lunes, julio 6

¿Dónde termina mi libertad?

Santo Tomás de Aquino afirmaba: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”, en clara alusión a que el respeto es base fundamental para la coexistencia social. Mismo principio, que el empleado por Jean Jacques Rousseau (1712 – 1778) cuando planteó el Contrato Social como aquel orden que determina el respeto a las leyes o principios que establecen la existencia de un Estado y un orden social, y que es aceptado voluntariamente por los miembros de la comunidad que la conforman. respetando, entonces cada uno de estos integrantes sociales a sus pares para poder juntos vivir. Ya antes, Thomas Hobbes (1588-1679), consideraba que los seres humanos en su original entorno (el estado de la naturaleza) decidían ceder parte de sus libertades a cambio de la protección de un soberano fuerte; y luego de él, John Locke (1632-1704), reafirmaba esta tesis contractual bajo la óptica de que todos los humanos acordaban con los demás para reconocer un determinado tipo de gobierno, aún con la facultad posterior de modificar o abolir dicho convenio. En tiempos más recientes, John Rawls (1921 – 2002), en su libro La Teoría de la Justicia, los seres humanos dejan sus diferencias e intereses propios (velo de ignorancia, a su decir) y se acogen a unos principios generales de justicia que les permiten vivir en sociedad. La lógica supondría, que aquí o en el otro extremo del mundo, estos principios que suenan hasta lógicos puedan ser pilares de la existencia misma de las sociedades. Y en tal sentido es evidente que se manifiestan y nos permiten convivir entre usted y yo, su vecino y su amigo y hasta con quienes puedan considerarse no tan amigos. Pero no sucede en todo, y muestras de esto las podemos ver en los diarios de nuestra ciudad cotidianamente, y no podría listar todos los casos pues el espacio no sería suficiente, mas creo reflexivo referir ciertos ejemplos: La libre circulación es, quizás, el ideal que en nuestro país estamos más acostumbrados a violar y que es pisoteado por toda organización social que así lo considere necesario; de este modo y bajo esta forma de pensar, bloquean los vecinos por un tema pequeño y también lo hacen a nivel nacional si lo ven conveniente. El acceso a la educación es otro que ha sido desgarrado en tiempos que aún hoy vivimos, el más claro ejemplo: la toma violenta de la universidad estatal por grupos radicales que obliga a la gran masa estudiantil a replegarse y no acceder a un derecho que le corresponde;, en esta misma línea la lógica del acceso al trabajo se la limita a quienes allí desempeñan sus funciones, sean estos docentes o administrativos; y más allá de considerar si el pedido es, o no, justo, los medios son totalmente inaceptables. La misma corrupción, tan común y tan dañina, tan fría y gris que se ha vuelto parte de la lógica diaria de la población, ataca desde el que da la coima por evitar una multa (y que va a “dar la mano” al oficial de tránsito con un billete de cierto corte en busca de un castigo menor) hasta el que recibe porcentaje por favorecer en un proceso administrativo mayor. Y en todos los casos se rompe el balance del respeto entre nosotros, cada día, cada segundo y en muchos lugares. La libertad de unos se impone por sobre la de los otros. Bolivia es un país maravilloso, bien lo sabemos, pero aún nos falta mucho por aprender. Y la falla no solo está en el sistema en sí, no radica en que nuestra Selección de fútbol no vuelva de sus torneos con premios, no implica que solo las autoridades hagan todo bien (aunque mucha responsabilidad sí tienen), o que el otro es siempre el eterno culpable. Lo más importante es lo que cada uno de nosotros puede hacer, el respeto que podemos dar a la correcta libertad del otro sin que esto implique que mi libertad sea afectada, en ese equilibrio, en esa delgada línea es que radica el éxito que aún no hemos podido encontrar.

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