lunes, julio 10

Bolivia necesita salir del clóset.

Quizás porque vivimos anclados a las ideas de siglos pasados, en los que la intolerancia era la regla y las mentes vivían cómodas en las sombras de los pasillos de su insatisfacción, es que hoy en día resulta muy difícil, para ciertos sectores de la población, aceptar que la moral evoluciona, que aquello que una vez consideramos malo hoy puede ser bueno, y viceversa. Así resulta claro afirmar que Bolivia aún vive encerrada en su propio clóset de miedo, sentada en posición fetal y negándose a aceptar que fuera de sus tabúes y preconceptos, el mundo cambia; y para peor de males prefiere vivir enceguecida por las sombras de sus propias prisiones religiosas y morales, provenientes únicamente del miedo a aceptar lo distinto, del temor a que su sociedad de siempre se transforme y llegue a ser más incluyente para los que han vivido siglos de ausencias. En la otra vereda, y precisamente por estos días, Madrid vivió el World Pride 2017 y nos dio a todos un nueva lección de comprensión, se convirtió en la capital de la tolerancia, en una ciudad que aceptó, con los brazos abiertos, a las comunidades de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales, porque es una ciudad que hace mucho salió del closet. Yo le pregunto, querido lector: ¿nosotros estaremos en la condición de ser así de abiertos con aquellos a quienes aún vemos con los ojos del prejuicio y la discriminación? Es así que hoy bien puede tratarse de la tolerancia hacia los que tienen tendencias sexuales distintas, pero en el fondo, la discusión, se extiende a diferentes ámbitos en los cuales mostramos nuestra propia incapacidad de soportar las opiniones diferentes, ya sea darle a la mujer el rol que realmente merece o de cuestionarnos ciertas cosas que desde niños nos afirman y cuyas reglas aceptamos seguir como mansos borregos; la conclusión sigue siendo la misma: en esencia, seguimos reproduciendo los estereotipos que nos limitan y se ocupan más de lo que nos separa que de aquello que nos une. Este nivel de pobreza mental no nos deja avanzar en temáticas tan importantes como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo o el derecho de la mujer a elegir si desea o no ser madre, y ni qué decir de discusiones más actuales como el vientre subrogado o el derecho a morir, temas que ni pasan por nuestra mente pues nos hemos estancado en discusiones de sótano y preferimos enredarnos en hojarascas de negación antes que abrir los ojos a un mundo distinto. Pero a pesar de ello, hoy en día las nuevas generaciones desean salir de un closet de exclusión y cargado de muros, anhelando en silencio cambiar las cosas, y si bien no encuentran en las viejas generaciones un eco que responda a sus anhelos, saben que ese crecimiento es un paso siguiente e inevitable, y ello permitirá tender puentes hacia todos los integrantes de la sociedad. Es así que nuestro bello país avanza lento y con tropiezos, buscando tímidamente salir del clóset para sacudirse y desempolvar de su lomo de elefante viejo los rancios valores morales que la atan al pasado. Como bien decía la famosa Isabel Vargas Lizano, más conocida en el mundo artístico como Chavela Vargas: “No se trata de que soy homosexual. Dejemos aparte eso. Piensa que el ser humano ama y nada más. No le preguntes a quién y por qué. Déjalo, esa es la belleza de las cosas”.

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