lunes, diciembre 7

PARQUEANDO

El control de parqueos y el sistema de tráfico nacional refleja, de pronto de un modo inequívoco, mucho de la sociedad en que vivimos. En este breve artículo relato algo de las muchas experiencias que vivimos a diario: La gran mayoría de las y los ciudadanos hemos sufrido en carne propia el temor a que la cobertura temporal del ticket no sea suficiente en relación a la actividad que debemos realizar (amén de que la reunión a la que acudimos puede no empezar puntual o que la fila en el banco sea larga o que se suspenda nuestro compromiso), o el llegar a tiempo y aún así esperar a que el joven que vende los tickets esté trabajando una cuadra más allá y debamos ir a buscarle primero, o que entre los coches se coloque una moto reduciendo el espacio de maniobra, y muchas otras historias; incluidas las más feas en las que en pocos minutos los responsables del control suben al vehículo (o la moto, que se las llevan por docenas) y se van. Un control semejante, en una ciudad carente de señalizaciones que garantice efectividad (lugares mal pintados, letreros antiguos, normativas mal difundidas, y un largo etcétera) con una población indisciplinada (muy acostumbrada al «paro un ratito y me voy») y con una policía carente de confianza, lógicamente provocaría descontento. A la par, incluso los parqueos construidos, carecen - en muchos casos - de alturas y espacios acordes a los vehículo y tenemos allí estructuras mal hechas y por lógica no controladas pero ejerciendo cobros por un servicio mal dado. Y si los coches están incómodos, lo peor viene para el peatón, a quien el conductor no respeta, al cual se puede volver sordo a bocinazos y el que también, por su parte, es abusivo y no respeta ni promueve orden alguno. El ciudadano de a pie que si bien es víctima también es parte del caos. Y así es nuestra sociedad, carente de disciplina, ausente de autoridad, falto de respeto y muchas veces desprovisto de razón y lógica. Y si nuestro sistema de parqueos está mal es reflejo de lo que somos, y cuando usted esté en la calle, cruzando por donde no debe o manejando indebidamente, recuerde que todos somos parte de este sistema y que si no funciona, nosotros también somos parte del problema, por ende la solución parte también en un cambio que debe partir en casa, en cada uno de nosotros.

lunes, noviembre 9

La antidemocracia y el pueblo

En una entrevista desarrollada en Alemania, el presidente del Estado ha manifestado que ser cuestionado respecto a su re elección es antidemocrático. Acotó que es el “pueblo” el que exige ello y no así él. Morales Incluyó en sus argumentos que el sistema de partidos levantó al país europeo luego de que fue destruido tras las dos guerras mundiales (deja de lado el Presidente que el llamado “Milagro Económico Alemán” se debe a muchos factores: desde el Plan Marshall hasta la disciplina de cada ciudadano alemán), y olvida también que Alemania es un país de instituciones fuertes, no solo en el ámbito de la administración pública sino en el espectro del respeto normativo y que el pueblo alemán se caracteriza por su orden y por ser muy respetuoso y altamente educado. Cosas que en Bolivia no son frecuentes. Pero volvamos al análisis crítico de considerar antidemocrático ser cuestionado sobre un nuevo mandato: El pueblo es el que ejerce la democracia, como un sistema de gobierno en el cual, a través del voto, el ciudadano elige a sus representantes para un gobierno que ejercerá el poder. Para dicha elección, la pluralidad de ideas es un aspecto base, y dentro dicha diversidad se encuentra la confrontación de ideas (claro está, que para un Presidente que nunca ha participado de un debate público, resultará siempre incómodo que alguien le plantee preguntas para las que no esté preparado). Sin embargo de ello, el pueblo incluye a aquellos que están a favor de la reelección del mandatario y a quienes cuestionan el irrefrenable deseo del Presidente por mantenerse en el poder, y serán estos ciudadanos los que decidirán tal situación, por ende es lógico y muy democrático cuestionarse al respecto. Asimismo es este mismo pueblo es el que reconoce la existencia de un conjunto normativo que regla para todos y al cual se somete. Pero nuevamente aquí la realidad nacional nos recuerda que en el país la ley bien puede manipularse. Y vuelve a la mente que la ley, desde la misma Constitución, no está exenta de ser un instrumento del ejercicio del poder. Por ende, si se modifica la norma madre de las leyes, es también un legítimo interés democrático preguntarse las razones. Hasta aquí, hablar y discutir sobre la reelección es parte de la democracia y no al revés, así como también modificar la ley implica la inevitable interrogante sobre la legalidad de tal acto. En resumen: se equivoca el Presidente en sus apreciaciones, pues democracia es poder hablar de todo, más aún cuando nos interesa a todos. Finalmente debemos considerar que en Bolivia el mismo concepto de “pueblo” es una noción altamente depreciada, ya que hoy en día los que tienen voz y voto son los grupos con capacidad de coerción, son el grupo que el Poder puede convocar para adorar al líder, aquellos que con sus brazos y piernas pueden golpear y maltratar, aquellos que con la fuerza de la masa humana son hábiles para vitorear y gritar (aún cuando no entiendan nada de lo que están expresando): aquellos llamados Movimientos Sociales. Para el gobierno actual, ese es el pueblo. Como conclusión: no es antidemocrático hablar sobre la reelección, pero sí es antidemocrático manipular la ley y sí es antidemocrático pensar que el pueblo está conformado únicamente por el partidario que actúa ciego en una realidad que poco comprende. Dado el contexto y en el caso nuestro, bien afirmaba Hegel, un famoso pensador alemán: “El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere”. Quizás tenía razón.

lunes, octubre 26

Política de Cuchu a Cuchu

La noche del pasado jueves la plataforma principal del paso a desnivel en la interjección Av. 6 de Agosto e Independencia cedió ante el peso que transitaba sobre ella. No había pasado ni un año desde su inauguración y el daño que hoy se aprecia, pareciera irreversible. Su entrega en tiempo record, tal cual en aquel entonces se proclamó como un logro, demuestra que la rapidez no siempre tiene relación con la calidad. Pero afanes políticos, presiones que hoy son expuestas bajo el rótulo de que la obra se “apresuró” (a decir de Sergio Rodríguez, actual concejal del Movimiento al Socialismo y ex supervisor de la obra), exponen un mal endémico en Bolivia: lo político se impone sobre lo técnico. Y la gestión pública está plagada de ello, y sucede en los niveles más altos de la administración del Estado como sucede en la esquina más alejada de la cosa pública. La política pesa, y tristemente pesa mucho, no en vano podemos encontrar en instancias técnicas a personal no calificado, al amigo del conocido y al tío del primo que hizo campaña o que puso plata para la campaña. Así también, volviendo al caso con el que empezamos la columna de hoy, podemos ver que una obra fue apresurada para cumplir con la gestión vigente, con entregar la obra, con el entonces alcalde cumpla su rol de brillar ante una comunidad que todo lo cree. Trece millones y medio de bolivianos fueron invertidos en esta obra, una de las pocas que podemos destacar en una Cochabamba que hoy parece olvidada y que pasó de ser la ciudad estrella de Bolivia (en la época en que nuestro Alcalde era considerado el mejor - antes de que erradamente se anime a perseguir una huidiza presidencia - y Cochabamba era la mejor en Desarrollo Humano) a ser la tercera del país y con pocos motivos de festejar. Junto a este paso a desnivel está su gemelo, habrá que ver si no seguirá igual camino. Y las responsabilidades tendrán que escarbar en un accidentado terreno donde lo político también pesa más que la misma justicia y donde los entuertos son cosa cotidiana. Y seguimos manipulando, y la política se impone sobre lo técnico e incluso sobre lo legal, y buscamos reelecciones y nos ofrecen fantasmas y para mal de males, la mayoría lo cree. Debemos agradecer que ese paso a desnivel no se derrumbó con gente encima o debajo, pero debemos también lamentar que seguramente mientras usted lee este artículo, el mismo ciclo de mentiras y corrupción política sigue girando incansable en alguna parte de nuestro país, y no hacemos nada. Fotografía: gentileza de Opinión.

