jueves, agosto 9

Al carajo

Bien podría asegurar que el título del presente artículo pudo haber sido menos agresivo y que incluso pudo emplearse para escritos de alto contenido ideológico y de reclamo social, quizás, incluso empleado por personas de mayor experiencia en el ramo. Sin embargo e inclusive considerando que "carajo", en estricto castellano, es la parte más alta de un barco, y no en sí mismo un disparate, me atrevo a usar el término para llamar la atención del lector y tocar un tema de profunda preocupación para la ciudadanía en general: la trata y tráfico de personas. Sé que lo que afirmaré es complejo e incluso radical, pero en un sentido amplio y no restringido, confío en que el lector sabrá comprender el mensaje de fondo. Como ciudadanos podemos vivir y enviar al carajo la lucha por el Tipnis, que hagan la carretera y aún así nuestro cotidiano vivir no se verá afectado, también podemos enviar al carajo si el alguien quiere perpetuarse en el poder hasta el infinito, de igual manera que el carajo también se lleve las marchas, bloqueos y tantas incertidumbres en que vivimos, así será de interés del carajo la corrupción, ineficiencia y un sinfín de males que afronta la sociedad boliviana. Lo que no podemos tolerar, y en lo que es urgente que se tomen más medidas, es que nuestros hijos estén inseguros en nuestras propias calles. No es tolerable que vivamos atemorizados porque aquellos que son lo más importante para nosotros corran riesgos, el resto, puede irse al carajo. No es suficiente endurecer las normas en este tema, deben acudirse a mecanismos como la tecnología para poder luchar contra este flagelo (cámaras en todo lado, registros exigibles y controlados para todo cruce de fronteras garantizados por equipos informáticos), es de lamentar que no se pueda confiar en la honestidad y transparencia de varias de las instituciones que debieran velar por el cumplimiento de la norma y lleguemos, en suma, a desconfiar de todos. Seguro estoy que muchas soluciones se podrían plantear, con participación de las autoridades, entidades, padres y vecinos, pero es menester que el gobierno sea quien lidere este proceso y las acciones sean inmediatas. Presidente, dejemos la política por un tiempo, enfoquémonos en algo que preocupa, por no decir aterra, a los padres y madres del país entero. Tomemos acciones ahora, el resto que se vaya al carajo.

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