lunes, enero 30

La corrupción, usted y yo

El término corrupción es muy amplio y suele relacionarse al abuso del poder público en busca de un indebido beneficio particular, sin perjuicio de que también se encuentra relacionado con los delitos o faltas que puedan cometerse en el ámbito privado, el vocablo es tan temible que es considerado sinónimo de descomposición, putrefacción, podredumbre, depravación, perversión, vicio, peste y, por supuesto, deshonestidad. Transparencia Internacional es una organización fundada en 1993 con el fin de promover medidas contra crímenes corporativos y corrupción política en el ámbito internacional, su sede principal se asienta en Berlín (Alemania) y tiene representantes en más de 70 países. Esta entidad anuncia desde el año 1995 el Índice de Percepción de Corrupción, trabajo que mide los niveles de percepción de corrupción en el sector público bajo la definición precisa de que la corrupción constituye “el abuso del poder encomendado para beneficio personal”, con este fin emplea una escala que va del cero (considerada una percepción muy corrupta) hasta el cien (que sería la ausencia de corrupción). En su más reciente informe Bolivia cayó estrepitosamente catorce sitios, ubicándonos en el puesto 113 de una lista cuyo total llega a 176 países. De un modo resumido podríamos afirmar que estamos peor que el pasado año (en dicha gestión ocupamos el puesto 99, un sitial que tampoco era digno de orgullo). A nivel de puntuación alcanzamos un 33 sobre 100. En la región ningún país se encuentra en el top ten de los países menos corruptos (listado que encabezan orgullosamente países como Nueva Zelanda y Dinamarca) y recién vemos a Uruguay aparecer en el sitio 21, seguido por Chile en el 24 y Costa Rica en el 41. Los demás van apareciendo más allá del puesto 50, así surgen en orden: Cuba, Brasil, Panamá, Colombia, Argentina y El Salvador; y recién pasando la línea del centenar están Perú, Bolivia, Ecuador, República Dominicana, Honduras, México, Paraguay, Guatemala, Nicaragua, Haití y cierra la tabla Venezuela. Si bien es cierto que el Vicepresidente ha rechazado el informe calificándolo de sesgado y políticamente orientado, no es menos cierto que podemos pararnos en la esquina de cualquier calle de nuestras ciudades y preguntar a la gente su opinión respecto a la corrupción, y tendremos similares resultados en la percepción de la población, porque todos conocemos que la corrupción existe, que está en el policía que vende la roseta de inspección vehicular, en el funcionario que ofrece agilizar el trámite, en el ejecutivo que nombra a dedo en el cargo que debiera ser sujeto a concurso, en el juez que pide coima, en la autoridad que pide el carnet del partido político antes que el currículum, e incluso en usted y yo, que estamos ya acostumbrados a vivir en la corrupción. De poco servirá que se nombren jefes de transparencia en los ministerios, porque el Estado en vez de crecer tanto debería de achicarse y usar la tecnología como reemplazo de un sinfín de trámites burocráticos en los cuales late el germen de la corrupción, y debiera contratar técnicos en vez de políticos en todos los cargos de la administración pública. Pero eso es como pedirle peras al olmo. En fin, el Índice de Percepción de la Corrupción está ahí y, creo yo, que más allá de lo que afirmen nuestras autoridades dicho trabajo refleja una dolorosa realidad.

