jueves, agosto 12

El contrabando, parte de un problema mayor


La nueva normativa que busca frenar el contrabando, más allá de ser una norma dura, persigue, en el fondo del análisis sancionar a quienes lucran con el contrabando. Durante muchos años se buscaron distintas opciones para frenar al comercio ilegal de artículos que ingresan al país sin control aduanero y ante la impotencia de los COAs, varias vidas han quedado postradas en el camino de estos bienes ilegales, ya sea por pretender el cumplimiento de la ley o por defender la ilícita actividad.
Pero el contrabando es parte de un problema mayor que rige en nuestro país desde hace mucho, este problema es la informalidad. Bajo este concepto se venden, de manera indiscriminada, en las calles de nuestras ciudades las últimas películas, en calidad “mejorada” (con las voces y alguna sombra por ahí, propia del público que vio esa película realmente en el cine) o incluso en calidad DVD con las diversas opciones del menú. Más allá tenemos abarrotados los puestos de La Cancha con la línea blanca en todas sus marcas, los mejores televisores y por supuesto todo lo que puede ser tecnología. En todos los casos, sin la respectiva factura y por supuesto como competencia desleal de todo aquel que se anime a vender algo amparado en la norma.
No niego, y aseguro que desde el más pintado compra en el comercio informal, es más, nuestro nivel de vida nos obliga a buscar la diferencia de precio que existe entre un comercio formal y uno informal. Pero este es parte del problema, parte esencial del ciclo de irregularidades en el cual hemos nacido, vivido y, en un futuro, moriremos. Esto se refleja en la existencia de automóviles “transformers”, en la clásica “sin factura es más barato”, en la irregularidad de contratar personal sin el respaldo correspondiente, en la burocracia con la que deben enfrentarse los que quieren hacer empresa en Bolivia y que en vez de recibir apoyo y celeridad, deben de sufrir una y mil peripecias y para colmo, una vez que consiguen sus papeles, deben pagar una y otra cosa (que Fundempresa, que aportes aquí y allá, que registro de esto o aquello y, por supuesto, impuestos mensuales y el temido impuesto anual) y compiten contra los informales en desigualdad de condiciones. Suma de aspectos que derivan en la visión, ya consolidada en los Bolivianos, de manejar todo en función a parches, a viveza criolla, a intereses particulares, o, inclusive, a corrupción. Por esto es que en Bolivia será difícil tener un servicio del metro, ya lo vimos en La Paz con la propuesta de un transporte aéreo, los primeros que reclamaron fueron los transportistas porque se dañaba a su gremio, pero su gremio nunca mejora, tiene buses en desuso, con mal olor interior (no atribuible solo al transporte sino también a la manada de pasajeros que muchas veces no tiene la costumbre de bañarse a diario, como debería ser) y otras veces con el motor o los frenos en mal estado. Por esto es que nunca tendremos esas maquinitas de vender periódicos, aquellas en las que con una moneda sacas un periódico, porque aquí, a la primera se sacan todo. Por eso también es que en las calles céntricas de la ciudad (la histórica calle Hamiraya es un buen ejemplo) impera un asfalto de excrementos sin que ninguna autoridad haga algo al respecto, debiendo, en todo caso, los vecinos y transeúntes tolerar el mal olor y el asco. Por esto es que no somos considerados una sociedad desarrollada.
Aunque usted no lo crea, como decía Ripley, existen países donde uno recibe su boleta (entiéndase factura) por adquirir un chicle, donde uno puede tener su empresa legal y marchando en no más de una semana y su competencia deberá de afrontar los mismos escollos y no estará protegido por artilugios tan originales como son los “régimen simplificados”, lugares donde la limpieza es una regla y la educación es una necesidad.
Como se ve, el contrabando es un problema fuerte, quizás la puerta para poder comentar de otros que también son interesantes, parte del círculo vicioso en el cual vivimos, pero también es parte de un problema mayor, de un cuadro gigante en el cual somos actores, muchas veces obligados y muchas otras veces cómplices o responsables.

1 comentario:

Pepe Antezana dijo...

Es consistente leer las invocaciones que hace RP sobre "esperanzas" que cambien las cosas en Bolivia, que cambiemos los bolivianos para comportarnos como ciudadanos civiles que obedecemos leyes y buscamos juntos el bienestar.

Por eso llama la atención qe ahora su nota se suma en la desesperanza pronosticando que seguiremos embullidos en este círculo vicioso de quebrantamiento de leyes para buscar ventajas personales.

Bueno...esperanza o pesimismo?

Pero el salto cuántico que le falta a RP es identificar tanto la razón y la respuesta para que los bolivianos nos comportemos como él tanto ejemplifica en su blog. La razón es la pobreza de nuestro capital social. La respuesta es la construccción de capital social.

Creo que se debe pasar de denunciar y exponer nuestras debilidades sociales, civiles, sicológicas, económicas a proponer como podemos contribuir a construir capital social. Ser propositivo. Por ejemplo, escribir sobre el cultivo de niveles de asociatividad popsitiva en escuelas, lugar de trabajo, en la familia.