lunes, julio 18

Lo que somos

No hace poco, en la vecina Sacaba, se inauguraba un espacio de entretenimiento destinado a la población y enfocado en las bestias monumentales que dominaron éste mundo hace siglos, la nueva obra fue estrenada derrochando la energía y alegría que un lugar así emana con sólo visitarlo, y el pueblo estuvo feliz y contento, pero no falta aquel que hace daño, el insano ciudadano que hizo lo de costumbre: tan pronto se permitió el ingreso a este nuevo espacio empezaron los desmanes criollos que muchos creen nacen de los malos hábitos, la irresponsabilidad y la ignorancia. Aparecieron, como siempre, los que destruyen, los que ensucian y los que maltratan, aquellos que en su visión egoísta son ajenos a cualquier noción básica de cuidado y responsabilidad. Y de estos sujetos existen muchos, desde los padres inconscientes que tiran la basura al piso hasta los jóvenes que se toman fotografías atentando contra el ornato público porque será una buena foto. Y así ha sido siempre en nuestro país de revoluciones de mentira y de desarrollos sin progreso, y sucede lo mismo en los llanos que en los valles o el altiplano, porque al mal ciudadano le gusta despojarse de su porquería para sembrarla en calles y avenidas, y que los otros las vean allí, tiradas al sol o mojadas por la lluvia o trancando desagües, porque la insana costumbre es más fuerte que el más mínimo sentido de civilización. Y así aquellos dañinos ciudadanos se apoderaron del parque de los monstruos de antaño y se tomaron retratos colgados de las patas de las monumentales bestias olvidando acaso que su material no siempre será resistente a la imbecilidad humana, y así hubieron otros que orinaron donde no debieron y hubieron otros que rompieron lo que no les pertenecía. Tristemente, tamaña ignorancia no queda allí, somos aún más imbéciles, o lo que es lo mismo: cada vez menos inteligentes, y ejemplos existen a montones y podríamos escribir listas infinitas de vicios que tenemos y no superamos, pues no existe un día en que esa gente actúe como debe, no pasa una hora sin que alguno de ellos pase un semáforo en rojo, no pasa un minuto sin que alguien exprese una grosería, no pasa un segundo sin que alguien haga algo malo. Porque tristemente, en nuestra sociedad algunos son malos ciudadanos. Pero existe una esperanza, y radica en cada uno de nosotros, en todos aquellos que cumplen las reglas, en los que respetan las filas, los que no ensucian las calles, los que dicen por favor y gracias, los que trabajan en serio, los que evitan los excesos de todo tipo y caminan por el difícil camino del equilibrio, los que, en suma, son un ejemplo para las nuevas generaciones. Los que pueden hacer de Bolivia un país mejor, porque la Patria necesita más ciudadanos comprometidos, más de esos valientes que día a día se ponen al hombro la pesada carga de actuar correctamente y con honradez, porque ser irresponsable es fácil, lo realmente difícil, lo esencialmente necesario, es animarse a ejercer una ciudadanía responsable.