lunes, diciembre 5

Falla general.

Fallo eléctrico general, fue el angustioso reporte que el capitán del vuelo que conducía al Chapecoense indicó a la torre de control momentos antes del terrible accidente que ha conmovido el corazón de miles de personas en esta última semana. Ese fallo general pareciese ser parte de una sucesión larga de errores macabros a los que lamentablemente estamos acostumbrados y que, en ésta ocasión se ha llevado consigo la vida de decenas de personas. Los eslabones de ésta espeluznante tragedia pasan por todo tipo de afirmaciones y especulaciones, desde el tipo de avión que no habría sido el adecuado para la distancia recorrida, pasando por la cantidad de gasolina disponible, tocando la demora en la autorización de aterrizaje, dejando interrogantes sobre la autorización de operaciones que tenía la línea aérea en Bolivia y que pareciese haberse obtenido con la clásica facilidad que se logra todo en un macro estado burocrático que más parece un nido de corrupción antes que una instancia técnica, llegando a errores humanos aparentemente motivados por intereses personales de tipo económico, y que derivaron en la muerte de inocentes. Todos esos elementos, y muchos más, quedan en el tintero de la investigación necesaria, de la cuestionante ética y del análisis profesional; pero nada, absolutamente nada revivirá a los muertos y devolverá a las viudas sus esposos, o a los hijos sus padres, porque el sistema mismo sufre de una falla general en todos sus niveles. Y de ésta falla global existen muchas muestras, y nuestro país no es la excepción sino es parte de la regla, y a diario nos encontramos sujetos a la irresponsabilidad de personas que no cumplen sus obligaciones y arriesgan la vida de los otros a costa de su propio beneficio, y así tenemos al conductor que arregla su motor con el tradicional alambre de amarre que así viejo y oxidado sujeta la pieza clave de un motor vetusto que toda la población debe soportar en contaminación, ruido e incapacidad, y por ello nunca se cambiará el repuesto necesario así como nunca tendremos un transporte público siquiera decente; y también en ésta lógica va el conductor que compra la roseta de inspección vehicular en lugar de llevar su coche a la revisión técnica y también está el oficial que se hace de la vista gorda a cambio de recibir el billete que le lava la responsabilidad pero que es el ticket que pone en riesgo la vida de los otros; y bajo la misma sombra está el conductor que comete una infracción arriesgando su vida y la de los otros, porque necesitaba un atajo, porque estaba apurado; y está la autoridad que no controla, el que puede y no ejerce control, porque así somos, porque así siempre ha sido y pareciese que siempre será; e incluso está usted y estoy yo, porque toleramos vivir en esa falla general, porque somos parte del mismo error, porque con el tiempo nos hemos convertido en parte de la larga cadena de fallas que incluye a la corrupción, la autoridad no técnica, la injerencia política, la ambición económica, el egoísmo y hasta la negligencia del usuario. Pero en nosotros está revertir esta situación, porque como eslabones de ésta larga serie de fallas podemos también cortarla, y resulta irrisorio saber que podemos lograrlo simplemente con hacer bien nuestro trabajo y exigiendo que los otros hagan bien el suyo. Lo difícil ahora es que cada uno asuma su responsabilidad.

lunes, noviembre 21

Evo y el poder

Los pasillos del poder son los mismos pasajes de la perdición en los que cientos de líderes han enfangado su honor y han dejado su decencia a costa de las facultades que otorga el dominio de poderlo todo, de saberlo todo y de creer que la población los ama. A éstos líderes de lo imposible, a éstos dueños de la verdad, siempre les ha invadido ese anhelo insaciable de retener el poder, porque con él despiertan y mandan y con él pasan su día y son adorados, y con él se van a sus aposentos de gloria eterna en los que se arropan en sus sábanas cargadas de adulaciones, y duermen flotando sobre sus sueños de liderazgo infinito y de reelecciones permanentes, en las que el pueblo que grita su nombre es el único pueblo que vale. Tristemente ésta ambición de poder es contagiosa y se vive en todos los rincones donde se ejercita la política caudillista del Gran Hermano, y Bolivia no es la excepción, y aquí también rige la regla del mando por sobre todas las cosas, y el Presidente lo sabe y ha caído en esa red irrompible que le hace, hoy por hoy, anhelar un nuevo referéndum en el cual le otorguemos nuevamente la opción del poder eterno; y parece que de poco sirvió que el pasado 21 de febrero el pueblo hubiese manifestado el rechazo a la fórmula del totalitarismo perpetuo, en un acto democrático que cerró con la sombra gigante de la duda, no por el caso Zapata como afirma el Oficialismo, sino por las cientos de denuncias que esa misma noche plagaban las redes sociales con fotografías de papeletas en las que los resultados obtenidos se volteaban para favorecer al planteamiento pro eternidad, pero como suele suceder, cada cual mira con el lente que le conviene y fruto de los resultados aquello es hoy un simple recuerdo. Lo cierto es que para el poderoso ni la ley es un óbice para el desmedido deseo de dominio, y no interesa que la Constitución y su artículo 168 dicten un mandato supuestamente supremo e inviolable, porque hecha la ley hecha la trampa, y ya los movimientos sociales afines al Gobierno alistan los mitines propios de la Democracia Morbosa de Ortega y Gasset , ya las autoridades de alto rango ejecutivo allanan el sendero de la nueva consulta que a ellos no les costará nada pues lo pagaremos los de siempre, e incluso el propio mandatario lanza sus indirectas afirmando que no está listo para irse a su casa, claro, obvio, lógico, raro sería el que deseara de propia voluntad dejar los cómodos y amplios ambientes del ejercicio del poder. Más aún si en ese mando ejercita presión y orden sobre los poderes del estado y considera que la independencia de poderes es más un perjuicio que un aporte, y seguro que Montesquieu no imaginó los pasajes por los que su teoría política pasaría, ni los recovecos en los que se estancaría su intención de evitar que el poder de los reyes se concentre en una sola persona, porque al que manda sólo le interesa cumplir su voluntad. Sin embargo la ambición tiene su precio, y si las bases populistas afines al gobierno de turno rompen la lógica democrática con un nuevo referéndum, y si éste se maneja de un modo transparente, seguro se ratificará el rechazo al poder total, porque nada es eterno, y tampoco lo debe ser la autoridad.

lunes, noviembre 7

La triste historia del doble aguinaldo

Cuando nació, fue una sorpresa para propios y extraños, una medida que sonaba a oro y que era alabada por la clase asalariada del país, una disposición única cuyo eco resonaba como progreso y pujanza en un país acostumbrado a la necesidad y al sacrificio. Pero su brillo, desde ese inicio detonante, fue perdiéndose en la misma medida en que los expertos del área empezaban a sacar a la luz los posibles riesgos de tal iniciativa; pero Bolivia es un contradictorio país, en el cual sobreviven , en una suerte de dicotomía bañada de sufrimiento y negación, las políticas públicas y los emprendimientos privados, y así fue que a la apasionante política no le importó la fría voz de la economía y prefirió apoyarse en la efímera popularidad del populismo y eligió no escuchar la voz técnica de la razón, y el doble aguinaldo se impuso, y las empresas, a pesar de que se quejaron, tuvieron que cumplirlo. El doble aguinaldo fue, desde el principio, una medida a todas luces política, enfocada en promover una imagen que refleje éxito financiero y encumbrando un crecimiento mentiroso de la economía nacional. El argumento que sustentaba ésta medida, pasaba por el crecimiento financiero que se sostenía en los logros obtenidos en la economía nacional, entre ellos ciertas áreas estratégicas, cuyo desarrollo era distinto al de la gran mayoría del empresariado local; por ende resultaba mentiroso afirmar que este crecimiento era real y común a los emprendimientos privados bolivianos. Fruto de ésta medida política varias empresas se ven asfixiadas económicamente, muchas otras empiezan a reducir su personal y a limitar sus actividades, y empieza a rodar así una suerte de cadena infinita y silenciosa que se mueve en desmedro de los privados, sus proveedores y los mismos empleados – supuestos beneficiarios del aguinaldo - . Pero aún así este era un efecto subterráneo, un daño a largo plazo, una realidad que hoy ha hecho que varios emprendedores abandonen sus negocios o mínimamente reduzcan su actividad. Pero el discurso sonaba bien para el Gobierno, y por supuesto, sonaba mejor para los que recibieron su doble aguinaldo y con él pudieron comprar de los mercados informales un nuevo televisor o pagar una vieja deuda; pero todo ello no es desarrollo real sino más bien constituye un placer pasajero. Y así fue que, mientras la empresa que genera salario y trabajo digno moría, revivía el regalo de lujo que nos duraría poco. Paralelamente la presencia de aquel nuevo dinero se reflejó en un proceso inflacionario natural, a mayor caudal de dinero circulando los precios subieron, pero ya no bajaron ni bajarán éste año aún a pesar de que el beneficio no llegará. En resumen seguiremos pagando los daños de aquella medida política y poco económica. Y así llegamos a éste año en que el Gobierno anunció que no habrá doble aguinaldo pero que no acepta ninguno de los malos efectos que éste tuvo, pero no debiera asombrarnos ya que en Bolivia estos riesgos son cosa común, y más al contrario el Estado no apoya y prefiere cargar al empresario privado de una serie de obligaciones que harán insostenible su trabajo. Bolivia es un gran país, pero no se da el real valor al empresario privado que cuál Quijote debe estar luchando para sobrevivir sin ayuda de nadie.

