lunes, febrero 19

¿Cuándo nos volvimos tan indiferentes?

Durante muchos años he disfrutado el carnaval de Oruro. Siendo niño, resultaba increíble ver cómo los diablos y personajes de las leyendas se hacían realidad en el antruejo de Los Andes y, ya mayor, me encantaba compartir con los amigos y bailarines. Desde siempre la festividad ha adolecido de problemas de organización que eternamente surgían como hongos: mal manejo económico, limitantes en la hotelería de la ciudad, escasa capacidad urbana ante una festividad de tamañas proporciones, falta de apoyo gubernamental, la ruta, las vivanderas, las graderías, etc. Todo ello va dentro la falta de previsión que muchas veces debemos afrontar en el país por la falta de gestión técnica y la mala voluntad política. Pero ahora se cierne sobre nosotros la sombra de un mal mayor que cada vez se incrusta más en nuestra forma de ser: la indiferencia. Ya hace unos años la caída de una pasarela dejó luto y dolor sobre la misma ruta del carnaval, pero aun así, tras limpiar el lugar, el baile siguió. Este año, a poca distancia de la festividad, la muerte se pronunciaba nuevamente y la fiesta parecía no inmutarse. Es evidente que suspender el carnaval no enmendará en manera alguna la desgracia acaecida, pero es innegable también que es una contradicción moral el que unos estén bailando mientras los otros están embadurnados de dolor. Comprendo que se deba considerar la inversión en los trajes, las infinitas horas de ensayo, la gente que viajó solo para esta ocasión, la base económica que representa esta fecha para el pueblo orureño, la riqueza folclórica y cultural de una festividad única en su género, y, por supuesto, la fe y la devoción que en muchos inspira la Virgen del Socavón. Sin embargo, en estricta justicia, se debe admitir también que la festividad del carnaval se ha transformado en una celebración de excesos, que muchos de los bailarines danzan embriagados para continuar borrachos en las fiestas de las fraternidad y que continúan entonados cuando se visten los vistosos trajes, y que para gran parte de los espectadores lo importante no es lo cultural sino el desborde de libertades que terminan en muchas otras desgracias a las que tristemente ya estamos acostumbrados. Me duele, como orureño, ver este nivel de insensibilidad, y me aterra, como padre, pensar que nuestra sociedad va camino a la indiferencia absoluta. ///////////(Imagen tomada de: https://directivosygerentes.es)

lunes, febrero 5

¿Son realmente necesarios los políticos?

Si en algo coincidimos los habitantes del mundo entero, es en afirmar que los “políticos” son un tipo de persona indeseable, un sujeto marcado normalmente por sus propias ambiciones, las que, a su vez, deberán ser satisfechas con el dinero de todos, fondos reciclados del bolsillo ciudadano a través de un Estado que en su necesidad histórica de un administrador, acude a este tipo de personajes para organizarse. Pero, ¿son realmente necesarios los políticos? Esta misma pregunta fue analizada por Ed Turner (jefe de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Aston, a petición de la BBC), quien en un análisis minucioso nos muestra que los políticos quizás sí son algo de lo cual prescindir, y en dicha lógica refiere algunas muestras: Irlanda del Norte, por ejemplo, inicia el año sin Gobierno, ya que hace más de 12 meses su viceministro principal dimitió tras una polémica desatada por un programa energético, a raíz de ello sus fuerzas políticas han chocado con la falta de acuerdos, derivando en una conducción presupuestaria realizada desde Londres y manejada por funcionarios estatales en vez de dirigentes políticos. Alemania ha sido otro caso hasta no hace poco (por no decir que este fin de semana precisamente se cierran acuerdos importantes en materia política de esta nación), el problema nació en las elecciones federales de septiembre pasado, cuando la candidatura de Angela Merkel no obtuvo lo que quería y ello derivó en varios meses en los que aún no se pudo formar gobierno. Entre los años 2010 y 2011, Bélgica estuvo sin un Gobierno cierto, con bloqueos políticos de hasta 589 días. El 2016, España, pasó diez meses en similar situación. El mismo año, nuestros vecinos, Brasil y Perú tropezaron por distintos motivos en casos afines. Somalia, entre las décadas de 1990 y 2000, estuvo sin Gobierno oficial por 15 años. Irak pasó lo mismo muchos meses del 2010. El sano criterio dice que la buena gestión pública puede bien ser realizada por técnicos, más que políticos, cosa que sucedió en la Italia de Mario Monti (2011 al 2013), cuando tuvo que asumir esta responsabilidad tras el colapso del Gobierno de Silvio Berlusconi. Quién sabe si es que alguna vez podremos librarnos de los políticos, sean estos de izquierda o derecha, y quizá enfoquemos nuestra atención y recursos en temas realmente importantes. (La imagen fue tomada de archivos públicos de Internet)

