sábado, mayo 18

El bloqueador bloqueado

El Presidente del Estado Plurinacional, bien sabe lo que significa bloquear, fue su oficio, paralelo y resultante de las demandas sectoriales de las Federaciones del Trópico de Cochabamba, y con ello lideró a este grupo por mucho tiempo, los bloqueos que él protagonizó eran famosos, aún son claras las imágenes de decenas de camiones varados en la carretera que une a la Ciudad del Valle con Santa Cruz, con productos que no llegaban a destino nunca, con fruta que se pudría en la carretera, con empresas que caían en la quiebra, con inversiones y sueños que eran destruidos, con intransigencias, malas negociaciones, política excesiva y dañina de por medio, y frente a todo, las autoridades del gobierno de turno frente a quien entonces era líder sindical, Evo Morales, hoy Presidente de Bolivia. Actualmente quien otrora fuera el bloqueador, quien manejaba la consigna de la reivindicación social, aquel que era amado por unos y odiado por otros, lleva las riendas del país en un proceso bautizado por él mismo como el “cambio”, una revolución en la que él es el líder, que centra en su persona la unidad del Movimiento al Socialismo, partido que le permitió ingresar al ruedo democrático y en justas elecciones obtener sendas victorias que hoy se ven deterioradas por su accionar discrecional en diversas ramas de la administración del estado. Y es que el proceso de cambio tiene aún las falencias de la república, los tropezones de todo aquel que manda, los errores del que domina ante la reacción de quien se resiste a ser dominado. El estado tiene, por definición y esencia, tres elementos tradicionales: la población, el territorio y el poder, y se le incluye, bajo la visión internacional, la soberanía. Pero basta analizar algo de los tres primeros para comprender la complejidad de las acciones que todo gobernante debe enfrentar. La manifestación del poder se muestra en el ejercicio pleno de la ley, del cumplimiento de aquel ordenamiento jurídico que, de manera coercitiva, nos fuerza a hacer algo, ya sea una ruta de tránsito o una norma específica que delimite nuestro accionar particular, así también el territorio será el ámbito geográfico en el cual se aplica este poder y donde vive la población, y es precisamente en esta última que se mezclan una serie de intereses, de permisividades, de insolencias y demandas, caldo de cultivo de derechos y ambiciones, de conquistas sociales y relaciones de todo tinte y color, es esta sociedad la directa destinataria del poder del estado y es a ella a quien – se supone – se debe el gobierno que ejerza la conducción estatal. Hoy, podemos afirmar que “otra cosa es con guitarra”, el que fuera bloqueador ayer, ahora presidente, debe sufrir las consecuencias de los bloqueos, salen a la luz los números estadísticos e indicadores que reflejan el daño económico y social que se hace al país, aquella información que siempre existió, aquel dato que él nunca hizo caso y que siempre estuvo por debajo del interés sectorial del grupo al cual representa, el Presidente Morales no tiene la moral para reclamar por los bloqueos, él fue un maestro de esta cultura psicopática en la que vivimos con cierta regularidad los bolivianos, criticar la acción de los grupos sociales hoy movilizados equivale a que el ladrón reclame porque le robaron. Y aún lejos del liderazgo que debe tener un presidente, se ha roto el mensaje de negociación y se ha retornado a la mansalva tronadora de convocar a grupos de choque, de personas afines al partido de gobierno, de aquellos que provocaron un Enero negro en Cochabamba, y el Presidente, como si no tuviese memoria, vuelve a convocar a la violencia. Su falta de capacidad se refleja en la clásica salida del incapaz: la violencia. Esperemos que el gobierno reflexione sobre el porvenir, no solo está perdiendo votos hoy, está jugando con el futuro de gran parte de la población, debe retomarse el diálogo abierto y sincero, técnico y no político, es hora de evitar la confrontación y trabajar por un país al cual todos, confío en que incluso el mismo presidente, amamos. (Artículo publicado en Los Tiempos, Correo del Sur y Fides el sábado 18 de mayo)

