martes, noviembre 19

La alternativa opositora en Bolivia

En el horizonte se vislumbran elecciones nacionales, las y los actores de dicha contienda empiezan a calentar sus argumentos y definir sus estrategias (incluido el factor "candidato") para ser favorecidos con el voto popular que será el que determine el gobierno que desea. El partido gobernante tiene la figura clara, más allá de la legalidad o no de su candidatura, será el Presidente Morales quien lleve, una vez más, la batuta en esta elección. Prosigue intacto el liderazgo del actual mandatario y su condición de mejor candidato es indiscutible. Por otro lado, sombría resulta la postura de una oposición que, hoy por hoy, se muestra aún fragmentada, con Samuel Doria Medina proclamando unidad y conscientemente pidiendo elecciones primarias para definir una sola candidatura opositora (al estilo de lo realizado en Venezuela), y con las respuestas ya conocidas de Juan Del Granado quien ya fue declarado candidato por el Movimiento Sin Miedo y la cabeza, ya visible, de Jorge Quiroga quien pareciese pretender lo propio. En el Oriente Rubén Costas se mueve con idéntico afán y mucho se puede hablar de otras opciones menores, pero con las ya referidas basta para notar que se ve un panorama claramente dividido. Contra la unidad del Movimiento al Socialismo se quiere presentar la dividida oposición, el resultado, se puede desde ya adelantar, no apunta a ser el mejor. Las ambiciones individuales de los opositores reflejan únicamente las limitantes de siempre, y el resultado se avizora triste para estas propuestas. En este momento, cueste creerlo o no, y aún cuando se ha perdido numeroso apoyo, el MAS sigue siendo una alternativa orgánicamente más estructurada que la oposición. Y es que la carencia de liderazgo en el país pasa por una inmadurez estructural que ha venido a ser para el país una suerte de flagelo perenne que ha derivado en la inexistencia de liderazgos técnicos, y solo ha permitido el surgimiento de liderazgos criollos, de caudillos que lideran bajo una coyuntura y que, en varios casos, no representan una política madura. En Bolivia, como en numerosos países del mundo, la política aún es sinónimo de apropiarse del poder, de la posibilidad de detentar y disponer de cargos públicos, de poder tomar una tajada de esto o de aquello y de asegurar un mejor futuro particular en desmedro de un beneficio que se supone general, nuestra política no es ajena a esta visión equivocada de gestión pública. Vivimos en un estado en el que aún subsiste la prioridad del juego político, de la acción planificada con la intención del beneficio último de quien la ejecuta, no tenemos un espacio político que refleje madurez, ni los actores mismos de la política, llámense candidatos, ni los electores que son quienes depositan su soberanía en el sistema democrático. En pocas palabras, ni usted, ni yo, ni quienes elegimos, tenemos la madurez política que debiera de tener este país. Por esto, entre otras cosas, es que el panorama para la elección del 2014 se torna simple: tendremos una nueva victoria del MAS, salvo que la oposición deje de lado sus intereses particulares y trabaje en un programa de gobierno que permita una alternativa al actual eje de gobierno, que se elija un candidato común que refleje a los grupos descontentos con el actual estado de las cosas y que actúe en consecuencia con una visión técnica que represente una alternativa real. Si esto no sucede, no esperemos que nada cambie.

lunes, noviembre 4

¿La coca, cuestión de Estado?

El Estado, como sociedad jurídica y políticamente organizada, es reflejo del pacto social que cohesiona a la población que de manera voluntaria ha delegado su soberanía para poder subsistir, y es conducida por un gobierno quien rige el manejo de la administración pública, que existe, en sí, para satisfacer las necesidades de dicho grupo humano. Y es que Estado y Gobierno no son la misma cosa, el Estado en sí implica la suma de la población, el territorio, el poder (que se ejerce sobre los anteriores) y, a nivel internacional, la soberanía; en cambio el Gobierno viene a ser la autoridad que dirige al Estado. El gobierno es elegido como una suerte de conductor de este vehículo que es el estado y toda la población espera que le conduzca por mejores caminos, cada gobierno toma su propia visión de desarrollo fundada en una propuesta que fue la elegida por la población a momento de la votación. Así fue que los gobiernos de distinto tipo y color han sido conductores del país, no todos cumpliendo lo ofertado y la gran mayoría con numerosos problemas y conflictos de por medio, al punto de que muchas veces se ha cuestionado si los que fallan son los gobernantes o los gobernados. En esta misma lógica es que todo gobierno sostiene, dentro estos programas políticos sus propias políticas o cuestiones gubernamentales que constituyen, en mayor o menor grado, a la gestión que pretende desarrollar. Así también, existen políticas de Estado, en el caso boliviano un claro ejemplo es el tema marítimo, cuya aspiración es un tema irrenunciable sea cual fuere el partido de gobierno, es un tema ya de Estado. Las recientes discusiones –tragedias de por medio– en torno a los cultivos de coca traen a la memoria el recuerdo de que bajo el gobierno de turno, la coca es importante, sea como elemento económico fundamental de una base social de la cual nació la figura del caudillo, hoy presidente, o sea porque es materia base para la producción de sustancias ilícitas, en ambos casos temas de contradicción y delicados por su relevancia nacional. El presidente evidentemente debe a sus bases cocaleras su propia vigencia y fuerza política. Aún funge como líder de las Federaciones del Trópico, y a la vez es el mandatario de la confianza del resto del país. Ante los reclamos que surgen de los productores de hoja de coca exigiendo negociar los límites de sus plantaciones, ¿cuál es el rol que asumirá el presidente? ¿Será el presidente de todos los bolivianos o será el dirigente sindical? Compleja la situación del presidente del Estado, pero debe en suma y para conclusión lógica de un gobierno que pueda preciarse de ser técnico, alejarse de su rol sindical y asumir el de líder de un país, que lo que menos requiere es dar señales de debilidad ante una comunidad internacional que cada vez duda más de nuestras políticas en ciertas áreas. Recuerden, nuestros líderes que la coca, a lo sumo es hoy una cuestión circunstancial del Gobierno, no un tema de Estado.