lunes, febrero 2

De la propaganda, las propuestas y otros ausentes

En la misma semana en la que solo le faltó al gobierno pedir la canonización del difunto presidente de Yacimientos, empezaron a sentirse en las ciudades las propagandas políticas con miras a las elecciones sub regionales que ya se ciernen sobre el país y que, cual amenazante y creciente oscuridad, pareciese avanzar sin que nadie pueda hacer algo al respecto. En las paredes de distintos espacios públicos, puentes, lotes y hasta en los postes de alumbrado, se han visto banderas y muros pintados con los colores de los frentes en disputa. La propaganda, es por definición, una forma de comunicar un mensaje, cuyo objetivo es influir en la sociedad a la que se dirige con el fin de apoyar, o no, una causa o postura, la que, a su vez constituye el mensaje en sí. En el caso nuestro, “vote por este o aquel frente político”, y, en el mejor de los casos, “apoye esta o aquella propuesta”. No en vano la misma etimología de la palabra apunta a la palabra latina propagare, empleada en sentido de propagar, extender, acrecentar; y así, desde los inicios de la propaganda, con los llamados Edictos de Asoka (norte de la India), que contenían preceptos hasta morales y religiosos, pasando por los impulsos bélicos de las guerras mundiales, hasta llegar, finalmente, a un presente en que la asesoría en este tema es una profesión muy respetable y necesaria; hemos visto un avance desmedido en la forma de convencer a la gente para que esta apoye algo. Mas la propaganda por sí misma, no garantiza la verdad, y requiere una propuesta, una forma de trabajar que, se supone, será la que realmente elija o apoye el sujeto social; lamentablemente, vivir en democracia no significa que existan buenas propuestas, o que gane el mejor, gana quien obtiene el voto, así de sencillo. En una sociedad como la nuestra, carente de madurez política, debido en mucho a la falta de educación de gran parte de la población, un mensaje propagandístico sin sustancia, apoyado en una propuesta endeble o irreal, bien puede ganar cómodamente frente a otra, que quizás mejor, perderá toda chance a pesar de su valía de fondo. Y sucede así aquí y en el otro lado del mundo, bien decía Eric Hoffer, el escritor y filósofo estadounidense,”la propaganda no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos”. Y en ese mar de calamidades vivimos en Bolivia, ya que, mencionando actores sin tapujos, el MAS logrará una importante votación bajo la lógica de un voto consigna, más allá de quién sea su candidato o cuál sea su propuesta, la que a pocos les interesará; por el otro lado la oposición dividida y fragmentada, como siempre, logrará otra cantidad de apoyo que en algo reflejará la disconformidad de otros grupos, los que, a su vez tampoco serán conscientes de las propuestas que tengan sus candidatos, en resumen, votarán en contra solo por oponerse. La propuesta, en sí y por sí misma, debiera atender las necesidades de la población, esa debiera ser su razón de existir, mas es común que los planteamientos lanzados sean de corte general y pareciesen más un simple panfleto cuya ejecución se aleja de la realidad; y eso, le pasa al oficialismo y también a la oposición. Y hasta pareciese, en un cúmulo nublado de contradicciones, que a las regiones les convendría que el partido de gobierno no gane, ya que cuando no gana asigna más recursos a fin de conquistar a una ciudad, tal el caso de La Paz o Santa Cruz, quedando con una atención menor los lugares donde triunfa. Y como la política no es una ciencia exacta, es posible que aún perdiendo, dichas regiones sigan olvidadas, incluso con la oposición en el poder. Y tras remar por este insondable río de ideas y análisis, me quedo con lo dicho por el poeta y escritor uruguayo, Mario Benedetti: “Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, sino sencillamente que se cumplan los míos”.

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