lunes, octubre 24

Porque todos somos ellas

Hoy, más que nunca, es necesario hablar del tema, porque hablar es hacer al menos algo, es poner sobre la mesa de la crítica una realidad lacerante y común, es comer - degustando cada bocado - el asqueroso bufet del machismo, es cuestionar las bases de una sociedad desequilibrada que todos toleramos de una u otra manera y es rechazar la cultura de un poder silencioso que se nos enseña para vivirlo por los siglos de los siglos. Éste tema debe ser debatido y reclamado una y otra vez, porque nos afecta a todos, porque muchas veces pensamos equivocadamente que hacemos lo suficiente con apoyar desde las sombras los reclamos por igualdad de las cientos de mujeres que a diario son golpeadas o asesinadas; porque tenemos hijas, esposas, hermanas y madres que son mujeres; porque con cada asesinato, con cada violación, con cada golpe, somos menos civilizados y abrimos heridas que nunca sanarán; porque es un reclamo justo y necesario. Y es que recién la sociedad se da cuenta que no es suficiente con el mirar de lastima, con el rostro de asombro y el comentario de “¡qué barbaridad!”, “¡qué mal que estamos!”, es necesario ayudar, es preciso hacer algo porque se están muriendo nuestras mujeres, porque las estamos matando de a poco, y cada día salen las noticias de muerte de un cementerio infinito de cruces blancas, aposentos eternos de niñas, de jóvenes, de mujeres maduras que han recibido el golpe certero, la puñalada de la injusticia o la bala del machismo; y con cada titular bañado de sangre nos vamos acostumbrando a que la muerte es cosa cotidiana, y las violaciones llegan y van como el pan de cada día, y el macho sigue sintiéndose macho y domina sobre la hembra mientras el mundo se muere gota a gota, llenando un río interminable de penas que han cargado las mujeres desde los inicios de la historia de la humanidad. Pero partamos por reconocer algo básico: el ser mujer es un peligro, porque se sufre, porque vivimos en una sociedad en la que no pueden ni vestir como quisieran porque algún bestia con poco seso le dirá barbaridades o, peor aún, meterá la mano donde no debe; porque a nosotros no nos acosan mientras caminamos, porque podemos vestir como queramos y nunca pasará por nuestra mente el miedo a que algún sádico nos viole, porque las mujeres - a diferencia de muchos hombres - no viven en un celo permanente; y todo ello es fruto de una cultura que transmite por todos los medios que puede imágenes de violencia contra la mujer, porque ves en todo lado que es de machos dominarlas, que es de hombres poseer salvajemente, que no eres pecho peludo si no la maltratas; y la mujer se enfrenta a una sociedad compleja y ruin, que la tacha de puta por todo y por nada, mientras que al varón le es hasta meritorio serlo, a una comunidad que le dice que debe buscar su media naranja porque le hace creer que no es naranja entera, una sociedad que la muestra siempre frágil y eternamente débil, invariablemente necesitada de un «él» que la rescate. Pero en todo este mar de drama, hay algo que sí podemos hacer, y es cortar el círculo vicioso del micro machismo, del comentario dominante, del estereotipo injusto; así podemos hacer la diferencia, en nuestras casas, en nuestra mesa del almuerzo, con nuestros seres queridos, en nuestras reuniones, en nuestro lugar de trabajo. Porque no es sólo cosa de ellas, porque sencillamente hoy todos somos ellas.

lunes, agosto 15

El gobierno, el poder, la corrupción y los Pokémon

El gobierno es la expresión mayor de la gestión pública, ejerce por naturaleza el dominio de la sociedad que se establece en los límites territoriales de dicho Estado y sobre él es que recae la norma jurídica que regula el accionar social; su desempeño, a un nivel histórico, ha estado marcado siempre por la facilidad con la que aquellos que ejercen dicho mando caen en las redes del beneficio propio, del favor al amigo o del enredo propio de una maraña de procesos y trámites que burocratizan la vida de la gente y que tienen, mezclados entre sí, las aristas filas de la corrupción. Y en ese entramado de poder y abuso, es que la gestión de los gobiernos pierde una visión técnica y profesional, y dejan de mandar los que saben y pasan a ejercer control los que son políticamente hábiles, y así tenemos en cargos técnicos al más ignorante pero al mejor político, y nos habla bien pero no nos soluciona nada, y al no solucionar nada seguimos trabados en el fango de la conformidad porque sabemos que así siempre ha sido y así siempre será, porque el sistema tiene inserta aquella falencia eterna que la tuvieron los mismos creadores de la democracia, allá lejos en la Atenas de la Edad Antigua donde nació el sufragio y que no estuvo exenta de la manipulación y corrupción política; y así también está presente hoy en las más grandes democracias y son pocos los Estados donde esto se ha podido controlar y las gestiones son más técnicas y son manejadas por los capaces en desmedro de los amigos o los tira sacos, pero Bolivia no es el caso, aquí, desde hace mucho, la politización de la gestión pública ha sido siempre el rancio motivo por alcanzar el poder, por embadurnarse del control del otro y beneficiarse lo más que se pueda de ello, y así ha sido que la corrupción ha crecido como un pulpo insaciable cuyos tentáculos alcanzaron a todas las esferas del poder. Es quizás entendible entonces, porque hoy son prioridad las canchitas de barrio o el estadio de millones, y resulta asimismo de lógica deducción comprender por qué aún hoy subsistan problemas tan básicos como la escasez de agua o la falta de empleo, o la inestabilidad laboral o el poco respaldo a la inversión privada. El día en que el empresario sea el que genere empleo, el momento en que la iniciativa privada se desborde por la existencia masiva de emprendedores, el instante en que la estabilidad sea una regla y no la excepción, habremos dado un paso fundamental para el desarrollo y el progreso, pero eso precisa de una visión técnica de gobierno y lo que nosotros tenemos en Bolivia es una visión política, y en tanto no cambie seguirá siendo así, y más o menos problemas, seguiremos nadando en la melaza de la miseria. Quizás por ello es que hoy en día muchos prefieren olvidar las complejidades de la vida y aprovechan la efervescencia tecnológica para refugiarse en juegos y aplicaciones que nos permiten dedicarnos a la trata y tráfico de Pokémones o a la infinita posibilidad de conocer de todo y de todos en un mundo infinito de posibilidades donde el único límite lo pone uno.

