lunes, diciembre 30

¿Quién debe cambiar el 2014?

Nuevamente se aproxima, en una suerte de espiral cargada de actividades, festejos y compromisos, el cambio de año. Dejamos atrás los buenos y malos momentos del 2013, los éxitos y fracasos, y en muchos casos evaluamos las metas previstas para el año y contrastamos lo logrado con lo pretendido, para unos los resultados serán positivos y para otros será un aprendizaje doloroso para mejorar en un futuro. Cerramos el año, como muchas otras veces, con una crisis que golpea al bolsillo del ciudadano corriente, del que paso a paso va y viene en busca del sustento diario, del empleado que vive de un salario fijo y a quien un doble aguinaldo le es un paliativo y no una solución permanente, de un número mayúsculo de personas que sufren cuando sube el precio de los productos básicos y para quienes el satélite Tupac Katari es un orgullo, pero no una conquista que les beneficie directamente. Bolivia prosigue su marcha histórica con una sentencia perecedera en la que vivimos con nuestras falencias, debilidades y conflictos, cocinándonos en nuestra propia salsa y siempre esperando aprovecharnos de las ventajas de la coyuntura, acostumbrados hasta el cansancio a la inestabilidad y anquilosados en una marea obscura y viscosa de burocracia, corrupción e insatisfacción. Tradicionalmente la visión de llegar al cabo de un año e iniciar el siguiente, pasa por que esperamos un año nuevecito, lleno de esperanzas y nuevas oportunidades, sin embargo olvidamos la parte más importante: cambiar nosotros. Y es que somos cada uno de nosotros los actores que traspasamos la simple línea cronológica del tiempo, y seguimos cometiendo los mismos errores en el año que nace, o algo peor, arrastramos los dolores, resentimientos y frustraciones del año que se va y los sembramos en las fértiles tierras de enero para que – a lo largo de los doce meses restantes – crezcan y nuevamente cosechemos los mismos resultados en los cálidos y húmedos días de diciembre del año naciente. Pregunto entonces a mis lectores: ¿quién debe cambiar el 2014? Y la pregunta tiene fácil e inmediata respuesta, cada uno de nosotros debe cambiar, debemos renovar no solo el discurso de la esperanza en un año nuevo, debemos renovarnos nosotros, renacer en una nueva visión en la que, partiendo de una buena actitud, y prosiguiendo con disciplina, orden y paz, podamos obtener mejores resultados aportando nosotros como buenos ciudadanos a una Bolivia que requiere, con urgencia, ciudadanos que le den días mejores, más educados, limpios, optimistas, trabajadores y sobre todo comprometidos con un país que lo merece todo. Por ello mi estimado lector, este 2014, quienes debemos cambiar: somos nosotros.

lunes, diciembre 16

Del transporte, la inflación y otros demonios

La semana que concluye se caracterizó por una galopante inestabilidad en lo que refiere a las actividades que cotidianamente se realizan en Cochabamba. El transporte público, imbuido por un largo andar en su solicitud de reajuste de tarifas, cuyo estudio nunca llega a buen término y que requiere –por lo general– de manifestaciones y bloqueos para lograr promesas o algún breve resultado, ha ejecutado un paro indefinido que finalmente afectó varios días a miles de ciudadanos que tuvieron que ingeniárselas como pudieron para llegar a destino. Posiblemente el argumento ideal para reactivar dichas protestas fue el doble aguinaldo, medida que desde ya ha provocado un proceso inflacionario, en una escalada de precios que ya en el segundo semestre del año ha superado las estimaciones gubernamentales y que aún tendrá sus incrementos. El pedido de incremento del autotransporte, puede ser justo, es más, es hasta lógica ya que todo ha subido y ellos son tanto consumidores como nosotros. El problema radica en que un incremento del pasaje es prácticamente un incremento de todo, debido al rol fundamental de este sector en las actividades regulares de la ciudadanía. Por lo general, como ciudadanos comunes, nos quedamos con el problema visible, con el conflicto inmediato, en este caso el paro del transporte público, pero no vemos más allá, nos olvidamos de que en el país se vive un proceso inflacionario sobre el cual nadie dice nada. Evidentemente, el incremento en el costo de vida es una realidad, desde el pan de batalla hasta la ropa más fina, todo ha subido de precio. Aún a pesar de los intentos del Gobierno de frenar la inflación el proceso está sujeto a los vaivenes de la economía y no a los buenos deseos o las políticas de quienes conducen el país. Resulta por ende prudente considerar qué sucede en el país y dónde terminaremos en un futuro próximo. Aspectos como reglas claras y justas para la empresa privada son fundamentales para la creación de empleo, en nuestro país ser emprendedor es un imposible, hacer empresa es arriesgar el capital propio y asumir los golpes que cotidianamente se reciben de la inestabilidad y las políticas económicas nacionales que poco apoyan a la iniciativa privada. En el caso del doble aguinaldo (para un sector que se estima productivo), a decir del Gobierno es precisamente éste el que tiene altos niveles productivos, olvidando que son las grandes empresas y el sector financiero el que aporta a estos indicadores, dejando de lado al pequeño empresario, y excluyendo de dicho beneficio a un grupo humano enorme que presta servicios en estas empresas sin contratos firmados, sin una relación laboral respaldada por papeles y más amarrados a su propia necesidad que a un trabajo estable. Es muy posible que existirá dinero, mayor liquidez para asumir incrementos posibles de precios que, precisamente en esta época, acogen las mejores ofertas y expectativas de utilidad. Pero en suma los resultados de la inflación son negativos, malos a la hora de hablar de economía o productividad real. Otro factor fundamental es la visión que, como ciudadanos, tenemos usted y yo. Bolivia es un país acostumbrado a vivir de la subvención, a sobrevivir, pero no a desarrollarse por sí mismo. Pasamos periodos de bonanza económica por indicadores que reflejan el alza de las materias primas que exportamos en un mercado internacional convulso pero favorable aún a ciertos aspectos macro económicos de nuestro país. En resumen, estamos bien en términos macro pero no lo sentimos en términos micro, es decir, su bolsillo no lo siente y por ende no existe un desarrollo mayor. Ante esta realidad la exigencia del autotransporte resulta una realidad, ellos también comen y quieren comprar las cosas que han subido de precio, pero sabemos que un incremento en el pasaje es un incremento en todo y ello desata un problema social complejo. Resulta imposible encontrar soluciones inmediatas, al menos no en tanto las políticas de gobierno no consideren otros aspectos y asuman medidas económicas no electoralistas, y más bien realicen actividades serias y responsables.

