sábado, agosto 22

América Latina: Viviendo en el pasado


Hace muchos años que América Latina es considerada una región subdesarrollada, no tanto como África pero muy lejos de Europa, Norteamérica, Asia o Australia. Se nos mira como los bajitos, morenitos, alegrones, poco higiénicos y mal pagados que bien pueden trabajar como apoyo en casi cualquier cosa no compleja (somos los que limpiamos sus casas, cuidamos a sus ancianos, arreglamos sus jardines, etc., etc.).
El turismo internacional mira con interés el carnaval de Río pero nada más (si creemos que al Carnaval de Oruro viene el turismo de primer nivel estamos muy equivocados), nos identifican como una región altamente inestable, no tan peligrosa como Irak o Afganistan pero sí muy poco atractiva para visitar y peor para invertir.
En un contexto político nuestros líderes son noticia cuando emiten agresivos discursos contra el “Imperio” y por lo general son noticia únicamente local. En pocas palabras cuando Evo habla mal de EE.UU. a Obama no le interesa ni un reverendo cacahuate (en buen castellano), cuando Chávez afirma que las amenazas externas (otra vez EE.UU.) podrían derivar en una reacción militar no se da cuenta de lo desproporcionado de sus acusaciones, como buen dictador se cree que su palabra es ley y que por su “hermoso” canto todos los países del ALBA (Bolivia incluida) atacaran al Coloso del Norte.
Para Chávez y sus “cuates” pareciera que la Guerra Fría es cosa muy actual y que ahora, en reemplazo de los Soviéticos, estamos los Latinoamericanos (al menos los del ALBA porque los otros son más inteligentes).
Para el mundo las cosas se definen entre los países más desarrollados y el resto solo estamos de mirones, cocinándonos en nuestra propia salsa y peleando siempre. La situación de Bolivia es altamente similar a esta visión, estamos divididos, peleamos con fervor por la diablada pero dejamos de lado el desarrollo humano, nos pueden quitar el mar y nosotros preferimos el carnaval, “rajamos” contra los choferes y transportistas y somos los primeros en pasar el semáforo en rojo. Para colmo de males la política en nuestro país es una suerte de orgía del poder en la que quien sube se cree con poder para todo y abusa de ello.
No somos maduros, ni usted ni yo y mucho menos nuestros políticos. Si el país está como está es por culpa nuestra, por nuestro mal trabajo, nuestra impuntualidad, nuestra viveza criolla, nuestro poco orgullo por ser bolivianos. Al respecto, ¿se ha dado cuenta usted de que los estudiantes de las universidades de hoy en día tenían un promedio de cuatro años cuando Bolivia clasificó el Mundial? Esto significa que tristemente quizás nunca se sintieron realmente orgullosos de ser bolivianos, o en que en su caso no lo recuerdan. Y es que el ser boliviano, latinoamericano o cualquier cosa es fruto de que el país esté bien, de sentir que somos buenos en algo, de reflejar pulcritud o eficiencia en algo, lo contrario es lo que hoy sucede, padres que no saben cantar el himno nacional (¿no saben la letra?), decepción por angas y por mangas, en suma: poco orgullo nacional.
No solo vivimos mirando al pasado, vivimos en el pasado, anclados en una sopa de mediocridad que solamente nos permite sobrevivir. ¿Y los culpables? Culpables todos: yo, el vecino, el policía, el corrupto, el sucio, el maleante, el tolerante, el impuntual, el idiota, el tirano, el opositor pasivo y usted.

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