lunes, noviembre 21

Evo y el poder

Los pasillos del poder son los mismos pasajes de la perdición en los que cientos de líderes han enfangado su honor y han dejado su decencia a costa de las facultades que otorga el dominio de poderlo todo, de saberlo todo y de creer que la población los ama. A éstos líderes de lo imposible, a éstos dueños de la verdad, siempre les ha invadido ese anhelo insaciable de retener el poder, porque con él despiertan y mandan y con él pasan su día y son adorados, y con él se van a sus aposentos de gloria eterna en los que se arropan en sus sábanas cargadas de adulaciones, y duermen flotando sobre sus sueños de liderazgo infinito y de reelecciones permanentes, en las que el pueblo que grita su nombre es el único pueblo que vale. Tristemente ésta ambición de poder es contagiosa y se vive en todos los rincones donde se ejercita la política caudillista del Gran Hermano, y Bolivia no es la excepción, y aquí también rige la regla del mando por sobre todas las cosas, y el Presidente lo sabe y ha caído en esa red irrompible que le hace, hoy por hoy, anhelar un nuevo referéndum en el cual le otorguemos nuevamente la opción del poder eterno; y parece que de poco sirvió que el pasado 21 de febrero el pueblo hubiese manifestado el rechazo a la fórmula del totalitarismo perpetuo, en un acto democrático que cerró con la sombra gigante de la duda, no por el caso Zapata como afirma el Oficialismo, sino por las cientos de denuncias que esa misma noche plagaban las redes sociales con fotografías de papeletas en las que los resultados obtenidos se volteaban para favorecer al planteamiento pro eternidad, pero como suele suceder, cada cual mira con el lente que le conviene y fruto de los resultados aquello es hoy un simple recuerdo. Lo cierto es que para el poderoso ni la ley es un óbice para el desmedido deseo de dominio, y no interesa que la Constitución y su artículo 168 dicten un mandato supuestamente supremo e inviolable, porque hecha la ley hecha la trampa, y ya los movimientos sociales afines al Gobierno alistan los mitines propios de la Democracia Morbosa de Ortega y Gasset , ya las autoridades de alto rango ejecutivo allanan el sendero de la nueva consulta que a ellos no les costará nada pues lo pagaremos los de siempre, e incluso el propio mandatario lanza sus indirectas afirmando que no está listo para irse a su casa, claro, obvio, lógico, raro sería el que deseara de propia voluntad dejar los cómodos y amplios ambientes del ejercicio del poder. Más aún si en ese mando ejercita presión y orden sobre los poderes del estado y considera que la independencia de poderes es más un perjuicio que un aporte, y seguro que Montesquieu no imaginó los pasajes por los que su teoría política pasaría, ni los recovecos en los que se estancaría su intención de evitar que el poder de los reyes se concentre en una sola persona, porque al que manda sólo le interesa cumplir su voluntad. Sin embargo la ambición tiene su precio, y si las bases populistas afines al gobierno de turno rompen la lógica democrática con un nuevo referéndum, y si éste se maneja de un modo transparente, seguro se ratificará el rechazo al poder total, porque nada es eterno, y tampoco lo debe ser la autoridad.

