lunes, noviembre 24

¿Somos un país de izquierda?

Mi estimado lector, si yo le preguntase ¿sobreviven aún las ideologías en tiempos en que lo pragmático se ha impuesto? ¿cuál sería su respuesta? Quizás valdría la pena primero definir que en momentos en que ya las discusiones de otras épocas, aquellas centradas en lo profundo del conocimiento, aquellas cuyo valor se centraba en el honor y la razón; han pasado a un segundo plano, y la conversación actual se ha centrado ahora en pretender dar solución a las apremiantes necesidades de una población que no espera discurso y que anhela soluciones. Como segundo argumento, y quizás la respuesta más fácil, y en mucho la más certera dentro las posibilidades de la realidad, está que la ideología no da de comer; así es que experiencias como la cubana han demostrado que el orgullo ideológico no es necesariamente el mejor camino, así como el capitalismo de países en teoría muy desarrollados también han fallado en lograr que las sociedades sean mejores. A la par ¿no es acaso una constante en nuestra región el afirmar una tendencia ideológica en el discurso y hacer algo distinto en la praxis? Y ejemplos existen varios; pasando por el socialismo chileno y su afinidad a los tratados de libre comercio y a las alianzas pro comerciales como la Alianza del Pacífico; así también la Nicaragua de Ortega tiene excelentes relaciones con los Estados Unidos y grupos financieros privados, aún a pesar de la retórica encendida que en algún momento mostró su primer mandatario; de igual modo Ecuador, con Rafael Correa incluido, pelea por capitales de inversión en su sector energético cual cualquier otra nación de tendencia derechista; asimismo el socialismo uruguayo ha sido siempre moderado, con buenas relaciones con el empresario privado, aquel que la doctrina tacha como dueño de los medios de producción y enemigo de la clase obrera; la izquierda brasilera no es la excepción, la privatización de otras gestiones sigue viento en popa y las élites cariocas no han sido tocadas por la autoridad gubernamental; en la misma línea, el gobierno heredado por Castro en la famosa isla cubana muestra romances con ideas de derecha, dejando de lado el “patria o muerte” y promoviendo fulgurantes luces de desestatización y sembrando pequeñas dosis de iniciativa privada. Así nosotros, como país, como Estado Plurinacional ¿somos socialistas? Estamos gobernados por un partido político cuya sigla así lo declara, con una retórica encendida en su inicio, muy cercana a la agresividad, tal cual la tuvo en su momento el difunto presidente Hugo Chávez (Venezuela), pero que en la práctica se ha moderado hasta casi estabilizarse en una semejanza similar a la práctica del también ex mandatario Lula Da Silva (Brasil); y en los hechos los medios de producción siguen en manos de los particulares, desde el gran empresario hasta el vecino que comercia en la esquina; que el Estado ha crecido , es cierto, que es más eficiente, eso ya podríamos discutirlo según la entidad pública de la que se trate; pero que seamos socialistas, no lo somos, y espero, sin ofender a nadie, que no lo seamos. Porque sencillamente las ideologías de extremo han demostrado que no son el camino a seguir, ni la derecha ni la izquierda, por lo que será mejor apuntar a un camino medio, a un equilibrio y a una postura racional antes que pasional.

lunes, noviembre 10

¿Por qué sentirse orgulloso de ser boliviano?

Mientras proyectaba mi columna habitual, deambulando en mis juicios entre componer una u otra idea, recibí un correo electrónico de un lector que me preguntaba: ¿por qué sentirse orgulloso de ser boliviano? pregunta que, aducía él, le carcomía el cerebro y que era una pretendida respuesta para sus hijos a quienes deseaba comentarles algo conveniente y afable sobre su país. En mi humilde opinión, si se habla de tu país y se suma a ello la visión que pueden tener las futuras generaciones, es un tema que amerita atención; más aún si la simpleza de la pregunta planteada toca algo tan cotidiano y tan necesario como el orgullo nacional. Por ello mi estimado lector, hoy hablaremos de tu país, de nuestro país, hablaremos de usted y de nosotros. Partamos por no enceguecernos y admitir que falencias las tenemos, así como las tienen también ciudadanos de otras latitudes; y es que el ser bolivianos puede tener una serie de bemoles, los más de estos causados por las propias inconductas que tenemos, las que, a manera de resumen, pueden pasar desde nuestra indisciplina en el tráfico cotidiano hasta la excesiva politización. Pero también tenemos muchas cosas buenas, excelentes diría yo, temas que son propios y que no los encontraremos ni en los países desarrollados, mencionemos algunos de estos ejemplos: nuestra esencia es alegre, festejamos el todo y el nada, nos abrazamos en un entierro y así también en un cumpleaños, somos efusivos con el compañero y podemos abrazarle como si no le hubiésemos visto en años; radica en cada uno deseos sinceros y hasta excesivamente amables, tratamos al visitante como si fuese un viejo conocido o un amigo de antaño, en resumen nos constituimos en buenos anfitriones; disfrutamos de las mejores comidas, sino del mundo, quizás sí de la región; nuestra vida resulta barata y nuestros intereses bien pueden satisfacerse con la calidad de nuestros bellos climas; disfrutamos de paisajes maravillosos que nos muestran los nevados más gélidos, los valles más hermosos y los exuberantes llanos; nuestra música es fantástica y maravillosa, así soñamos con una quena o recordamos con una guitarra y vivimos con un baile; tenemos un folclore fabuloso, una mezcla de diablos, morenas, caporales, tinkus y tobas que saltando cruzan los cielos y festejan con los alegóricos carros decorados de vivos colores; y es que Bolivia es maravillosa, fantástica, es una sucursal del cielo en la tierra. Y todos estos son temas ajenos a la economía, a la política, a los procesos de industrialización que ahora se van desarrollando y apuntan a mejores días; a las inversiones que día a día nacen de los emprendimientos de ciudadanos, que como usted o como yo, aman a su país; a la gestión que se pretende alcanzar a fin de superar las dificultades que podamos tener. Final y esencialmente, el boliviano es bueno, de corazón tranquilo y de espíritu noble, trabajador infatigable, siempre dispuesto a regalar una sonrisa a quien la necesite e incluso aún cuando no se la pidan. Por ello me animo a afirmar que los bolivianos somos felices, porque vivimos en una bella tierra, matizada de vivos colores y deliciosas comidas, somos más fuertes que la política y la economía, y preferimos sonreír cuando los problemas vienen; por esto y mucho más es que podemos decirles a nuestros hijos que pueden estar orgullosos de lo que somos y de donde vivimos.