lunes, agosto 1

La pesadilla del Imperio

Bolivia, país de montañas altas y nevadas, atravesada de valles ricos y llanos fértiles, un país situado en el corazón de América del Sur, bañada hasta el tuétano de una imagen de pobreza y marginalidad, embadurnada de un caos cíclico que la etiqueta de inestable y politizada en esencia y en ausencia, somos en pocas palabras un país pequeño en un horizonte enorme. Hace unos años hemos iniciado, como país, un proceso autodenominado del “cambio”, discurso político que tuvo sus buenos réditos en la campaña gloriosa del (también autodenominado) primer gobierno indígena, discurso que hoy en día se arrastra por los pasillos del poder entre sollozos de pesadumbre ante el desafío evidente de lograr una victoria futura sin el que fue su caudillo: Evo. Y si bien se han postergado las negociaciones del poder para un mañana aún por venir, es evidente que ya los líderes lanzan sus primeros globos de ensayo, sus “no me brindo ni me excuso”, sus “el pueblo decidirá”, sus infinitos juramentos de fidelidad y sus afanes de humildad que en el fondo reflejan la ambición que el ser humano tiene por naturaleza en su corazón, y lo que hasta hace poco parecía imposible se vislumbra ahora como el retoño tímido pero vivo del otoño del partido del cambio. Pero a pesar de esos brotes pequeños pero certeros, que no son otra cosa más que las señales claras del resquebrajamiento del poder, nos seguimos inyectando la dosis letal de que somos la “pesadilla del Imperio”, o del que somos “ejemplo de desarrollo”, pues en realidad somos sólo un remedo de adelanto, un calco aparente que no deja de ser hueco porque progreso real es que el empresario privado genere empleo, que el exportador ingrese capital efectivo, que la economía sea sana porque es sana y porque se vende y se compra en un mercado de libertades donde los que ganen deberán ganar y los que trabajen deberán trabajar, lo otro ha mostrado sus buenas intenciones pero no sus prácticos beneficios, y así han quedado las economías de izquierda inundadas de espanto y terror desde las repúblicas soviéticas, pasando por la hermosa isla del Caribe cubano hasta la Venezuela ensanchada de falsos beneficios que promovió el extinto Hugo Chávez y hoy mal heredó Nicolás Maduro en una suerte de carrera por saber quién jodió más al país. Porque así nomás no había sido, porque la economía es cosa seria y el progreso puede inflarse una y otra vez pero llegará un punto en que reventará y en el camino nos arrollará a todos A nivel de progreso y desarrollo lejos estamos de ser la pesadilla del Imperio, así como lejos estamos aún de un perfeccionamiento real. Sin embargo, y a pesar de las evidencias, para los altos jerarcas del gobierno de turno somos el plato principal del menú mundial, ignorando en sus alucinaciones de trasnoche del poder, que a lo sumo somos el limón cortado a la mitad que olvidamos en el espacio destinado a los huevos en el refrigerador. Quizás cuando dejemos de embriagarnos con los tufos de la autoridad y nos veamos en la desnudez de la realidad, podremos priorizar lo importante y dejaremos de lado las canchitas de fútbol y construiremos más hospitales y tendremos calles más seguras y la gente tendrá servicios básicos y un sinfín de otros temas que los que ejercen el poder tienden a ignorar sistémicamente cuando hacen horas nalga en el trono del poder.

lunes, julio 18

Lo que somos

No hace poco, en la vecina Sacaba, se inauguraba un espacio de entretenimiento destinado a la población y enfocado en las bestias monumentales que dominaron éste mundo hace siglos, la nueva obra fue estrenada derrochando la energía y alegría que un lugar así emana con sólo visitarlo, y el pueblo estuvo feliz y contento, pero no falta aquel que hace daño, el insano ciudadano que hizo lo de costumbre: tan pronto se permitió el ingreso a este nuevo espacio empezaron los desmanes criollos que muchos creen nacen de los malos hábitos, la irresponsabilidad y la ignorancia. Aparecieron, como siempre, los que destruyen, los que ensucian y los que maltratan, aquellos que en su visión egoísta son ajenos a cualquier noción básica de cuidado y responsabilidad. Y de estos sujetos existen muchos, desde los padres inconscientes que tiran la basura al piso hasta los jóvenes que se toman fotografías atentando contra el ornato público porque será una buena foto. Y así ha sido siempre en nuestro país de revoluciones de mentira y de desarrollos sin progreso, y sucede lo mismo en los llanos que en los valles o el altiplano, porque al mal ciudadano le gusta despojarse de su porquería para sembrarla en calles y avenidas, y que los otros las vean allí, tiradas al sol o mojadas por la lluvia o trancando desagües, porque la insana costumbre es más fuerte que el más mínimo sentido de civilización. Y así aquellos dañinos ciudadanos se apoderaron del parque de los monstruos de antaño y se tomaron retratos colgados de las patas de las monumentales bestias olvidando acaso que su material no siempre será resistente a la imbecilidad humana, y así hubieron otros que orinaron donde no debieron y hubieron otros que rompieron lo que no les pertenecía. Tristemente, tamaña ignorancia no queda allí, somos aún más imbéciles, o lo que es lo mismo: cada vez menos inteligentes, y ejemplos existen a montones y podríamos escribir listas infinitas de vicios que tenemos y no superamos, pues no existe un día en que esa gente actúe como debe, no pasa una hora sin que alguno de ellos pase un semáforo en rojo, no pasa un minuto sin que alguien exprese una grosería, no pasa un segundo sin que alguien haga algo malo. Porque tristemente, en nuestra sociedad algunos son malos ciudadanos. Pero existe una esperanza, y radica en cada uno de nosotros, en todos aquellos que cumplen las reglas, en los que respetan las filas, los que no ensucian las calles, los que dicen por favor y gracias, los que trabajan en serio, los que evitan los excesos de todo tipo y caminan por el difícil camino del equilibrio, los que, en suma, son un ejemplo para las nuevas generaciones. Los que pueden hacer de Bolivia un país mejor, porque la Patria necesita más ciudadanos comprometidos, más de esos valientes que día a día se ponen al hombro la pesada carga de actuar correctamente y con honradez, porque ser irresponsable es fácil, lo realmente difícil, lo esencialmente necesario, es animarse a ejercer una ciudadanía responsable.

lunes, junio 20

El mundo en el que vivimos

Omar Matten ha cometido un acto terrible, a sus 29 años su nombre es sinónimo de muerte, ha nacido en suelo norteamericano pero se declaró leal al grupo radical autodenominado Estado Islámico, trabajó como guardia de seguridad y muchos afirman que manejaba un discurso de odio y resentimiento, su ex esposa lo calificó como alguien inestable emocionalmente, su fanatismo le llevó a perseguir la causa más ruin de todas: la intolerancia. Tras sus pasos deja un río de sangre que nos recuerda ahora que las diferencias entre unos y otros van ganando cada vez más terreno en un mundo que día a día es menos amigo y pareciera ser más sombrío. Ayer los muertos tenían una u otra preferencia sexual, mañana bien podría ser un grupo de monaguillos o una reunión de madres, podría ser su mejor amigo o su peor enemigo, el hecho, atroz e indignante se ha perpetrado contra el ser humano en sí, porque todos, seamos negros o blancos, lindos o feos, pobres o ricos, gordos o flacos, homo o heterosexuales, somos parte de una sola humanidad. Y es que no existe fundamento para justificar matanza alguna, los radicalismos que hemos inventado en nuestros dolores más extremos o en nuestras aspiraciones más profundas han dado lugar al nacimiento de radicalismos que hoy nos dejan luto y dolor. En esta lógica el ser humano ha desarrollado su mente ampliamente y ha identificado miles de argumentos para hacernos distintos, así han surgido cientos de religiones que desde la primera hasta la última han logrado separarnos más en vez de unirnos; y han emergido también los miles de discursos de superioridad de los unos contra los otros, por color de piel, por riqueza, por conocimiento y hasta por lugar de nacimiento, y así es que hoy lamentamos que seamos más diferentes que ayer, y que cada minuto nos separamos más y nos toleramos menos. Somos intolerantes porque sí, no aguantamos al otro por el simple hecho de que es él y no yo, y nos seguimos fijando en lo distinto que el otro es, en vez de fijarnos en aquello que nos hace comunes, creemos lo malo de los otros con facilidad y nos cuesta creer lo bueno porque así decidimos ser, y terminamos etiquetando al otro bajo algún rótulo: el gay, el viejo, el judío, el gordo, el feo, el deshonesto, la perra, el idiota, el k`ara, el indio, el feto, el choco, y así, uno y mil adjetivos con los cuales marcamos al que consideremos distinto, olvidando que, en el fondo, todos somos personas. Omar Matten será recordado como el loco que masacró a un grupo de gente en Estados Unidos, pero su accionar nos recuerda que solamente viviremos en paz cuando veamos sólo aquello que nos hace similares en vez de mirar lo que nos hace distintos.