lunes, noviembre 7

La triste historia del doble aguinaldo

Cuando nació, fue una sorpresa para propios y extraños, una medida que sonaba a oro y que era alabada por la clase asalariada del país, una disposición única cuyo eco resonaba como progreso y pujanza en un país acostumbrado a la necesidad y al sacrificio. Pero su brillo, desde ese inicio detonante, fue perdiéndose en la misma medida en que los expertos del área empezaban a sacar a la luz los posibles riesgos de tal iniciativa; pero Bolivia es un contradictorio país, en el cual sobreviven , en una suerte de dicotomía bañada de sufrimiento y negación, las políticas públicas y los emprendimientos privados, y así fue que a la apasionante política no le importó la fría voz de la economía y prefirió apoyarse en la efímera popularidad del populismo y eligió no escuchar la voz técnica de la razón, y el doble aguinaldo se impuso, y las empresas, a pesar de que se quejaron, tuvieron que cumplirlo. El doble aguinaldo fue, desde el principio, una medida a todas luces política, enfocada en promover una imagen que refleje éxito financiero y encumbrando un crecimiento mentiroso de la economía nacional. El argumento que sustentaba ésta medida, pasaba por el crecimiento financiero que se sostenía en los logros obtenidos en la economía nacional, entre ellos ciertas áreas estratégicas, cuyo desarrollo era distinto al de la gran mayoría del empresariado local; por ende resultaba mentiroso afirmar que este crecimiento era real y común a los emprendimientos privados bolivianos. Fruto de ésta medida política varias empresas se ven asfixiadas económicamente, muchas otras empiezan a reducir su personal y a limitar sus actividades, y empieza a rodar así una suerte de cadena infinita y silenciosa que se mueve en desmedro de los privados, sus proveedores y los mismos empleados – supuestos beneficiarios del aguinaldo - . Pero aún así este era un efecto subterráneo, un daño a largo plazo, una realidad que hoy ha hecho que varios emprendedores abandonen sus negocios o mínimamente reduzcan su actividad. Pero el discurso sonaba bien para el Gobierno, y por supuesto, sonaba mejor para los que recibieron su doble aguinaldo y con él pudieron comprar de los mercados informales un nuevo televisor o pagar una vieja deuda; pero todo ello no es desarrollo real sino más bien constituye un placer pasajero. Y así fue que, mientras la empresa que genera salario y trabajo digno moría, revivía el regalo de lujo que nos duraría poco. Paralelamente la presencia de aquel nuevo dinero se reflejó en un proceso inflacionario natural, a mayor caudal de dinero circulando los precios subieron, pero ya no bajaron ni bajarán éste año aún a pesar de que el beneficio no llegará. En resumen seguiremos pagando los daños de aquella medida política y poco económica. Y así llegamos a éste año en que el Gobierno anunció que no habrá doble aguinaldo pero que no acepta ninguno de los malos efectos que éste tuvo, pero no debiera asombrarnos ya que en Bolivia estos riesgos son cosa común, y más al contrario el Estado no apoya y prefiere cargar al empresario privado de una serie de obligaciones que harán insostenible su trabajo. Bolivia es un gran país, pero no se da el real valor al empresario privado que cuál Quijote debe estar luchando para sobrevivir sin ayuda de nadie.

lunes, octubre 24

Porque todos somos ellas

Hoy, más que nunca, es necesario hablar del tema, porque hablar es hacer al menos algo, es poner sobre la mesa de la crítica una realidad lacerante y común, es comer - degustando cada bocado - el asqueroso bufet del machismo, es cuestionar las bases de una sociedad desequilibrada que todos toleramos de una u otra manera y es rechazar la cultura de un poder silencioso que se nos enseña para vivirlo por los siglos de los siglos. Éste tema debe ser debatido y reclamado una y otra vez, porque nos afecta a todos, porque muchas veces pensamos equivocadamente que hacemos lo suficiente con apoyar desde las sombras los reclamos por igualdad de las cientos de mujeres que a diario son golpeadas o asesinadas; porque tenemos hijas, esposas, hermanas y madres que son mujeres; porque con cada asesinato, con cada violación, con cada golpe, somos menos civilizados y abrimos heridas que nunca sanarán; porque es un reclamo justo y necesario. Y es que recién la sociedad se da cuenta que no es suficiente con el mirar de lastima, con el rostro de asombro y el comentario de “¡qué barbaridad!”, “¡qué mal que estamos!”, es necesario ayudar, es preciso hacer algo porque se están muriendo nuestras mujeres, porque las estamos matando de a poco, y cada día salen las noticias de muerte de un cementerio infinito de cruces blancas, aposentos eternos de niñas, de jóvenes, de mujeres maduras que han recibido el golpe certero, la puñalada de la injusticia o la bala del machismo; y con cada titular bañado de sangre nos vamos acostumbrando a que la muerte es cosa cotidiana, y las violaciones llegan y van como el pan de cada día, y el macho sigue sintiéndose macho y domina sobre la hembra mientras el mundo se muere gota a gota, llenando un río interminable de penas que han cargado las mujeres desde los inicios de la historia de la humanidad. Pero partamos por reconocer algo básico: el ser mujer es un peligro, porque se sufre, porque vivimos en una sociedad en la que no pueden ni vestir como quisieran porque algún bestia con poco seso le dirá barbaridades o, peor aún, meterá la mano donde no debe; porque a nosotros no nos acosan mientras caminamos, porque podemos vestir como queramos y nunca pasará por nuestra mente el miedo a que algún sádico nos viole, porque las mujeres - a diferencia de muchos hombres - no viven en un celo permanente; y todo ello es fruto de una cultura que transmite por todos los medios que puede imágenes de violencia contra la mujer, porque ves en todo lado que es de machos dominarlas, que es de hombres poseer salvajemente, que no eres pecho peludo si no la maltratas; y la mujer se enfrenta a una sociedad compleja y ruin, que la tacha de puta por todo y por nada, mientras que al varón le es hasta meritorio serlo, a una comunidad que le dice que debe buscar su media naranja porque le hace creer que no es naranja entera, una sociedad que la muestra siempre frágil y eternamente débil, invariablemente necesitada de un «él» que la rescate. Pero en todo este mar de drama, hay algo que sí podemos hacer, y es cortar el círculo vicioso del micro machismo, del comentario dominante, del estereotipo injusto; así podemos hacer la diferencia, en nuestras casas, en nuestra mesa del almuerzo, con nuestros seres queridos, en nuestras reuniones, en nuestro lugar de trabajo. Porque no es sólo cosa de ellas, porque sencillamente hoy todos somos ellas.

