viernes, enero 28

El silencio del ciudadano de a pié


El ciudadano de a pié, el trabajador, el empresario, la ama de casa y hasta el funcionario gubernamental comentan a diario los problemas que acarrea la escasez de productos, la falta de azúcar, cemento y el incremento en los precios fruto del gasolinazo del fines del pasado año, ese comentario es común en las tiendas de barrio, el supermercado y en la mesa del almuerzo. Extraña, sin embargo, que a diferencia de otros años (con lógicamente otros gobiernos) en el fondo “nadie diga nada”, no se ven las marchas que se vieron en ocasión del pretendido impuesto al salario del gobierno de Sánchez de Lozada, ni tampoco las hileras de marchistas en la calle Jordán cuando Banzer solo “comentaba” medidas que podrían afectar a los comerciantes informales. Más aún es curioso ver que líderes de determinados sectores, con evidente relación pro oficialista, ya anuncian la aceptación del gasolinazo aún a costa de sus propias bases sociales, las que – a no creerlo – “no dicen nada”.
Ya tocando materia de fondo, la abundancia de los pueblos se ha reflejado, en las distintas épocas, en el éxito comercial de sus pobladores, como entes privados y no públicos, de esto han sabido los pueblos como Egipto o Atenas, en la Edad Antigua, y hoy en día lo saben también las naciones de primer mundo que, aun a riesgo del consumismo masivo, gozan de la abundancia de sus bienes y no deben de hacer filas masivas para lograr azúcar o cemento. Por otro lado el intervencionismo estatal, el macro o súper estado empresario, ha sido siempre una imagen pública de beneficio común pero muy poco efectiva en la realidad, con las dificultades clásicas de este tipo de entes su productividad no alcanza a satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento y siempre hambrienta. Por lógica conclusión el Estado como empresario no resulta una buena idea, y sería prudente que el Gobierno Nacional reflexione y cambie su línea económica para dejar de atacar al empresariado privado y en lugar de ello otorgarle estabilidad, seguridad jurídica y condiciones de trabajo para que, a costa de la creación de fuentes de empleo, pueda satisfacer las demandas de la ciudadanía.
Retomando el diario vivir, el silencio del ciudadano de a pié, que nada tiene de sincero, pero mucho de miedo, sigue calando en la misma sociedad y en algún momento saldrá a brote, y - por lógica – deberá de cobrar la factura que corresponde en las urnas de la democracia. Mas esta es solo una idea, una tesis, cuya demostración se verá recién en años venideros y cuya certeza también queda por verse ya que el pueblo boliviano adolece muchas veces de amnesia, no en vano los padres y abuelos de este mismo pueblo eligieron en su momento a Banzer como presidente olvidando los años de dictaduras y no en vano se votó masivamente por el actual mandatario Morales olvidando el daño económico que él mismo ahora reconoce, hizo al país con sus marchas y bloqueos, en su auge como dirigente cocalero. Hoy falta el azúcar, el cemento y todo es más caro, el silencio perdura y el pueblo olvida, mañana, esperemos que la memoria rescate lo vivido y surjan nuevos liderazgos que nos permitan avizorar un futuro mejor.

jueves, enero 13

Bolivia, post gasolinazo


Los días más duros del 2010 se vivieron cuando el año casi expiraba y una crisis masiva, tanto a nivel político como a nivel económico (partiendo de la frágil economía familiar boliviana), se desató fruto del incremento en el precio de la gasolina. Largas filas en los surtidores eran apenas el preámbulo de los precios elevados que hoy vemos a cada paso, los taxis han subido su tarifa, y más allá de que el taxi sea alimentado por gas, se debe a que el chofer toma Coca Cola, construye su casa de cemento, paga las pensiones de sus hijos y usa azúcar para su café. Similar explicación se la vive de manera cotidiana cuando la señora de la tienda de la esquina ha subido un boliviano en todo “por si acaso”.
Y es que el daño ya está hecho, aún cuando el Presidente del Estado Plurinacional afirme que fue un error y – tardíamente - se hubiese dado cuenta que el costo político de semejante medida era demasiado alto incluso para él, el mayor afectado sigue siendo usted que ahora paga más por todo, excepto, por supuesto, por la gasolina que ha vuelto a su precio subvencionado de siempre.
Sin embargo de todo ello y de la rabia de diversos sectores, algo ha cambiado en el país de manera muy evidente: se ha detenido al masismo o, lo que para el presente caso es lo mismo, éste ha frenado en seco. Algo que parecía impensado en algún momento se ha hecho realidad fruto de que a nadie, incluidas las bases sociales del Movimiento al Socialismo (MAS), le gusta que le metan la mano al bolsillo. Ningún cocalero, alteño o dirigente sindical puede convencer a sus bases sociales de que pagar más por algo es una medida buena, mucho menos socialista. Y es que la medida lanzada por el Presidente Morales en diciembre pasado tuvo un riesgo político que ni siquiera el Ejecutivo esperaba, fue una medida económica sí, un suicidio político, en parte.
Como moraleja queda que es algo seguro que el tema de la subvención estatal a los hidrocarburos requiere un análisis especial, y seguro también que lo propio sucede con el delito del contrabando, así como también podríamos afirmar que las soluciones para estos factores pasan por criterios técnicos y no políticos y que toda medida a aplicar debe de considerar, siempre y en toda ocasión, a la población que pueda llegar a ser afectada.
De este modo es que el Presidente Morales decretó una medida liberal, una medida regida plenamente por las reglas del mercado, por aquello que obedece tanto el Imperio Norteamericano como el Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez y que – queramos o no – también manda en Bolivia, y es que manejar un país no es tan fácil como representar los intereses de un sector social.
El Presidente aprendió por las malas y a un alto costo que no es cuestión de “meterle no más”, sin embargo el resultado, el producto final sigue siendo el mismo, el perdedor de esto a nivel político seguro que es el MAS, en mayor grado quizás el Vicepresidente y junto a él, obviamente, el Presidente Evo Morales, pero el mayor perdedor en todo sentido camina hoy por las calles pagando más por todo, soportando filas para acceder a productos que antes no escaseaban y arañando sus salarios para poder llegar siquiera a fin de mes.