lunes, enero 19

Más allá de Charlie Hebdo: el fundamentalismo y el respeto

Más allá de Charlie Hebdo, se encuentran dos conceptos críticos: por un lado uno que ya ha cobrado miles de vidas humanas, el fundamentalismo religioso; y por otro, la carencia de respeto, que es raíz de un sin fin de padecimientos. Analicemos primero el radicalismo religioso, este extremo, terrible y aberrante, ha mostrado, nuevamente, su peor rostro; un ataque despiadado nos ha recordado que, en el mundo, sea en París o en el poblado más alejado del planeta, el radicalismo es, y será siempre, el desequilibrio de toda fórmula, y podrá, una y otra vez, segar vidas o violar derechos fundamentales de otros que, según su visión, fuesen infieles. Asesinar a costa de un principio religioso, sea este un valor occidental, tal cual lo fue en su momento la Inquisición, o una fuerza venida de lugares más lejanos, tal el caso musulmán, es negar la vida, y por ende implica la imposición de una visión dogmática y, a costa de la fe, extraer las más oscuras acciones del ser humano. Por la religión no solo se mata, sino se martiriza a miles de personas en el mundo entero cada día, los abusos son tantos y es tan fuerte la visión de las creencias que, al ser silenciosas las torturas, pasan desapercibidas y son comúnmente aceptadas por las comunidades donde se ejecutan. El mundo está ciego, y no es una exageración, y no se trata de un equipo periodístico masacrado en la capital del mundo, se refiere a un accionar sistemático que minuto a minuto trastoca a muchos en radicales y que sucede en lugares alejados de los atentos ojos de la prensa mundial. Pero, y siguiendo más allá de Charlie Hebdo, está también algo que el Papa Francisco refería precisamente esta semana que concluye: el respeto; base sobre la cual usted tolera lo que yo escribo y yo consiento su crítica. Pueden los otros pensar muy distinto a nosotros, actuar de manera diferente y hasta razonar en contrario a lo que yo considero correcto, pero ello no da derecho a, como dijo el sumo pontífice, “reírse de la fe”. El mundo occidental, puede no creer en los dioses de otras latitudes, pero debe respetar sus modelos culturales, sus visiones y creencias; es lo mismo que nosotros esperaríamos de ellos, respecto a nuestras propias convicciones. Charlie Hebdo es una publicación polémica, y en el trasfondo de lo sucedió está, sí, la defensa de la libertad de expresión como garantía del pensamiento plural y de la libertad de existir, opinar y hasta criticar; pero no debemos olvidar, que la base de la existencia humana es la tolerancia, el respeto y la aceptación del otro como un distinto a uno y que, aun a pesar de ello, merece mi tolerancia, incluyendo otras creencias.; y de esto, muy poco pareciese entender Charlie. Una sociedad mejor, será aquella en la que la tolerancia se imponga sobre las diferencias y donde el distinto sea aceptado sin importar su discrepancia, donde la religión sea solo una opción para fortalecer valores y no fundamentos para imponerlos, y donde los unos y los otros convivan. Por lo dicho, es aberrante lo sucedido en París y nada lo justifica, pero también debemos promover una cultura de respeto al otro, de consideración con lo que piensa y con lo que cree, y esto lo incluye a usted, a mí, a los musulmanes y a Charlie Hebdo.

martes, enero 6

Bienvenido 2015

Empezamos el 2015, año que, en un lejano 1989, una película denominada Volver al Futuro (2da parte), presagiaba llegaría con ropa que podía secarse y ajustarse en el acto, vehículos voladores, zapatos cuyas agujetas se atan solas y, la tan ansiada, patineta que se sostiene en el aire; tal predicción no ha llegado a realizarse, salvo las pantallas gigantes en los hogares y las video llamadas, no hemos aún alcanzado un nivel de evolución tecnológico comparable; y aún así, sea en esta peregrinación por el tiempo que llamamos vida, o en los confines de las ambiciones y previsiones de cada uno, estamos todavía aquí y ahora. Desde el año 1582, el mundo occidental celebra esta conmemoración según manda el calendario gregoriano, instaurado por la bula papal Inter Gravissimas, instituida precisamente por el Papa Gregorio XIII; dese aquel lejano año hasta el presente, el número de año cambia cada 365 días, y se presentan ante nosotros una serie de nuevas oportunidades que podrían, para bien o mal, representar el éxito o fracaso de cada uno de nosotros. Y es que, a pesar de todo, cada uno es quien pretende: superarse, mejorar o alcanzar las metas que se han planteado la media noche del 31 de diciembre pasado al comer las, ya tradicionales, uvas. ¿Pero qué sucede realmente con el cambio de año? Conocemos que los primeros en arribar al nuevo año son los habitantes de Kiribati, en las islas Caroline y Kiritimati; que los últimos son Samoa Americana, la isla de Alofi, la isla Baker y la isla Howland; pero también sabemos, por lógica, que seguimos siendo los mismos, que aún cuando en año nuevo usted haya estado con la ropa interior roja, para atraer la suerte o el amor, es evidente que ésto no existe, y que si uno desea algo, debe trabajar y esmerarse para lograrlo, sea en el amor o la vida misma. Lo propio, si su ropa interior era amarilla, no va a recibir una lluvia de dinero de manera automática, habrá que trabajar para ello. Si ha barrido su puerta de casa, bienvenida la limpieza, pero nada más pasará por ello. Si ha salido con su maleta y hasta con su pasaporte, nada garantiza que viajará mucho. Y es que la suerte no existe, y el único actor posible de satisfacer sus necesidades es usted, aquella persona, que con o sin la multiplicidad de tradiciones de año nuevo, empieza el 2015 con una renovada fe, optimismo y deseos de superarlo todo, no una fe religiosa, no una visión egocentrista en uno mismo, sino una confianza en algo que todos debemos trabajar: la actitud. Esto se da porque el encanto de vivir, no radica en que cada año esperemos una nueva oportunidad, sino en que cada día lo hagamos, en que cada minuto, tenemos el chance, la posibilidad, de ser mejores, de hacer las cosas bien, de disfrutar la vida como es. Por ello, este 2015, piense que usted es quien hace la diferencia, usted es quien resulta relevante a la hora de evaluar su sendero. ¡Feliz año 2015!