lunes, enero 28

Cantidad vs calidad

Conocemos ahora que Bolivia tiene más de diez millones de habitantes, que la población nacional se centra – notoriamente – en el eje Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, que la tendencia de incremento se centra principalmente en regiones como Cochabamba y Santa Cruz, disminuyendo en otras regiones, principalmente en las regiones altiplánicas. Por su lado las entidades regionales (como el Comité Cívico Pro Santa Cruz) y las autoridades (tal el caso del Gobernador de La Paz), han mostrado preocupación y extrañeza por los datos numéricos arrojados por el censo, por un lado reclamando más habitantes y por otro alarmados por un crecimiento pobre, en Cochabamba ya han surgido también comentarios en sentido de la extrañeza que este departamento no hubiese – mínimamente – superado los dos millones de habitantes (a pesar del notorio crecimiento demográfico). Más allá de esta información y sin dejar de lado la importancia política, social y económica que estos números significan para el futuro de nuestras distintas regiones, es preciso identificar un aspecto fundamental que debe considerarse: la calidad de vida de las y los habitantes de cada lugar, situación que bien puede reflejarse en la pobreza de unos y la bonanza de otros, no será lo mismo referirse a la tendencia de despunte económico de Cochabamba o Santa Cruz que a las carencias de pueblos alejados de rutas principales y cuya población es expulsada por la falta de atención y recursos. Estos problemas traen consigo necesidades insatisfechas que van desde la poca inversión empresarial, la carencia de hospitales de tercer nivel, puntos de transporte, atención básica de distinta índole, promoción del turismo y conflictos políticos tan poco agradables que ponen en evidencia la miseria en diversos ámbitos. Incluso en aquellas regiones consideradas pujantes, existen problemas tan básicos como la falta de información en manejo de basura (caso de Cochabamba) o la inseguridad ciudadana (Santa Cruz). De pronto y ante los resultados recientes, sería prudente también considerar no solo el tener o pretender más población, sino atender a la misma de la mejor forma posible. En materia de desarrollo humanos nos falta aún mucho, desde Pando hasta Tarija es un tema que debe de ser trabajado y, en esto, vamos atrasados. Resta más allá, poder satisfacer las necesidades básicas de un pueblo carente de – incluso – educación, para ello y todo lo que signifique progreso, la información del censo es fundamental, esperemos que se traduzcan en cambios reales, obras útiles y una Bolivia mejor, que es lo que en suma anhelamos todos. (Publicado en Los Tiempos el sábado 26 de enero de 2012)

lunes, enero 14

Librepensantes

En días pasados, el Vicepresidente del Estado afirmó que en el Movimiento al Socialismo (MAS) no existe espacio para los “librepensantes”, acotando que el partido de gobierno sostiene un “centralismo democrático”, fruto de lo cual se deriva en la toma de postura o posición a nivel orgánico. Resume el vicepresidente su postura manifestando: “Quien quiere ser librepensador tiene un café para debatir, quien quiere militancia comprometida con los movimientos sociales y con la historia del pueblo tiene reglas que cumplir: centralismo democrático y consenso interno, posición única”. Tales aseveraciones traen a la mente la novela política de ficción distópica “1984”, escrita por el inglés George Orwell y publicada en 1949, historia que trata sobre el omnipresente Gran Hermano, cuyo brazo operativo era denominado la Policía del Pensamiento, entidad que se ocupaba de reprimir y detener a los ciudadanos que piensan por sí mismos, llegando incluso a definirse a esto como un crimen (crimental, según la obra referida), siendo esto - por supuesto - el máximo delito para el partido gobernante (Ingsoc, según relata la obra literaria). Esta novela, clásica dentro su estilo y género, muestra una sociedad dominada por la figura del Gran Hermano, cuyo posición y postura, reflejada en los criterios que determine el partido, es la única posible, no existiendo tolerancia para los libre pensadores y más al contrario eliminando cualquier criterio en contrario que pueda amenazar la estructura de poder imperante. En diversos lugares del mundo, incluida Bolivia, se vive en un sistema de gobierno conocido como la democracia, en el que el poder existente en el Estado recae en el pueblo en su conjunto, que organizado y delimitado normativamente tiene representantes que administran la gestión pública y donde el pluralismo es plenamente permitido, siendo por ende un requisito el pensamiento libre de los integrantes de la sociedad. En conclusión, en la democracia, sí existe espacio para los librepensantes. Es evidente que el partido de turno maneja una línea política definida, aspecto que en numerosas ocasiones ha derivado en críticas lanzadas desde diversos sectores en sentido de que sus bases, carentes de formación académica en muchos casos, no representan un grupo humano crítico, por ende resultan fácilmente manejables. Sin embargo, la democracia encuentra su fortaleza en la libre postura ideológica de sus ciudadanos, aspecto que todo ente político debiera promover, incluido el MAS. Es aceptable que una postura orgánica sea definida dentro el consenso de sus autoridades y sus bases, pero si alguien no está de acuerdo en dicha definición, está en todo su derecho de expresar su desacuerdo por las razones que a él o ella le competan, no procediendo coacción ni amenaza alguna. Es necesario que las autoridades, en todos sus niveles, puedan promover el libre pensamiento social, el razonamiento crítico y – por supuesto – la libertad de expresión. El futuro de la democracia tal cual la conocemos depende de ello.