lunes, febrero 29

El Post Evismo

Los resultados del referéndum del fin de semana pasado han dejado al descubierto varias posibles conclusiones que bien pueden ser interpretadas desde la óptica del perdedor o del victorioso, cada una susceptible de ser manejada según los intereses de uno o de otro grupo; pero dejan, sin duda alguna, la certeza de que el Evismo llega a su fin, y por ende se vislumbra en un horizonte aún lejano, un periodo con nuevos liderazgos en un país que ha demostrado soportarlo y aguantarlo todo. Uno de los primeros pasos de aquí en adelante, debe incluir la revisión del padrón electoral a fin de restituir la deteriorada imagen del Tribunal Electoral, pues más allá de los resultados podemos aseverar que la mitad del país (al menos poco más de un 51% del padrón electoral) no confía en éste Poder del Estado. Su accionar ha dejado varias interrogantes y gran parte de la población cree que hubo fraude y que el TSE sólo se limito a escuchar las denuncias pero poco o nada hizo para verificar si las actas fueron volteadas o si peores hechos antijurídicos fueron considerados en el recuento de votos final, derivando esto en que la brecha entre el Sí y el No disminuya considerablemente. Si esta entidad no recupera la imagen de seguridad que debe tener, nuestro país terminará partiéndose más. A partir de ahí y en lo político muchas cosas pueden pasar y muchas interrogantes saltan a los ojos de un pueblo que se ve enfrentado nuevamente: ¿quién será el sucesor de la candidatura masista?, ¿se partirá el MAS en varios pequeños líderes que tratarán de afianzar un feudo para garantizar sus votos en desmedro del otrora partido fuerte de Bolivia?, ¿se encontrará algún sucesor que tenga el mismo carisma que destilaba el Presidente Morales?, ¿si el Vicepresidente García toma la posta votarán por él las bases indígenas? Estas son interrogantes que se ventilan a la luz de una política boliviana tradicionalmente caudillista y en cuya vereda han quedado extintos varios partidos que basaron su andamiaje solamente en el líder (tal el caso de CONDEPA con el Compadre Palenque o UCS con Max Fernández), ¿le sucederá lo mismo al MAS? Y por el lado de la oposición, ¿se lograrán unir o cada uno tirará para su lado convocando en un frente común al resto?, ¿en quién se confiará?, ¿Costas tendría apoyo en el Occidente del país o se reduce su influencia a Santa Cruz?, ¿podrán Patzi y Revilla destacar más allá de La Paz?, ¿Quiroga y Doria Medina intentarán nuevamente una resurrección que muchas veces pareciese hasta funcional a intereses mayores?, o quizás debamos esperar a que Carlos Mesa cambie de opinión y pueda, de pronto, ser el nuevo líder de una Bolivia que necesita unirse. Este es el post evismo, un mar de posibilidades en el cual únicamente podemos aspirar a que la democracia se fortalezca y a que el país pueda unirse en la búsqueda de un futuro mejor que vaya más allá de las ideologías y que recupere mucho de lo que era antes de Evo Morales y rescate lo mejor que su gobierno dejará.

lunes, febrero 1

Yo votaré por el No

Dentro la lógica democrática, el ejercicio del poder lo detenta el pueblo que, a través del voto, determina quiénes serán los gobernantes que asumirán las decisiones que beneficien al conjunto social. Este poder es tan esencial en la vida política de los Estados, que Hans Morgenthau se refería a él como su elemento distintivo. Para aspirar a estas funciones quedan habilitados los mismos ciudadanos de aquella población, quienes pueden presentarse a dichos roles amparados en sus propios derechos determinados a su vez por la existencia de las leyes del país; mismas leyes que garantizan la vigencia de los derechos que nos permiten convivir. Bajo dicha óptica existirán gobernantes buenos, regulares y malos; todos ejerciendo sus funciones en los tiempos que determina la norma. De este modo, en el ciclo democrático, quien ha ejercido el poder debiera dejarlo para que otros asuman la conducción del Gobierno respetando las normas existentes, y por supuesto sujetándose a que puedan recuperar las mejores políticas de la gestión anterior o, en su caso, modificar las que considere necesarias y asumir un rol según la voluntad popular. A este concepto se lo denomina Alternancia en el poder. ¿Pero qué sucede cuando el ejercicio del poder - delegado por el pueblo al gobernante – se convierte en un vicio?, ¿Cuándo el gobernante no desea alejarse de la autoridad que ejerce, aún viéndose limitado por la misma ley que en su momento le permitió ejercer dicha función? Esta desmedida ambición de poder es lo que hoy en día vivimos, este anhelo de dominio ha llevado a que hoy por hoy, el gobierno del MAS haya decidido no aceptar las reglas que la ley interpone, y persiga proseguir con el poder; para ello ha convocado a una consulta al pueblo, un referéndum en el cuál deberemos básicamente responder si debiera cumplirse o no la ley. Si apoyamos que se respete la norma, el presidente no podría volver a postularse; si decidimos que la ley debe modificarse, seguiremos alimentando el apetito del partido de turno. Lo ideal en democracia es la alternancia de poder, que evita la concentración del dominio y control solamente de uno, permitiendo una gestión en la que la voz de todos se escuche. Pero la democracia es una forma de gobierno, una invención humana que como todo lo que hacemos es susceptible de equívoco, por ello es que en los últimos años una suerte de oclocracia (denominada como el “gobierno de la muchedumbre” por Polibio, y entendida como una degeneración de la democracia según Aristóteles) ha venido imponiendo sus criterios a base de coerción o persecución. Esta voluntad viciada, en el caso nuestro, refleja una de las críticas más puras al sistema democrático: la ignorancia de la ciudadanía, y es que nuestro pueblo carece de conocimiento para poder entender mucho de lo que es la gestión estatal, y así hemos elegido mal más de una vez. Pero este febrero tendremos una nueva oportunidad, un nuevo momento democrático, con todo y sus falencias, en el cual nuevamente podremos ratificar si el respeto a la ley y a la democracia es importante o si preferimos seguir cavando hacia la manipulación de la ley y el ejercicio indebido del poder. Yo votaré por el NO, porque creo que quien mucho ejerce el poder cae en un vicio, sea quien sea, y porque confío en que la democracia es darle oportunidad a todos.