lunes, junio 6

El poder y el gobierno

El hombre ambiciona poder y el poder crece en la misma medida en que el poderoso lo ejerce y bajo su sombra de dominio crece la voluntad del que manda y se achica la voz del que discrepa, y el poderoso se enceguece y los que lo rodean le adoran al punto de, por él, llegar a la mentira y a la eterna justificación, perdiendo en ello la certeza de la objetividad, la moral de la razón y por ende la capacidad de guiar. Y si bien hemos visto que el poder puede amar y favorecer a quienes con él comulguen, también puede odiar y destruir, y cuando el poder odia lo hace con pasión, con el ansia del león que devora y muerde desgarrando la piel, masticando el músculo y fracturando el hueso, y no hay expresión de poder mayor que el Estado, no existe ente de organización más sólida que regule la vida de los hombres y no hay fuerza más certera que haya servido, desde siempre, como instrumento de dominación y opresión. Así el Estado ejerce el poder y sabe bien cómo usarlo, y ésta facultad destruye y su odio mata, y el que maneja el poder del Estado es el Gobierno, y bajo las mieles del poder olvida que fue elegido para servir y no para servirse, y entonces prefiere dominar y termina por empaparse de esa orgía de autoridad y le gusta y persigue perpetuar su imperio y olvida que ejercía sólo un mandato y que la autoridad no le fue regalada sino que sólo es un préstamo, y en el camino atropella a todo contrario y bien puede quitarte tu título profesional a través de su Ministerio de Educación como puede mandarte arrestar por criticarle. Y devorando el poder puedes detener al que se te oponga porque te vale poco lo que diga Montesquieu, si igual le vas a meter y el poder judicial no será independiente y el que esté contra ti es quien debe preocuparse pues le meterás juicio sobre juicio y emitirás mandamiento sobre mandamiento, y puedes tener tu propio himno y tus decenas de canchitas con tu nombre y los colegios que se llamen como tú, y tu nuevo palacio de gobierno y dar sólo los bonos que te convienen, y tu moneda del Bicentenario y si alguna vez el pueblo te dice no, igual no importa, porque esas son vainas, tú bien sabes que luego nos inventamos un «segundo tiempo» y ahí ganamos, y no te aflijas tampoco por la plata, de qué plata te preocupas si esa no es tu plata, ese plata es del pueblo y al pueblo todos le engañan y nadie reclama. Entonces vive tranquilo porque tú eres todopoderoso y serás rey por siempre. Pero lo más viejos saben bien que todo se acaba, por muy fuerte y poderoso que sea se termina, y ese día, cercano o lejano, llegará, y los que una vez se hartaron del poder y abusaron de él, otro día serán las víctimas de los nuevos poderosos, en un ciclo interminable de idas y venidas en las que usted, yo y el ciudadano corriente, sólo somos fichas de un juego mayor.

jueves, mayo 26

El Padre Tiempo, la Luna y el amor

Los viejos párpados del anciano se levantaron de un letargo añejo y doloroso, sus ojeras, grises y aradas por la noche eterna parecieron extenderse por su pálido rostro encontrando en cada arruga un surco de recuerdos profundos e imborrables, elevó la mirada y el horizonte se tornó rojizo, y luego una claridad blanca y tibia se sintió, era el amanecer; la primera salida del sol tras décadas de eterna oscuridad. Recordó entonces aquella noche en que realmente la vio por primera vez, la había contemplado muchas veces antes pero nunca como aquel abril de mi desdicha en que decidí parar, sí, por primera vez desde el inicio de la existencia me sentí agotado y dejé de lado el impulso a los segundos, el cargar eterno de los minutos, el empuje perenne de las horas, el asedio constante a los días, el orden permanente de los meses y el andar pesado de los años. Eleve la mirada, la vi, blanca como las miles de noches en que cruzó sobre mi cabeza, pálida y fría como la desdicha de amarla y no poseerla, y la amaba, sí, la ansiaba para mi, y por primera vez mi viejo corazón latía por alguien, y decidí tenerla, y la seguí caminando por quebradas y desiertos, arrastrando mi amargo corazón de relojero por llanos infinitos, dejando siempre un reguero de suspiros inconformes que detenían el tiempo por donde avanzaba, y sin importar lo que podía suceder con todo y con todos paré mis labores y nadie empujó más los segundos y los minutos cayeron pesadamente en un aletargamiento que se extendió a las horas que frenaron crujiendo y que terminaron derrumbando el ciclo del tiempo, y fue noche por siempre, y los hombres abrieron los ojos ya cansados de tanto dormir y salieron a sus ventanas y afuera todo era oscuridad y sólo la luna brillaba altiva y ningún amanecer brotaba nunca, y salieron de sus casas con temor y en reuniones de miedo desmenuzaron cuánta razón pudieron para tratar de explicar el extraño suceso y no encontraron respuesta, y nadie moría y nadie nacía, y los más viejos seguían viviendo, y las embarazadas pasaban meses con los niños en sus vientres pero no terminaban de nacer, y como nadie sabía lo que sucedía la única salida posible fue acostumbrarse a la noche eterna porque el tiempo no pasaba y se acostumbraron a cantar el Happy Birthday To You en cumpleaños inventados hechos sobre la base de algoritmos que los más inteligentes inventaban para tratar de sobrellevar la adversidad, y pasaban las navidades con la duda de si realmente esa fecha era siquiera coincidente con los tiempos que conocían, y a lo lejos se podían ver las innumerables velas que usaban, y la iglesia salió diciendo que era un castigo divino y la fe se volcó sobre todos y los templos se llenaron y las misas iban unas tras otras y ya no pedían el pan de cada día sino el pan de cada noche y no faltó quien afirmaba que de nada sirve tanta oración, que lo que pasó ya pasó y que estamos en el infierno y que así había sido compadre, quién iba a decirlo, y no parece tan terrible, ¿no cree usted? afirmaba Don Porfirio Palacios, y le increpaba su mujer, Doña Apolonia Serrano, ¡qué hablas babosadas! le reprochaba porque ya no quería ir a misa y le decía que lo mejor sería que ore para purificar esa alma de alcohólico en escabeche y luego de persignarse se marchaba refunfuñando como saben hacerlo las damas de carácter, y Don Porfirio Palacios se quedaba con su compadre analizando si es que aún era su esposa, porque decían que si están en el infierno ya no es vida, y el acuerdo era estar juntos hasta que la muerte los separe, ¿verdad compadre? si la muerte nos ha separado ya, entonces no es mi mujer y me vale madres la opinión de ella y el compadre afirmaba con la cabeza y decía, mejor tomemos otro agua ardiente mi cumpa que para estas cosas del amor yo soy malo. Pero las plantas que necesitaban sol morían y los bosques frondosos de antaño se volvían raquíticos y los animales se escondían y la vida menguaba mientras el amante eterno seguía persiguiendo a la luna, y la miraba desde abajo, y estiraba el brazo sin poder alcanzarla y por muchos años estuvo así, mintiéndose con la farsa de, al menos le hago compañía, o el engaño propio de, por lo menos se deja ver, pero la luna seguía altiva, pero un día bajó por primera vez la mirada y vio que el mundo sufría, y vio los árboles esqueléticos meciéndose con un viento indolente que se había congelado en un soplido eterno de desdicha, vio los viejos que no morían, vio las mujeres embarazadas y comprendió que hay amores que matan y el suyo era así, y vio a la luna y la miró largamente y le lanzó un beso que nació de sus agrietados labios y le dijo, siempre te amaré, y tomó aire y empezó a empujar nuevamente los segundos, a exprimir los minutos, espoleó las horas y éstas presionaron a los días y así se movieron las semanas y los meses y los años y el tiempo volvió su andar, y el mundo entero sintió un regocijo, y las plantas también vieron el horizonte rojizo de la llegada del amanecer y las montañas temblaron de anhelo y los viejos se alegraron pues morirían, y las mujeres sintieron el dolor del parto, y salió el sol y la luna se ocultó, y el Padre Tiempo sintió la amargura del amante olvidado, pero se juró adorarla y siguió su faena y nunca más se detuvo, pero cuando es de noche trabaja lento para contemplarla más, y su amor no ha disminuido, porque el amor verdadero no mengua como la luna, el amor eterno se toma su tiempo. AUTOR: Ronnie Piérola Gómez E-mail: ronniepierola@gmail.com Telf: (591) 77458989 (Imagen tomada de internet)