lunes, octubre 12

Del fútbol, el hincha, usted y yo

De poco pareciera servir la altura de la sede de gobierno a la hora de hablar de fútbol, pero de pronto sí es importante tocar este tema a modo de analizar la forma en la que las y los bolivianos vemos la vida, incluido, por supuesto, el fútbol. El jueves pasado perdimos ante Uruguay y en el recuerdo quedaron los años en los que los celestes no se llevaban una victoria de la capital andina, quedaban también afectados los anhelos y sueños de millones de bolivianos que desean revivir las histórica clasificación del 94, y como suele suceder somos extremos: o exitistas o depresivos. Si hubiésemos ganado, para muchos ya hubiésemos estado en el Mundial, pero como perdimos las redes sociales se llenan de burlas, los corazones se amargan y ya no pensamos en llegar a Rusia sino que aspiramos al Mundial del 2022. Y es que como hinchas (porque el hincha es así en la mayoría de los equipos del mundo y lo saben los hinchas de Wilstermann y Aurora y también los del Real Madrid o el Barcelona) el fanático tiende a ser exigente, reclama a cambio de su devoción siempre resultados óptimos, no le importan los procesos, nunca acepta el “paso a paso” y se quiere ver llorando de alegría hundido en un mar de entusiastas como él mientras el capitán de su equipo levanta un trofeo. Pero la mayoría de los hinchas poco hacen para apoyar en la realidad a su equipo, a lo sumo pagan su entrada para asistir al partido que más le interese, pero no es socio del club, muchos no compran la indumentaria oficial y prefieren la versión más económica (pero que no beneficia al equipo), o finalmente, opta por ver el partido por televisión o escucharlo a través de la radio. Pero en todos los casos es crítico, aún cuándo él no haga más que solamente liquidar al equipo si perdió y jugar las veces de estratega con imaginarios cambios que él hubiese realizado en vez de los que eligió el verdadero Técnico. Extrapolemos ahora esa visión futbolera a la realidad nacional, el ciudadano común es, normalmente, un hincha de su propio país y de su propia vida. Somos buenos para criticar, sobre todo si de otro se trata, preferimos no creer lo bueno del ajeno pero sí aceptamos con facilidad lo negativo. Teorizamos sobre las soluciones que daríamos de ser nosotros las autoridades de turno pero seguimos cometiendo fallas básicas como ciudadanos. Y así tenemos a compatriotas que tiran porquería en la calle pero critican el manejo de la basura en las ciudades, o conductores que maldicen las congestionadas rutas de las urbes pero que paran en lugares prohibidos o que manejan imprudentemente, o choferes del transporte público que se oponen a alternativas viales pero que no invierten en mantener siquiera limpios sus micros o sus taxis, reclamamos cuando alguien nos hace esperar pero somos impuntuales la mayoría de las veces, reclamamos cuando nos excedemos bebiendo y comiendo pero ante el menor antojo ya pecamos nuevamente, actuamos, en resumen, como el fanático del fútbol, buenos para criticar pero malos para apoyar. Quizás valdría la pena aprender que en la vida todo se desarrolla en base a procesos y estos requieren esfuerzo, y así como no podemos esperar un milagro deportivo en la primera fecha de eliminatorias, tampoco podemos esperar un país mejor sin dar de nuestra parte.

lunes, septiembre 28

Un Estado fuerte y centralizado

En la Francia de Luis XIV, conocido como el Rey Sol, se estilaba el centralismo de poder como un medio de control total sobre el territorio francés. En esta época, segunda mitad del siglo XVII, Europa había abandonado una extensa crisis demográfica económica y política, quedaban en la historia la Guerra de los 30 años, las revueltas de campesinos, las revoluciones y los cambios de regímenes políticos en países como Inglaterra, los problemas de los Países Bajos y otros sucesos que hicieron de este siglo un tiempo bastante complejo. Francia creció y fue poderosa, y por mucho fue el país mejor armado de Europa y contaba con una fuerza militar impresionante y una marina de guerra especializada, pero su pueblo no era libre y el disentimiento estaba proscrito. Los logros franceses de aquel tiempo se los realizó a costa de que su rey, importante personaje en el ámbito internacional y decisivo en el ámbito interno, adoptó unas políticas de centralización y unificación estatal que fueron conocidas como el Absolutismo, régimen que exaltaba el carácter mayestático de su rey y que lo entroniza como juez y parte de todo, y que por ende y lógica consecuencia, implicaba que toda voz en contrario sea acallada. En la época de Luís XIV esta política unidireccional se aplicó contra la Iglesia, contra los Estados Generales, contra los Hugotones (impuso la Unidad de Fe) y contra todo aquel que sea contrario a lo que imponía el Rey Sol. La centralización del poder es un elemento fundamental dentro la práctica y ejercicio del Absolutismo y le valió a Luis XIV, ser rey de Francia por más de 50 años. La semana que termina, el oficialismo manifestó una lectura política muy propia, en sentido de que el rechazo a los estatutos propuestos por personas afines al partido de gobierno, significaría un apoyo a un Estado central fuerte. Lectura más equivocada no puede haber y amerita un breve pero concreto comentario: En las elecciones recientemente realizadas, se hizo evidente que gran parte de la población votó contra la actual gestión de gobierno, si bien no contra una propuesta en particular expresó un descontento contra una gestión que ha manifestado sus intentos de prorroga en un mandato que se suponía limitado por una Constitución por ellos mismos aprobada. Cabe acotar que el fin de semana pasado, pocos de los electores realmente sabían lo que los estatutos indicaban y a muchos no les interesaba saberlo, y si bien el régimen autonómico, es un régimen superior que el régimen centralizado, aún cuando también menor que un régimen federal, el “no” manifestado en las urnas fue un rechazo al poder reinante. Este rechazo, a ojos de propios y extraños, debiera servir de reflexión a las autoridades en ejercicio de gobierno, para promover una auténtica democracia en la que la alternancia de poder permita un pensamiento plural y garantice la libertad de las y los ciudadanos del país.

martes, septiembre 22

El Estado Soy Yo

El año 2007 publicaba en mi columna, una nota titulada de idéntica forma que esta: “El Estado soy yo”. Ese febrero escribía en alusión a las intenciones del extinto Hugo Chávez de asumir súper poderes en la otrora rica Venezuela, la misma que hoy se desangra entre la escasez y la tiranía (dichos poderes apuntaban a la reelección indefinida, gobernar por decreto con aprobación de un órgano legislativo dominado por el Socialismo del Siglo XXI, entre otras medidas). La columna en sí era una crítica a las intenciones totalitarias del entonces líder venezolano, y triste pero cierto, hoy atribuyo similar título a una nueva columna pero que debe hacer referencia al presidente Evo Morales. La frase en sí, es atribuida a Luís XIV y la habría dicho a la edad de 16 años y cuando corría el año 1655 en la entonces Capital del Mundo: París. Su simbolismo, más allá de la veracidad de su origen, ha reflejado el Absolutismo y el dominio de poder en una sola persona. Contraria a esta idea está el planteamiento del Barón de Montesquieu, quien en su obra El espíritu de las leyes (1747) plantea el sistema de separación de poderes en el cual el poder del Estado se divide en el órgano legislativo, ejecutivo y judicial, con un sistema de contrapesos que permite un equilibrio que evite detentar el poder en uno solo. Hace tiempo ya que en nuestro país la teoría de la división de poderes, se ha visto dañada por la política local, por la viveza y la ambición de poder. Y hoy, más de dos siglos y medio después de Montesquieu, y a tan solo ocho años de las ambiciones infinitas de poder del difunto presidente Hugo Chávez, surgen similares intenciones en el corazón de América Latina, en nuestra amada Bolivia. Ya la última elección del presidente Morales, bajo la lógica de la Nueva Constitución, era una interpretación hasta burda de la norma y una manipulación evidente del poder, cosa similar a la que hoy cometen nuevamente los sectores afines al gobierno. Pero no otra cosa se esperaba de quienes en su momento manipularon la ley a su antojo, y quizás lo más preocupante no radique en un frente oficialista cuyas razones son por demás claras. Lo triste es que no se presentan, hoy por hoy, otros posibles liderazgos notorios y claros que permitan una alternancia en el poder que vaya en beneficio del país, sean estos opositores o no a las políticas de gobierno adoptadas por la gestión hoy vigente. Una alternativa real permitiría ejercer en los hechos la pluralidad de pensamiento que debiera existir en un sistema democrático. Y se precisan líderes nuevos y transparentes, honestos y éticos y más técnicos que políticos, que promuevan la iniciativa privada y a la vez que respeten las políticas sociales y equilibren, una sociedad compleja como la boliviana. En tanto esto no se presente, el centralismo autoritario hoy vigente no cederá en sus pretensiones ni en las elecciones siguientes ni en sus imposiciones cotidianas. En suma y de manera sencilla: no, no estoy de acuerdo con una reelección, no porque el Presidente lo hubiese hecho mal o bien (eso la historia lo dirá), sino porque la concentración de poder en una sola persona por mucho tiempo, deriva en la tiranía y ello a su turno se transforma en opresión y finalmente en dominación, y eso es algo que no deseo para mis hijos.

