lunes, marzo 30

El imperio del silencio

Recientemente se han cernido sobre los fértiles espacios de la libertad y la expresión independiente, las sombras amenazantes del cobarde ataque, de la anónima agresión y, por consiguiente, del más terrible de los silencios, el que deriva del querer hablar pero no poder, de anhelar gritar pero saberse mudo, del grito hueco de sonido y ausente de eco, de la conocida como autocensura. Y esto ha llegado de la mano de sangre, balas, papel y hasta de una carga asquerosa de machismo y cinismo, que no puede ser tolerada y que amerita todo el reproche posible; se busca amedrentar, callar y silenciar a quienes únicamente desempeñan su labor. Se pretende obtener, y es un efecto inmediato, la autocensura del afectado, de la víctima, del que hizo bien, del que denunció y del que investiga, en tanto el amenazante, oculto en las sombras de su cobardía se jacta de lograrlo. La autocensura agrede hoy al periodista, pero tenga seguridad que en breve tiempo golpeará al redactor y al columnista y en un futuro cuyo horizonte se vislumbra no muy lejano alcanzará a la autoridad, al que controla, al que vigila, al que protege, y finalmente le alcanzará a usted, al ciudadano de a pié. Y así morirá la democracia y se impondrá el imperio del silencio. En Venezuela, por referir un ejemplo cercano, además de sus problemas de escases un complejo panorama se cierne sobre la censura de la que son objeto los medios de comunicación en general y los periodistas en particular, este no es un sendero que deseemos para nuestros hijos, a los que imaginamos libres de opinar en un país plural y respetuoso. Y el desarrollo de la prensa avanza, pero teme que tras las amenazas derive en un triste cortejo marcado por un silencio sepulcral o en una homogénea información ajustada no a la realidad, sino a la conveniencia del que maneja el amedrentamiento como medio y cobarde recurso. Y hablo con la certeza de conocer el amargo sabor de saberse amenazado, ya que en su momento, ante la crítica directa, también sentí el frío filo de la autocensura, y de hablar de política pasé, por cierto tiempo, a preferir hablar del clima. Pero ese camino tiene un fatídico final, pues en una sociedad en la que se niegue al contrario, al que piensa distinto, se provoca una hemorragia imparable que deriva en la tiranía del violento. Y usted, sus hijos y sus nietos, pasarán a vivir en una suerte de cavernas ausentes de información exterior, o al menos de crítica. Y los periodistas dejarán de ser periodistas y usted dejará de ser usted por el simple hecho de que no podrá fiscalizar. Por esto, en suma, es relevante que las autoridades tomen estas amenazas con la mayor responsabilidad posible, identificando al agresor, sancionando al cobarde y garantizando así un futuro para una sociedad que lo que menos anhela es verse en silencio. No en vano afirma el escritor puertorriqueño Ismael Leandry Vega: “El derecho a la libertad de expresión y de pensamiento es, después del derecho a la vida, el más importante que tiene toda persona.”

lunes, marzo 16

Pisando barro

En los periodos electorales surgen diversas propuestas, muchas de estas son tan similares que pareciesen una suerte de cacofonías que no terminan de identificar en qué punto termina una y en que parte comienza una nueva, otras son tan ambiguas que pretenden obtener el favor del público elector con planteamientos tan amplios que carecen de certezas y pecan de buenas intenciones. Esto sucede en diversas partes del mundo y el mayor, o menor, grado de madurez de la política de un país define mucho de la credibilidad de un candidato. Complementariamente y tal cual he planteado en dos artículos publicados antes que éste, la madurez política de nuestro país está íntimamente ligada al discernimiento o conocimiento del pueblo respecto a esa vida política que le afecta directamente. Y así, en este caldo de inconsistencias, se presentan diversos elementos que, como inmadura sociedad que somos, los aceptamos sin más decir, y que usualmente no pasan de las redes de Facebook y la crítica general. Y el pueblo, aquel que vota siempre, bien gracias. Varios con su voto ya decidido, en ocasiones incluso no por convicción o ideología, y muchos otros sin saber por quién votar, algunos afirman su rechazo a uno pero tampoco les gusta el otro, y otro tanto no le gusta ninguno. Y es que al común de la gente no le interesa la política en sí, quizás porque la democracia ha perdido brillo. Y nos empapamos de los rostros de las y los candidatos que impresos en todo tipo de papel nos sonríen y procuran parecer agradables, y nos hartamos de los besos a niños, de las plantitas regaladas, de los adhesivos multicolor arrojados a los pisos, de las calles bloqueadas por que un candidato o su grupo afín están en campaña, de los afiches que son embadurnados en los postes de las avenidas y de todo ese aparato que, en resumen, no representan lo esencial de la democracia. Si hasta pareciese que somos idiotas, y quizás lo seamos si es que un candidato puede comprar nuestro voto con un afiche o por un adhesivo, pero lamentablemente son pocos los que piensan y pretenden analizar la propuesta de uno o de otro. Y en muchos casos chocamos también con el pasado de los candidatos; de los que ya fueron gobierno nos preguntamos ¿cumplirán? ¿Porqué no lo hicieron antes y ahora me lo prometen?; y de los otros, también quedan dudas ¿será que son buenas opciones? Ya los hemos visto en candidaturas a gil y mil cargos ¿ahora quieren la alcaldía? ¿será una mejor gestión? Y llega la triste respuesta: no sabemos. No existe certeza de que una buena gestión vaya a realizarse, ni con los unos ni con los otros, por eso, así de sencillo, hoy existe un porcentaje de gente que no sabe por quién votará. Y, decepción de por medio, espero no vote por la sonrisa de un candidato. Y mientras tanto, seguimos pisando barro, fango democrático, claro está, pero lodo al fin.