lunes, mayo 23

El morbo del pueblo

Lo desagradable, lo cruel, lo prohibido, lo malvado y lo inmoral, venden, atraen, hipnotizan y se hacen sensuales para los ojos ansiosos de una sociedad marcada por el hedonismo y tatuada por un culto a los sentidos en sus más diversas formas, y existen las novelas de la televisión, con sus exagerados nombres y sus tramas de amor mal entendido y no correspondido, con sus heroínas que limpian mansiones pero que resultan herederas del que murió y que terminarán casadas con el galán de turno, con sus villanas que son más malvadas que la misma maldad y con los altruistas que sacrifican todo por amor y que serán felices al final de la historia sólo porque la amada será feliz aún cuando no lo será a su lado. Y así son las novelas, son relatos que dejan a sus seguidores al filo del sillón esperando que la trama se resuelva de algún modo en el episodio siguiente: “¿Juan Manuel De La Barra es realmente hijo de Carlos Antonio Del Rosal?”, o quizás, “¿será María, la humilde empleada sin futuro, el amor de la vida de Fernando Romeo Villa Plaza Tercero?”, o “Habrá realmente muerto Rufino García Málaga, el autor de tanta muerte y desolación por fin habrá recibido su justo castigo?”; y así una serie de interrogantes que atrapan al que ve y tiene tiempo y que luego se quedan en una pantalla y se evaporan cuando los televidentes deben seguir su vida mortal y normal en la que las obligaciones llaman y las tareas abundan, y no hay tiempo para las vainas de las novelas porque para historias nos bastan las nuestras y pare de contar. Pero sucede que en Bolivia no es tan sencillo, ha surgido en nuestra realidad una novela mayor, un argumento de fantasía que involucra al más poderoso del país, y le ha afectado la imagen y ha puesto en jaque su moral y se ha involucrado en la vida de todos los habitantes de un país que lo que menos necesita son novelas. Y nos preocupa más el morbo de saber sobre Gabriela Zapata en vez de la gestión del Presidente, y para peor de males al propio Gobierno le importa más esto que hacer gestión, y nosotros nos pasamos de imbéciles porque le damos más atención a las declaraciones del uno y del otro y en la calle el vecino habla: “¿vio las fotos de la Zapata comadre?, ¡le vi hasta el alma!, ¿y usted compañero qué sabe ahora del hijo del Evo?, ¿y ahora, existe o no la criaturita?, ¡mire que negar un hijo es pecado!” y en esa mezcla de morbo y vaina giramos todos los días. Y las altas esferas investigan sobre el famoso hijo y sus voceros en vez de ayudar la embarran, y los legisladores en vez de legislar hacen frente común para defender el Excelentísimo y sale un informe por mayoría de que no hay tráfico de influencias, que era en realidad el tema que desde un inicio debería preocuparnos y no otro, y la comisión en minoría dice lo contrario pero de poco sirve porque aquí el que tiene el poder lo tiene bien agarrado por el mango y en tanto la democracia no diga lo contrario no habrá cornadas entre bueyes y la cosa terminará así. Y así vamos, caminando con nuestras inmensas patas de elefante viejo en una vida que parecería más rápida que nosotros y de nuestra mente brota morbo, y de nuestra boca emergen vainas y no hablamos de lo esencial, de lo más importante.

lunes, mayo 9

El ocaso de las prioridades

“Una cosa que es más importante que la otra”, es la definición más sencilla que podríamos encontrar para identificar lo que es una prioridad, y así, como suena, se ve sencillo y hasta lógico, pero en la vida diaria no resulta tan fácil de aplicar éste axioma tan franco; y nos sucede, como ciudadanos de a pie, como sujetos de errores y defectos que cuando debemos hacer algo correcto, a veces hacemos lo incorrecto, porque queríamos, porque las pasiones se impusieron sobre nosotros, porque somos sujetos de un hedonismo tan marcado que hasta un helado puede derrotar la voluntad más férrea, pero somos así, somos humanos, podemos errar, pero esos errores, normalmente, nos afectan sólo a nosotros. No sucede lo mismo con los errores de otros, porque no entender las prioridades sucede también en las altas esferas, en aquellas cúpulas de gobierno que cada vez se ven más distantes y ajenas a la realidad que vive el de abajo, el que no tiene mucho o lo poco que tiene lo tiene endeudado e hipotecado, el que vive el día a día luchando por llegar a fin de mes, por pagar al empleado, por mejorar de coche, por pagar la renta, por pagar las multas de años rancios que Impuestos y nadie más recuerda, por pagar las obligaciones y un sinfín de problemas que resultan irrelevantes para la clase política nacional; y ésta élite política es la que define sus prioridades, no siempre pensando bien, muchas veces pesa más el partido político, la defensa estratégica del líder o los intereses que se pretenden implementar a costa del show, del espectáculo, de cosas como el Dakar, de las cientos de canchitas de fútbol, de los múltiples viajes del poderoso, de los bonos que sí convienen, de la propaganda masiva, de las múltiples concentraciones que alaban al Gran Dios en la Tierra a cambio de su ficha de asistencia, y muchas otras acciones más que en el fondo restan , pero que en la forma enriquecen el ojo del que domina, y mientras el que rige esté feliz, sus seguidores también lo estarán, porque para ellos su prioridad es esa: “¡alabemos al supremo!, ¡bendito el piso que pisas!”, pero no ven el fondo, no ven que lo que hacen es una vaina, y que como toda vaina tiene su riesgo. Pero claro, con todo y eso el Supremo le mete no más y estará feliz, ajá, dirá y su deseo se cumplirá, su prioridad se establecerá, y luego nuevamente afirmará, ajá, y lo que su mente piensa será lo que sus seguidores anhelen, y así pasará, en oficialismo o en oposición, porque todas son vainas, pero las vainas se acaban, téngalo por seguro, y si bien darán inicio a otras nuevas, las viejas se podrirán en el remanso del olvido. Y las prioridades se invierten y el de arriba no entiende, y las vainas crecen más y más, y un día, recuérdelo usted, el poder también se volteará y el de arriba estará abajo, y las prioridades serán otras y la historia será diferente.