lunes, agosto 31

El homo facebookus

El año 2009 se estimaba que 1858 millones de personas en el mundo usaban Internet, de este total 1508 millones de usuarios tienen acceso a la popular red social de Facebook, muy posiblemente usted, mi querido lector es también parte de este masivo mundo virtual que segundo a segundo crece. Un mundo diferente, no real pero encantador y apasionante se desarrolla entre usted y su monitor, la información de la Red es tan masiva que puede pasarse el día entero leyendo temas de toda índole, jugando juegos hasta adictivos o, finalmente, enterándose de la vida de sus amigos a través de sus fotos o sus comentarios. Y si bien tiene una alta funcionalidad, una red social, requiere también un profundo y complejo análisis que derive en el usuario final que está más allá del perfil que uno ve: de la persona. El homo facebookus es hoy un sujeto distinto al que en la vida real puede ser, un personaje normalmente feliz (así lo muestran sus fotos), con pensamientos e ideas que pueden ir de un rango muy profundo (pensamientos y análisis) hasta simplezas como dar un “like”. Pero este usuario, este Perfil, expresa ideas y opiniones, y no siempre realiza esta labor con la objetividad o el equilibrio que debiera. En las redes sociales uno es sujeto de un efecto de masas, anhela ser parte de la novedad y desea la aplicación vigente más usada. Se deja llevar por la moda tan fácil como un globo se eleva con el viento. Pero entre estas modas y tendencias, existen acciones peligrosas que muestran que el ser humano puede ser muy duro y hasta cruel. El Facebook, entre otros, da lugar a que el usuario sea juez por el solo hecho de dejarse llevar por una tendencia, y pareciese dotar al mar de Perfiles que se conecta diariamente una especie de licencia para matar. El uso de redes sociales en temas de responsabilidad social o de ayuda al prójimo es altamente valorable y cumple roles de manera, muchas veces, más efectiva que otras. Pero es también un arma de doble filo cuando se trata de maltratar y bien se autoriza por este medio un linchamiento virtual en base a las corrientes que pueden ser tendencias en la Red y se impone el resentimiento, el odio y la ignorancia. Viene sucediendo con un sonado caso en la ciudad de La Paz, ha sucedido con una conocida presentadora hace meses, en el mundo ya se ha desarrollado con gente a la que le han acusado de portar enfermedades solo por el afán de desprestigiar y sucede en temas tan cotidianos como ser la muerte ficta de famosos cada cierto tiempo. Y es que la gente, el usuario, no se toma la molestia de pensar antes de publicar, no verifica si es cierto o siquiera lógico lo que anotará, no razona si al escribir lo que apuntará está dañando a alguien y olvida que tras el Perfil del otro existe también un ser humano que puede sentir y sufrir, y con él su familia. Pero aquí lo que falla no es el Facebook, el que yerra es el usuario. El que se equivoca es usted, soy yo y el que está frente a su monitor y se siente con derecho a insultar y maltratar bajo el amparo de que hoy por hoy, el monitor todo lo aguanta. (Se agradece la imagen tomada de archivos públicos de Internet y cuyos créditos cursan en la misma)

lunes, agosto 17

Evo Morales y la seducción del poder

El mandatario boliviano Evo Morales, ya considera su re elección indefinida, anunció, a pedido de agrupaciones afines, que en el último mes de este año debatirá si se presenta a una nueva postulación que le llevaría a una posible presidencia que se extendería del 2020 hasta el 2025. La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, en un ataque de fanatismo y desconocimiento de la ley, ha propuesto al mandatario su elección vitalicia. Si en la realidad se plasma una hipotética victoria de Morales, sería su cuarto mandato consecutivo y ejercería como Presidente por un lapso de 19 años. Este arrebato de egocentrismo tendría que arribar con una modificación constitucional de por medio, la que no se descarta habida cuenta de los antecedentes que han mostrado que el mandatario andino está acostumbrado a “meterle no más” aún por encima de la ley. El mismo año que Evo Morales era electo presidente por primera vez, otro Latinoamericano, escritor fabuloso y connotado periodista, Gabriel García Márquez, afirmaba en una nota de La Vanguardia en Barcelona: “Como escritor me interesa el poder, porque resume toda la grandeza y miseria del ser humano", frase que se acomoda muy bien al caso de los líderes de Sur de América en la que bien puede destacar un líder por sus grandes obras y luego puede caer por sus ambiciones de perpetuidad; raros son los casos como el de Mujica, quien a base de un trabajo bien cumplido cerró su gestión exitosamente y evitó la seducción del poder. La re elección de Morales en el gobierno boliviano vendría a quebrar el ya afectado Estado de Derecho, fundado sobre la base de una idea muy antigua y que la propuso el francés Montesquieu en su obra El espíritu de las leyes (1748): la separación de poderes. Esta fragmentación del poder estatal tiene por único fin evitar que el dominio quede en manos de uno solo (el monarca de aquel entonces, el caudillo de hoy día), y que se garantice algo muy importante para la existencia de todo sistema democrático: el ejercicio pleno de los derechos de las y los ciudadanos. Estas garantías, pretendidas por la sumisión del Estado a la norma jurídica, se ven afectados por las pretensiones de la corriente neo populista que navega por América Latina en la que los caudillos de varios países pretenden perpetuarse en una gestión de gobierno que esperan nunca concluya. Hablar de una re elección implica daño a la institucionalidad, ya que este camino se abrirá con la modificación de la Constitución (manipulación y presión de la Asamblea Legislativa Plurinacional), ante lo cual habrán reclamos y serán zanjados por el Órgano Judicial (ya muy afectado en su imagen ante el dominio que ejercita el Ejecutivo en la quebrada independencia del órgano jurisdiccional), en pocas palabras el Estado de Derecho será nuevamente manipulado, modificado en función a la conveniencia del grupo de poder de turno. Triste historia que pareciese definirse ya desde esos anuncios que no sorprenden pero preocupan.

