viernes, julio 17

El Homo Caudillus


Si bien el título de este artículo no refleja el más puro latín, ya que caudillo viene en realidad del latín capitellium que significa “cabeza”, resultará de fácil entendimiento para la mayoría de los mortales que vivimos enfrascados en la lucha política y no recibimos rédito alguno.
El que en esta nota denomino “Homo Caudillus” es en realidad Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa, lo fue Fidel Castro, a nivel nacional en su época el MNR tenía a Victor Páz, ADN se reflejaba en Hugo Bánzer Suárez, CONDEPA en el Compadre Carlos Palenque Avilés, UCS en Máx Fernández Rojas, el MIR en Jaime Páz Zamora, más recientemente NFR en Manfred Reyes Villa, PODEMOS en Jorge “Tuto” Quiroga y UN en Samuel Doria Medina. Todos ellos caudillos de sus respectivos partidos políticos, dentro estos – históricamente hablando – es probable que el que tuvo un tinte más institucional fue el MNR con un intento de organización más profunda que le permitió en un momento dado cambiar de líder histórico y permitir el ingreso de la corriente Gonista en el partido.
Es que en Bolivia (y Latinoamérica) a los partidos políticos los manejan los caudillos, no existen partidos políticos sólidos, estables, que por si mismos reflejen estabilidad ante la ausencia de un líder que encabece (y en muchos casos subvencione económicamente) a la estructura, el partido solo refleja el proyecto de alguien popular, alguien que quiere una cuota mayor de poder, el resto de la gente son relleno de una cabeza por la que votan todos, son “buscapegas” (al menos los realistas que pretenden vivir a través del mantenimiento del poder del caudillo y la cuota de poder que les pueda tocar) o ilusos que creen que a través del caudillo se podrá cambiar la cosa y que “le meten” a pesar de todo por temas ideológicos.
No referiré que a los caudillos los pueden manejar otros grupos o familias con intereses o niveles de poder, porque eso ya sería ingresar en otra temática, pero tanto el caudillo como el partido buscan poder, y en la posesión de éste estará la perdurabilidad en el estado de confort de saberse bien pagado, bien bebido y respetado.
Es tan grande el vínculo entre el caudillo y el partido que la existencia del primero es fundamental para la subsistencia del segundo, así fue el caso de ADN cuando el Gral. Banzer murió, así también se acabó CONDEPA con Palenque y el mismo recorrido sufrió UCS con Fernández, en todos los casos a más de un voto póstumo el partido fue desarticulado. La figura contraria (es decir que el partido muera antes que el caudillo) también existe y es el caso de Manfred Reyes cuyo NFR declinó en el olvido tras el malogrado acuerdo con el MNR gonista y el ya desgastado Octubre Negro, pero que dejó al caudillo vigente. Las fórmulas políticas son inexactas porque hacen referencia a las sociedades y en varios casos a la memoria histórica de estas, sin embargo en el caso Latinoamericano no deja de sorprender la endeble situación de la mayoría de los proyectos de poder (más propiamente llamados) cuya estructura está amarrada y vive del caudillo, del Homo Caudillus.
Pero ¿cuáles los efectos de este virus caudillista en esta parte del mundo? La respuesta no deja de ser clara y evidente ya que la política Latinoamericana no es seria, no es estable, no es creíble y mucho menos rentable para el aparato productivo de las naciones (ojo que es altamente rentable para el caudillo y aquellos que le rodean). La política se vino a pique mucho antes del neoliberalismo, con socialistas o izquierdistas la cosa era similar, grupos de poder que degustaban de la dulce miel del control estatal y que en las más de las situaciones nunca pensaron más allá de sus propios intereses.
Estos hechos que pueden documentarse históricamente en la mayoría de las naciones del continente han marcado nuestra región como una zona de tercer mundo, independientemente de los recursos naturales que tenemos, de lo buena gente que seamos, de lo deliciosa que es la comida, de los paisajes que tenemos y de todo lo que podamos hablar a favor del país, existen y subsisten en nuestro medio desde las más grandes atrocidades como los casos de violaciones hasta las reiteradas y estúpidas faltas de tránsito, por eso bien dice el conocido refrán: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

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