jueves, septiembre 9

Nuestro país


El presente, es el primero de una serie de artículos que pienso compartir con ustedes, salvo las merecidas notas temáticas que, en estricto rigor, corresponderán publicar, pretendo mostrarles una visión que considero es compartida con muchos de ustedes.
Cada mañana, cientos (quizás miles) de ciudadanos se preguntan si debieran buscar mejor suerte en otras latitudes. Cada día, al caminar al trabajo, sentimos que las cosas debieran ser diferentes, distintas a como las vemos. Cada fin de semana, al conversar con los amigos, analizamos las mil y un problemáticas del país y – en ciertos casos – hasta les damos solución. Todos y cada uno de nosotros, en distintas situaciones, criticamos al otro en función a los problemas que se nos presentan.
Pero más allá de esto, y sin el afán de sonar idealista, pretendo en este espacio, poder analizar diversas situaciones que, de cierto modo, puedan permitir generar un espacio de propuesta pro positiva (más que únicamente crítica) que pueda servir de punto de coincidencia entre el lector y el autor. Empiezo entonces, en este reiterado afán positivo, por tocar la base sustancial de la problemática boliviana: el ciudadano boliviano.
El ciudadano boliviano es el elemento que ha interactuado de diversas formas con distintos gobiernos, con problemáticas y farándulas carnavalescas desde tiempos inmemoriales. Comúnmente muy acostumbrados a pedir más que a dar, buenos para exigir pero malos para cumplir y demasiados arraigados en la viveza criolla. ¿Alguna vez se ha puesto a pensar que en Bolivia lo que falla no sea el gobierno de turno, sino seamos los propios bolivianos? Una frase muy conocida afirma: cada pueblo tiene el gobierno que se merece ¿será verdad?
Iniciaremos este ciclo de reflexiones con la certeza de que las cosas cambiarían mucho si nosotros mejoráramos - sin necesidad de invertir dinero –, en ser cada día un poco mejores. Para muestra basta un botón, existen dos hábitos básicos que hacen al ser humano, costumbres que en otros lados son pan de cada día pero que en nuestro caso no siempre se aplican, y por ello bien vale la pena reiterarlos: hábitos básicos de higiene (no tire basura en la calle - ¿se imagina que todas las calles estuviesen limpias? - , manténgase aseado, no haga sus necesidades en la calle, no escupa en el piso, no se limpie la nariz resoplando) y hábitos básicos de respeto y educación (salude al ingresar a algún lugar - buen día, buenas tardes, seguro que no es muy difícil -, agradezca y pida por favor).
Le invito, sin mayores complicaciones a dar su aporte, a través de esos dos hábitos, para hacer de nuestro país, un lugar mejor con el simple cumplimiento de normas básicas de convivencia. ¿Se anima?
Una buena forma de celebrar el bicentenario de Cochabamba sería mejorar primero nosotros.

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