lunes, agosto 3

El triunfo de la irracionalidad

La humanidad se organiza y se sostiene en base a un acuerdo social, un respeto intrínseco que se funda en el reconocimiento a una autoridad (el Estado) que ejecuta, a través de las leyes, el poder que se ejerce sobre la población. Esta línea lógica y racional, tiende a romperse en las agrupaciones sociales cuyos integrantes ven insatisfechas sus necesidades, cargadas de burocracias excesivas y autoridades cuyo mando cae en lo abusivo o – por el contrario - en la ausencia de autoridad. Por lo general, es esa misma sociedad (que en su momento tiende a victimizarse), la que incurre y siembra diariamente los males de los que luego se queja. La corrupción, la injusticia, la violencia, son venenos que forman una ciénaga profunda en la que las poblaciones se acostumbran a vivir. Y sucede así en Bolivia, y pasa en todas nuestras ciudades. Y ejemplos pueden referirse muchos, y solamente por dar un triste vistazo a la coyuntura reciente, este panorama se presenta en los problemas siguientes: 1. El manejo de residuos y el basurero de K`ara- K`ara: mal endémico y nunca superado, y cuyo reciente bloqueo nos ha recordado la fragilidad de un problema que preferimos olvidar y sólo recordar cada vez que las basuras se amontonan en las esquinas porque un bloqueo se ha presentado. Cabe referir que el manejo de la basura es un tema demasiado triste y en el que hemos retrocedido: de los contenedores relucientes que una vez nos llenaron de orgullo, pasamos a la realidad de la pobreza del que se ve en la necesidad de escarbar en los nauseabundos residuos dejando luego esa misma asquerosidad en inmediaciones de los otrora inmaculados contenedores verdes, ese panorama, penoso y sucio que contaminaba el aire desde ya viciado, derivó en la actual situación: la ausencia de contenedores y la lógica consecuencia que ha obligado a que las y los vecinos deban retomar la absurda carrera tras el coche basurero que pasa replicando una campana que anuncia la llegada del recolector. Para mal de males la zona de depósito ha generado otros problemas, un manejo inexistente de los residuos constituye un foco de problemas de toda índole, planes e ideas no ejecutadas, proyectos retrasados y falta de voluntad, han permitido que la basura se transforme en un problema mayúsculo del cual somos parte. 2. La crisis de la Universidad: aquellos que en su momento lucharon por la autonomía universitaria no imaginaron, seguramente, que varios años después la educación fiscal se vería envuelta en una situación tan triste y sufrida. En una batalla que durante años se vino gestando, arrastrando problemas y parches mal hechos, y que finalmente han derivado en estos días de conflicto y enfrentamiento. Con sectores confrontados y con muchas posturas equivocadas y difíciles de superar, con salidas rechazadas e intereses políticos que se nota son más importantes que el bienestar académico. Y se dará, seguramente, alguna solución, pero todo apunta a que será nuevamente otro parche. Y los estudiantes, los docentes y los administrativos seguirán en un problema que no termina de solucionarse. 3. El bloqueo del auto transporte: debiéramos ya estar acostumbrados a que nuestro derecho a la locomoción esté cortado y sea pisado, ultrajado y enterrado cuando los transportistas así lo deseen. Y es irracional ver al afectado caminar por horas, y es ilógico creer que no resulta extraña esta situación y el fango de lo mediocre crece y crece y nosotros nos hundimos más y más. Porque en Bolivia el que quiere bloquea, cuando y donde quiere. Estos tres ejemplos, que son una paja en un pajar, sin mencionar otras noticias que también podrían haberse presentado, nos muestran el triunfo de la irracionalidad en todos nosotros: en los políticos que nos corrompen, los violentos que nos obligan y usted y yo, que poco o nada hacemos. Porque al parecer, estamos más enfocados en otros temas menos relevantes: los problemas del país son para los que les gustan los problemas del país, a mí gusta el Wilstermann y no el Strongest. Gracias. http://ronniepierola.blogspot.com

lunes, julio 20

La politización, la corrupción y la ciudad que queremos

Que el Alcalde tome acción sobre las denuncias a una de las comunas, es una buena señal, buen presagio de que en esta gestión se pretende cambiar algo que resulta reiterativo y hasta crónico en la administración pública: la politización, la corrupción y por ende la ineficacia. Estas buenas intenciones, que en su momento otras autoridades han pretendido, son loables y merecen apoyo, aún cuando muchas veces las pretendidas buenas gestiones caigan en la masa corrupta y lodosa de la política mal llevada. Aclaro, para fines que puedan interesar, que no soy miembro del partido de turno en el Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba, soy un ciudadano más y como tal me interesa mi ciudad, mis conciudadanos y sufro los mismos problemas con los que la mayoría de las y los cochabambinos nos enfrentamos día a día, de los cuales, el que ahora toco solamente es uno. Se dice que la gestión pública es como un elefante muy grande y a la vez pesado, de lento andar y por ende de perezosas reacciones, con una fuerza descomunal ante quien se le oponga y acaso de buenas intenciones y torpes labores. Si bien es cierto que tal comparación no le hace justicia al bello paquidermo, la administración pública no deja de tener varias de estas características. La relacionamos comúnmente con ineficacia, con la “coima”, con la interminable peregrinación de una mesa a la otra en busca de un sello cuadrado y luego de una estampilla redonda, con las muchas preguntas y las pocas respuestas y con – usualmente – la irresoluta respuesta a nuestras necesidades Pero el mal mayor de estos vicios es un monstruo de mil cabezas cuya sombra protege al corrupto y al pendenciero y le dota de escritorio, bolígrafo, sello y autoridad: la mal llamada política. Estos vicios, incluida la espectral fuerza de la politización pública, son generales y bien se los ve en la ciudad más poblada así como se los vive en el municipio más alejado. Es bien conocido que la administración pública tiene un doble objeto de estudio: tanto a la actividad (que responde a la pregunta ¿qué hace?) como a la estructura (que alega datos al cuestionante ¿quién hace?). En resumen la necesidad en sí que se pretende satisfacer así como la entidad responsable de tal labor. En nuestro país, en ambos casos, tenemos serias falencias que han hecho de la gestión pública algo muy criticado a pesar de las buenas intenciones de varias autoridades que, en su momento, han intentado solucionar problemas que atañen a la “cosa pública”. Y es que la entidad, responsable de satisfacer una determinada necesidad, se copa de gente que ingresa en funciones por favor político y no por capacidad; y ello sucede en la administración municipal, la regional y la nacional. Y limpiar la imagen de ese pantano con aguas estancadas no es fácil, no es tan “sencillo” como un simple anhelo, es muy complejo y depende de muchos factores, lamentablemente no sujetos solo al conocimiento técnico (que sería ideal) sino más bien muchas veces sometidos a las decisiones de tipo político que puede tener varias aristas, no siempre transparentes o coherentes. Esta insana situación pasa en materia pública en un sin fin de temas, desde los más importantes como la salud o la seguridad, hasta los más recientes como la educación. Ese mastodonte pesado y poco eficiente que es la administración pública tiene falencias gruesas que deben corregirse. Por ello, así de simple, es que la señal que ha dado el municipio al cortar de tajo una de estas ramas podridas, es muy buena, y esperemos, como ciudadanos de a pié, que sea solo la primera de muchas otras correcciones que deben hacerse. Ya varias críticas se han vertido sobre las flamantes autoridades, y los punzantes argumentos han caído sobre los que ejercen la cosa pública como la catarata se abate sobre la roca. Muchas de estas detracciones llevaban consigo razón y lógica, muchas otras eran abusivas y carentes de ética, otras cargaban solamente fines políticos y hasta torpes intenciones; y eso les pasa a los que más y a los que menos, a los oficialistas y a los opositores, porque en la gestión pública la política manda y tristemente se impone. El día en que esto cambie, el momento fabuloso e ideal en que lo técnico y lo racional se imponga sobre lo político, morirán los corruptos, se marchitará la burocracia y tendremos otro país.

lunes, julio 6

¿Dónde termina mi libertad?

