jueves, febrero 19

¡Aclare Sr. Presidente!


Señor Presidente tiene una misión muy importante ante toda la población, si bien recibió apoyo de más de la mitad de las y los bolivianos inscritos en el padrón electoral, no es menos cierto que existe un gran porcentaje de ciudadanos y ciudadanas que se sienten excluidos de la nueva Constitución Política del Estado.
Es responsabilidad suya Sr. Presidente insistir con el diálogo y garantizar ante todos sus votantes y detractores que las bases fundamentales de toda civilización serán respetados, llámese el derecho a elegir el tipo de educación de las y los hijos, el respeto a la propiedad privada, la garantía de suceder, el respeto a las creencias y un sin fin de interrogantes que quedan aún en el tintero y que Usted debe de aclarar con sendos mensajes de seguridad, estabilidad y unidad.
Es necesario que afirme - con la misma seguridad que declara que en un futuro Bolivia será la principal productora de vehículos eléctricos - que la estabilidad en el país es ahora una regla y no la excepción.
Es preciso Sr. Presidente que su Gobierno apague incendios en lugar de iniciarlos, claro ejemplo es el tema de la Wiphala, que si bien es – ahora – reconocida como un símbolo del Estado, al igual que el himno boliviano, el escudo de armas, la escarapela, la flor de la kantuta y la flor del patujú, no puede negarse que su representatividad no llega a la generalidad del territorio nacional, siendo propia (en todo caso) de las regiones andinas del país. No pretendo discutir sobre su origen ni ver si proviene o no de la cultura andina, lo que sé es que se la reconoce como símbolo por etnias y movimientos pro indígenas en Ecuador, Perú, Argentina, Chile y Bolivia. Bajo esta lógica al tener nuestro país un importante grupo humano indígena que la reconoce como tal, respeto que – bajo el criterio de la inclusión – se la considere un símbolo patrio más y me culpo incluso porque seguramente deberíamos haber reclamado en su momento para que se incluya también como símbolo la bandera verde y blanco característica del Oriente boliviano.
Pero cosa muy distinta es que a raíz de su inserción debemos de izarla junto a la tricolor nacional o que se amenace con cárcel a las autoridades que no lo hagan, no podemos esperar que la imagen andina del país sea ahora hegemónica, que lo andino sea el común general en tanto que todo lo distinto sea relegado a un segundo plano.
Más aún se complica la figura ahora que la Wiphala es vista como una bandera perteneciente a un partido político, que va perdiendo de a poco su identificación con lo andino para estancarse como un símbolo de imposición.
Las Fuerzas Armadas de la Nación, la Policía Nacional y todos los ciudadanos mayores de 18 años de este país hemos jurado fidelidad a la bandera tricolor nacional, aquella que flamea en todos los escenarios del mundo y que es vista como sinónimo de Bolivia, aquella que nuestros hijos e hijas ven todos los lunes en la mañana cantando el himno nacional con fuerza y vigor, esa que ondea con emoción cuando la selección nacional mete un gol y en la que lloramos cuando vemos nuestros sueños perdidos o peor aún cuando es colocada sobre un féretro como símbolo de reconocimiento de la Patria hacia sus hijos e hijas.
Esa es la bandera bajo la cual Usted mismo prestó su servicio militar, la que flameó y juró defender en el momento de su juramento como Presidente del país, es ahora el momento de dejar claro que la Wiphala es un símbolo del Estado, que es válida como justo reconocimiento a la población indígena de la región andina del país y que seguro en zonas andinas flameará orgullosa, pero lejos de esto estará que se espere que en las zonas de los valles o los llanos sea un símbolo equiparable a la tricolor nacional.
Aclare Sr. Presidente que su mensaje de unidad va más allá de la bandera y que independientemente de todo su Gobierno en pleno reconoce que la única bandera nacional está conformada por tres franjas, una roja, otra amarilla y finalmente una verde.
¡Aclare Sr. Presidente!

