jueves, diciembre 15

Bolivia y la visión país para el 2012

A lo largo del 2011 hemos visto continuamente en los noticieros el cúmulo de novedades que se presentaban cotidianamente, el arcoíris de temas variaba desde los desfiles de Las Magníficas, pasando por los tradicionales bloqueos y marchas sectoriales, las afirmaciones de funcionarios gubernamentales, los ataques de la Oposición, las relaciones internacionales y más recientemente la extrema violencia, nos enteramos de lo que pasa entre el Real Madrid y el Barcelona y nos deprimimos viendo el fútbol de la Liga local, vimos con envidia sana los avances de otras naciones y nos preguntamos en silencio: ¿cuánto hemos avanzado como país? Esta interrogante surge en momentos de evaluación de lo que hicimos a lo largo del año, ya en diciembre con las fiestas prontas a llegar y con la certeza de que muchos de los objetivos planteados no se cumplieron, se cumplieron a medias o, para los más dichosos, con las metas cumplidas o incluso superadas, en ambos casos todos vivimos en el mismo país, en la misma Bolivia, que año tras año arrastra una serie de problemas que nos consumen eternamente pero que no nos matan, que nos paralizan pero que no son capaces de suspender un carnaval. Y así es nuestra Bolivia, así somos nosotros, plagados de contradicciones y de buenas intenciones, pero carentes, en muchos casos, de resultados concretos. La visión país del gobierno a lo largo de su gestión (por no reducirnos solo al 2011) ha tenido interesantes aportes, no vamos a desmerecer la inclusión que ha traído, ni el incremento tributario en materia de hidrocarburos, ni la ratificación de los derechos y conquistas laborales que buena falta hacían, tampoco desmereceremos sus intenciones recientes de dialogar y convocar a encuentros con diversos sectores de la sociedad (idea buena pero muy afianzada en una asamblea política más, por ende mal ejecutada), pero tampoco podremos cerrar los ojos ante la excesiva politización que, tanto opositores como oficialistas mantienen, los desaciertos del Gobierno incluso contra los movimientos que le vieron surgir y que desde el Tipnis marcharon hasta la Sede de Gobierno, o los recientes comentarios críticos y equivocados del Presidente en los que olvida los límites que establece la dura Ley Financial que prohíbe ganar más que él mismo dentro el aparato público, incluyendo de manera injusta a la misma Universidad Pública, en daño directo a la calidad docente y la formación que luego el mismo Gobierno pretende extrañar o la falta de políticas técnicas y económicas y la pobre institucionalidad que tenemos en el país, aspectos que nos llevan por un despeñadero en el que pareciera que la máxima es lograr un país mejor, pero pobre, siempre pobre. Y así fue a lo largo del 2011 e incluso antes. Más allá de esta visión país, quedan los anhelos de miles de ciudadanas y ciudadanos bolivianos, quienes aún confían en que el país puede mejorar, en que en el nuevo año que se avecina podemos avanzar más, encaminados a la lucha por una mayor calidad de vida, reflejada en el desarrollo humano, en la posibilidad de obtener mejores empleos y con buenos salarios, en la visión de que el ciudadano emprendedor pueda recibir todas las facilidades para crear unidades productivas generando fuentes de empleo y logrando la satisfacción de las necesidades, reconociendo la labor de quien se lo merece y ganando lo que debe ganar más allá de un límite legislado injustamente y por supuesto dejando de lado la visión de que en nuestro país pareciera que la única salida es la pobreza, y que estará bien el menos pobre. Por esto y más es necesario que la visión de país para este 2012 cambie, que el dialogo sea la regla y la confrontación la excepción, que la política nacional madure a un nivel en el que se deje de lado la persecución y se enfoque la gestión en lo técnico, en lo operativo, en hacer del país un país próspero.

viernes, diciembre 2

Bolivia, la corrupción y nosotros

La percepción de una alta corrupción en el país no es una sorpresa, lo sabe el ciudadano de a pié tan bien como sabe que luego del día viene la noche, en su último reporte, la organización Transparencia Internacional nos ubica en un puesto peor que el obtenido en su evaluación pasada, bajamos del puesto 110 al 118 (de un total de 183 países). Como antecedentes valga mencionar que el 2007 estuvimos en el lugar 105, el 2008 en el 102 y el 2009 en el 120, siempre entre los peores. En la región somos menos corruptos que Venezuela (puesto 172) y Paraguay (ubicación 154), pero estamos lejanos de lo que han obtenido en materia de lucha contra la corrupción países como Chile (ubicación 22) y Uruguay (posicionado en el 25). Uno de los factores más complejos para la infestación y proliferación de la corrupción es la debilidad institucional en los países del área, y si nos ponemos a analizar la situación nacional este es un problema mayúsculo ya que en todas las direcciones donde veamos podremos ver maniobras de todo tipo y color en beneficio de particulares, casi nunca de las instituciones y menos aún del país. De esto, son reflejo, los partidos políticos tradicionales y conforme se pudo ver en gestiones recientes, el gobernante Movimiento al Socialismo tampoco está exento de este tipo de falencias. Y es que en materia de corrupción, todos podemos ser culpables, ojo que no digo que todos seamos corruptos (al menos no de una manera consciente), pero sí es evidente que en la larga cadena de hechos de corrupción con la que nos topamos diariamente existen muchos eslabones, y muchas veces nosotros también somos culpables. En el momento en que damos la coima para agilizar el trámite (timbre de aceleración o denominaciones similares, que sea en broma o sea en serio, muestran el alto de grado de corrupción que tenemos en el país), y nos hacemos cómplices del acto delictivo, muchas veces por evitar el maltrato al cual se somete uno cuando realiza un trámite público, muchas veces por urgencias y muchas otras porque simplemente las cosas en el país funcionan así. Incluso cuando un ciudadano comete una infracción de tránsito el comentario clásico es darles una “coima”, una "mordida", o incluso tener que escuchar la propuesta de corrupción que viene de la autoridad: "su falta es menor, si quiere puede ir al banco a pagar la multa o si quiere puede ayudar voluntariamente", y ahí es que nos convertimos en un miembro más del clan de la corrupción que circula en nuestro país, y de este tipo de ejemplos tenemos muchos, lamentablemente demasiados. Si bien es evidente que lo afirmado llega a ser una realidad dolorosa, es también el primer paso en la solución de este tipo de situaciones. Al ser nosotros un escalón más en este círculo vicioso de la corrupción, bien podemos cortar su flujo maloliente y denunciar los hechos de corrupción que se nos presentan, no dar la “coima” y preferir pagar en el banco la multa cometida, ser honesto y cumplir con honestidad desde la fila hasta el trámite que corresponda, es difícil, es más hasta incluso soñador o inocente llegar a creer en una Bolivia libre de corrupción, pero es el país al cual nos debemos y seguro que todos los padres de Bolivia desean para sus hijos un país transparente y eficiente, sin corrupción y del cual podamos sentirnos orgullosos. Este paso lo podemos dar nosotros, está en nuestras manos. Aún tenemos mucho por hacer, incluido el Gobierno Central que por supuesto no está exento, como ninguno de nosotros, de luchar contra la corrupción.