lunes, agosto 15

El gobierno, el poder, la corrupción y los Pokémon

El gobierno es la expresión mayor de la gestión pública, ejerce por naturaleza el dominio de la sociedad que se establece en los límites territoriales de dicho Estado y sobre él es que recae la norma jurídica que regula el accionar social; su desempeño, a un nivel histórico, ha estado marcado siempre por la facilidad con la que aquellos que ejercen dicho mando caen en las redes del beneficio propio, del favor al amigo o del enredo propio de una maraña de procesos y trámites que burocratizan la vida de la gente y que tienen, mezclados entre sí, las aristas filas de la corrupción. Y en ese entramado de poder y abuso, es que la gestión de los gobiernos pierde una visión técnica y profesional, y dejan de mandar los que saben y pasan a ejercer control los que son políticamente hábiles, y así tenemos en cargos técnicos al más ignorante pero al mejor político, y nos habla bien pero no nos soluciona nada, y al no solucionar nada seguimos trabados en el fango de la conformidad porque sabemos que así siempre ha sido y así siempre será, porque el sistema tiene inserta aquella falencia eterna que la tuvieron los mismos creadores de la democracia, allá lejos en la Atenas de la Edad Antigua donde nació el sufragio y que no estuvo exenta de la manipulación y corrupción política; y así también está presente hoy en las más grandes democracias y son pocos los Estados donde esto se ha podido controlar y las gestiones son más técnicas y son manejadas por los capaces en desmedro de los amigos o los tira sacos, pero Bolivia no es el caso, aquí, desde hace mucho, la politización de la gestión pública ha sido siempre el rancio motivo por alcanzar el poder, por embadurnarse del control del otro y beneficiarse lo más que se pueda de ello, y así ha sido que la corrupción ha crecido como un pulpo insaciable cuyos tentáculos alcanzaron a todas las esferas del poder. Es quizás entendible entonces, porque hoy son prioridad las canchitas de barrio o el estadio de millones, y resulta asimismo de lógica deducción comprender por qué aún hoy subsistan problemas tan básicos como la escasez de agua o la falta de empleo, o la inestabilidad laboral o el poco respaldo a la inversión privada. El día en que el empresario sea el que genere empleo, el momento en que la iniciativa privada se desborde por la existencia masiva de emprendedores, el instante en que la estabilidad sea una regla y no la excepción, habremos dado un paso fundamental para el desarrollo y el progreso, pero eso precisa de una visión técnica de gobierno y lo que nosotros tenemos en Bolivia es una visión política, y en tanto no cambie seguirá siendo así, y más o menos problemas, seguiremos nadando en la melaza de la miseria. Quizás por ello es que hoy en día muchos prefieren olvidar las complejidades de la vida y aprovechan la efervescencia tecnológica para refugiarse en juegos y aplicaciones que nos permiten dedicarnos a la trata y tráfico de Pokémones o a la infinita posibilidad de conocer de todo y de todos en un mundo infinito de posibilidades donde el único límite lo pone uno.