lunes, mayo 6

La Champions, la sensatez y nosotros

La reciente Champions, aún sin campeón definido, pero con la certeza de que la copa se irá para Alemania, deja más que la sensación de cambio de mando en el fútbol mundial, pasa de España, con sus bien conocidos Real Madrid y Barcelona, a Alemania, con su Borussia Dortmund y su, sorprendente, Bayern Munich. ¿Pero cuál el secreto mensaje que nos envía este estruendoso final de Champions? primero vale la pena destacar que los resultados son, ante todo, justos, no existen fallas arbitrales significativas ni factores tales como la mala suerte inmiscuidos en los marcadores que resultaron, los alemanes fueron superiores, de pronto levemente en el caso del Borussia Dortmund vs Real Madrid (4 a 1 la ida, y 0 a 2 la vuelta con victorias para los locales) y definitivamente arrolladores en el caso del Bayern Munich vs Barcelona (4 a 0 la ida y 3 a 0 la vuelta, ambos favorables al equipo germano). Muchos alegatos se podrán plantear en torno a estos marcadores, que el Borussia tuvo en Lewandowski (autor de los 4 goles con los que perdió el Madrid en Alemania) su arma letal en la que, posiblemente fue, su mejor noche; o quizás que en el partido en España no jugó Messi, demostrando una vez más la messidependencia Culé y ratificando el porqué un equipo no puede depender solamente de un jugador (por eso se llama equipo), pero ningún argumento tendrá validez por la contundencia de los resultados y, sobretodo, lo visto en cancha. Pero toquemos el fondo del tema, el secreto de la victoria alemana puede verse más allá de las canchas de fútbol, se encuentra en la sensatez. Esta sensatez se la vive en un sólido sistema financiero que ha dejado, por ejemplo, en el año 2010 - 2011 una utilidad de 79 millones de dólares (en idéntico periodo el Chelsea inglés reportó pérdida por 106 millones de dólares), además de un prudente manejo administrativo que lejos de las mediáticas contrataciones españolas ha logrado una sólida base operativa, incluso este éxito se extiende a las divisiones inferiores del país germano ya que se exige que cada club cuente con academias (Alemania es campeona europea en las categorías 17, 19 y 21 años). Estos niveles de razón son los que derivan de un país que, hoy por hoy, es considerado el más estable de Europa, el segundo mayor exportador del mundo, el único capaz de salvar el Euro y, paradójicamente, el mismo que perdió dos guerras mundiales y quedó devastado en casi todo aspecto e incluso vivió muchos años dividida. En Alemania se trabaja menos horas y los niños pasan menos tiempo en clases, pero se obtienen mejores resultados. La prudencia administrativa y recato fiscal han sido constante en una nación que se puede jactar de estable, su sistema educativo destaca sobre todo en la secundaria, donde ya muchos trabajan en calidad de pasantes, la promoción de la independencia de los hijos ya parte en niveles elementales, haciendo a estos jóvenes útiles a la sociedad. Durante años se han venido criando generaciones de disciplinados alemanes, que viven bajo las lógicas y principios del orden, mismo orden y organización que les permite hoy cosechar éxitos en diversos aspectos, incluidos los deportivos, tal cual podemos apreciar en la final de la Champions que el venidero 25 de mayo dejará, sí o sí, un campeón alemán. Si la vida en sociedad es así de cierta e interactúa tanto, es entonces inevitable conclusión, el hecho de que la dialéctica y el karma existen en todo lo que hacemos, sembramos indisciplina y cosechamos problemas, nos hundimos ante el menor problema y no aprovechamos las oportunidades, somos inestables y en esas condiciones estamos aún lejos de poder siquiera estabilizarnos, somos más políticos que técnicos y así sucesivamente podríamos dar cientos de ejemplos (por no decir problemas) que se expanden en todas las áreas (administración pública y privada, fútbol, disciplina fiscal, tráfico y vialidad, educación, higiene, corrupción, inseguridad, etc.). ¿Los responsables de esto? Pues la respuesta es simple, responsables de esto somos todos y en tanto no cambiemos nosotros, no esperemos un futuro mejor para nuestros hijos. (Publicado en Los Tiempos el sábado 4 de mayo de 2013)