lunes, junio 26

Miénteme y di que no estoy loco

Parece que muchas veces amanece y despertamos mintiéndonos como locos, pues pretendemos, sin éxito, identificar el nivel de progreso en el cual nos encontramos, y nos atacan los datos del oficialismo y de la oposición, cargados cada uno con lo suyo, empapados hasta la médula de política y sin la suficiente fuerza técnica para responder la interrogante eterna que a veces parece dejarnos tan cerca del progreso y a veces tan lejos; por ello es importante fijarnos en lo que puede aportar la mirada de los otros, de aquellos que no coexisten en la melaza de lo cotidiano, de los que pueden imponer una visión profesional por encima de intereses particulares, y que en suma, pueden resultar un aporte interesante a la hora de observarnos descarnadamente en una mirada que excluya intereses particulares. En esa lógica resulta importante considerar el recientemente publicado Índice de Progreso Social, informe que mide la forma en la que los países llegan a cubrir las necesidades sociales y medioambientales de sus poblaciones, para ello emplea 54 indicadores que se reúnen a través de tres dimensiones consideradas importantes: necesidades humanas básicas, bienestar fundamental y oportunidades de progreso. La entidad responsable de estos datos es la organización sin ánimo de lucro Progreso Social Imperativo, con base en los Estados Unidos. En este trabajo se establecen niveles en los cuales se ubican países que nos resultan familiares, así, para referir algunos, tenemos: Países de Progreso Social Muy Alto (Dinamarca, Suiza, Canadá), Países de Progreso Social Alto (España, Estados Unidos, Chile —el mejor posicionado de nuestra región—), Países de Progreso Social Medio Alto (Brasil, Perú, México, y aquí ingresamos nosotros, pues Bolivia cierra precisamente este rango), Países de Progreso Social Medio Bajo (El Salvador, Nicaragua, China) y finalmente están los Países de Progreso Social Muy Bajo (Guinea, Angola, Afganistán). Estos datos nos permiten identificar los países con los que nos “codeamos” en cuestión de progreso social. Este informe resulta interesante ya que deja de lado la idea de que únicamente el desarrollo económico es la escalera para la satisfacción social, y nos habla de que existen aspectos, más allá de los indicadores financieros, para ver la satisfacción de las necesidades básicas de alimento, agua potable, vivienda y seguridad de las personas. De este modo se trata de ver que la gente pueda vivir vidas largas y saludables, de proteger el medio ambiente y de fomentar la educación, la libertad y las oportunidades. Bolivia está en el lugar número 69 de esta lista, siendo nuestros puntajes más altos el acceso a conocimientos básicos, la nutrición y cuidados médicos básicos, vivienda, salud y bienestar y el acceso a la información y comunicaciones; así también constituyen nuestros componentes más bajos el acceso a la educación superior, los derechos personales, la tolerancia y la inclusión, la calidad medioambiental y la libertad personal y de elección. Por supuesto que el reporte puede tener sus falencias, pero no deja de ser importante que podamos considerar la forma en la que nos ven los otros; así quizá, podríamos mentirnos, sí, pero al menos ya no estaríamos locos, y podríamos entonces ver el ocaso coincidiendo con la letra de una conocida canción de Miguel Bosé: “Miénteme y di que no estoy loco, miénteme y di que sólo un poco”.

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