Santo Tomás de Aquino afirmaba: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”, en clara alusión a que el respeto es base fundamental para la coexistencia social. Mismo principio, que el empleado por Jean Jacques Rousseau (1712 – 1778) cuando planteó el Contrato Social como aquel orden que determina el respeto a las leyes o principios que establecen la existencia de un Estado y un orden social, y que es aceptado voluntariamente por los miembros de la comunidad que la conforman. respetando, entonces cada uno de estos integrantes sociales a sus pares para poder juntos vivir. Ya antes, Thomas Hobbes (1588-1679), consideraba que los seres humanos en su original entorno (el estado de la naturaleza) decidían ceder parte de sus libertades a cambio de la protección de un soberano fuerte; y luego de él, John Locke (1632-1704), reafirmaba esta tesis contractual bajo la óptica de que todos los humanos acordaban con los demás para reconocer un determinado tipo de gobierno, aún con la facultad posterior de modificar o abolir dicho convenio. En tiempos más recientes, John Rawls (1921 – 2002), en su libro La Teoría de la Justicia, los seres humanos dejan sus diferencias e intereses propios (velo de ignorancia, a su decir) y se acogen a unos principios generales de justicia que les permiten vivir en sociedad. La lógica supondría, que aquí o en el otro extremo del mundo, estos principios que suenan hasta lógicos puedan ser pilares de la existencia misma de las sociedades. Y en tal sentido es evidente que se manifiestan y nos permiten convivir entre usted y yo, su vecino y su amigo y hasta con quienes puedan considerarse no tan amigos. Pero no sucede en todo, y muestras de esto las podemos ver en los diarios de nuestra ciudad cotidianamente, y no podría listar todos los casos pues el espacio no sería suficiente, mas creo reflexivo referir ciertos ejemplos: La libre circulación es, quizás, el ideal que en nuestro país estamos más acostumbrados a violar y que es pisoteado por toda organización social que así lo considere necesario; de este modo y bajo esta forma de pensar, bloquean los vecinos por un tema pequeño y también lo hacen a nivel nacional si lo ven conveniente. El acceso a la educación es otro que ha sido desgarrado en tiempos que aún hoy vivimos, el más claro ejemplo: la toma violenta de la universidad estatal por grupos radicales que obliga a la gran masa estudiantil a replegarse y no acceder a un derecho que le corresponde;, en esta misma línea la lógica del acceso al trabajo se la limita a quienes allí desempeñan sus funciones, sean estos docentes o administrativos; y más allá de considerar si el pedido es, o no, justo, los medios son totalmente inaceptables. La misma corrupción, tan común y tan dañina, tan fría y gris que se ha vuelto parte de la lógica diaria de la población, ataca desde el que da la coima por evitar una multa (y que va a “dar la mano” al oficial de tránsito con un billete de cierto corte en busca de un castigo menor) hasta el que recibe porcentaje por favorecer en un proceso administrativo mayor. Y en todos los casos se rompe el balance del respeto entre nosotros, cada día, cada segundo y en muchos lugares. La libertad de unos se impone por sobre la de los otros. Bolivia es un país maravilloso, bien lo sabemos, pero aún nos falta mucho por aprender. Y la falla no solo está en el sistema en sí, no radica en que nuestra Selección de fútbol no vuelva de sus torneos con premios, no implica que solo las autoridades hagan todo bien (aunque mucha responsabilidad sí tienen), o que el otro es siempre el eterno culpable. Lo más importante es lo que cada uno de nosotros puede hacer, el respeto que podemos dar a la correcta libertad del otro sin que esto implique que mi libertad sea afectada, en ese equilibrio, en esa delgada línea es que radica el éxito que aún no hemos podido encontrar.

lunes, mayo 25

La política, el político y el lobo

La política, dentro sus definiciones históricas, es entendida como el “ejercicio del poder”, y así también es ilustrado su objeto de estudio y así lo ven teóricos como Max Weber, Raymond Aron, George Vedel y Maurice Duverger. Y si bien sus enfoques van desde la dicotomía de amigo-enemigo planteada por Carl Schmitt, hasta el consenso refrendado por Bodin (analizado por Gramsci en una comparación con Maquiavelo) como elemento central, sus efectos – bajo dicha visión - en nuestro país se notan a través de sus instituciones y sus autoridades. Ese politizado y endémico manejo administrativo, subsiste por décadas plagado de una serie de problemas y entuertos nocivos, esta ciénaga perniciosa es el caldo de cultivo ideal que permite aflorar la corrupción que como hongos absorbe toda buena voluntad y enloda toda capacidad técnica. Detrás de este panorama se encuentra entonces la política como arma de manejo del poder. Pero esto no significa que en sí misma la política sea una invención diabólica, más al contrario su nacimiento ha tenido mucho que ver con tratar de satisfacer la necesidad común y lograr el beneficio colectivo. ¿Dónde radica, entonces, la falla? Y la respuesta es sencilla y directa, y se establece en la persona, en el político, en el zoon politikon de Aristóteles, en el sujeto humano inteligente y consciente de sus acciones que está detrás de toda gestión. Individuo que puede ser muy capaz, o no, pero que, en nuestro país, accede al puesto por el fervor político; y ahí radica el mal del asunto. Y, como decía Thomas Hobbes, en su obra El Leviatán (realizando una adaptación de la locución creada por Plauto en su obra Asinaria), “Homo homini lupus” o, en castellano regular: el hombre es lobo del hombre. Y así vivimos, gobernados por personas que, transformados por la política mal entendida, se transfiguran en lobos y logran, a través de gestiones viciadas sostener una administración cargada de burocracia y carente de capacidad técnica. Y el lobo pasa de la soledad de su oficina a tener su “manada” de confianza, y, ya en grupo, nacen las roscas, los grupos de poder y por ende los beneficios particulares en desmedro del beneficio común y, así, tan simple, la idea de una gestión pública que beneficie al ciudadano y sea transparente muere en la intención de algunos que tratan de hacer lo que pueden pero que son, finalmente, asfixiados por las largas redes de un sistema putrefacto y defendido desde las altas esferas. Y ejemplos existen muchos, y van desde las pretendidas intenciones de ser reelecto indefinidamente hasta los reclamos de sectores sociales que amparados en que son movimientos sociales se creen capaces de todo. Y así las “manadas” pueden ser grupos de poder que velan por su beneficios únicamente, sean estos ejecutivos de la administración pública, personal de base, autoridades estudiantiles o docentes, juntas de vecinos, parientes y hasta miembros de las entidades más reconocidas. El egoísmo del beneficio propio mueve los hilos de una sociedad acostumbrada a ello. Este panorama sucede en el mundo entero, pero se lo ve en menor medida en naciones de mayor educación, pues si el sujeto es idóneo, si el zoon politikon es capaz, la política también llegará a buen puerto y por ende la concepción de ésta dejará de ser solo una lucha de poder sino que se transformará incluso en una visión moral, que llegue a ocuparse no del poder en sí y por sí mismo, sino de la atención de las necesidades del colectivo social y en beneficio del bienestar común.

lunes, mayo 11

Y después del MAS… ¿Qué?