SIGO PENSANDO QUE VOTARÉ POR EL NO

Hace un par de semanas escribí un artículo denominado «yo votaré por el no», mismo que, como toda opinión y cumpliendo su objetivo, recibió apoyos y también críticas. Creo yo, que para un columnista, no hay cosa mejor que recibir comentarios sobre su trabajo pues significa que a uno lo leen y que lo que uno escribe algo significa, entonces agradeciendo a todos aquellos que se tomaron el tiempo para enviarme sus opiniones paso a responder dos de las consideraciones que me parecieron más importantes. Una de las opiniones más interesantes que recibí se regía por lo teórico de mi artículo, el cual carecía de elementos fácticos por el cual podría olvidarse la alternancia en el poder como un factor fundamental de la democracia si es que esta, a cambio, podría sacarnos, eventualmente, de la pobreza. Parto respondiendo a la parte final de este comentario: no creo que el presidente Morales pueda sacarnos realmente de la pobreza, muchas de sus políticas son cortoplacistas y sustentadas en bonos y apoyos estatales, no generan - por ende -desarrollo efectivo; y si bien admito que muchas de las políticas del Presidente me parecen de cierto modo correctas (sobre todo aquellas referidas a dotar de servicios básicos a las áreas rurales del país, o las que hacen a la estabilidad laboral de los trabajadores, incluso la aparente reducción de la pobreza amparada en los buenos resultados macroeconómicos producto del alza de los precios de materia prima en un mercado internacional que - en su momento - le sonrió al mandatario, e incluso su política de "nacionalización" de hidrocarburos y desde cierta óptica su lógica industrializadora), también es necesario considerar que existen muchas cuestiones de fondo que se ven afectadas precisamente por la falta de apoyo a la iniciativa privada, por mantener una visión centrada únicamente en el crecimiento de un Estado populista, un Estado burocrático y gigantesco, el cual pareciera haber olvidado que un desarrollo real está en manos de los privados. Para este Estado es fácil pedir y exigir que las empresas cumplan mientras muy poco se les dota para desarrollar empleo y por ende lograr estabilidad seria. Y esta visión se la palpa cuando vemos que el Gobernante aplica políticas sin pensar en generar emprendimientos reales de sus ciudadanos. Por lógica, la política del Presidente no enseña a los bolivianos a pescar, sino que usa los recursos estatales para darles pescado, y así el desarrollo real nunca llegará. Otro comentario que recibí apuntaba a Evo Morales como personaje central de un proceso de cambio que no deja de ser caudillista y que pareciera haberse centrado únicamente en el poder, concuerdo con dicha afirmación y creo que diversos elementos reales son parte del anhelo de mando del Presidente, factores que en el "ahora" hacen daño a la democracia y para muestra sólo referiré algunos ejemplos: el mandatario pretende modificar la misma Constitución que él aprobó, en beneficio suyo aún cuando manifieste lo contrario; ha elaborado una agria red de percusión amparada en un sistema judicial viciado y que le sirve como brazo opresor al Ejecutivo; maneja una democracia morbosa (aquella misma que Ortega y Gasset refiere como una degeneración de la gestión de gobierno) y hoy sustentada en bases sociales carentes de sensatez, simplemente movidas por una identidad social que no refleja al país en su conjunto y obligada por una suerte de tiranía sindical que hace que el que no apoye sea sujeto a sanción. Esto es una realidad del hoy, y si tuviese que referirme al pasado habría mucha más tela que cortar: la Constitución aprobada bajo presión y con un cerco de afines al Gobierno amenazando a los Asambleístas, los enfrentamientos del 11 de enero, el discurso político y no técnico y un largo etcétera de nunca acabar. Me hubiese gustado comentar más opiniones que recibí, con muchas de las cuales concuerdo, pero por cuestión de espacio y tiempo he tocado solamente estas dos. Reitero mi agradecimiento a todos mis lectores y sigo pensando que votaré por el no.