viernes, febrero 13

Chávez, el Neopopulismo, y el poder


A un año y medio de haber realizado su primer intento totalitario, este fin de semana el Presidente venezolano Hugo Chávez someterá a referéndum una enmienda constitucional que le permita estar en el poder por diez años más.
“Yo estoy listo, si ustedes así lo mandan, para comandar el tercer periodo de la revolución bolivariana desde el 2009 hasta el 2019” afirmaba triunfante Hugo Chávez ante una multitud que soportando una lluvia constante lo escuchó.
La idea de la perpetuidad en el poder siempre ha dado vueltas en las cabezas de diversos líderes del mundo, desde Hitler hasta los recientes gobiernos democráticos tal el caso de los Bush o los Clinton se han dejado tentar por esta perpetuidad.
Para muchos entendidos en Ciencias Políticas la idea medieval de un gobernante permanente en el poder no debería ser parte del sentido democrático de los pueblos, sin embargo de esto al parecer las políticas de Chávez en su país le han dado adeptos fieles que le son harto útiles para seguir encaramado en las riendas del país petrolero. La derecha no deja de criticar estas políticas, sin embargo quizás sería útil considerarlas desde una óptica diferente y estudiar el porqué da resultados para unos en tanto que para los otros la vieja política les sigue redituando magros resultados. Piense mi estimado lector que en diez años de Chavismo Venezuela ha cambiado su tradicional sistema bipartidista, su Constitución, su nombre y hasta su bandera.
Chávez ciertamente tiene aciertos y desaciertos y sus políticas han sido muy resistidas, sobre todo en sus ataques a los medios de comunicación y la inseguridad que refleja para con la iniciativa privada, pero aún así ya ha cumplido diez años en el poder y parece enfilarse a otros diez más.
Dentro todo esto llama la atención la imperante tendencia de instaurar al liderazgo bajo un reflejo de los partidos tradicionales fundado en el caudillismo. Esta forma de liderazgo que bien la pudimos ver en ADN con Hugo Banzer, en el MNR con Victor Paz, en el MIR con Jaime Paz (por mencionar a los principales de los últimos años) y que ahora se erige nuevamente en el Neopopulismo con Evo Morales en el MAS o Hugo Chávez en su frente socialista, muestra que la cantera de líderes de América Latina es escasa.
A pocas horas del referéndum venezolano los analistas hablan de un “empate técnico” entre la gente que dice que se debería permitir a Hugo Chávez perpetuarse en el poder y aquellos que dicen que no, estamos enfrentamos a lo que bien puede denominarse el éxito del neopopulismo, ya que casi la mitad de los venezolanos se sienten tentados a permitirle al Presidente Chávez su continuidad en el gobierno.
El ser un Presidente popular es muy efectivo en estos tiempos, lejanas quedaron aquellas épocas en las que los mandatarios criticaban el populismo de líderes no formados en las ideas liberales imperantes, en nuestro país bien pudimos ver casos concretos como el “Compadre” (Carlos ) Palenque o el empresario cervecero Máx Fernández Rojas, que con sus lentes de óptica Optalvis o sus frazadas llegaban de una manera real al electorado que veía en los otros candidatos solamente a unos buenos oradores carentes de poder darles un beneficio real. En suma ser popular parece ser fundamental para estar en el poder.
Finalmente, sobre el poder, para tener poder se necesita plata y para ejercerlo se requiere fuerza, en esto Hugo Chávez tiene petróleo que (a pesar de la crisis) le sigue proveyendo de ingentes cantidades de billetes y con esto puede mover a miles que – bien pagados – pueden tranquilamente hacer de todo apoyándolo. Por esto tener el poder es altamente motivante, y Chávez bien lo sabe.
Venezuela se debatirá mañana entre el viejo caudillismo y la alternabilidad democrática, pero más lejos de todo esto aún falta en este país la alternativa necesaria para encontrar finalmente un solo horizonte y la paz que toda nación necesita.

viernes, febrero 6

Debemos dejar de odiar


Quizás el lado más negativo del actual Gobierno es la barrera de odio que se ha impulsado entre las y los bolivianos, a buen tiempo de gestión masista en Bolivia ya no somos bolivianos, somos cambas, collas, chapacos, oligarcas, ponchos rojos, indios, k’aras, oficialitas u opositores.
Esta muralla de odio ha divido al país y ha sido más que ratificada con los resultados del referéndum constitucional, por un lado la Media Luna y por otro el occidente del país (con las salvedades de las votaciones entre ciudades capitales y campo), unos por el No y otros por el Sí.
El recelo, la inseguridad y la bronca hacen mella cada vez más en cada uno de los bandos que se han formado en el país, incluso se habla de una “generación de odio” entre niños y niñas (del campo y la ciudad) que ven en sus padres la rabia y manifestaciones de discriminación con la que ahora vive la sociedad boliviana.
Hemos olvidado que más lejos de las diferencias que tenemos entre unos y otros se encuentra la unidad de las y los bolivianos que deseamos un país próspero y estable, un buen lugar donde vivir y poder garantizar un futuro a nuestros hijos.
Debemos dejar de odiar como primer paso a la estabilidad, es preciso que podamos reflejar un mensaje de paz y unidad en torno a ideales supremos como los Derechos Humanos, la igualdad, la inclusión, el derecho al trabajo y la remuneración justa, derecho a la salud y la seguridad social, a la educación de calidad, a la libertad de prensa y por supuesto a la independencia de pensamiento.
El primer responsable de iniciar este mensaje de unidad y de dejar de lado el odio debe ser el Presidente de la República, Evo Morales, quien hasta ahora en muy pocas ocasiones (podríamos contarlas con los dedos de una mano)ha manifestado mensajes de unidad exentos de odio. Es responsabilidad del Presidente enviar hoy más que nunca un mensaje de tranquilidad a la población, un mensaje que ratifique lo que la Nueva Constitución sostiene en papel, el respeto pleno a la propiedad privada, a la educación según determinen los padres, el ejercicio pleno de la autonomía por parte de las regiones, el buen aprovechamiento de los recursos naturales, el respeto a las creencias religiosas y la igualdad de todos los habitantes de Bolivia, en todos estos casos el mensaje debe ser claro, de modo tal que su existencia no se quede únicamente en el papel, sino que vaya al pragmatismo de la vida diaria de todos los ciudadanos y ciudadanas del país, sean estos blancos, mestizos, negros, masistas, podemistas, cívicos, etc.
Esperemos que el Presidente envíe de forma urgente este mensaje y que en los hechos su Gobierno refleje tal accionar, sin avasallamientos y con diálogo, con pactos profundos, con respecto al ser humano y cuidando la estabilidad del país.
El año 2004 ya el Cardenal Julio Terrazas mencionaba en un mensaje ante 40.000 personas en el Tahuichi Aguilera de Santa Cruz: "Todos debemos pedir amistad más que un pacto coyuntural que resuelve unos problemas y provoca otros. Queremos auténtica amistad con el respeto a la dignidad de cada una de las personas y de cada grupo. El respeto y el diálogo entre nuestras culturas no dejará que Bolivia sea manejada por unos cuantos".