sábado, abril 30

Los molinos del tiempo

Cabalgaba él tan seco de carnes como se lo había visto ya hace cuatro siglos atrás, enjuto de rostro como lo había parido su madre mucho antes de que se obsesione con las historias de caballeros y con el cerebro aún seco por tanto leer y por tan poco dormir, le acompañaba aún el hombre bajo y fofo que en otro tiempo fue un labrador y que tuvo la dicha o la desdicha, dependiendo desde donde se vea, de ser elegido como escudero a cambio de una ínsula y en cuya travesía gano dolores y pesares aunque también muchas aventuras y aprendizajes, y dice la historia que el valiente hidalgo buscaba entre las sobras de la vida a quien otrora fue el amor de su vida y que él denominaba Dulcinea del Toboso, y la buscaba removiendo las tinieblas de la muerte y la anhelaba como la noche desea el amanecer y aún así no la encontraba. Y sucede que en esta hojarasca de aventuras que eran su vida, comentaba el escudero, quien por cierto se llamaba Sancho Panza, ya estoy harto mi Señor, porque esto no es vida y si fuese no sería así y hasta ahora no recibí ni la punta de una ínsula y así se quedaba hablando hasta que la noche les ganaba al paso mientras su caballero, a quien los que le habían conocido le llamaban Don Quijote, le replicaba, calla ya hombre de poca fe que lo que ésta vida te ha dado es más de lo que mereces, y con una mirada seca y árida como su piel le ponía en el lugar que merecía. Al morir la noche y al nacer el nuevo día vio el hidalgo los perfiles de una nueva ciudad, una urbe cargada de largas edificaciones que parecían rascar el cielo, con infinitas calles por las que deambulaban incesantes carretones metálicos jalados por caballos invisibles y cuyo aire era gris como si un incendio eterno estuviese quemándola poco a poco, y quiso acercarse pues los valientes son curiosos por naturaleza, y se acercó con paso firme y gallardo sobre un Rocinante que era hoy la sombra del de ayer y a su lado, sin desayuno y aún con hambre, Sancho Panza, y gritó Don Quijote, gigantes, gigantes, al ver frente a él largos y blancos molinos que movían sus aspas como brazos amenazantes, que era lo que él veía, pero eran molinos y así le insistía Sancho Panza pero el hidalgo no le creía pues no era posible que sus ojos le mientan y sabía que eran sus enemigos y a los enemigos había que derrotarlos con todas las artes de las caballería y debía vencerlos con honor pero derrotarlos igual, y tomó su arma en una mano y con la otra se tomó el corazón y se encomendó a su señora Dulcinea pidiendo su socorro, y apuntó la lanza, y corrió con brío sobre su corcel y embistió al primer molino que se le interpuso y con rugido de monstruo el aspa tumbó caballero y armadura, y al molino no le interesó que a él se le enfrentaba el famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha y lo volteó igual pues para el molino le iba bien o mal quien le atacaba, y Sancho Panza se tomó la cabeza y se dijo a sí mismo, yo y mi cabeza sin sesos, pero esto ya ha pasado antes si lo recuerdo como si fuese ayer, válgame Dios, y corrió hacia su merced para buscar en los ojos trastornados un destello de razón, pero el Quijote yacía muerto, porque esta vez el molino había ganado, pero había ganado definitivamente y la muerte se le acercó temible y gigante y una sombra cubrió todo y una voz profunda dijo, por fin Quijote, por fin te moriste, después de tantas resurrecciones por fin te fuiste, pero Sancho abrazó el cadáver de su amo que se hizo frío y con gritos le exigió a la muerte que se fuese, y le dijo que su amo no estaba muerto, y la muerte rió y Sancho se hizo diminuto y en esa insignificancia lloró y lloró sobre su Quijote y no le importó que Rocinante también yacía muerto ni que la muerte podría llevarle también, sólo quería a su amo y gritaba que ya no ambicionaba la ínsula ni nada en el mundo y que todo lo cambiaba por la vida del hidalgo, pero el cielo estaba vacío y nadie le escuchaba. Sucedió entonces que la muerte sintió el inmenso vacío, y en su desenfreno de egoísmo se dio cuenta que el que le había evadido tantas veces se había muerto y se preguntó a sí mismo, carajo qué haré ahora, y no supo que responderse, y el mundo entero se pintó triste pues el idealista estaba ausente y la muerte sintió miedo y lloró y prefirió irse, porque lloraba por el Quijote, porque se sentía vacía, porque ella quería ser Dulcinea, y al irse la sombra de su poder se desvaneció y entonces el hidalgo despertó y maldijo a la muerte por no llevarle y denigró al sabio Frestón por cambiarle los gigantes por molinos y sólo el abrazo cálido y sincero de su escudero le volvió a la realidad y dijo, ya, ya muchacho deja tanto llanto ni que me hubiera muerto, y subió sobre Rocinante que también evadió a la muerte y siguieron el camino de la vida, porque Don Quijote no puede morirse, porque la muerte le ama, porque la vida es muy corta para un hidalgo tan grande, porque el mundo necesita más Quijotes que hombres cuerdos. AUTOR: RONNIE PIÉROLA GÓMEZ EMAIL: Ronniepierola@gmail.com FUENTE GRÁFICO: "El Quijote Liciado" tomado de archivos públicos de internet. #MolinosQuijote.

lunes, abril 25

Don Quijote se ha hecho urgente

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, es la frase inicial de la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, y es quizás el inicio más famoso de novela alguna de habla castellana, la historia que relata el español nos describe de un modo sublime y maravilloso la vida de un “hidalgo, de los de lanza en astillero, de cincuenta años de edad, de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de casa, cuyo tiempo de ocio se daba a leer libros de caballería”, derivando su obsesión en la locura del hidalgo; tal cual relata el mismo Cervantes Saavedra, “del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro”. De este modo el personaje de esta famosa novela emprende aventuras creyéndose un caballero andante, pretendiendo con ello “aumentar su honra y acrecentar el servicio de su república”. En sus travesías enfrentará ilusorios enemigos y defenderá damas en apuros, y si bien su locura está bien rematada, sus nobles principios lo hacen un hombre abundante en honor, en ética y en valores que hoy pareciesen perdidos. Y es que el Quijote de Cervantes es un loco, sí, pero es un loco bueno, y hoy, cuatro siglos después de la muerte de su autor, nos damos cuenta que nos faltan quijotes. Y es que Don Quijote se ha hecho urgente, más necesario que nunca en una sociedad en la que los políticos, con todo y su fresca carroña no han cambiado y siguen sembrando pestes en los pantanos de la desgracia mientras sus pasillos se inundan de poder y dinero, y así seguimos escuchando que el poderoso afirma que “el pueblo no se dejará engañar por la oposición y todo lo malo es culpa de aquel de allá y del que vive a la vuelta, pero nunca mía” y el opositor sigue arguyendo que “defenderemos la democracia a como dé lugar, porque la democracia somos nosotros y el que diga lo contrario es un enemigo de la patria grande, de aquella que sólo nosotros entendemos y nadie más”. Así es que en este panorama se ha hecho más esencial la presencia de un Quijote, de un soñador, de un idealista que vaya contra el fango del morbo en el que nada la sociedad, de alguien que no sea tan común y corriente como somos todos, como usted o como yo, o como la vecina del frente que pregunta: “qué habrá sido de la Zapata, ¿verdad compadre?”, y el otro responde “el otro día salieron sus fotos tal cual vino al mundo, vaya usted a creer”, como si fuese eso importante, como si esa fuese la cuestión de fondo, como si la Zapata fuese lo que nos da de comer. Y así, mezclados entre el morbo y la indiferencia, los quijotes han desaparecido y han quedado en su lugar un montón de sujetos que bañados en el egoísmo nos dirigen y se dejan dirigir. Cuatrocientos años han pasado desde que el Manco de Lepanto nos abandonó, y aún hoy extrañamos que más locos como Don Quijote puedan liderar las causas nobles y defender a las damiselas en apuros, porque nos faltan valientes, porque nos resultan escasos los hombres y mujeres éticos, y porque en cambio nos sobran los corruptos, los mentirosos, los infieles y los desgraciados, y por si fuera poco, hasta nos gobiernan; y para mal de males hoy, nosotros también somos así, más desgraciados que la desgracia porque ya no nos interesa el otro, porque somos cuerdos, sí, pero somos egoístas. Quizás es tiempo de pensar que entre la locura de Don Quijote y la cordura del egoísmo, debiéramos creer más a los locos.

lunes, abril 11

El otoño del patriarca

Yo soy el único que manda en este país, habría afirmado el Presidente Morales al Defensor del Pueblo, Rolando Villena, si tal mensaje existió se trataría de un mandato imperativo, absolutista, totalitario, tiránico y despótico, pero sería un mandato claro. Podríamos no creer que tamaña aberración hubiese florecido en la verba de quien ejerce el patriarcado de un país que se supone vive en derecho, pero la mezquindad del poder transforma a todo aquel que se engolosina con su miel, y así ha sucedido con muchos de los que se han posado en el sillón del gobierno, mandando a gil y mil y deleitándose con la receta del pueblo me quiere, el pueblo me lo pide, el país me necesita, las bases han hablado o, las conocidas recetas de pasillo que retoñan en todo funcionario público dependiente de un gran gobernador, desde un ministro hasta el que barre la puerta, si lo aman mi general, si lo adoran mi presi, usted es indispensable para el futuro de la nación doctor, sin usted todo se nos cae licenciado. Y el poder afecta y cambia a las personas, y ha cambiado su Excelencia desde que fue elegido Presidente, ya no es el líder sindical de antaño, el de condición humilde, el nacido en cuna de piedra, es, ahora, el que manda aquí, allá y donde usted está sentado, es la mano del poder y pare de contar. Bajo esta visión la gestión, en los últimos años, se ha tornado más política que técnica, más importa el cómo hundir al contrario que hablar de las necesidades de la población, nos contentamos con las canchitas de fútbol pero nos olvidamos de las necesidades de salud, nos cargamos de bonos y paguitos que sólo nos dan un pescado pequeño en vez de que nos enseñen a pescar, nos olvidamos de que el verdadero motor de progreso de un país es su propio empresariado y no un obeso Estado que cada día devora y crece más, y nos importan más los amoríos de la cúpula política nacional en vez de la corrupción que corroe las raíces de aquella élite, y pareciera que si el poder transforma para mal, la politiquería devasta el alma. Y así estamos, con la política inundando los pasillos del poder y estancados con vainas que no son importantes y separados como dos amantes orgullosos. Si seguimos con la locura de insistir con que las bases me lo exigen, la gente me lo pide, e ignoramos la voz institucional de la democracia y terminamos por embadurnarnos de la basura que sale de las asambleas y de las concentraciones morbosas en las que la gente grita pero no piensa, estamos arruinados. Porque luego del referéndum pasado se supondría que el Excelentísimo vive, como diría García Márquez, en el otoño del patriarca, porque ante la pregunta planteada se respondió con un no, un no poco convincente quizás, un no que sonó a hueco, pero fue un no de todas formas. Y si el Influyente, enceguecido por el poder, persiste en un prorroguismo político, dañará lo que él mismo pretendió, en inicio de su mandato, sembrar, y se olvidarán los logros de su gestión y las arenas del olvido se llevarán sus buenas cosas y quedarán, como piedras inamovibles y monumentales sus intentos de ilegalidad. Aún el patriarca está en su otoño, aún tiene tiempo, dependerá de él ser recordado por su buena gestión y el respeto a la ley, y podrá irse por la puerta grande, o, podrá persistir en lo ilegal y le esperará un agrio y frío invierno.

