jueves, abril 19

La normalidad de nuestra anormalidad

Cierro los ojos e imagino a Bolivia, sus verdes bosques tropicales, su altiplano mágico, sus valles sacados de cuentos de hadas, sus mil y un virtudes, la bondad de su gente, lo prodigioso de su comida, lo infinito de su hospitalidad y tantas otras virtudes que podríamos mencionar. Pero también están ahí, incrustadas en la realidad del cotidiano vivir, una serie de “normalidades” que hemos aprendido a asumir y que hoy por hoy son el pan nuestro de cada día, estas realidades se pueden bien resumir en los bloqueos que ya son tema regular, los paros y marchas que constituyen el amigo íntimo de cualquiera que precisa - aún contra su voluntad - desplazarse en nuestras ciudades. Está también muy “normalizada” la postura de un gobierno que hace oídos sordos a aquello que no le es conveniente, que prefiere imponer antes que negociar, y cuyas consecuencias derivan en acciones tan extremas como las que llevan adelante hoy los médicos del país, olvida el Gobierno los turnos y horas extras, innumerables e insufribles, que deben realizar los galenos, y prefiere enfocarse en una visión unilateral que solo mira una de las tantas variables que debieran considerarse en negociaciones con el ramo de salud, pero esto, es también algo “normal”, negociar ya con la presión encima es ya algo a lo que estamos acostumbrados. No tiene tampoco, una visión que le de una lectura adecuada de la carretera por el Tipnis, y prefiere empecinarse en posiciones duras a las que también ya consideramos normales, es, quizás, la normalidad del que tiene el poder y la normalidad del que es sometido. Así también es “normal” el vecino que poco o nada tiene de gentil, que ensucia como si no le interesara mantener la ciudad limpia, que maneja como si su coche fuera parte de una manada de burros, que es negativo cual obscuridad profunda, que escupe y es poco higiénico, que es corrupto y que prefiere la viveza criolla antes que el trabajo honesto, que tiene un vocabulario florido en lo que a adjetivos refiere pero que es inculto en lo que a cortesía implica, que no sabe respetar la fila y que siempre busca una ayuda extra. Igualmente es “normal” que en muchas oficinas la atención sea lenta, dejada y hasta grosera con el usuario, que las cosas nunca estén a tiempo, que el responsable siempre esté ocupado, que le falte siempre un sello más a nuestro trámite, que sea necesario otorgar algo para poder agilizar esto o aquello, que existan amplias lagunas de soluciones y pequeñas islas de criterio. Pero todo esto, es “normal”. Aunque usted no lo crea (como decía Ripley) en el mundo existen lugares donde esto no es normal, así como – y debo admitirlo – existen muchos otros donde es peor. Si bien, y lo debemos admitir, el mundo pareciese un lugar de espanto, ya sea cuando vemos una guerra o vemos que el Rey de España tiene como pasatiempo matar elefantes, aún nos queda la esperanza en el ser humano. Finalmente y apuntando la visión a igualar y hasta superar a los mejores países del mundo, es necesario un cambio de actitud en cada uno de nosotros para mejorar, ese cambio de actitud debiera ser algo real y es necesario que se constituya en una nueva normalidad más sana y progresista.

jueves, abril 5

Bolivia, nosotros, los valores y la realidad

Vivimos una nueva Semana Santa recordando la muerte y resurrección de Jesús en pos de poder valorizar dicho sacrificio en lo que - a decir de muchos - es un momento de reflexión, pero más allá de la visión religiosa es un buen momento para poder tocar temas que hacen a todos pero que a nadie parece interesarle. Dentro la convivencia y existencia humana, llámese conglomerado social, existen ciertas normas que delimitan el accionar de sus integrantes, están aquellas que son de carácter coercitivo y por ende nos obligan a determinadas cosas, y están otras que no son de cumplimiento forzado y quedan al libre albedrío de cada uno de los integrantes de esta sociedad, llámense principios morales o reglas de urbanidad. Esto sucede en todas las sociedades y el factor diferenciador y fundamental para una mejor convivencia es el ciudadano común, es decir: nosotros. Muchas veces hemos levantado nuestras voces contra el gobierno de turno o contra las autoridades, las más de estas con sobradas razones, sin embargo pocas veces nos fijamos en lo que nosotros podemos hacer como ciudadanos responsables para hacer de este país un lugar mejor. La sociedad determina, con el paso del tiempo, factores educativos y un sinfín de aspectos, los valores imperantes en la sociedad, a la vez cada uno de nosotros con su aplicación establecemos el grado de acatamiento de estos valores y su real aplicación en la sociedad. Mil y un veces nos quejamos de los problemas que tiene Bolivia, de su gente y de aquello que nos afecta, si analizamos, podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que existen muchos aspectos que podríamos cambiar en el país con un real compromiso de transformación, si enumeramos algunos de estos podríamos referir: en Bolivia no existe gentileza en el conductor, bien puede uno estar minutos enteros a la espera de que la interminable fila de vehículos pase antes de que alguien pueda concederle el espacio para pasar, y si eso pasa muchas veces el beneficiado no tiene el cuidado de al menos agradecer; en nuestro país los controles que impliquen un cierto nivel de autoridad muchas veces la confunden con altos grados de prepotencia y los usuarios finales somos maltratados; uno de los problemas principales es la higiene, es tan común sentir todo tipo de olores en el tráfico diario, tan fácil ver como alguien arroja la basura donde mejor le place (fuera del coche, de la flota, en la calle, en el aula, etc.) y estamos tan acostumbrados que ya lo vemos como normal; en Bolivia la burocracia es tan alta en todo tipo de trámites y el nivel de informatización es aún tan bajo, que todo tipo de trámites bien puede derivar en una larga fila de burócratas e interminables sellos de aprobación o negación que maltratan al ciudadano común; incluso en lo personal llegar a ser un mejor esposo, amigo, trabajador, padre o madre. A esto le podemos sumar mucho de lo que usted ha vivido, problemas incluso con el vecino o el amigo, con el jefe o con el compañero de trabajo, en casi todos los casos el rol del ciudadano como persona, como factor de cambio para mejorar, es crucial. Todos estos factores son aspectos que usted o yo podríamos solucionar para poder hacer de este país un lugar mejor. Valga esta fecha santa para realmente reflexionar y ver en qué medida podríamos mejorar como ciudadanos y por ende como personas.