jueves, enero 25

No hay peor ciego que el que no quiere ver

El Código del Sistema Penal es, indudablemente, el argumento inicial de un reclamo mayor, de un pronunciamiento radical que envuelve, bajo la más pura exigencia de justicia, a miles de ciudadanos que expresan hoy su rechazo al lado negativo del Proceso de Cambio, a la cara oscura de un proceso que hace mucho ha empezado a romper la ley, y que en los tiempos recientes ha mostrado, nuevamente, ese deseo insaciable por quedarse en el poder. Se alimentan estos grupos humanos con todos los que están cansados del discurso cargado de odio, del afán prorroguista, de la manipulación legal, de la intromisión en el poder judicial, de la carencia técnica en las instituciones públicas y del poco soporte a la iniciativa particular. Curiosamente, quienes más avivan la hoguera son las principales autoridades del Proceso de Cambio, porque lejos de dar un discurso conciliador, prefieren sembrar tempestades y acrecentar el odio que ellos mismos han generado entre los hermanos de un mismo pueblo. Cuando el Presidente afirma el origen político de estos movimientos, acierta, ya que tras estos afanes de huelgas y bloqueos y marchas infinitas, está el legítimo derecho de opinar, el correcto afán de criticar lo que nos parece indebido, en resumen: el derecho de cada ciudadano a hacer política. Porque en los reclamos y pancartas de los miles de ciudadanos que cotidianamente se movilizan contra lo que consideran un abuso, van muchos que reclaman directamente contra la infamia del tribunal constitucional masista, o contra la angurria incesante y enfermiza por el poder, o contra las decenas de canchitas que pretenden reemplazar los hospitales hoy ausentes, y, claro, contra el egocentrismo desmedido del primer mandatario. Pero no hay más ciego que el que no quiere ver, y en esa lógica se equivocan los dirigentes masistas cuando pretenden descalificar auténticas acciones ciudadanas, tal el paro ciudadano del martes 16 de enero en Cochabamba, o, los otros reclamos que, en otras regiones, también se han realizado. Porque habría que ser ciego para no percibir, con claridad y precisión, que el paro ciudadano del pasado martes, fue una acción histórica de un pueblo que dijo ¡basta!, porque es fácil identificar en las calles cerradas por vecinos de a pie, el fastidio que se siente con la situación actual, porque la gente no quiere sentirse cerca de Venezuela ni de Cuba, y prefiere un desarrollo propio, marcado por la tolerancia y la comprensión entre todos los bolivianos, cosa, que, el Gobierno actual parece incapaz de hacer. (Imagen tomada de: http://gantillano.blogspot.com/2013/01/no-hay-peor-ciego.html)

