viernes, febrero 24

En justicia corresponde

En un país en el que la gente tiende a solucionar sus problemas con agresiones y sus autoridades dan el ejemplo, poco o nada podemos esperar de un futuro digno y sano para nuestros hijos, Bolivia, desde más allá de lo que la memoria puede recordar, ha solucionado sus disputas y problemas con sangre y dolor, con la política impuesta por sobre la razón y el buen criterio, nunca nos dimos la oportunidad de sembrar una cultura permanente del diálogo ya que siempre fuimos lo suficientemente egoístas como para primero pensar en nosotros y en nuestros intereses particulares en vez del conjunto social del cual somos parte. Esta visión, tan negativa y hasta odiosa, se ha presentado en todas las culturas y civilizaciones, ni los griegos se salvaron de tal situación cuando desterraron a notables ciudadanos que en su momento fueron héroes de guerra o a sus sabios más connotados a quienes incluso condenaron a muerte, su naciente democracia con las piedrecitas negras y blancas ya tuvo las falencias que hoy en día encontramos en la democracia de distintas latitudes. Bolivia, mi estimado lector, no es la excepción a esta regla. Dentro esta conglomerado democrático subsisten, sin mayores beneficios, ciertos segmentos poblacionales que por sus características propias merecen un trato distinto, en su momento estos grupos se acoplan a la realidad que les rodea, sin beneficios, sin favores y así lo asumen, hasta que un buen día, organizados y juntos, deciden reclamar por aquello que consideran justo. Uno de estos segmentos poblacionales lo constituyen las personas con capacidades diferentes, quienes durante años han vivido en ciudades que, aclarémoslo bien, no son para todos, con edificaciones que ni siquiera tienen accesos para sillas de ruedas y con una gama de irrespetos que van desde el que parquea en su acera hasta el gobierno que niega sus derechos. Imagine usted lector, que si para una persona es difícil moverse en una ciudad en la que las aceras se ven en distintos niveles, con baches, con transportes no preparados para poder dar un servicio adecuado, con semáforos hechos solo para los que pueden ver, y con una inconsciencia fatal de parte de la ciudadanía en la que se cree que ayudar es sinónimo de limosna, imagine ahora lo que será ser una persona con capacidades diferentes y vivir en Bolivia. Por eso, sin más preámbulos, sin mayor consideración que las complejidades que la vida y nosotros colocamos a este segmento social, bien creo que el Gobierno Nacional podría destinar recursos a estas personas, quizás quitarle un tanto al Palacio de Gobierno Pluriarquitectónico que se pretende construir, o quizá evitar las concentraciones masivas de personas afines al MAS en las que se subvenciona transporte, comida y hasta un estipendio, seguro que en algún lugar de la monstruosa y aparatosa burocracia estatal existe una forma para obtener recursos, que en justicia corresponde. http://ronniepierola.blogspot.com

jueves, febrero 9

Sanas envidias

Recientemente un ciudadano chileno me decía que sentía una sana envidia por Bolivia, “ustedes tienen todo” afirmaba con certeza ese caballero con un típico acento extranjero, “Chile solo tiene cobre, nos falta mucho de lo que a ustedes les sobra, Bolivia tiene agua dulce en cantidades, bosques, agricultura, ganadería, minería… e incluso su gasolina es subvencionada, siendo que en Chile está gravada con cuatro impuestos que a final de cuentas lo cubrimos los chilenos para poder mantener la burocracia estatal”, no pude evitar sentirme orgulloso de tal apreciación y vino a mi mente, cual relámpago, la imagen que repetían los profesores de colegio en la que afirmaban que somos un mendigo sentado en una silla de oro. Pero la apreciación de este ilustre vecino chileno, no se limitó a la sana envidia, sino que también toco una falencia muy real en nuestra Bolivia y dijo “bien se sabe que en Bolivia la corrupción es un problema grande, porque aquí al corrupto lo detienen rápido, ejemplo de esto son los carabineros de Chile a quienes no se les puede ofrecer ni en broma un soborno”, y tal criterio fue doloroso de aceptar, aún cuando en el fondo sabía que era verdad. Contrastando con esta sana envidia, me puse a recopilar datos y a sumarle la experiencia personal para poder obtener un cuadro más certero y pude tener criterios y apreciaciones que bien vale la pena compartirlos. Resta decir que los parajes de nuestra amada Bolivia son por demás espectaculares, desde los llanos orientales hasta el altiplano matizados en una infinidad de colores, desde los verdes más agresivos hasta los tonos crudos del frío altiplánico, que tiene enfundada en si misma a lagunas en las que rosados flamencos extienden sus alas, dándole a la vista un regalo de matices y contrastes que uno nunca olvidará. Por el lado chileno el paisaje es más bien desértico, un permanente plomo no deja lugar a la vegetación (al menos en el lado fronterizo con Bolivia) y cambia a nivel del mar con la presencia de palmeras pero aún encapsuladas en una atmósfera árida. En los puntos intermedios entre uno y otro país, son experiencia común los asuntos migratorias y de aduana, más específicamente en Tambo Quemado, donde las condiciones de trabajo son, para no mentir, malas, las oficinas bolivianas sucias, el trato, por mencionar lo menos: pésimo, la información sumamente escasa o errónea en el otro lado está Chungara cuyas oficinas están administradas por amables funcionarios chilenos quienes dan la bienvenida con un agradable tono de voz y trabajan en mejores condiciones (mucho mejores) que sus pares bolivianos, la revisión en esta instancia usa tecnología moderna (cabe indicar que en Bolivia la revisión es realizada de manera visual simplemente). Las carreteras del lado chileno, si bien indican recientemente, están en refacción, destacan por su excelente iluminación nocturna y su masiva señalización, no existen trancas ni cobros adicionales por el uso de tales carreteras, en el lado boliviano la carretera está en buen estado si uno maneja de día, pero si uno lo hace de noche la señalización es mala, por no decir pésima. A esto se relaciona la común experiencia con muchos de que manejar en Chile es una experiencia aparte, para nosotros resulta extraño ver que el peatón tiene la preferencia y que el conductor chileno frena en las esquinas donde cruzan los peatones (el peatón cruza solo en las esquinas, no a media cuadra como lo hacemos aquí), existe una notoria ausencia de bocinas y todos usan cinturón de seguridad y siguen las señalizaciones al pié de la letra. En Bolivia, sin ánimo de ofender, pero consciente de nuestra realidad, manejamos como manada de animales en fuga. Si se aplica el dicho de que como muestra basta un botón, la sana envidia que siente el ilustre vecino chileno por nuestras riquezas naturales, queda empañada por el grado de falta de educación en el cual vivimos en Bolivia. Si cabe un mensaje final, debemos mejorar nosotros para que mejore el país, se nos ha inculcado un odio visceral a Chile por que nos quitaron el mar y realmente duele no tenerlo, pero es admirable su educación, su disciplina y su don de gente, y eso no podemos quitarles, nosotros tenemos tanto pero hacemos las cosas tan mal que realmente es momento de que nos pongamos a pensar en qué medida podemos mejorar para hacer algo por Bolivia.