lunes, marzo 28

Se nos muere el mundo

La Constitución Política Plurinacional reza que en Bolivia las personas tienen derecho a un medio ambiente saludable, protegido y equilibrado (Art. 33). Esta visión que también tiene su paralelo en la retórica del Presidente y de un sinfín de autoridades y que ha motivado, a su turno, la realización de reuniones en las que mucho se habla pero poco se hace, resulta insuficiente a la hora de medir el impacto ambiental que estamos teniendo en nuestro entorno natural. El mundo se nos muere, y para peor no es que sólo se muere, sino que lo estamos matando. Y este mal se extiende a escala global, y de nada pareciesen servir las reuniones internacionales que ya hace mucho tiempo se realizan alrededor del globo: Estocolmo (1972), Ginebra (1979), Viena (1985), Montreal (1987), Basilea (1989), Río de Janeiro (1992), Berlín (1995), Nueva York (1997), Nairobi (1997), Kioto (1997), Johannesburgo (2002), Copenhague (2009) o la última Cumbre del Clima en Francia (2015), entre muchos otros intentos por respetar nuestro entorno. Y en el mundo han ocurrido desastres ambientales mayúsculos, catástrofes que nos llevan a la triste conclusión de que lo peor que tiene este planeta es la humanidad. Y esa receta, ese mal de males, se repite también en Bolivia y ejemplos existen varios: el Lago Poopó, la Laguna Alalay, el Río Rocha, los daños que derivan de la mina Huanuni, la basura que cada minuto producen las ciudades del país, y un infinito listado de malos hábitos de los cuales somos responsables todos. Y están las autoridades que pareciese no pueden hacer nada, por falta de presupuesto, a veces, aún cuando sí hay plata para inaugurar canchas a diestra y siniestra, o a veces porque no les da la gana o la capacidad no les alcanza. Y está la población, que a más de marchar o reclamar (o, como yo, escribir) nada más hacemos; y vivimos amarrados a nuestras obligaciones, a pagar la renta, a cumplir con el trabajo, a dedicarnos al cotidiano vivir mientras se nos muere el mundo. Así transcurre cada día, envueltos en el morbo del caso Zapata, en las ambiciones desmedidas de un presidente que pareciera no acabar de entender que “Bolivia dijo no”, en la pelea con Chile, en la corrupción, en los bloqueos, en los intereses sectoriales. Y estamos aburridos del Presidente Morales, del Vicepresidente García, de los ministros de estado, de los dirigentes sindicales, de los líderes sectoriales, de la oposición, del vecino que deja su basura en la calle, de aquel que estira la mano y deja caer del vehículo basura y de todos los que somos pasivos en un tema que es demasiado importante como para dejarlo de lado. Si la naturaleza pudiese demandarnos, todos seríamos sujetos de ser acusados de asesinato. Recuperar la laguna, limpiar el mundo, respetar a otros seres vivos, sería solamente el inicio de una larga lista de obligaciones que nos enseñarían que nosotros no somos los dueños del mundo y que solo somos una parte, una parte muy pequeña de un entorno mayor al cual deberíamos respetar más.

lunes, marzo 14

La punta del iceberg

El ser humano, dentro lo maravilloso que puede ser, también esconde la receta inexorable de aquel que ansia con vehemencia el poder; del que pretende, aún a costa de lo incorrecto, ejercer y asumir las mayores facultades para que en él, y sólo en él, resida la máxima decisión. Y la práctica del gobierno no excluye dicha fórmula: la administración pública detenta poder y reproduce la lógica de éste para todos aquellos que, de una u otra forma, asumen su ejercicio y pueden tomar decisiones. A la par, los que se benefician de éste (no únicamente el poderoso), pueden ser varios y de distinto tipo, y así, por este poder, por esta angurria, se obvian procesos y se aceleran trámites, se “charla” y se “mete no más” sin importar consecuencia alguna. La semana pasada se publicaba en Los Tiempos que la gestión gubernamental otorgaba por vía directa el 63% de la inversión pública, lo que equivale a un total de 375 mil millones de bolivianos en diez años de gestión gubernamental, esta noticia, que si bien no posee el morbo que reviste el caso Zapata, es, a todas luces, un dato preocupante ya que bien puede implicar que lo que hasta ahora se ha visto solo es una pequeña parte de un mal mayor. Estos datos (extraídos del portal del SICOES), exponen, de un modo terrible, que la otrora excepción, es hoy la regla, y que ésta bien puede ser el puente para un mal mayor, un endémico proceso de corrupción que siempre absorbe al poderoso, al que se cree capaz de todo y el que decide sobre los demás. Se afirma, en dicha noticia, que más del 90% de las megaobras con las que el Gobierno Central pretende encandilar a un país sumido aún en la pobreza han sido producto de adjudicaciones directas. Al parecer, lo afirmado en la campaña por el No, respecto al nacimiento de una Burguesía Azul, tiene fundados motivos de ser real. Y, seguramente, correrán las maletas cargadas de comisiones, y habrán más “personas de enlace” y los poderosos recibirán el diezmo que ambicionan y que les permite seguir comiendo del poder; y usted, y yo, y todos aquellos que pagamos impuestos continuaremos alimentando a la bestia corrupta e infecta que nos devora día a día y obra con obra. Y, allí están los datos y los medios los denuncian porque sencillamente, es lo correcto. Y vemos en los hechos las obras adjudicadas de manera directa, y tenemos así (incluidas las iniciadas, en curso, finalizadas, contratadas y desiertas): la carretera Oruro – La Paz, Tramo Ivirgarzama-Ichilo, la Planta de urea y amoniaco de Bulo Bulo, el Proyecto Hidroeléctrico Rositas, Tranvía Santa Cruz, Planta industrial de sales de potasio, San Buenaventura, tres perforadoras para Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, el estadio para los Juegos Odesur y quien sabe cuántas más habrán, porque mi buen lector, esto es sólo la punta del iceberg.

lunes, febrero 29

El Post Evismo

Los resultados del referéndum del fin de semana pasado han dejado al descubierto varias posibles conclusiones que bien pueden ser interpretadas desde la óptica del perdedor o del victorioso, cada una susceptible de ser manejada según los intereses de uno o de otro grupo; pero dejan, sin duda alguna, la certeza de que el Evismo llega a su fin, y por ende se vislumbra en un horizonte aún lejano, un periodo con nuevos liderazgos en un país que ha demostrado soportarlo y aguantarlo todo. Uno de los primeros pasos de aquí en adelante, debe incluir la revisión del padrón electoral a fin de restituir la deteriorada imagen del Tribunal Electoral, pues más allá de los resultados podemos aseverar que la mitad del país (al menos poco más de un 51% del padrón electoral) no confía en éste Poder del Estado. Su accionar ha dejado varias interrogantes y gran parte de la población cree que hubo fraude y que el TSE sólo se limito a escuchar las denuncias pero poco o nada hizo para verificar si las actas fueron volteadas o si peores hechos antijurídicos fueron considerados en el recuento de votos final, derivando esto en que la brecha entre el Sí y el No disminuya considerablemente. Si esta entidad no recupera la imagen de seguridad que debe tener, nuestro país terminará partiéndose más. A partir de ahí y en lo político muchas cosas pueden pasar y muchas interrogantes saltan a los ojos de un pueblo que se ve enfrentado nuevamente: ¿quién será el sucesor de la candidatura masista?, ¿se partirá el MAS en varios pequeños líderes que tratarán de afianzar un feudo para garantizar sus votos en desmedro del otrora partido fuerte de Bolivia?, ¿se encontrará algún sucesor que tenga el mismo carisma que destilaba el Presidente Morales?, ¿si el Vicepresidente García toma la posta votarán por él las bases indígenas? Estas son interrogantes que se ventilan a la luz de una política boliviana tradicionalmente caudillista y en cuya vereda han quedado extintos varios partidos que basaron su andamiaje solamente en el líder (tal el caso de CONDEPA con el Compadre Palenque o UCS con Max Fernández), ¿le sucederá lo mismo al MAS? Y por el lado de la oposición, ¿se lograrán unir o cada uno tirará para su lado convocando en un frente común al resto?, ¿en quién se confiará?, ¿Costas tendría apoyo en el Occidente del país o se reduce su influencia a Santa Cruz?, ¿podrán Patzi y Revilla destacar más allá de La Paz?, ¿Quiroga y Doria Medina intentarán nuevamente una resurrección que muchas veces pareciese hasta funcional a intereses mayores?, o quizás debamos esperar a que Carlos Mesa cambie de opinión y pueda, de pronto, ser el nuevo líder de una Bolivia que necesita unirse. Este es el post evismo, un mar de posibilidades en el cual únicamente podemos aspirar a que la democracia se fortalezca y a que el país pueda unirse en la búsqueda de un futuro mejor que vaya más allá de las ideologías y que recupere mucho de lo que era antes de Evo Morales y rescate lo mejor que su gobierno dejará.