lunes, enero 8

El auténtico depredador

El Ministro de Gobierno manifestó sentirse profundamente dolido y traicionado por la actitud de los médicos cuando las bases rechazaron el pre acuerdo que se había trabajado en mesa de negociación, obviamente porque él entendía que en dicho pacto ya radicaba la solución exquisita a su necesidad apremiante, pero ello no se dio, quizás por la carencia de argumentos técnicos, quizás porque es otra cosa negociar con profesionales, quizás porque hoy en día nadie confía en el Gobierno. Sin embargo, este amargo sentimiento trae a mente una figura inversa, un cuadro apocalíptico en el que aquel diálogo limpio y de buena fe que hoy reclama el Gobierno, fue lesionado una y mil veces, no por un sector social, sino por el mismo régimen de turno, tal el caso del Tipnis y su maltrecha Ley de Intangibilidad, donde la población en su conjunto vio que de nada sirven las masas marchando por los maltrechos caminos del sacrificio, porque luego de asumir compromisos y adoptar la hipócrita cara de medioambientalista, el poder decidió cambiar de estrategia y, como suele hacer, le metió no más, y habrá seguramente la carretera que destruirá bosque y monte y habrá el progreso destructor al que estamos acostumbrados los humanos. Pero este tipo de dolor y traición se ha dado en muchas ocasiones más, incluso a momento de dar promesas, cuando el Presidente renunció a su reelección y pareció abrazar la institucionalidad y el respeto a la norma, pero luego cambió de parecer y, tras entuertos de interpretación legal y fórmulas mágicas de artificio, apareció con que aún podía repostularse porque se le ocurrió que la historia del país se escribía recién desde el nacimiento de su nueva Constitución; misma carta magna que hoy pisotea al pretender una nueva elección, y que, incluso tras perder un referéndum en el que se supone se expresa la voluntad soberana del pueblo, ha logrado, a través de una instancia legal que mostró a propios y extraños que en Bolivia la independencia de poderes es un cuento chino, lo que le es más conveniente. Entonces, difícil es que el Gobierno pretenda ahora ser la víctima, cuando en realidad ha sido siempre el depredador, lo cierto es que más allá del Código del Sistema Penal esta lucha ha mostrado que el poder hoy en día está muy desgastado, que pocos confían aún en lo que pueda manifestar y que de credibilidad tiene poco, muy poco. (Imagen tomada de: http://www.tiendadeultramarinos.es/?p=2640)

martes, diciembre 26

Ni izquierda ni derecha

El año 1792, en Francia, el poder se desgarraba entre los Girondinos y los Jacobinos. Los primeros propugnaban la preservación de la monarquía y los valores de antaño, en tanto que los segundos eran representantes de una visión revolucionaria que inicialmente llevaba en alto los principios de libertad, igualdad y fraternidad, y que, a la postre, terminó en el abuso de un periodo histórico conocido como El Terror. En aquel entonces, los Girondinos se sentaron a la derecha del rey, quedando a la izquierda los Jacobinos, y desde ese lejano tiempo aquellas ubicaciones físicas reflejaron las actitudes contrarias, las posturas ideológicas enfrentadas, expresando a la derecha como el pensamiento que se opone a los cambios y que se apoya en la estabilidad de lo existente, y dejando para la izquierda el cambio político y social. Muchos años pasaron ya desde aquel lejano siglo XVIII, y los conceptos de izquierda y derecha han evolucionado hasta la visión actual de relacionar a la una con el socialismo y al otro con el capitalismo. Sin embargo, el mundo actual es un tiempo en el que las ideologías poco interesan, porque se impone lo práctico, lo esencial y lo necesario. Hace aproximadamente 10 años, América Latina vivía un giro a la izquierda que se reflejaba en la presencia sólida de gobiernos de tendencia socialista. Hoy, con la elección de Sebastián Piñera en Chile, América Latina da un giro que la pone mirando a la derecha, dejando como únicos países con un gobierno de corte izquierdista a la maltrecha Venezuela (aplastada por el régimen dictatorial de Nicolás Maduro) y a Bolivia (maltratada por los afanes de poder ilimitado del presidente Morales). Como un segmento de centro izquierda, quedan los gobiernos de Ecuador y Uruguay; asumiendo la tendencia liberal Brasil, Colombia, Perú, Paraguay, Argentina y, por supuesto, Chile. Este salto de vereda se da porque las sociedades no terminan de entender que ninguno de los extremos es bueno, ni el socialismo utópico que no sabe manejar la economía, ni el capitalismo salvaje que no respeta a la persona, porque la senda real del desarrollo se encuentra al medio, en un equilibrio constante en el cual se confíe en la institucionalidad y se respete la ley, que excluya el caudillismo de aquellos que se consideran los elegidos para mandar, y que piense únicamente en las necesidades objetivas del pueblo, demandas que deberá satisfacer con un manejo económico prudente.