martes, diciembre 3

Economía: ¿meterle no más?

El doble aguinaldo decretado por el gobierno, si bien a nivel microeconómico es una buena noticia para miles de ciudadanos dependientes que recibirán doblados sus ingresos, es a nivel macroeconómico una muestra más de la irresponsabilidad con la que puede llegar a manejarse la economía. La medida, que tiene sus pros y contras, es una medida a todas luces electoralista, es un acto que es beneficioso para muchos, es el regalo gratis que nadie rechaza, y por supuesto está invitado (aunque no pague enteramente él) por el presidente Morales. La temida inflación que fue denunciada desde su inicio por economistas y por integrantes de la oposición es ya una realidad, la lógica es simple: el empresario que no tenía previsto – y no quiere - pagar doble aguinaldo lo que hace es sacar el dinero que requiere del consumidor final, ya sea un servicio de salud en el que se incrementan los servicios, sea la tienda que ahora vende a “un pesito más”, o sea el supermercado que ya aumentó el margen de utilidad hasta antes previsto. No sucede lo que manifestó el Ministro de Economía y Finanzas Públicas, aquello de que el empresario deje alguna utilidad para satisfacer el doble aguinaldo, pues el empresario no perderá sus utilidades, el empresario incrementará sus ganancias para que el usuario final sea el que pague. A todo esto debe sumarse que hay empresarios y empresarios, ya mientras para una gran empresa, cubrir el doble aguinaldo puede significar que uno de sus directores no viaje de vacaciones a Cancún, para otros (los pequeños y medianos) resultará fatal un incremento de esta naturaleza. El Ministro, en una entrevista indicaba que si a un empresario pequeño no le alcanzaba para cubrir el doble aguinaldo, estaba manejando mal las cosas, tamaña aberración no debiera venir de un gobierno que no tiene la moral de atacar en este frente ya que no fomenta la iniciativa privada, burocratiza tramites y pareciera no tener idea de cuán difícil es sostener una empresa, un emprendimiento en un país robustecido únicamente por lo estatal. A su turno grupos cocaleros han pedido también recibir su aguinaldo, por equidad y justicia, según ellos, criticando el premio productivo para la policía o los grupos militares, ambos cuestionamientos sin respuestas sólidas. Otros sectores como los jubilados, quienes en su momento también aportaron al país y no recibieron tamaño premio, han levantado sus voces y reclaman ahora su doble aguinaldo, su pedido por donde se mire, justo y hasta necesario, ¿de dónde saldrá el dinero? Esa pregunta ya es complicada. Las negociaciones para pedir más plazo para el pago ya desvirtúan también la esencia de un premio que se denomine “aguinaldo”, si bien cierto que muchos empresarios sí debieran recibir tal consideración, no todas las empresas están en la misma situación. Y es que en economía, como en todo, no es cuestión de “meterle no más”, los efectos pueden ser complejos y hasta devastadores. Lo sucedido, nos muestra una vez más la inmadurez y poca estabilidad en la que vivimos, la planificación técnica supeditada a la política criolla y a los intereses de grupo y la incoherencia en mucho de lo que manejamos.