lunes, agosto 1

La pesadilla del Imperio

Bolivia, país de montañas altas y nevadas, atravesada de valles ricos y llanos fértiles, un país situado en el corazón de América del Sur, bañada hasta el tuétano de una imagen de pobreza y marginalidad, embadurnada de un caos cíclico que la etiqueta de inestable y politizada en esencia y en ausencia, somos en pocas palabras un país pequeño en un horizonte enorme. Hace unos años hemos iniciado, como país, un proceso autodenominado del “cambio”, discurso político que tuvo sus buenos réditos en la campaña gloriosa del (también autodenominado) primer gobierno indígena, discurso que hoy en día se arrastra por los pasillos del poder entre sollozos de pesadumbre ante el desafío evidente de lograr una victoria futura sin el que fue su caudillo: Evo. Y si bien se han postergado las negociaciones del poder para un mañana aún por venir, es evidente que ya los líderes lanzan sus primeros globos de ensayo, sus “no me brindo ni me excuso”, sus “el pueblo decidirá”, sus infinitos juramentos de fidelidad y sus afanes de humildad que en el fondo reflejan la ambición que el ser humano tiene por naturaleza en su corazón, y lo que hasta hace poco parecía imposible se vislumbra ahora como el retoño tímido pero vivo del otoño del partido del cambio. Pero a pesar de esos brotes pequeños pero certeros, que no son otra cosa más que las señales claras del resquebrajamiento del poder, nos seguimos inyectando la dosis letal de que somos la “pesadilla del Imperio”, o del que somos “ejemplo de desarrollo”, pues en realidad somos sólo un remedo de adelanto, un calco aparente que no deja de ser hueco porque progreso real es que el empresario privado genere empleo, que el exportador ingrese capital efectivo, que la economía sea sana porque es sana y porque se vende y se compra en un mercado de libertades donde los que ganen deberán ganar y los que trabajen deberán trabajar, lo otro ha mostrado sus buenas intenciones pero no sus prácticos beneficios, y así han quedado las economías de izquierda inundadas de espanto y terror desde las repúblicas soviéticas, pasando por la hermosa isla del Caribe cubano hasta la Venezuela ensanchada de falsos beneficios que promovió el extinto Hugo Chávez y hoy mal heredó Nicolás Maduro en una suerte de carrera por saber quién jodió más al país. Porque así nomás no había sido, porque la economía es cosa seria y el progreso puede inflarse una y otra vez pero llegará un punto en que reventará y en el camino nos arrollará a todos A nivel de progreso y desarrollo lejos estamos de ser la pesadilla del Imperio, así como lejos estamos aún de un perfeccionamiento real. Sin embargo, y a pesar de las evidencias, para los altos jerarcas del gobierno de turno somos el plato principal del menú mundial, ignorando en sus alucinaciones de trasnoche del poder, que a lo sumo somos el limón cortado a la mitad que olvidamos en el espacio destinado a los huevos en el refrigerador. Quizás cuando dejemos de embriagarnos con los tufos de la autoridad y nos veamos en la desnudez de la realidad, podremos priorizar lo importante y dejaremos de lado las canchitas de fútbol y construiremos más hospitales y tendremos calles más seguras y la gente tendrá servicios básicos y un sinfín de otros temas que los que ejercen el poder tienden a ignorar sistémicamente cuando hacen horas nalga en el trono del poder.

