miércoles, marzo 1

Lo que les da la gana

Vivimos en un país en el que el quebrantamiento de la norma es cosa común, un sitio donde el que más o el que menos hace lo que le da la gana, y bien puede el chofer parar donde mejor le plazca para recoger a quien se le ocurre, así como puede también el Presidente ignorar un referéndum vinculante y apoyarse en lo que sus masas gritan a cambio de una ficha de asistencia o de un beneficio particular. El 21 de febrero de 2016 el pueblo dijo en las urnas que ni el Presidente Morales ni el Vicepresidente García pueden habilitarse a una nueva elección, el acto democrático fue validado por el Tribunal Supremo Electoral y con un 51,3% de votos le negó al actual mandatario tal posibilidad. El referéndum, institución democrática vinculante y parte de la democracia directa, establecida en nuestro ordenamiento jurídico desde el 2004 y consolidada en el 2009, es la manifestación soberana de la voluntad popular y si bien el gobierno saca a la palestra la influencia del caso Zapata, también valdría la pena recordarle las varias denuncias de actas cuyos resultados fueron invertidos a fin de dar una ventaja ilegítima al planteamiento masista, considerando lo cual bien podría afirmarse que la ventaja del rechazo a la pretensión de eternizarse en el poder fue mucho más alta que la obtenida. Estudiando la teoría básica del derecho, ni el Tribunal Constitucional podría ir contra la decisión del pueblo que, en el caso visto, ejerció la soberanía indudable de la que es titular. En resumen, si el Tribunal Constitucional da validez a una nueva elección estaría actuando contra el pueblo y su soberana decisión, y en tal caso la maña y la trampa se impondría por sobre la esencia de la democracia. Similar lógica va con todos los tecnicismos legales que, en sus noches de arrebato, han pretendido descubrir los abogados y líderes masistas, porque el espíritu del referéndum ya ha hablado y es válido, les guste o no. El Presidente ha tenido una gestión de gobierno que será juzgada por la historia, pero más allá de ello debiera el primer servidor del país recordar que triste es el destino de aquellos que se enamoran del poder, porque tarde o temprano terminarán pagando la factura elevada del dominio, y su final será maldecido y lo bueno que hubiesen hecho puede ser eclipsado por la carrera desenfrenada de la angurria. Esa es Bolivia, un hermoso país con gente muy buena pero demasiado inmadura para crecer, un lugar ausente de nuevos líderes en el que los viejos caudillos pareciesen presentarse como la única opción, porque los líderes honestos y que valen la pena prefieren ser emprendedores aún en un país en el que ser empresario es ser quijote, porque los hombres y mujeres honestos y de valores prefieren sus familias en vez de los debates de una política malgastada y pesada que muestra flores pero nunca da frutos, y es así que tristemente nos quedan los políticos eternos que se inflan de ego, cuyas fotografías e imágenes inundan las paredes gastadas de una sociedad que se cree avanzar pero que no se da cuenta que sigue y sigue girando en un círculo eterno de pobreza. Por lo pronto no debiéramos estar saliendo en marchas y concentraciones para poner en duda o ratificar el cumplimiento de la norma, porque la ley debería cumplirse y punto, pero, como dije antes, en nuestro país todos hacen lo que les da la gana, empezando por el mismísimo Presidente.

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