lunes, enero 16

Pan y circo

Decían en la Roma de la Edad Antigua, «al pueblo pan y circo», haciendo referencia a que un gobierno bien puede desviar la atención de temas centrales con algo de comida y entretenimiento de baja calidad. Esta receta, difundida con diferentes palabras por analistas e ideólogos del pensamiento político, es también de aplicación en nuestro país, y aunque usted no lo crea mi amigo lector, no fue el partido de gobierno el que inventó esta fórmula exitosa de poder, aun cuando debemos aceptar y reconocer que la maneja muy bien. Este plan de control se lo viene aplicando desde muchos siglos atrás, y así resulta el carnaval más importante que el mar como ocurrió en antaño o el Dakar más importante que el agua, como sucede ahora. Es de este modo que Bolivia, un país de tercer mundo, un país con ciudades que se están secando y con un gobierno al que poco o nada le interesa la legalidad, se da el lujo de pagar cuatro millones de dólares para que el Dakar pase por sus pampas, destrozando el delicado equilibrio ambiental y llevándose por delante cuanta precaución pueda pensarse; pero eso no importa, porque lo relevante es el show, es el vendaval de propaganda que significa ver al Gran Hermano en cada llegada de los coches, de los camiones, de los cuadratracs y de las motos, es ver que los competidores le abracen y le besen, y que todos digan una y otra vez que él es el artífice de algo que nos enorgullece como bolivianos. Sin mencionar que para muchos puede ser motivo de orgullo nuestro folklore, nuestra literatura, nuestros paisajes, nuestras tradiciones y nuestras comidas, al menos mucho más que el estruendo de las máquinas del Dakar. Pero volvamos al fondo de este artículo: ese es el circo político, ese es el mini carnaval que en cada paso forma el famoso Rally, aquel que llega hasta el corazón de La Paz para que los votantes se asombren de que Bolivia es tendencia mundial, cuando en los hechos desde afuera sabemos bien que no sonamos ni tronamos. Y para rematar cabe aclarar que esta tramoya la pagó usted querido contribuyente, usted el empresario, usted el que trabaja y le descuentan en impuestos lo que nunca pagan otros sectores de mayor beneficio, como los cocaleros; porque el Dakar de este año costó un millón más que las ediciones 2015 y 2016, y dos millones más que la edición 2014, por lo que pagamos como bolivianos cuatro millones de dólares que, en mi humilde opinión, pudieron tener mejor destino. Pero nada de eso importa, porque es un evento de “orgullo nacional” y es el circo que el público necesita. ¿Pero sabe lo realmente triste? Lo deprimente es que el pueblo se traga la fórmula con todo y botella, porque así somos, porque si somos críticos somos anti patriotas (bien lo dijo una autoridad masista, es anti paceño hablar mal del Dakar; pero claro, no es anti paceño dejar a la sede de gobierno sin agua, y ni qué decir de Cochabamba que ya vive así décadas). Y sí, así vivimos, somos el pueblo, manga de almas en pena que sólo sabemos quejarnos porque no tenemos más opción, porque el poder tiene la espada del dominio y lo está usando, pero olvida el Gran Hermano que esa espada tiene dos filos y no tiene empuñadura, y así como con ella puede decapitar, con cada golpe que da, también recibe leves cortes en su propia piel, y así un día, de tanto golpear y de tanto masacrar, terminará masacrado, porque está dicho que por mucho pan y circo que des al pueblo, un día los tiranos caerán.

martes, enero 3

El orden global

El 2016 fue un año de resultados interesantes, algunas de estos considerados importantes al punto de llegar a preguntarnos sobre su relevancia para el futuro del orden mundial hasta ahora imperante. El Bretix británico (junio) y la elección de Trump en Estados Unidos (noviembre) podrían verse, desde lejos, como las noticias más relevantes y que pareciesen cortar un sistema dominante en gran parte del mundo. Muchos ven estos dos hechos como el fin del establishment político e incluso para algunos el fin de la globalización y del liberalismo. Lo cierto es que existe una reacción de descontento con los resultados obtenidos en términos de la política tradicional, reflejada no sólo en las instituciones públicas, sino también en los medios de comunicación, las empresas y hasta la religión. Sin embargo de ello, existe también una lectura errónea en sentido de que las ideas liberales habrían empezado a cavar su tumba, o que la Globalización dará un giro inesperado en el que las ideas nacionalistas se impondrán por sobre los acuerdos comerciales, este tipo de interpretaciones van ya a un extremo en el cual tratan de identificar el cansancio reflejado en las urnas contra el político corrupto de siempre, con un supuesto agotamiento ideológico que en términos de realidad no es cierto. Lo evidente es que las sociedades, y está sucediendo en el mundo entero, se aburren una y otra vez de los políticos de siempre (sean éstos de izquierda o de derecha, nuevos o reelectos) y exigen una sociedad con mayor participación del empresario, del ciudadano, y quizás menos de un Estado que tiende a ser, o al menos parecer, corrupto aquí, en Estados Unidos o en la China. El orden global no morirá, aunque el difunto Castro así lo hubiese proclamado una y otra vez, y ello porque este ya no es un tiempo de ideologías, porque la ideología no da de comer, porque en términos de libertad el orden mundial, si bien imperfecto en muchas cosas, aún presenta muchas oportunidades. Pero el orden mundial tiene desafíos, y son temas pendientes tan relevantes como: el medio ambiente, la desigualdad económica, el terrorismo, la migración, la igualdad de género y el avance implacable de la tecnología. Sin embargo de lo cual el liberalismo moderno, con sus ideas de respeto al individuo y sus iniciativas, el cuidado del medio ambiente, la libertad de expresión, el respeto a las minorías y la democracia, no está aún en juego.