Ser habitante de Bolivia nos recuerda que no sólo somos un Estado Multiétnico y Pluricultural, sino que también poseemos complejidades que nos llevan a ser objeto de múltiples radicalismos y extremos que derivan en bloqueos, marchas y una serie de irrespetos entre y contra los propios ciudadanos. Recordamos también que si bien somos trabajadores, no somos conocidos por virtudes tales como la tolerancia o el diálogo, y que en el país, primero bloqueamos y preguntamos después, pese a quien le pese. Por ello, ser presidente de nuestro país resulta, y es, una fatigosa tarea, la que se viene llevando adelante desde siempre con numerosos entuertos que han demostrado, en más de una ocasión, que somos un pueblo difícil de gobernar. Pero no es una culpa propia, no es un mal deseo o anhelo de hacer mal, es simplemente un resultado de la falta de educación, de control y de la “viveza criolla” que impera en numerosos rincones de nuestro país. Y con estas taras sociales, debe lidiar quien desee ser presidente de Bolivia. Si recordamos en el tiempo, antes de la llegada del MAS al poder, la democracia era una serie de pasanaku entre los partidos con mayor peso político, en su momento el ADN, el MNR y el MIR lo ejercieron. Los tres disputando el poder y distribuyendo los espacios del mismo entre sus alianzas, las que comúnmente derivaban en luchas y en una gestión compleja, hasta corrupta y en declive democrático. Luego de esto, ante el cansancio de un sistema tan complejo, llegó la presencia de un candidato reciclado de las luchas sindicales, y el mismo pueblo que se fastidió con la repartija de poder de aquellos a quienes propagandísticamente se denominó partidos tradicionales, decidió votar en masa por el rostro nuevo y por el slogan exitoso del “cambio”. Y el MAS ganó, tuvo que inventar candidatos en zonas en las que había triunfado y no pensaba hacerlo, y asumió el poder y empezó un proceso de transformación nacional con altas y bajas pero cambio al fin. Se impuso una visión distinta, extrema en ciertos elementos pero también correcta en otros, y como la mayoría de las cosas que hace la humanidad ha tenido su tiempo y su espacio. Ahora pareciese que esa fuerza mengua, disminuye la influencia del partido vigente y surge la inevitable pregunta, y después del MAS… ¿qué? Evo Morales ha demostrado ser el MAS, sus candidatos en gobernaciones y otras instancias de administración pública han tropezado con el problema de que ellos no son el Presidente. Pero con esto solamente, hasta ahora, alcanzamos a ratificar que la política boliviana es caudillista, como lo fue ADN apoyada en Banzer y luego mutilada por Jorge Quiroga quien pasó de ser el heredero natural de dicho partido a ser el artífice de un nuevo proyecto, también le pasó al MNR con Sánchez de Lozada que, con o sin el peso económico que se le atribuía a Goni, tenía en ese personaje su principal actor y, finalmente, le pasó al MIR, con Paz Zamora, quien era el rostro del gallo y su máximo exponente. Y por si dudásemos del peso personal del caudillo político en Bolivia, también podríamos referir a Condepa y al compadre Palenque, o la UCS y a Max Fernández. Y así con cierta regularidad pero en menor proporción afloran en el país liderazgos menores que cual hongos surgen, pero no sostienen una proyección nacional. ¿Qué sucederá entonces en el MAS? El heredero natural en este caso tendría que ser el vicepresidente García, quien tiene incluso mejor formación que el mismo Presidente, pero cuyo límite es que no es lo que Evo Morales representa. Si él no asume o, si no obtiene la votación requerida, ¿qué será del MAS? Y si no hay más MAS, valga la cacofonía, ¿quién ingresará en su lugar? En las tierras bajas pareciese aflorar un movimiento liderado por Rubén Costas que ahora se proyecta a Cochabamba, en las tierras altas pierde peso e influencia lo que una vez fue un engrandecido Movimiento Sin Miedo. Pero a más de esto, no existe alguien de la proyección nacional que se requiere, y los partidos o agrupaciones ciudadanas pareciesen no estar sembrando líderes, y la población está cansada de la política pues sea de los tradicionales o del cambio no deja de ser una política que deja corrupción y problemas, y lo bueno y lo correcto, lo ético y lo sano, pareciese estar en franco declive. //////(La imagen empleada fue descargada del siguiente enlace web y corresponde a dicho sitio su autoría, se agradece, desde ya, permitir su libre acceso http://www.eldia.com.bo/index.php?cat=150&pla=3&id_articulo=136125)

lunes, abril 13

Lo que las elecciones nos dejan

Lejano pareciesen estar hoy aquellos años en los cuales el MAS se imponía rotundamente en el país, tiempos en los que en Bolivia existía y latía una nación cansada de la política tradicional y de sus resultados que poco incidían en un beneficio colectivo. Esperaba este pueblo que Evo Morales, líder cocalero y flamante presidente electo, represente un alba renovado en el cual mucha gente, incluida la clase media, pueda soñar con un nuevo comienzo, un cierto proceso de cambio. Pero el Proceso de Cambio, exitoso aún en las últimas elecciones generales, ha sufrido un tropiezo y ello significa pensar, y pensar bien. Empezó este año con siete Gobernaciones, hoy tiene cuatro, dos más serán decididas en segundas vueltas y tres son definitivamente patrimonio opositor; en lo municipal fue peor, perdió las ciudades más importantes. Sin dudarlo, el gran perdedor de estas elecciones fue el MAS. Por cercanía tocaré el caso de Cochabamba, donde, a decir de muchos, más que ganar Leyes, perdió el MAS. La clase media y de ésta hacia arriba, por referir un hasta odioso parámetro económico, le ha dado la espalda al candidato del MAS, estos grupos sociales que en cierto modo ya aceptan, por usar un término impropio pero quizás adecuado, que el MAS no lo hace todo mal y que ciertas políticas de su gestión son correctas, ha demostrado que no está convencido aún de una gestión que ha tenido también visos temibles que apuntan a la imposición, la persecución y la intolerancia. A la par la gestión del anterior alcalde ha dejado sabor a poco, pareciese que el MAS creía tener muy segura a la Llajta y se ocupó mucho de “comprar” el cariño de La Paz (incluida El Alto) y Santa Cruz, sea con el teleférico o sea con eventos internacionales. El último proceso electoral demostró que Cochabamba ya no es una taza de leche para el MAS. Lo dije en dos artículos escritos antes de la realización de las elecciones y tuve razón, la gente voto contra el MAS porque sí, porque podían votar por cualquiera menos por el MAS. Y aquí se presenta un factor adicional, las elecciones municipales y regionales son distintas a las nacionales, el peso del MAS a nivel nacional suena interesante, aunque también debe aceptar el partido de gobierno que ha perdido las capitales de las ciudades más grandes del país, se le ha escapado el ampliamente poblado Eje que conforman La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, y eso trae mucho que pensar. Puede tener una amplitud de municipios el MAS, pero a nivel poblacional es indudable el peso de las grandes ciudades incide en una elección nacional. Si la política del país se extrapola al MAS estamos ante un nuevo caso de caudillismo, el MAS es Evo Morales, y sin él, el Partido de Gobierno tiende a morir. ¿Qué sucedería en una elección nacional sin la presencia de Evo? Y más importante aún ¿quién asumiría ese reto? ¿Cuál la cabeza visible para liderar un país complejo como el nuestro? Deja mucho en qué pensar este último proceso, para nosotros como población, para el MAS como gobierno y para la oposición si lo que desea es crecer.

lunes, marzo 30

El imperio del silencio

Recientemente se han cernido sobre los fértiles espacios de la libertad y la expresión independiente, las sombras amenazantes del cobarde ataque, de la anónima agresión y, por consiguiente, del más terrible de los silencios, el que deriva del querer hablar pero no poder, de anhelar gritar pero saberse mudo, del grito hueco de sonido y ausente de eco, de la conocida como autocensura. Y esto ha llegado de la mano de sangre, balas, papel y hasta de una carga asquerosa de machismo y cinismo, que no puede ser tolerada y que amerita todo el reproche posible; se busca amedrentar, callar y silenciar a quienes únicamente desempeñan su labor. Se pretende obtener, y es un efecto inmediato, la autocensura del afectado, de la víctima, del que hizo bien, del que denunció y del que investiga, en tanto el amenazante, oculto en las sombras de su cobardía se jacta de lograrlo. La autocensura agrede hoy al periodista, pero tenga seguridad que en breve tiempo golpeará al redactor y al columnista y en un futuro cuyo horizonte se vislumbra no muy lejano alcanzará a la autoridad, al que controla, al que vigila, al que protege, y finalmente le alcanzará a usted, al ciudadano de a pié. Y así morirá la democracia y se impondrá el imperio del silencio. En Venezuela, por referir un ejemplo cercano, además de sus problemas de escases un complejo panorama se cierne sobre la censura de la que son objeto los medios de comunicación en general y los periodistas en particular, este no es un sendero que deseemos para nuestros hijos, a los que imaginamos libres de opinar en un país plural y respetuoso. Y el desarrollo de la prensa avanza, pero teme que tras las amenazas derive en un triste cortejo marcado por un silencio sepulcral o en una homogénea información ajustada no a la realidad, sino a la conveniencia del que maneja el amedrentamiento como medio y cobarde recurso. Y hablo con la certeza de conocer el amargo sabor de saberse amenazado, ya que en su momento, ante la crítica directa, también sentí el frío filo de la autocensura, y de hablar de política pasé, por cierto tiempo, a preferir hablar del clima. Pero ese camino tiene un fatídico final, pues en una sociedad en la que se niegue al contrario, al que piensa distinto, se provoca una hemorragia imparable que deriva en la tiranía del violento. Y usted, sus hijos y sus nietos, pasarán a vivir en una suerte de cavernas ausentes de información exterior, o al menos de crítica. Y los periodistas dejarán de ser periodistas y usted dejará de ser usted por el simple hecho de que no podrá fiscalizar. Por esto, en suma, es relevante que las autoridades tomen estas amenazas con la mayor responsabilidad posible, identificando al agresor, sancionando al cobarde y garantizando así un futuro para una sociedad que lo que menos anhela es verse en silencio. No en vano afirma el escritor puertorriqueño Ismael Leandry Vega: “El derecho a la libertad de expresión y de pensamiento es, después del derecho a la vida, el más importante que tiene toda persona.”

