martes, abril 23

La complejidad y otros demonios

Tras los resultados de las elecciones en Venezuela han surgido varios análisis, conclusiones y problemas, de hecho se trata ya de una sociedad polarizada, dividida entre aquellos cansados del Socialismo del Siglo XXI y aquellos que (incluido el voto póstumo pro chavista) aún apuestan por la corriente que hoy representa Nicolás Maduro, así también es fácil concluir que ésta ya no es la misma Venezuela que aún eligió a Chávez en el máximo cargo público poco tiempo atrás, se ve claramente la desconfianza de la parcialidad de Capriles respecto al órgano electoral, se respira en el aire las posturas radicales expresadas hoy por hoy en las redes sociales, incluso por mucho que finalmente se llegase a que el heredero chavista triunfe a pesar de las marcadas observaciones del aún frente opositor ya no le será simple gobernar, no teniendo la sartén por el mango, no teniendo apoyo masivo, no teniendo en cuenta que la mitad del país no quiere ese gobierno. En suma la situación venezolana, como manifiestan los medios de comunicación de aquel país, es un problema bastante complicado. Pero este nivel de conflictividad no es una exclusividad de Venezuela, y si bien hoy parece que la vemos de balcón, es una realidad muy común en Latinoamérica, y para no analizar casos vecinos, enfoquémonos en problemas que nos resultan propios, temáticas del país que a diario afectan nuestra vida, así podemos mencionar: la complejidad de las relaciones de poder, la poca institucionalidad, la falta de confianza ciudadana en las entidades públicas, la excesiva demagogia y el discurso populista, la inseguridad ciudadana, el descuido del medio ambiente, las necesidades en salud, la falta de carreteras y seguridad en estas, el incumplimiento a la ley, la falta de apoyo a la iniciativa privada para lograr creación de más empleo, la demacrada imagen de los políticos, la falta de moral en tantos actores importantes de la vida pública del país, las declaraciones públicas irresponsables, la falta de recurso bien orientados, la corrupción, la mala gestión de la administración pública, incluso los hábitos negativos de la población en su conjunto que se llevan y traen a los hogares replicando, en un eterno infinito, taras y trancas propias de nuestro pueblo. Todo ello, y más, hace que todos vivamos el año entero en un mar de enredos. Si reflexionamos en torno a ese tema, la solución es altamente difícil, no se solucionará rápido, y es integral, lo que equivale a decir que cada uno debe de aportar , incluyendo por supuesto a la población que va desde el Presidente del Estado Plurinacional, pasando por el policía, la vendedora de la tienda, el heladero, el empresario, el soldado, el militar, el docente, el estudiante, el profesional, hasta el último ciudadano de una lista en la que todos somos iguales pero asumimos distintas competencias y actividades, y en la que Bolivia es responsabilidad de todos.

lunes, abril 8

¿Qué podemos esperar de La Haya?

Si usted viaja a Chile, a lo que alguna vez fue el Litoral Boliviano, y pregunta a sus habitantes sobre su nacionalidad, todos responderán que son chilenos, muchos afirmarán que se sienten orgullosos de ello, su acento, bandera y origen no está – para ellos – en duda. Es tan cierto esto que en toda la extensión de los 120.000 kilómetros cuadrados de superficie y 40 kilómetros de costa perdidos hace 130 años, no existe hoy alguien que pueda afirmar que aquella superficie territorial tenga algo de Bolivia. Cuando nosotros viajamos nos emociona poder ver el mar, escuchar su sonido y presenciar sus maravillas, y es porque durante años, prácticamente desde que existimos, la consigna de “el mar es nuestro por derecho, recuperarlo es un deber”, ha labrado en nuestras mentes aquel anhelo profundo, casi traumático con el que varias generaciones han nacido y han fallecido. Concentraciones masivas llenas de fervor cívico han llenado nuestras mentes de la ambición de poder recuperar el mar. ¿Pero es esto posible realmente? En una época en el mundo era normal que los países determinen sus extensiones territoriales en base a conquistas, hoy en día es hasta ilegal. ¿Pero qué pasa con los tratados que se firman? Comúnmente se verá que la comunidad internacional no reevalúa los tratados que firman vencedores y vencidos, sin embargo aún existen reclamos centenarios en diversas partes del mundo respecto a temáticas similares (escoceses, catalanes, irlandeses, por mencionar algunos), y es que la legitimidad de un tratado puede no ser coincidente con la legalidad del mismo, ¿un acuerdo firmado bajo presión debiera respetarse? Ahora en el caso particular boliviano si se obtuviera un fallo favorable a la demanda nacional ¿será respetado? , tomemos en cuenta el revuelo de recientes decisiones como la de Nicaragua contra Colombia (situación aún controversial a pesar del fallo), o el caso de Honduras contra El Salvador (fallo emitido y ratificado y no cumplido). Consideremos que el caso boliviano es distinto por ser fruto de una guerra la pérdida territorial y no por la demarcación en sí, a lo que se suma ser una demanda eterna, pero es también justo aceptar que hoy día ningún ciudadano de aquellos territorios aceptará sencillamente saber que ya no es chileno y debe ser boliviano, más aún por las asimetrías que implica el desarrollo del Chile y las carencias nuestras. ¿Qué buscamos entonces?, ¿una resolución que nos permita negociar mejor?, ¿castigar comercialmente a Chile por años de enclaustramiento injusto?, ¿usar el tema políticamente para desviarnos de problemas que afectan la imagen del actual partido gobernante?, ¿entablar una dura batalla diplomática en un país donde la diplomacia no es algo fuerte ni institucional? Quizás todas las antes referidas sean meras posibilidades, incluso especulaciones, pero es evidente que nuestras demandas aún pareciesen carecer de certeza. Difícil labor la del ex presidente Rodríguez Veltzé, espero como boliviano, que le vaya muy bien, pero sugiero como abogado que se defina también de manera clara y precisa lo que pretendemos lograr con los pies en la tierra, la justicia en lo alto y las leyes en la mano.