lunes, marzo 2

Mucho ruido y pocas nueces

Nuevamente se aproximan elecciones y, como todo proceso democrático, se espera que sean los habitantes del Estado quienes definan, a través de un voto mayoritario, quiénes serán las autoridades que regirán la administración pública, y, por ende, serán los líderes que determinen las acciones que a su turno, se supone, redundarán en el propio votante. La democracia es un juego de propuestas, las de uno frente a las del otro, ambas emprendidas en ocasiones por visiones ideológicas que a lo largo de la historia han permitido la existencia de conocidos enfrentamientos entre polaridades tan populares como la izquierda socialista y la derecha capitalista; o que han permitido el surgimiento de una serie de formas de gobierno basadas, en muchos casos, en quien detenta el poder y quien puede ejercer la coerción en base a dicho poder y, lógicamente, su base económica. Así sucede y ha sucedido también en Bolivia, y de épocas en las que se han vivido gobiernos socialistas como los que históricamente pretendió J.J. Torrez (1970 – 1971), en el que se expulsó a los Cuerpos de Paz de Estados Unidos, se nacionalizó la Mina Matilde, se incrementó el presupuesto a las universidades públicas y que derivó en un paradójico gobierno militar de izquierda; también pasamos a gobiernos como el de Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), que realizó la capitalización de empresas públicas y el conflicto por el gas, derivando luego en su renuncia y que fue el epílogo de un gobierno de derecha; llegando así al denominado Proceso de Cambio, liderado por el Presidente Morales, el cual viene desarrollando una política (2006 hasta la fecha) marcada por una tendencia social y una visión popular que el tiempo se ocupará de valorar. Estas, así de variadas, pueden ser algunas de las posturas que se planteen en los escenarios electorales del país, en este año en las elecciones sub- nacionales en las que definiremos quiénes accederán al mando de los gobiernos municipales, departamentales y regionales. Así es que, en dicha lógica, tendremos posturas e imposturas, pero lo esencial, lo realmente importante, la propuesta de fondo, poco importará para un electorado acostumbrado a votar en masa o a votar por que este, o aquel, sea oficialista u opositor. Los azules votarán por quien el partido imponga, hubiese sido por el ex alcalde, ahora será por un nuevo candidato, así también lo harán a nivel de la Gobernación cuyo candidato será apoyado sin duda alguna; a su vez los opositores, sean verdes, naranjas, rojos o multicolor, se presentarán rotos, fraccionados y carentes de una alternativa o propuesta, votarán disparados a distintos lados, sin unidad y sin chances de ganar; pero claro, por lógica y hasta parecería que por una especie de convicción, los electores de estos últimos votarán contra el oficialismo, no porque su candidato sea mejor, o porque siquiera tenga una propuesta mínimamente superior que el otro, lo harán sencillamente porque es una oposición para el partido de gobierno. Votar así: los oficialistas sin dudar del candidato impuesto y únicamente fieles a la consigna, y los otros por quien sea contrario a los primeros, solamente por el hecho de ser antónimo; no es democracia, al menos no una democracia madura, pues no implica un proceso pensante, es visceral, inerte, falto de propuestas, de ideología e incluso de practicidad. Por ello, entre varios otros temas, nuestra inmadura democracia tiene mucho ruido y pocas nueces.