jueves, febrero 9

Sanas envidias

Recientemente un ciudadano chileno me decía que sentía una sana envidia por Bolivia, “ustedes tienen todo” afirmaba con certeza ese caballero con un típico acento extranjero, “Chile solo tiene cobre, nos falta mucho de lo que a ustedes les sobra, Bolivia tiene agua dulce en cantidades, bosques, agricultura, ganadería, minería… e incluso su gasolina es subvencionada, siendo que en Chile está gravada con cuatro impuestos que a final de cuentas lo cubrimos los chilenos para poder mantener la burocracia estatal”, no pude evitar sentirme orgulloso de tal apreciación y vino a mi mente, cual relámpago, la imagen que repetían los profesores de colegio en la que afirmaban que somos un mendigo sentado en una silla de oro. Pero la apreciación de este ilustre vecino chileno, no se limitó a la sana envidia, sino que también toco una falencia muy real en nuestra Bolivia y dijo “bien se sabe que en Bolivia la corrupción es un problema grande, porque aquí al corrupto lo detienen rápido, ejemplo de esto son los carabineros de Chile a quienes no se les puede ofrecer ni en broma un soborno”, y tal criterio fue doloroso de aceptar, aún cuando en el fondo sabía que era verdad. Contrastando con esta sana envidia, me puse a recopilar datos y a sumarle la experiencia personal para poder obtener un cuadro más certero y pude tener criterios y apreciaciones que bien vale la pena compartirlos. Resta decir que los parajes de nuestra amada Bolivia son por demás espectaculares, desde los llanos orientales hasta el altiplano matizados en una infinidad de colores, desde los verdes más agresivos hasta los tonos crudos del frío altiplánico, que tiene enfundada en si misma a lagunas en las que rosados flamencos extienden sus alas, dándole a la vista un regalo de matices y contrastes que uno nunca olvidará. Por el lado chileno el paisaje es más bien desértico, un permanente plomo no deja lugar a la vegetación (al menos en el lado fronterizo con Bolivia) y cambia a nivel del mar con la presencia de palmeras pero aún encapsuladas en una atmósfera árida. En los puntos intermedios entre uno y otro país, son experiencia común los asuntos migratorias y de aduana, más específicamente en Tambo Quemado, donde las condiciones de trabajo son, para no mentir, malas, las oficinas bolivianas sucias, el trato, por mencionar lo menos: pésimo, la información sumamente escasa o errónea en el otro lado está Chungara cuyas oficinas están administradas por amables funcionarios chilenos quienes dan la bienvenida con un agradable tono de voz y trabajan en mejores condiciones (mucho mejores) que sus pares bolivianos, la revisión en esta instancia usa tecnología moderna (cabe indicar que en Bolivia la revisión es realizada de manera visual simplemente). Las carreteras del lado chileno, si bien indican recientemente, están en refacción, destacan por su excelente iluminación nocturna y su masiva señalización, no existen trancas ni cobros adicionales por el uso de tales carreteras, en el lado boliviano la carretera está en buen estado si uno maneja de día, pero si uno lo hace de noche la señalización es mala, por no decir pésima. A esto se relaciona la común experiencia con muchos de que manejar en Chile es una experiencia aparte, para nosotros resulta extraño ver que el peatón tiene la preferencia y que el conductor chileno frena en las esquinas donde cruzan los peatones (el peatón cruza solo en las esquinas, no a media cuadra como lo hacemos aquí), existe una notoria ausencia de bocinas y todos usan cinturón de seguridad y siguen las señalizaciones al pié de la letra. En Bolivia, sin ánimo de ofender, pero consciente de nuestra realidad, manejamos como manada de animales en fuga. Si se aplica el dicho de que como muestra basta un botón, la sana envidia que siente el ilustre vecino chileno por nuestras riquezas naturales, queda empañada por el grado de falta de educación en el cual vivimos en Bolivia. Si cabe un mensaje final, debemos mejorar nosotros para que mejore el país, se nos ha inculcado un odio visceral a Chile por que nos quitaron el mar y realmente duele no tenerlo, pero es admirable su educación, su disciplina y su don de gente, y eso no podemos quitarles, nosotros tenemos tanto pero hacemos las cosas tan mal que realmente es momento de que nos pongamos a pensar en qué medida podemos mejorar para hacer algo por Bolivia.

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