lunes, marzo 16

Pisando barro

En los periodos electorales surgen diversas propuestas, muchas de estas son tan similares que pareciesen una suerte de cacofonías que no terminan de identificar en qué punto termina una y en que parte comienza una nueva, otras son tan ambiguas que pretenden obtener el favor del público elector con planteamientos tan amplios que carecen de certezas y pecan de buenas intenciones. Esto sucede en diversas partes del mundo y el mayor, o menor, grado de madurez de la política de un país define mucho de la credibilidad de un candidato. Complementariamente y tal cual he planteado en dos artículos publicados antes que éste, la madurez política de nuestro país está íntimamente ligada al discernimiento o conocimiento del pueblo respecto a esa vida política que le afecta directamente. Y así, en este caldo de inconsistencias, se presentan diversos elementos que, como inmadura sociedad que somos, los aceptamos sin más decir, y que usualmente no pasan de las redes de Facebook y la crítica general. Y el pueblo, aquel que vota siempre, bien gracias. Varios con su voto ya decidido, en ocasiones incluso no por convicción o ideología, y muchos otros sin saber por quién votar, algunos afirman su rechazo a uno pero tampoco les gusta el otro, y otro tanto no le gusta ninguno. Y es que al común de la gente no le interesa la política en sí, quizás porque la democracia ha perdido brillo. Y nos empapamos de los rostros de las y los candidatos que impresos en todo tipo de papel nos sonríen y procuran parecer agradables, y nos hartamos de los besos a niños, de las plantitas regaladas, de los adhesivos multicolor arrojados a los pisos, de las calles bloqueadas por que un candidato o su grupo afín están en campaña, de los afiches que son embadurnados en los postes de las avenidas y de todo ese aparato que, en resumen, no representan lo esencial de la democracia. Si hasta pareciese que somos idiotas, y quizás lo seamos si es que un candidato puede comprar nuestro voto con un afiche o por un adhesivo, pero lamentablemente son pocos los que piensan y pretenden analizar la propuesta de uno o de otro. Y en muchos casos chocamos también con el pasado de los candidatos; de los que ya fueron gobierno nos preguntamos ¿cumplirán? ¿Porqué no lo hicieron antes y ahora me lo prometen?; y de los otros, también quedan dudas ¿será que son buenas opciones? Ya los hemos visto en candidaturas a gil y mil cargos ¿ahora quieren la alcaldía? ¿será una mejor gestión? Y llega la triste respuesta: no sabemos. No existe certeza de que una buena gestión vaya a realizarse, ni con los unos ni con los otros, por eso, así de sencillo, hoy existe un porcentaje de gente que no sabe por quién votará. Y, decepción de por medio, espero no vote por la sonrisa de un candidato. Y mientras tanto, seguimos pisando barro, fango democrático, claro está, pero lodo al fin.

lunes, marzo 2

Mucho ruido y pocas nueces

Nuevamente se aproximan elecciones y, como todo proceso democrático, se espera que sean los habitantes del Estado quienes definan, a través de un voto mayoritario, quiénes serán las autoridades que regirán la administración pública, y, por ende, serán los líderes que determinen las acciones que a su turno, se supone, redundarán en el propio votante. La democracia es un juego de propuestas, las de uno frente a las del otro, ambas emprendidas en ocasiones por visiones ideológicas que a lo largo de la historia han permitido la existencia de conocidos enfrentamientos entre polaridades tan populares como la izquierda socialista y la derecha capitalista; o que han permitido el surgimiento de una serie de formas de gobierno basadas, en muchos casos, en quien detenta el poder y quien puede ejercer la coerción en base a dicho poder y, lógicamente, su base económica. Así sucede y ha sucedido también en Bolivia, y de épocas en las que se han vivido gobiernos socialistas como los que históricamente pretendió J.J. Torrez (1970 – 1971), en el que se expulsó a los Cuerpos de Paz de Estados Unidos, se nacionalizó la Mina Matilde, se incrementó el presupuesto a las universidades públicas y que derivó en un paradójico gobierno militar de izquierda; también pasamos a gobiernos como el de Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), que realizó la capitalización de empresas públicas y el conflicto por el gas, derivando luego en su renuncia y que fue el epílogo de un gobierno de derecha; llegando así al denominado Proceso de Cambio, liderado por el Presidente Morales, el cual viene desarrollando una política (2006 hasta la fecha) marcada por una tendencia social y una visión popular que el tiempo se ocupará de valorar. Estas, así de variadas, pueden ser algunas de las posturas que se planteen en los escenarios electorales del país, en este año en las elecciones sub- nacionales en las que definiremos quiénes accederán al mando de los gobiernos municipales, departamentales y regionales. Así es que, en dicha lógica, tendremos posturas e imposturas, pero lo esencial, lo realmente importante, la propuesta de fondo, poco importará para un electorado acostumbrado a votar en masa o a votar por que este, o aquel, sea oficialista u opositor. Los azules votarán por quien el partido imponga, hubiese sido por el ex alcalde, ahora será por un nuevo candidato, así también lo harán a nivel de la Gobernación cuyo candidato será apoyado sin duda alguna; a su vez los opositores, sean verdes, naranjas, rojos o multicolor, se presentarán rotos, fraccionados y carentes de una alternativa o propuesta, votarán disparados a distintos lados, sin unidad y sin chances de ganar; pero claro, por lógica y hasta parecería que por una especie de convicción, los electores de estos últimos votarán contra el oficialismo, no porque su candidato sea mejor, o porque siquiera tenga una propuesta mínimamente superior que el otro, lo harán sencillamente porque es una oposición para el partido de gobierno. Votar así: los oficialistas sin dudar del candidato impuesto y únicamente fieles a la consigna, y los otros por quien sea contrario a los primeros, solamente por el hecho de ser antónimo; no es democracia, al menos no una democracia madura, pues no implica un proceso pensante, es visceral, inerte, falto de propuestas, de ideología e incluso de practicidad. Por ello, entre varios otros temas, nuestra inmadura democracia tiene mucho ruido y pocas nueces.