lunes, julio 18

Lo que somos

No hace poco, en la vecina Sacaba, se inauguraba un espacio de entretenimiento destinado a la población y enfocado en las bestias monumentales que dominaron éste mundo hace siglos, la nueva obra fue estrenada derrochando la energía y alegría que un lugar así emana con sólo visitarlo, y el pueblo estuvo feliz y contento, pero no falta aquel que hace daño, el insano ciudadano que hizo lo de costumbre: tan pronto se permitió el ingreso a este nuevo espacio empezaron los desmanes criollos que muchos creen nacen de los malos hábitos, la irresponsabilidad y la ignorancia. Aparecieron, como siempre, los que destruyen, los que ensucian y los que maltratan, aquellos que en su visión egoísta son ajenos a cualquier noción básica de cuidado y responsabilidad. Y de estos sujetos existen muchos, desde los padres inconscientes que tiran la basura al piso hasta los jóvenes que se toman fotografías atentando contra el ornato público porque será una buena foto. Y así ha sido siempre en nuestro país de revoluciones de mentira y de desarrollos sin progreso, y sucede lo mismo en los llanos que en los valles o el altiplano, porque al mal ciudadano le gusta despojarse de su porquería para sembrarla en calles y avenidas, y que los otros las vean allí, tiradas al sol o mojadas por la lluvia o trancando desagües, porque la insana costumbre es más fuerte que el más mínimo sentido de civilización. Y así aquellos dañinos ciudadanos se apoderaron del parque de los monstruos de antaño y se tomaron retratos colgados de las patas de las monumentales bestias olvidando acaso que su material no siempre será resistente a la imbecilidad humana, y así hubieron otros que orinaron donde no debieron y hubieron otros que rompieron lo que no les pertenecía. Tristemente, tamaña ignorancia no queda allí, somos aún más imbéciles, o lo que es lo mismo: cada vez menos inteligentes, y ejemplos existen a montones y podríamos escribir listas infinitas de vicios que tenemos y no superamos, pues no existe un día en que esa gente actúe como debe, no pasa una hora sin que alguno de ellos pase un semáforo en rojo, no pasa un minuto sin que alguien exprese una grosería, no pasa un segundo sin que alguien haga algo malo. Porque tristemente, en nuestra sociedad algunos son malos ciudadanos. Pero existe una esperanza, y radica en cada uno de nosotros, en todos aquellos que cumplen las reglas, en los que respetan las filas, los que no ensucian las calles, los que dicen por favor y gracias, los que trabajan en serio, los que evitan los excesos de todo tipo y caminan por el difícil camino del equilibrio, los que, en suma, son un ejemplo para las nuevas generaciones. Los que pueden hacer de Bolivia un país mejor, porque la Patria necesita más ciudadanos comprometidos, más de esos valientes que día a día se ponen al hombro la pesada carga de actuar correctamente y con honradez, porque ser irresponsable es fácil, lo realmente difícil, lo esencialmente necesario, es animarse a ejercer una ciudadanía responsable.

lunes, junio 20

El mundo en el que vivimos

Omar Matten ha cometido un acto terrible, a sus 29 años su nombre es sinónimo de muerte, ha nacido en suelo norteamericano pero se declaró leal al grupo radical autodenominado Estado Islámico, trabajó como guardia de seguridad y muchos afirman que manejaba un discurso de odio y resentimiento, su ex esposa lo calificó como alguien inestable emocionalmente, su fanatismo le llevó a perseguir la causa más ruin de todas: la intolerancia. Tras sus pasos deja un río de sangre que nos recuerda ahora que las diferencias entre unos y otros van ganando cada vez más terreno en un mundo que día a día es menos amigo y pareciera ser más sombrío. Ayer los muertos tenían una u otra preferencia sexual, mañana bien podría ser un grupo de monaguillos o una reunión de madres, podría ser su mejor amigo o su peor enemigo, el hecho, atroz e indignante se ha perpetrado contra el ser humano en sí, porque todos, seamos negros o blancos, lindos o feos, pobres o ricos, gordos o flacos, homo o heterosexuales, somos parte de una sola humanidad. Y es que no existe fundamento para justificar matanza alguna, los radicalismos que hemos inventado en nuestros dolores más extremos o en nuestras aspiraciones más profundas han dado lugar al nacimiento de radicalismos que hoy nos dejan luto y dolor. En esta lógica el ser humano ha desarrollado su mente ampliamente y ha identificado miles de argumentos para hacernos distintos, así han surgido cientos de religiones que desde la primera hasta la última han logrado separarnos más en vez de unirnos; y han emergido también los miles de discursos de superioridad de los unos contra los otros, por color de piel, por riqueza, por conocimiento y hasta por lugar de nacimiento, y así es que hoy lamentamos que seamos más diferentes que ayer, y que cada minuto nos separamos más y nos toleramos menos. Somos intolerantes porque sí, no aguantamos al otro por el simple hecho de que es él y no yo, y nos seguimos fijando en lo distinto que el otro es, en vez de fijarnos en aquello que nos hace comunes, creemos lo malo de los otros con facilidad y nos cuesta creer lo bueno porque así decidimos ser, y terminamos etiquetando al otro bajo algún rótulo: el gay, el viejo, el judío, el gordo, el feo, el deshonesto, la perra, el idiota, el k`ara, el indio, el feto, el choco, y así, uno y mil adjetivos con los cuales marcamos al que consideremos distinto, olvidando que, en el fondo, todos somos personas. Omar Matten será recordado como el loco que masacró a un grupo de gente en Estados Unidos, pero su accionar nos recuerda que solamente viviremos en paz cuando veamos sólo aquello que nos hace similares en vez de mirar lo que nos hace distintos.