lunes, junio 30

El Reino del Revés

Se dice que en el Reino del Revés nada el pájaro y vuela el pez, mención bien referida a la popular canción creada por la argentina María Elena Walsh, que cercana a la realidad es alusión directa a ciertos elementos que se presentan en nuestro país. Desde la gestión municipal, en la que tristemente hemos ido en retroceso y ahora debemos correr tras los coches basureros como era en la época de nuestros padres, hasta el ridículamente célebre reloj que en la Plaza Murillo marca la hora al revés, son incoherencias en las que cada día debemos vivir. Tras la mentada justificación del original reloj existente en La Paz, se puede deducir que con ello se pretendió dar un mensaje de soberanía ideológica que solamente el gobierno y el masista acérrimo llegó a comprender, y es que la ideología a veces no tiene mucho de racional, y así aún cuando el Gobierno quisiera cambiar el sistema métrico por un sistema más regional y anti colonial, el tema no cambiará en el resto de un mundo que sabe bien que un metro es un metro y un centímetro es un centímetro, que un reloj marque la hora en sentido contrario no lo hace un símbolo de la izquierda, por el simple sentido de que la hora no es imperialista. Cuando en 1884 se hizo la elección del meridiano de origen como el del Observatorio Real de Greenwich, cerca a Londres en Inglaterra, nadie pensó si era un tema ideológico, porque incluso años después y en plena Guerra Fría (1945-1985) la hora la tendrían los capitalistas y los comunistas por igual, una hora en Moscú iba a durar los mismos 60 minutos también en Washington. Nadie imaginó que en nuestro maravilloso país, 130 años después iba a surgir la originalidad de que el tiempo sea interpretado al revés, como parte de una visión ideológica y no técnica científica. Quizás porque una de las falencias más relevantes de nuestro Gobierno es su falta de visión técnico académica. Debiera ocuparse de temas más relevantes el Gobierno, en un país donde el aparato estatal cada vez crece más y la burocracia campea, donde la empresa privada sufre para subsistir y no tiene incentivos mayores para la generación de empleo, donde la inseguridad (muchos afirman movida por el narcotráfico) campea, donde el boliviano promedio no vive sino sobrevive y donde incluso la clase media en su grandes segmentos ve que su poder adquisitivo es cada vez menor. De nada sirve tener una Cumbre de varios países, que sirvió para que el Presidente haga temprana propaganda pero que en los hechos no tuvo la relevancia que se anunciaba y cuyos resultados son los mismos que otras cumbres: simplemente papeles y nada más. Y parte de este reino son sus cortesanos que acostumbrados a vivir al revés, aceptamos diligentemente los bloqueos y paros, el mal transporte público, la falta de higiene de nuestros con ciudadanos, los excesos del Gobierno, la impuntualidad de todos, la indisciplina en todo campo, la corrupción que se respira en cada esquina y una serie de aspectos propios de este país que a veces pareciese funcionar al revés. Mientras las visiones nuestras no cambien, no tenemos porque cantar la última parte de la canción del Reino del Revés, que indica: “Vamos a ver cómo es el Reino del Revés”, porque simplemente ya vivimos ahí.

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