viernes, mayo 21

El complot contra los cochabambinos


Un verdadero complot se ha gestado fruto del cruce de los horarios de invierno, el cierre del puente Cobija, los bloqueos del magisterio y la ausencia de planificación municipal, todos los días una maraña de automóviles, trufis, micros y adjetivos calificativos de grueso calibre inundan las calles de la ciudad provocando un descontento general que parece nadie notar. Los trabajadores llegan a sus fuentes de empleo tarde, ¿será que ninguna autoridad marca tarjeta? Seguro que no ya que ni se mosquean por ver en qué medida se puede mejor dirigir el tráfico citadino. A su turno los maestros han iniciado sus propias luchas sectoriales y también dan su granito de arena para aumentar este caso, con todo el tráfico venido a más y sin alguien que ponga orden el horario de invierno es solamente un cliché, ya que todos deben salir de sus casas a la misma hora que antes para poder siquiera llegar temprano a sus unidades educativas.
Para verificar esto basta salir por los puentes que quedan, las avenidas más importantes y ver la inmundicia organizativa en la que vivimos a diario, como siempre pesa más el cambio de gestión política que una adecuada coordinación entre la Policía de Tránsito y las entidades públicas llamadas a poner orden en este desbarajuste. Una buena policía sería controlar que efectivamente el transporte público no parquee en ciertas calles que ahora sirven de desfogue ante el cierre del puente Cobija y otras calles de escape a las principales avenidas que hoy por hoy colapsan a menudo. No es una buena opción adelantar las vacaciones de invierno, aún a pesar que los padres de familia lo aprueben, porque las vacaciones de invierno existen no solo como un descanso pedagógico sino como un escudo ante el frío más duro que aún viene, lo que debiera ser es que el magisterio sí o sí trabaje, que se deje de lado esa visión sindical del reclamo y la pateadura a costa de sacrificar las clases. En esto el Gobierno tiene razón, sobre el incremento salarial está por verse.
La siguiente gestión municipal ya debiera pensar no solo en reacondicionar los puentes ya existentes en la ciudad, sino en construir nuevos puentes, nuevos accesos y en inconcebible aún ver como no existen aún en nuestro país las autopistas elevadas por las que el tráfico entre ciudades como Cochabamba, Sacaba y Quillacollo pueda desplazarse a altas velocidades sin llegar a colapsar en el epicentro urbano que ya no da para más.
En suma tenemos mucho para trabajar autoridades municipales, mucho en que pensar y mucho sobre lo cual prevenir. Entretanto los ciudadanos seguiremos sufriendo los embates del tráfico vehicular, del puente que Dios sabe cuándo será habilitado, de los maestros (y de quien se le ocurra como siempre fue en nuestro país) en bloqueo y de la ausencia de planificación pública.

jueves, mayo 13

El Ombudsman


El Presidente del Estado Plurinacional le ha recomendado el flamante Defensor del Pueblo que debe defender al pueblo que, entre otros lugares, está también en Palacio de Gobierno, comentario muy interesante que muestra la visión y discurso del Presidente. Si bien es cierto el pueblo como agrupación social, como población integrante y parte fundamental del Estado contiene en si misma a todos los ciudadanos y ciudadanas y aplica su poder respecto a estos únicamente limitado por el aspecto geográfico, llámese territorio, no deja de ser también evidente que la figura de un Ombudsman (defensor del pueblo) pretende en sus orígenes defender al ciudadano común y corriente frente a los abusos que podrían ejercer el Poder Ejecutivo o el Legislativo de una manera poco burocrática (representada por el Poder Judicial).
Es evidente que el Defensor del Pueblo carece de poder coercitivo respecto a sus acciones, es decir que no pude obligar a que se cumplan sus determinaciones, por lo que tiene un carácter más político que judicial, pero sí es cierto y debe de velarse siempre por que su accionar se aleje de la política, representada en este caso por el Legislativo, que si bien le nombra es incapaz de ordenarle o hacer de éste una dependencia ya que precisamente radica en su accionar independiente la eficacia que puede llegar a tener esta puesto. Por este último motivo es menester recomendar al Presidente del Estado que evite este tipo de comentarios que únicamente dañan la imparcialidad de un cargo que no debe obedecer al MAS ni a ningún otro partido político.
En Bolivia y en América Latina se ha seguido la figura del Defensor del Pueblo anidada en España, como un referente de un funcionario que defenderá los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos y no tanto así un ente regulador o supervisor de la Administración Pública. En numerosas ocasiones se ha visto la figura del Defensor del Pueblo en conflictos de corte sindical, gubernamental y por supuesto social, si se maneja mal su figura, si se comenta indebidamente que un Defensor del Pueblo puede o debe de tener algún tipo de miramiento o cuenta pendiente con algún frente político, se deteriora su imagen por completo y da lugar a que tanto el país como las pocas instituciones que aún se respetan pierdan respeto por este tipo de autoridades.
Rolando Villena es el cuarto defensor del pueblo en la historia de nuestro país y de su independencia y calidad profesional dependerá mucho de la imagen de esta entidad, por el discurso tras su juramento se evidencia que le gusta el fútbol y que ama los derechos humanos, esperemos que su labor pueda ser significativa para los habitantes de este país que bien le tienen planteados muchos desafíos.
Reiterado va también el mensaje para que el Presidente tenga mayor cuidado a momento de dirigirse ante el pueblo al cual él mismo hace tanta referencia, que si bien y lamentablemente es inculto aún, en algún momento notará que aún no hay pruebas científicas de que el pollo produzca homosexualidad, ni que la Coca Cola produce calvicie y, por supuesto, que el Defensor del Pueblo está ahí para defender al pueblo y no al Poder Ejecutivo.