lunes, febrero 2

De la propaganda, las propuestas y otros ausentes

En la misma semana en la que solo le faltó al gobierno pedir la canonización del difunto presidente de Yacimientos, empezaron a sentirse en las ciudades las propagandas políticas con miras a las elecciones sub regionales que ya se ciernen sobre el país y que, cual amenazante y creciente oscuridad, pareciese avanzar sin que nadie pueda hacer algo al respecto. En las paredes de distintos espacios públicos, puentes, lotes y hasta en los postes de alumbrado, se han visto banderas y muros pintados con los colores de los frentes en disputa. La propaganda, es por definición, una forma de comunicar un mensaje, cuyo objetivo es influir en la sociedad a la que se dirige con el fin de apoyar, o no, una causa o postura, la que, a su vez constituye el mensaje en sí. En el caso nuestro, “vote por este o aquel frente político”, y, en el mejor de los casos, “apoye esta o aquella propuesta”. No en vano la misma etimología de la palabra apunta a la palabra latina propagare, empleada en sentido de propagar, extender, acrecentar; y así, desde los inicios de la propaganda, con los llamados Edictos de Asoka (norte de la India), que contenían preceptos hasta morales y religiosos, pasando por los impulsos bélicos de las guerras mundiales, hasta llegar, finalmente, a un presente en que la asesoría en este tema es una profesión muy respetable y necesaria; hemos visto un avance desmedido en la forma de convencer a la gente para que esta apoye algo. Mas la propaganda por sí misma, no garantiza la verdad, y requiere una propuesta, una forma de trabajar que, se supone, será la que realmente elija o apoye el sujeto social; lamentablemente, vivir en democracia no significa que existan buenas propuestas, o que gane el mejor, gana quien obtiene el voto, así de sencillo. En una sociedad como la nuestra, carente de madurez política, debido en mucho a la falta de educación de gran parte de la población, un mensaje propagandístico sin sustancia, apoyado en una propuesta endeble o irreal, bien puede ganar cómodamente frente a otra, que quizás mejor, perderá toda chance a pesar de su valía de fondo. Y sucede así aquí y en el otro lado del mundo, bien decía Eric Hoffer, el escritor y filósofo estadounidense,”la propaganda no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos”. Y en ese mar de calamidades vivimos en Bolivia, ya que, mencionando actores sin tapujos, el MAS logrará una importante votación bajo la lógica de un voto consigna, más allá de quién sea su candidato o cuál sea su propuesta, la que a pocos les interesará; por el otro lado la oposición dividida y fragmentada, como siempre, logrará otra cantidad de apoyo que en algo reflejará la disconformidad de otros grupos, los que, a su vez tampoco serán conscientes de las propuestas que tengan sus candidatos, en resumen, votarán en contra solo por oponerse. La propuesta, en sí y por sí misma, debiera atender las necesidades de la población, esa debiera ser su razón de existir, mas es común que los planteamientos lanzados sean de corte general y pareciesen más un simple panfleto cuya ejecución se aleja de la realidad; y eso, le pasa al oficialismo y también a la oposición. Y hasta pareciese, en un cúmulo nublado de contradicciones, que a las regiones les convendría que el partido de gobierno no gane, ya que cuando no gana asigna más recursos a fin de conquistar a una ciudad, tal el caso de La Paz o Santa Cruz, quedando con una atención menor los lugares donde triunfa. Y como la política no es una ciencia exacta, es posible que aún perdiendo, dichas regiones sigan olvidadas, incluso con la oposición en el poder. Y tras remar por este insondable río de ideas y análisis, me quedo con lo dicho por el poeta y escritor uruguayo, Mario Benedetti: “Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, sino sencillamente que se cumplan los míos”.

lunes, enero 19

Más allá de Charlie Hebdo: el fundamentalismo y el respeto

Más allá de Charlie Hebdo, se encuentran dos conceptos críticos: por un lado uno que ya ha cobrado miles de vidas humanas, el fundamentalismo religioso; y por otro, la carencia de respeto, que es raíz de un sin fin de padecimientos. Analicemos primero el radicalismo religioso, este extremo, terrible y aberrante, ha mostrado, nuevamente, su peor rostro; un ataque despiadado nos ha recordado que, en el mundo, sea en París o en el poblado más alejado del planeta, el radicalismo es, y será siempre, el desequilibrio de toda fórmula, y podrá, una y otra vez, segar vidas o violar derechos fundamentales de otros que, según su visión, fuesen infieles. Asesinar a costa de un principio religioso, sea este un valor occidental, tal cual lo fue en su momento la Inquisición, o una fuerza venida de lugares más lejanos, tal el caso musulmán, es negar la vida, y por ende implica la imposición de una visión dogmática y, a costa de la fe, extraer las más oscuras acciones del ser humano. Por la religión no solo se mata, sino se martiriza a miles de personas en el mundo entero cada día, los abusos son tantos y es tan fuerte la visión de las creencias que, al ser silenciosas las torturas, pasan desapercibidas y son comúnmente aceptadas por las comunidades donde se ejecutan. El mundo está ciego, y no es una exageración, y no se trata de un equipo periodístico masacrado en la capital del mundo, se refiere a un accionar sistemático que minuto a minuto trastoca a muchos en radicales y que sucede en lugares alejados de los atentos ojos de la prensa mundial. Pero, y siguiendo más allá de Charlie Hebdo, está también algo que el Papa Francisco refería precisamente esta semana que concluye: el respeto; base sobre la cual usted tolera lo que yo escribo y yo consiento su crítica. Pueden los otros pensar muy distinto a nosotros, actuar de manera diferente y hasta razonar en contrario a lo que yo considero correcto, pero ello no da derecho a, como dijo el sumo pontífice, “reírse de la fe”. El mundo occidental, puede no creer en los dioses de otras latitudes, pero debe respetar sus modelos culturales, sus visiones y creencias; es lo mismo que nosotros esperaríamos de ellos, respecto a nuestras propias convicciones. Charlie Hebdo es una publicación polémica, y en el trasfondo de lo sucedió está, sí, la defensa de la libertad de expresión como garantía del pensamiento plural y de la libertad de existir, opinar y hasta criticar; pero no debemos olvidar, que la base de la existencia humana es la tolerancia, el respeto y la aceptación del otro como un distinto a uno y que, aun a pesar de ello, merece mi tolerancia, incluyendo otras creencias.; y de esto, muy poco pareciese entender Charlie. Una sociedad mejor, será aquella en la que la tolerancia se imponga sobre las diferencias y donde el distinto sea aceptado sin importar su discrepancia, donde la religión sea solo una opción para fortalecer valores y no fundamentos para imponerlos, y donde los unos y los otros convivan. Por lo dicho, es aberrante lo sucedido en París y nada lo justifica, pero también debemos promover una cultura de respeto al otro, de consideración con lo que piensa y con lo que cree, y esto lo incluye a usted, a mí, a los musulmanes y a Charlie Hebdo.

martes, enero 6

Bienvenido 2015

Empezamos el 2015, año que, en un lejano 1989, una película denominada Volver al Futuro (2da parte), presagiaba llegaría con ropa que podía secarse y ajustarse en el acto, vehículos voladores, zapatos cuyas agujetas se atan solas y, la tan ansiada, patineta que se sostiene en el aire; tal predicción no ha llegado a realizarse, salvo las pantallas gigantes en los hogares y las video llamadas, no hemos aún alcanzado un nivel de evolución tecnológico comparable; y aún así, sea en esta peregrinación por el tiempo que llamamos vida, o en los confines de las ambiciones y previsiones de cada uno, estamos todavía aquí y ahora. Desde el año 1582, el mundo occidental celebra esta conmemoración según manda el calendario gregoriano, instaurado por la bula papal Inter Gravissimas, instituida precisamente por el Papa Gregorio XIII; dese aquel lejano año hasta el presente, el número de año cambia cada 365 días, y se presentan ante nosotros una serie de nuevas oportunidades que podrían, para bien o mal, representar el éxito o fracaso de cada uno de nosotros. Y es que, a pesar de todo, cada uno es quien pretende: superarse, mejorar o alcanzar las metas que se han planteado la media noche del 31 de diciembre pasado al comer las, ya tradicionales, uvas. ¿Pero qué sucede realmente con el cambio de año? Conocemos que los primeros en arribar al nuevo año son los habitantes de Kiribati, en las islas Caroline y Kiritimati; que los últimos son Samoa Americana, la isla de Alofi, la isla Baker y la isla Howland; pero también sabemos, por lógica, que seguimos siendo los mismos, que aún cuando en año nuevo usted haya estado con la ropa interior roja, para atraer la suerte o el amor, es evidente que ésto no existe, y que si uno desea algo, debe trabajar y esmerarse para lograrlo, sea en el amor o la vida misma. Lo propio, si su ropa interior era amarilla, no va a recibir una lluvia de dinero de manera automática, habrá que trabajar para ello. Si ha barrido su puerta de casa, bienvenida la limpieza, pero nada más pasará por ello. Si ha salido con su maleta y hasta con su pasaporte, nada garantiza que viajará mucho. Y es que la suerte no existe, y el único actor posible de satisfacer sus necesidades es usted, aquella persona, que con o sin la multiplicidad de tradiciones de año nuevo, empieza el 2015 con una renovada fe, optimismo y deseos de superarlo todo, no una fe religiosa, no una visión egocentrista en uno mismo, sino una confianza en algo que todos debemos trabajar: la actitud. Esto se da porque el encanto de vivir, no radica en que cada año esperemos una nueva oportunidad, sino en que cada día lo hagamos, en que cada minuto, tenemos el chance, la posibilidad, de ser mejores, de hacer las cosas bien, de disfrutar la vida como es. Por ello, este 2015, piense que usted es quien hace la diferencia, usted es quien resulta relevante a la hora de evaluar su sendero. ¡Feliz año 2015!