lunes, febrero 1

Yo votaré por el No

Dentro la lógica democrática, el ejercicio del poder lo detenta el pueblo que, a través del voto, determina quiénes serán los gobernantes que asumirán las decisiones que beneficien al conjunto social. Este poder es tan esencial en la vida política de los Estados, que Hans Morgenthau se refería a él como su elemento distintivo. Para aspirar a estas funciones quedan habilitados los mismos ciudadanos de aquella población, quienes pueden presentarse a dichos roles amparados en sus propios derechos determinados a su vez por la existencia de las leyes del país; mismas leyes que garantizan la vigencia de los derechos que nos permiten convivir. Bajo dicha óptica existirán gobernantes buenos, regulares y malos; todos ejerciendo sus funciones en los tiempos que determina la norma. De este modo, en el ciclo democrático, quien ha ejercido el poder debiera dejarlo para que otros asuman la conducción del Gobierno respetando las normas existentes, y por supuesto sujetándose a que puedan recuperar las mejores políticas de la gestión anterior o, en su caso, modificar las que considere necesarias y asumir un rol según la voluntad popular. A este concepto se lo denomina Alternancia en el poder. ¿Pero qué sucede cuando el ejercicio del poder - delegado por el pueblo al gobernante – se convierte en un vicio?, ¿Cuándo el gobernante no desea alejarse de la autoridad que ejerce, aún viéndose limitado por la misma ley que en su momento le permitió ejercer dicha función? Esta desmedida ambición de poder es lo que hoy en día vivimos, este anhelo de dominio ha llevado a que hoy por hoy, el gobierno del MAS haya decidido no aceptar las reglas que la ley interpone, y persiga proseguir con el poder; para ello ha convocado a una consulta al pueblo, un referéndum en el cuál deberemos básicamente responder si debiera cumplirse o no la ley. Si apoyamos que se respete la norma, el presidente no podría volver a postularse; si decidimos que la ley debe modificarse, seguiremos alimentando el apetito del partido de turno. Lo ideal en democracia es la alternancia de poder, que evita la concentración del dominio y control solamente de uno, permitiendo una gestión en la que la voz de todos se escuche. Pero la democracia es una forma de gobierno, una invención humana que como todo lo que hacemos es susceptible de equívoco, por ello es que en los últimos años una suerte de oclocracia (denominada como el “gobierno de la muchedumbre” por Polibio, y entendida como una degeneración de la democracia según Aristóteles) ha venido imponiendo sus criterios a base de coerción o persecución. Esta voluntad viciada, en el caso nuestro, refleja una de las críticas más puras al sistema democrático: la ignorancia de la ciudadanía, y es que nuestro pueblo carece de conocimiento para poder entender mucho de lo que es la gestión estatal, y así hemos elegido mal más de una vez. Pero este febrero tendremos una nueva oportunidad, un nuevo momento democrático, con todo y sus falencias, en el cual nuevamente podremos ratificar si el respeto a la ley y a la democracia es importante o si preferimos seguir cavando hacia la manipulación de la ley y el ejercicio indebido del poder. Yo votaré por el NO, porque creo que quien mucho ejerce el poder cae en un vicio, sea quien sea, y porque confío en que la democracia es darle oportunidad a todos.

SIGO PENSANDO QUE VOTARÉ POR EL NO

Hace un par de semanas escribí un artículo denominado «yo votaré por el no», mismo que, como toda opinión y cumpliendo su objetivo, recibió apoyos y también críticas. Creo yo, que para un columnista, no hay cosa mejor que recibir comentarios sobre su trabajo pues significa que a uno lo leen y que lo que uno escribe algo significa, entonces agradeciendo a todos aquellos que se tomaron el tiempo para enviarme sus opiniones paso a responder dos de las consideraciones que me parecieron más importantes. Una de las opiniones más interesantes que recibí se regía por lo teórico de mi artículo, el cual carecía de elementos fácticos por el cual podría olvidarse la alternancia en el poder como un factor fundamental de la democracia si es que esta, a cambio, podría sacarnos, eventualmente, de la pobreza. Parto respondiendo a la parte final de este comentario: no creo que el presidente Morales pueda sacarnos realmente de la pobreza, muchas de sus políticas son cortoplacistas y sustentadas en bonos y apoyos estatales, no generan - por ende -desarrollo efectivo; y si bien admito que muchas de las políticas del Presidente me parecen de cierto modo correctas (sobre todo aquellas referidas a dotar de servicios básicos a las áreas rurales del país, o las que hacen a la estabilidad laboral de los trabajadores, incluso la aparente reducción de la pobreza amparada en los buenos resultados macroeconómicos producto del alza de los precios de materia prima en un mercado internacional que - en su momento - le sonrió al mandatario, e incluso su política de "nacionalización" de hidrocarburos y desde cierta óptica su lógica industrializadora), también es necesario considerar que existen muchas cuestiones de fondo que se ven afectadas precisamente por la falta de apoyo a la iniciativa privada, por mantener una visión centrada únicamente en el crecimiento de un Estado populista, un Estado burocrático y gigantesco, el cual pareciera haber olvidado que un desarrollo real está en manos de los privados. Para este Estado es fácil pedir y exigir que las empresas cumplan mientras muy poco se les dota para desarrollar empleo y por ende lograr estabilidad seria. Y esta visión se la palpa cuando vemos que el Gobernante aplica políticas sin pensar en generar emprendimientos reales de sus ciudadanos. Por lógica, la política del Presidente no enseña a los bolivianos a pescar, sino que usa los recursos estatales para darles pescado, y así el desarrollo real nunca llegará. Otro comentario que recibí apuntaba a Evo Morales como personaje central de un proceso de cambio que no deja de ser caudillista y que pareciera haberse centrado únicamente en el poder, concuerdo con dicha afirmación y creo que diversos elementos reales son parte del anhelo de mando del Presidente, factores que en el "ahora" hacen daño a la democracia y para muestra sólo referiré algunos ejemplos: el mandatario pretende modificar la misma Constitución que él aprobó, en beneficio suyo aún cuando manifieste lo contrario; ha elaborado una agria red de percusión amparada en un sistema judicial viciado y que le sirve como brazo opresor al Ejecutivo; maneja una democracia morbosa (aquella misma que Ortega y Gasset refiere como una degeneración de la gestión de gobierno) y hoy sustentada en bases sociales carentes de sensatez, simplemente movidas por una identidad social que no refleja al país en su conjunto y obligada por una suerte de tiranía sindical que hace que el que no apoye sea sujeto a sanción. Esto es una realidad del hoy, y si tuviese que referirme al pasado habría mucha más tela que cortar: la Constitución aprobada bajo presión y con un cerco de afines al Gobierno amenazando a los Asambleístas, los enfrentamientos del 11 de enero, el discurso político y no técnico y un largo etcétera de nunca acabar. Me hubiese gustado comentar más opiniones que recibí, con muchas de las cuales concuerdo, pero por cuestión de espacio y tiempo he tocado solamente estas dos. Reitero mi agradecimiento a todos mis lectores y sigo pensando que votaré por el no.