jueves, mayo 6

INGOBERNABLES


Hace algunos años atrás, en esta misma columna hacía referencia a nuestro carácter de ingobernables, en aquella ocasión quién provocaba los revuelos y conflictos era nada menos que el Presidente Morales, en su calidad de líder de sus agrupaciones sociales con base en el trópico de Cochabamba. El mismo que la pasada semana pedía “racionalidad” a otras agrupaciones sociales que en esta ocasión marchaban y atentaban contra los bienes del Ministerio del Trabajo en la ciudad de La Paz. Tanto en esas ocasiones como ahora, los movimientos sociales mostraban sus múltiples facetas de fácil manipulación y poco criterio, aspectos propios de la poca institucionalidad y por ende del caos. En las imágenes captadas por la televisión nacional se podía ver claramente a los miembros de estas agrupaciones sociales destrozando la puerta de la indicada entidad pública, así como durante muchos años hemos venido destrozando puestos de control de tráfico, carreteras, oficinas de la policía, oficinas públicas, vehículos oficiales, programas sociales patrocinados por entidades internacionales, vehículos, sueños de empresarios y por supuesto incluso la vida de nuestros compatriotas. ¿Somos realmente ingobernables?, ¿esto sucederá siempre, independientemente de que tengamos un gobierno capitalista o uno socialista?
Más de una vez he alentado a través de estas páginas a obtener un valor importante para toda nación que busque el desarrollo: la estabilidad. Los bolivianos parecemos estar muy ajenos a esa necesidad, para nosotros pareciera que es más fácil matarnos y destruir lo que hizo el vecino, criticar al gobierno por todo y nada, no apoyar las labores que otros puedan desarrollar, llegando al punto de que nos fijamos y creemos siempre lo malo antes que lo bueno. ¿Por qué los bolivianos somos así?, ¿alguna vez cambiaremos?, ¿nuestros hijos deberán soportar las mismas cosas de aquí a veinte años?
Si nunca progresaremos quedaremos de manera eterna en la cola de los países en desarrollo, siempre sufriendo, siempre destrozando puertas, eternizados en nuestra mediocridad y ensalzando nuestros mentirosos logros que solamente sirven para echarnos flores entre nosotros. ¿Triste afirmación? Cierto, pero más triste sería asumir que no podremos cambiar. A la par que asumo en la primera parte de este artículo una visión cruda de cómo somos los bolivianos también soy creyente, aún a pesar de pecar de ingenuo, de que los bolivianos podemos cambiar, podemos desterrar la lógica morbosa en la que vivimos , podemos ser mejores, más eficientes, más puntuales, menos caníbales de nuestros bienes públicos, menos groseros, más limpios, más educados, menos flojos, más trabajadores, en fin ser mejores ciudadanos para una patria que se lo merece, para un país que es rico en muchas cosas y cuya población solo necesita entender que el país solamente progresará cuando cada uno de sus habitantes haga algo por ayudar y eso empieza por cambiar en casa.