida de forma salvaje, mismo camino que seguiría el grito libertario de Chuquisaca en diciembre del mismo año cuando la Corona Española retoma el poder, pero ya para esto, el puñalazo Chuquisaqueño había despertado el fervor Latinoamericano de la independencia y no había marcha atrás, años posteriores seguirían el mismo camino Buenos Aires, Bogotá, Caracas y México.
Como historia realmente es altamente importante y motivante lo ocurrido en Sucre y el Bicentenario bien merece el máximo reconocimiento, pero volvemos a preguntarnos sobre el éxito o no de nuestro desarrollo como pueblos a 200 años de aquel histórico 25 de mayo.
Y es que llegamos a esta celebración histórica con la realidad de un país dividido, con dudas respecto a nuestra independencia (para muchos pasamos de la dependencia de la Corona Española a la de los países ricos como Estados Unidos y ahora a la de Venezuela y el Chavismo), con el dolor de saber que la educación, los servicios básicos, la salud y otros temas tan importantes no han sido aún debidamente atendidos y con la incomodidad de que en 200 años seguimos considerados un país en desarrollo (por utilizar un término más o menos bonito).
El resultado bien conocido por todos nosotros nos lleva a la profunda reflexión de que la unidad del país no solo es cosa de los políticos, es responsabilidad de cada uno, de cada ciudadano que ame a este país, tal cual decía Jorge Bucay (escritor argentino) “Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes” y es que las y los bolivianos debemos asumir nuestra existencia como bolivianos, como ciudadanos de una patria que puede ser grande, que espera mucho de nosotros pero que somos mezquinos a momento de darle algo.
Felicidades en el Bicentenario y esperemos que asumamos nuestro valor como ciudadanos y por ende como país.

viernes, mayo 15

El poder judicial bajo fuego


Quizás porque conozco personalmente a Eddy Fernández, quizás porque es un amigo y alguien a quien considero probo y digno de defensa me animo a escribir afirmando que no es posible pactar por encima de la justicia y con claros fines políticos.
En Bolivia, como en muchos lugares del mundo, se ha establecido un principio de independencia de los poderes del Estado, afirmando que la negación de tal principio deriva en la tiranía.
La historia de la humanidad ha mostrado que el ser humano tiene un sin fin de falencias, dentro de estas figuran también las desmedidas ambiciones de poder y por ende la lucha histórica por obtener el control total. Dentro esta lógica se considera que la división de poderes debiera garantizar, al menos en cierta medida, una estabilidad social que aleje a lo político de lo justo.
Cuando Montesquieu, Rousseau, Locke y Hamilton se planteaban la división de poderes se fundaba todo en su independencia, la lógica de esto es que el ciudadano busca protección incluso de otros ciudadanos y del Estado, con mayor detalle Charles Louis de Secondat de Montesquieu describe en su obra “Del espíritu de las leyes” la división entre poder legislativo, ejecutivo y judicial. Fruto de esto nace lo que se conoce como el Estado Liberal que es la base del constitucionalismo moderno, incluida la Nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia (a pesar de que algunos no lo acepten).
A su turno el Poder Judicial es el encargado de administrar justicia en la sociedad según las normas vigentes y con operadores (llámense administradores de justicia) probos e imparciales. Si bien el Poder Judicial Boliviano seguramente tiene falencias, en muchos casos provocados por la excesiva carga procesal y la falta de recursos, no es permisible aceptar con simple paciencia que se avasalle su existencia al decapitarle a costa de intereses políticos.
Más irónico resulta exigir celeridad en determinados casos cuando en los hechos no se permite un juicio justo al Prefecto de Pando, o cuando se calla a Santos Ramírez y se prohíben las conferencias de prensa o cuando se lava la imagen de autoridades posiblemente afectadas en temas de contrabando.
Todos los países desarrollados consideran la independencia del Poder Judicial como algo prioritario, en cuya espalda descansa el fundamento de que la democracia no dé paso a la tiranía.
Quizás es momento de que las y los bolivianos reflexionemos respecto a lo que venimos soportando a costa de ideologías políticas y que consecutivamente venimos sacrificando cabizbajos ante los continuos “cambios” que vivimos.

jueves, mayo 7

El mejor trabajo del mundo


El título de este artículo suena muy interesante ¿cierto?, para más de uno este es un sueño anhelado, el poder decir que uno tiene el “mejor trabajo del mundo”.
Pues hoy esto es realidad para un británico llamado Ben Southall (de 34 años), Ben participó de un concurso en el que participaron cerca de 34.000 candidatos de todo el mundo, el evento en sí consistía en candidatear para ser el cuidador de la paradisíaca isla de Hamilton, en la famosa Barrera de Coral, el lugar desde ya es hermoso y la labor consistía específicamente en nadar, explorar los alrededores y relajarse en una casa con piscina y vista al mar mientras prepara informes sobre sus observaciones.
¿Qué envidia cierto? Sprite tiene razón, la “envidia sana” no existe y para muestra basta un botón, mientras Ben disfrutará de un paraíso tropical, ganando nada más y nada menos que la astronómica suma de 150.000 dólares australianos (105.000 dólares americanos) nosotros deberemos de enfrentar elecciones en diciembre, peleas a lo largo del todo el año, Evos y Lineras envalentonados, Costas y Brancos bravuconados, “terroristas” apaleados y una serie de cosas que hacen de Bolivia un lugar mediocre para vivir.
Mientras en otros lugares del mundo se hace gala de lo hermoso que es vivir ahí, mencionando su estabilidad, alto nivel educativo, respeto a las leyes, puntualidad y todo un cúmulo de virtudes (lejanas a las que nosotros ostentamos), en Bolivia vamos cada vez más abajo. Las y los bolivianos estamos más que acostumbrados a vivir de la viveza criolla, a soportar el mal trato de bloqueadores, la mediocridad de la educación, la poca higiene de mercados y habitantes, la gala de malacrianzas que fomentamos diariamente, la flojera crónica y – por supuesto – la corrupción e incapacidad de numerosas autoridades públicas que hacen que sigamos en una espiral de mediocridad.
Aún a pesar de esto y con el cariño que tenemos por nuestro país tratamos de empezar negocios, emprendimientos privados que buscan consolidar el sueño boliviano. Lamentablemente estas iniciativas se ven enfrentadas a la política que (en nuestro país) es más importante que la economía y en muchos casos mueren sin haber podido consolidar un nivel de desarrollo siquiera mínimo para poder dar un futuro mejor a nuestros hijos.
Por estos motivos en Bolivia no podría existir el “mejor trabajo del mundo”, si uno es oficialista de pronto ni el ser Presidente sería considerado el mejor trabajo habida cuenta que somos ingobernables, si son opositores peor, si son ciudadanos regulares la situación hace imposible que se pueda ser feliz en un trabajo, sea cual fuese.
El trabajo dignifica, y esto lo saben todos aquellos quienes se levantan todos los días dando gracias a Dios por permitirles tener un sustento, pero tal cual avanza (¿o retrocede?) el país resulta difícil imaginar mejores días.