jueves, noviembre 18

De la lealtad y otros demonios


La lealtad, entendida como la obligación de fidelidad que se debe a alguien (sujeto o ciudadano) o algo (nación, estado, patria), ha tenido una nueva aparición, quizás triste y muy cargada de política, en las recientes declaraciones del Comandante General del Ejercito, Antonio Cueto, quien afirmó, en ocasión del bicentenario de creación del Ejercito Nacional, que dicha institución se declara socialista, antiimperialista y anticapitalista. Dichas afirmaciones, seguro y con la certeza de quien pudo estudiar lo sucedido en el país, son contrarias a la ideología que imperó en el ejército nacional hace décadas atrás pero deja un mar de dudas en torno a la politización existente en una institución del nivel que tiene el ejército.
Se equivoca el vocero presidencial, Iván Canelas, cuando afirma que "Las Fuerzas Armadas siempre han sido revolucionarias y han luchado contra los imperialismos… “, así en la década de los setenta la situación era muy distinta a la actual, y no era, evidentemente, un ejército revolucionario ni anti imperialista. Ahí sí tiene razón el vocero, al indicar las “etapas negras” en las que las dictaduras de turno (1936 – 1982) se apoyaron en la coacción que le permitía precisamente el control de las Fuerzas Armadas y que barajaron doctrinas políticas muy distintas.
Tanto en esas épocas, cuando la injerencia política era cruda contra el propio pueblo, como ahora cuando se afirma, sin mucho conocimiento de teorías políticas, que las Fuerzas Armadas son socialistas, nos encontramos ante escenarios en los que la política de turno ha tomado raíces en las instituciones del Estado.
Para mayores casualidades, el jefe del Comando Operacional de la Fuerza Armada de Venezuela, Henry Rangel Silva, fue ascendido el pasado jueves al grado de “General en Jefe” (el más alto que se concede a militares en este país), después de unas polémicas declaraciones en las que afirmó que la Fuerza Armada guarda lealtad absoluta al proceso político liderado por el presidente Hugo Chávez. ¿Similitudes? Seguro que sí. Pero en todo caso con reacciones que pasaron las fronteras, llegando incluso a ser tema de mención por parte del Secretario de la OEA, José Miguel Insulza.
Uno de los problemas más álgidos que tiene nuestro país, y que lo tuvo siempre, es la excesiva politización de todo, de cargos, de rangos, de amigos y enemigos, todos movidos y afectados en función a lo político.
Debiera, a riesgo de sonar iluso, pensar dos veces toda autoridad que pueda, a través de sus declaraciones, comprometer a las entidades nacionales y locales con aspectos eminentemente políticos y que no hacen nada más que mellar, aún más, la independencia, legitimidad y profesionalidad de las instituciones nacionales.

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