lunes, diciembre 11

Diatriba al poder

El poder, esa melaza arrogante y sofocante, portadora de adicciones insanas, es devorada ansiosamente por aquellos que ejercen el dominio público, de esos que deciden los cargos y ejecutan los presupuestos, de aquellos que llamamos políticos, de esa especie tanto odiada como anhelada, a la que Mario Vargas Llosa hacía referencia del modo siguiente: “Al político profesional, sea de centro, de izquierda o derecha, lo que en verdad lo moviliza, excita y mantiene en actividad es el poder: llegar a él, quedarse en él o volver a ocuparlo cuanto antes”, y cuánta razón tiene, y como muestras tenemos varias, y fue así con el régimen de Fidel Castro (Cuba, 52 años), o la orgía de poder de Muamar el Gadafi (Libia, 42 años), el implacable dominio de Francisco Franco (España, 39 años), la tiranía de Iósef Stalin (Unión Sovietica, 30 años) o la arrogante dictadura de Rafaél Leónidas Trujillo (República Dominicana, 30 años); sólo por mencionar algunos nombres conocidos. Más cerca, en nuestro propio país sucede similar situación, el Tribunal Constitucional ha tirado por la borda toda la lógica jurídica, para quienes enseñamos en el ámbito universitario sólo nos resta cuestionar al estudiantado: “¿se acuerdan lo que hemos aprendido en las aulas? Pues olvídenlo, el Tribunal Constitucional ha destruido todo”. Porque tristemente hemos caído en lo profundo del dominio de la política, de la sumisión del órgano judicial al poder, del dominio del más fuerte por sobre el más débil. Podría, el Presidente, concluir su gestión por la puerta grande, pero ello no sucederá, porque más allá de que se juzgue como buena o mala a su gestión gubernamental, se impondrá la visión del poder, de dominio, de la ambición. Porque “el poder cree que puede ordenar que quiten la lluvia de donde estorba y la pongan en tierra de sequía” (Gabriel García Márquez en el Otoño del Patriarca), pero todo poder tendrá su otoño, todo dominio indebido concluirá mal, porque todo patriarca del poder terminará algún día. (Imagen tomada de: https://revistaliterar1.wordpress.com/2013/08/08/el-poder-es-una-enfermedad-mental-de-mauricio-feller/)

lunes, noviembre 27

El voto nulo como alternativa democrática

En pocos días más nuevamente la población boliviana participará de un acto electivo en el cual debe expresarse la voluntad popular. Esta idea, invento de los atenienses, cuando decidieron votar a través de piedras negras para el “no” y piedras blancas para el “sí”, nos hereda hoy un sistema no perfecto, pero al menos representativo, que será nuevamente ejecutado en diciembre de este año para las siempre originales elecciones de autoridades judiciales. El sistema de elegir autoridades judiciales nunca ha sido fácil y durante años ha cargado problemas y limitaciones, debido principalmente al abuso de poder y falta de transparencia de los políticos de turno, lo que trae consigo una serie de complejidades que incluso hoy persisten. No vamos a negar que este tipo de procesos siempre ha sido tema complejo, que en su momento, y de la mano de los políticos del siglo pasado, ha significado incluso injerencia política, pero tampoco podemos eludir enfrentarnos con la triste realidad de que el pueblo tampoco parece ser la instancia idónea para la elección de cargos que deben revestir una formación técnica muy competente y que serán, en suma, las autoridades que dirimirán los conflictos del país. Otro escenario a discutir es el de la preselección de candidatos, espacio que también tuvo observaciones que no fueron aclaradas, y que siendo manejada por elementos políticos, deja siempre ese sabor a que “algo no anda bien”. Me equivocaría si pretendiese quitar méritos a los postulantes, ese es un tema aparte y tengo plena seguridad de que entre los candidatos existen profesionales de mucha idoneidad, pero las observaciones de fondo planteadas en sentido de que es necesario repensar este sistema son totalmente válidas, el sistema judicial boliviano atraviesa una crisis compleja que no sólo se discute en los pasillos de los juzgados, sino que se respira en las calles ante el comentario de los abogados y de la gente común que en calidad de litigantes ven que una de las peores cosas que le puede pasar a alguien es caer en manos de la justicia nacional. En este escenario la opción del voto nulo es una alternativa válida y democrática, que no solamente expresa el rechazo al sistema de elección particular que se votará este diciembre, sino también contiene un rechazo a una realidad judicial que cada día se hace más y más triste. (Créditos fotografía: Imagen tomada por Daniel James del periódico Los Tiempos de Cochabamba)