jueves, agosto 25

Gobernar Obedeciendo al Pueblo y el Tipnis


610.000 hectáreas protegidas serían el sacrificio ecológico que pretende el Gobierno del Presidente Evo Morales para poder tener una carretera que destruya un sistema ecológico de los pocos que restan en el mundo, la relación Evo y Madre Tierra, llegó hasta ahí, el dichoso “Gobernar obedeciendo al pueblo” que también se estanca por su propio peso. Si bien en su inicio el romance ecológico ya fue salpicado por las afirmaciones presidenciales en torno a la Coca Cola y sus virtudes, o las hormonas del pollo y la sexualidad, en la cumbre de Tiquipaya, hoy por hoy el Gobierno del Estado Plurinacional se enfrenta a un problema mayor, no solamente convencer a cientos de miles de que pavimentar el 43% de la cobertura total del área forestal en cuestión es algo positivo y hasta necesario, sino que debe enfrentarse con su propio doble discurso, con el espejo que no le miente y le muestra que ha cambiado, que se ha transformado desde que ha asumido el poder político del país, que se ha dado cuenta que gobernar bajo la presión del pueblo no es posible, siempre habrá descontentos, que gobernar no es manejar un sindicato, que los indígenas, si bien en su momento votaron influidos por el voto consigna, también tienen dos dedos de frente y pueden y deben de tomar defensa de sus territorios, y, aunque suene ilusorio creerlo, que la comunidad internacional se dé cuenta que el Gobierno, si bien tiene la cara indígena, no necesariamente responderá a esos intereses.
¿Cuál será el costo político para el Presidente Morales con esta nueva imagen de carretero y no de ecologista?, ¿qué pasará con la imagen de presidente pro indígena?, para muchos será un argumento más para desenmascarar, a decir de sus opositores, el tipo de gestión que ha impulsado el Gobierno. Si tiene, o no, un rol USAID en este problema, será cosa de esperar, en todo caso ya se anuncian las campanas de despedida de este organismo internacional, dejando de lado el aporte que ha dejado en el país y, como siempre, fijándose el Gobierno solamente en su propia visión en desmedro de los beneficiarios de este tipo de cooperaciones. Si las autoridades afines al Gobierno, al igual que el tema del cambio horario en el país, alegan demencia tras sus declaraciones, es otra cosa, pero es evidente que lo que se habla no puede ser borrado fácilmente y por ende tiene sus efectos.
Amén de las múltiples menciones en Internet respecto a lo intereses que motivarían la construcción de una carretera que cruce por un parque nacional ¿cuáles los intereses?, ¿a quiénes beneficia?, ¿qué gana el Gobierno para arriesgar así su imagen pro verde? Toda vez que la libertad de expresión en Bolivia está restringida, los análisis respecto a estas interrogantes los deberá realizar usted, estimado lector, en lo profundo de su corazón y mente, conclusiones que afectarán, seguramente, su visión política y social de esta realidad a la que nos enfrentamos diariamente.
En tanto esto se produce, vaya un sincero apoyo al cuidado y preservación del medio ambiente, que mas allá del ya mentado progreso debe ser defendido por todos los agentes de la sociedad.

jueves, agosto 11

Nada es gratis


A nivel de ideologías, así como en el limpio papel que todo lo soporta y todo lo presenta, resulta fácil afirmar y pedir cualquier cosa, otra cosa es mirar a la realidad y preguntarse aspectos muy reales y tangibles como, evidentemente es, la economía. En su momento este tipo de análisis los vimos realizados, de cara al pueblo, a través de los discursos televisados del ex presidente Carlos Mesa, con números y con datos que no mienten (lo más hermoso de la matemática es que es exacta), en la pasada semana un mensaje similar, y cargado de ese realismo que muchas veces se extraña en las vísceras de los latinoamericanos, fue dado por el presidente chileno, Sebastián Piñera.
Piñera afirmó algo que es una realidad: “Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero al fin y al cabo, nada es gratis en esta vida, alguien lo tiene que pagar” y es algo evidente, y es que los Latinoamericanos (incluidos los bolivianos) somos muy buenos cuando hacemos solicitudes, pero somos muy malos cuando debemos dar. Los estudiantes chilenos han salido a las calles, en un conflicto que ya se extiende por más de dos meses y que ha amenazado con definir al país vecino como ingobernable, se juega en este conflicto una serie de demandas, siendo las más relevantes: el fin del lucro en la educación superior y un cambio radical en el sistema de financiamiento en los sistemas educativos. Los pedidos, no lo vamos a negar, ingresan dentro las políticas sociales que podrían constituir un mundo soñado, pero tienen un precio que pagar. Si bien en el mundo existen países en los que la educación e incluso la salud tienen altos niveles de gratuidad, no debemos mirar solamente tal beneficio, sino también la obligación que ello implica, ¿preguntémonos entonces cuál es el nivel impositivo que debe de cubrir un ciudadano de un país con educación y salud gratuita?, si vemos el caso de Dinamarca sus impuestos alcanzan a un 63%, si lo comparamos con la realidad nacional, algo no rima ¿cierto? Si me equivoco consulte a su presupuesto o a su bolsillo.
Sigamos con este análisis: la gratuidad, que en el fondo no es tal, ya que como definimos al inicio, concordando con el presidente chileno, “nada es gratis”, llegará a través de los impuestos que no solo los pagamos los mortales como usted o yo, también los tienen las empresas, en este cálculo habría que considerar lo difícil que es mantener una empresa en el país, amén de las desinteligencias que nos deja la administración correcta de los impuestos. Este conflicto, no es exclusivo ni privativo de nuestro país, es un mal endémico en toda América Latina, los impuestos en la región no se ven como algo tangible en obras, en educación, en salud, se transforman en un botín político que deja tremendas dudas en toda la población. Si comparamos los impuestos de las utilidades de las empresas tenemos que en Brasil una empresa (que cumpla todas sus obligaciones tributarias) tendría que pagar el 148% de sus utilidades anuales (sí mi querido lector, no se trata de un error de transcripción, se trata de tributar más de lo que gana, esto – quizás – explique por qué existe evasión fiscal), así Argentina cobraría por lo mismo un 98%, Uruguay 80%, Colombia 75%, República Dominicana 57%, Perú 51%, Venezuela 49%, Chile 47% y México 31% (datos del Banco Mundial) , lamentablemente no me animo a hablar de Bolivia porque puede interpretarse de cualquier manera y mejor resulta caer en la autocensura.
A modo de conclusión, sin ser negativo en las demandas que socialmente pueden ser muy justas pero sin dejarme tampoco llevar por las soñadoras tendencias socialistas tan en boga últimamente: es preciso que los países de la región, Chile y Bolivia incluidos, puedan empatar con políticas económicas reales y sostenibles, con sistemas tributarios simples y transparentes, con honestidad en la administración pública y resultados demostrables, dándonos cuenta (en el caso boliviano) que el empresario privado no es el enemigo y que estamos asfixiando a las fuentes de empleo que son las únicas que podrán salvarnos de un descalabro económico (y por ende productivo y energético) y que las medidas sociales, si bien justas, deben de pasar por regulaciones estrictas enfocadas en la calidad y no en la excesiva intervención ni perjuicio del Estado contra el ciudadano o el empresario.