lunes, octubre 22

Lo pasado pisado

La estructura de los mensajes implica una fórmula muy bien establecida, hasta incluso simple, un emisor que envía un mensaje que a su vez es recibido por un receptor, lo vemos todos los días, en la televisión, en la charla con el amigo, en la conversación con la pareja y en las aulas de innumerables instituciones de educación. Acercándonos más a la idea madre de este artículo, ya tocando en esencia materia de oratoria, la fórmula antedicha se transforma, sin perder sus roles, en un orador (que juega el papel de emisor), un discurso (mensaje) y un auditorio (receptor), el qué y cómo decirlo son consideraciones que deben ameritar especial atención de todo aquel que se precie de una buena oratoria, buscando ya sea persuadir, deleitar o un sin fin de otras posibles intenciones. Los discursos han sido instrumento de innumerables mensajes, quizás en materia política esenciales, así es que el ex presidente Carlos Mesa puede preciarse de ser un excelente orador, alguien que maneja un mensaje claro, transparente, directo, sin embargo de ello rico en retórica y sin margen para las equivocaciones o los mal entendidos (de manera personal debo afirmar que tal habilidad y capacidad es extrañada actualmente en los altos cargos del país). Hoy en día, de pronto, se ha depreciado este instrumento comunicacional, al extremo de poder, libremente, usar adjetivos en lo que hace a las relaciones internacionales (antes protegidas por una diplomacia, si bien no perfecta, al menos existente) o de acusar a diestra y siniestra a quien menos comulga con el poder imperante y que, en suma, conlleva un discurso dañino y perjudicial para la convivencia social. Dentro esta amplia historia del discurso, las fuerzas hoy poderosas, han venido siendo representadas en discursos, más o menos elaborados, y en muchos casos erróneos, en varias ocasiones es el propio Presidente del Estado Plurinacional quien comete algún desliz, para muestra basta recordar algunas partes de ciertos discursos: “es más importante defender derechos de la Madre Tierra que defender los derechos humanos” (diciembre 2009, Dinamarca), “el pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas, por eso cuando los hombres comen esos pollos tienen desviaciones en su ser como hombres” (abril de 2010, Tiquipaya), “si hay divorcio es por culpa de las novelas” (junio de 2011, Santa Cruz), “yo no sabía que los paros, bloqueos afectaban al crecimiento económico” (enero 2011, La Paz), “tal vez la mucha gordura le está afectando” (en referencia a Alan García entonces presidente de Perú, marzo de 2009, Cochabamba), “cuando voy a los pueblos quedan todas las mujeres embarazadas y en sus barrigas dice Evo cumple”(marzo 2010, Sacaba), “nuestro abuelos lucharon históricamente contra todos los imperios: inglés, romano…” (septiembre 2009, Cochabamba), “la acusación de autoritario a mi me alienta bastante” (febrero 2012, Santa Cruz), así es que este discurso erróneo ha sido contagiado a autoridades como el canciller en sus referencias discursivas de las propiedades de la papalisa o el sexo de las piedras, o las declaraciones del magistrado Cusi sobre sus consultas a la coca y a muchos otros que no menciono, por no resultar extenso. Por esto es que resulta de especial beneplácito saber que el presidente ha decidido cambiar de discurso, o al menos eso pareciese deducirse del mensaje enviado a la reina Sofía de España, a quien le dijo que “lo pasado pisado” (octubre 2012, La Paz), ya que más allá de los referidos deslices el discurso oficialista se ha aferrado siempre a un mensaje de confrontación que arrastraba por los pasillos de toda entidad pública los 500 años de opresión. Si la figura es tal cual se muestra, debiera ahora la línea de gobierno buscar un discurso de conciliación, que, en suma es lo que las y los bolivianos precisamos. Estamos de acuerdo, lo pasado pisado Señor Presidente, a construir un nuevo discurso de ayuda y cooperación, que si en los hechos se cumple será el primer paso de un real proceso de cambio. (Artículo publicado en el periódico Los Tiempos en fecha 20 de octubre de 2012)

lunes, octubre 8

VAINAS

Mientras pensaba qué escribir pasaban por mi mente diversas ideas: quizás escribir sobre las elecciones en Venezuela, el debate entre candidatos a la presidencia de Estados Unidos, los problemas en Mallku Khota, el tema Tipnis, la Selección Nacional, el clásico español o tantas otras cosas más. Entonces pude ver, de pronto de pasada, una película que trataba sobre la trata y el tráfico humano, pude presenciar el maltrato al cual se somete a las mujeres a costa de satisfacer los enfermos deseos sexuales masculinos, la manera en que se quita la humanidad a esas pobres víctimas y que significan una red de corrupción que, en diversas partes del mundo, representa un lucrativo negocio que mueve millones de dólares y que, a costa del sufrimiento ajeno, se ha convertido en un problema complejo. Ahí fue que decidí que los temas que inicialmente pensaba tocar son vainas, en relación al tema de la trata y tráfico que ahora maldice a nuestro país y que aún no tiene solución. Una de las aristas por las que este tema empieza, al menos como una fachada legal, es la prostitución, actividad en la que se enmascara la satisfacción de una necesidad tan vil y ruin como es el comprar sexo, y aún así, en Bolivia existe mucha gente que avala este tipo de inconductas. Las Naciones Unidas estimaba en 2009 que podrían existir 270.000 personas víctimas de trata solo en la Unión Europea (similar a nueve estadios como el de Cochabamba repletos), datos globales apuntan a que en el mundo, cada año, dos millones de personas son víctimas de este mal y el lucro que genera alcanza a los dos billones de dólares anuales (según estima la Organización de Estados Americanos), un número de 1.2 millones de niños y niñas son afectados por esta desgracia, en resumen el tercer negocio más lucrativo del mundo. En Bolivia, en los últimos 10 años, la maldición de la trata y tráfico de personas se ha incrementado en un 92.2%, de este porcentaje un 70% son niños, niñas, adolescentes y mujeres jóvenes de 12 a 22 años de edad, así es que Bolivia es ahora uno de los cinco países latinoamericanos con más casos. Pero el tema parece que se ha estancado con una nueva ley que no pasa del papel a la acción, oficinas burocráticas que no dan seguridad y declaraciones que a más de “sonar bonito” no hacen efectivas acciones concretas. Las trancas en las carreteras no controlan el traslado de niños, niñas, mujeres, y puede pasar por ahí cualquiera, la labor en las fronteras es peor, si pasa fácil el contrabando lo mismo pasa con el tráfico de personas, la policía boliviana debe mostrar su transparencia y eficiencia al controlar este tipo de temas. El gobierno es bueno para destinar recursos para actividades políticas y construir estadios, pero para controlar, es poco lo que se hace, y seguimos viviendo así. La prostitución sigue siendo una actividad legal y nuestras calles son cada vez más inseguras. Pero algo que es cierto es que toda esta maldición, no existiría si no hubiese clientes, es decir, en suma, si no existiesen hombres que paguen por acceder a servicio sexuales, si dejásemos de considerar a las mujeres como objetos y no como personas, debiera de pensarse primero en que cada hombre del mundo tuvo una madre, muchos hermanas o hijas. Pregunto yo: ¿cómo es posible que existan personas capaces de esto?, ¿porqué las autoridades no hacen más?, ¿porqué otras vainas son más importantes que un tema que afecta tanto a todos los padres, madres, hijas, niños y niñas del país? Esperamos respuestas, en tanto no cortemos este mal, las autoridades siguen con una deuda pendiente con la población, y mientras esto siga el resto de nuestros problemas son vainas. Publicado en el periódico Los tiempos el sábado 6 de octubre de 2012