lunes, noviembre 27

El voto nulo como alternativa democrática

En pocos días más nuevamente la población boliviana participará de un acto electivo en el cual debe expresarse la voluntad popular. Esta idea, invento de los atenienses, cuando decidieron votar a través de piedras negras para el “no” y piedras blancas para el “sí”, nos hereda hoy un sistema no perfecto, pero al menos representativo, que será nuevamente ejecutado en diciembre de este año para las siempre originales elecciones de autoridades judiciales. El sistema de elegir autoridades judiciales nunca ha sido fácil y durante años ha cargado problemas y limitaciones, debido principalmente al abuso de poder y falta de transparencia de los políticos de turno, lo que trae consigo una serie de complejidades que incluso hoy persisten. No vamos a negar que este tipo de procesos siempre ha sido tema complejo, que en su momento, y de la mano de los políticos del siglo pasado, ha significado incluso injerencia política, pero tampoco podemos eludir enfrentarnos con la triste realidad de que el pueblo tampoco parece ser la instancia idónea para la elección de cargos que deben revestir una formación técnica muy competente y que serán, en suma, las autoridades que dirimirán los conflictos del país. Otro escenario a discutir es el de la preselección de candidatos, espacio que también tuvo observaciones que no fueron aclaradas, y que siendo manejada por elementos políticos, deja siempre ese sabor a que “algo no anda bien”. Me equivocaría si pretendiese quitar méritos a los postulantes, ese es un tema aparte y tengo plena seguridad de que entre los candidatos existen profesionales de mucha idoneidad, pero las observaciones de fondo planteadas en sentido de que es necesario repensar este sistema son totalmente válidas, el sistema judicial boliviano atraviesa una crisis compleja que no sólo se discute en los pasillos de los juzgados, sino que se respira en las calles ante el comentario de los abogados y de la gente común que en calidad de litigantes ven que una de las peores cosas que le puede pasar a alguien es caer en manos de la justicia nacional. En este escenario la opción del voto nulo es una alternativa válida y democrática, que no solamente expresa el rechazo al sistema de elección particular que se votará este diciembre, sino también contiene un rechazo a una realidad judicial que cada día se hace más y más triste. (Créditos fotografía: Imagen tomada por Daniel James del periódico Los Tiempos de Cochabamba)

miércoles, noviembre 15

Los tres tipos de mentiras

Más de una vez mi padre me dijo que existían tres tipos de mentiras: las grandes, las pequeñas y las estadísticas; parte de estas últimas son precisamente los datos que muchas veces deslumbran en las páginas de los informes que se presentan de forma pública para apoyar, o no, a ciertas posturas. Recientemente una prestigiosa red de noticias anunciaba números importantes sobre nuestro crecimiento a nivel latinoamericano, indicando como titular que éramos el país que más crecimiento tenía en la región, a la par, un destacado profesional boliviano, respondía con información más certera y puntualizaba de modo más hábil los errores y falencias del reportaje en cuestión; en ambos casos, las posturas dan lugar a un difícil análisis en el que podría decantarse tanto por lo bueno como por lo malo manejando siempre los datos estadísticos según la óptica que se persiga. Sin embargo los datos numéricos deberían reflejar la “otra realidad” en la que también vivimos, para ello tomo datos del trabajo de la Fundación INESAD que en su último reporte nos revela que en Bolivia casi 300 mil jóvenes entre 6 y 19 años de edad no asisten al colegio, que en 2015 únicamente la mitad de los hogares tenía acceso a una instalación mejorada de saneamiento, que 1 de cada 4 niños sufre de desnutrición crónica, que en Chuquisaca y Beni menos de la mitad de los hogares tiene acceso a energía eléctrica, que la mitad de las mujeres de 20 años ya tiene por lo menos un hijo, que más de 1,3 millones de personas botan toda su basura en la calle o en el río, que el 86% de los trabajadores no tiene seguro de salud ni aportes para su jubilación, que existen más de 500 mil personas adultas que nunca han ido a la escuela, que a la tasa actual de explotación nos quedan menos de 12 años de gas natural, que solamente el 10% de los hogares tiene Internet, que tenemos uno de los 50 vertederos abiertos de basura más grande del mundo (el de K`ara Kàra en Cochabamba), que deforestamos 3 veces más que Brasil y 44 veces más que el promedio mundial. Quizás por eso es bueno contrastar la realidad contra las estadísticas, porque no todo lo que brilla es oro. (Se agradece la imagen, misma que fue tomada del blog: https://elgatodonte.wordpress.com/2016/04/10/lecturas-contra-mentiras/)

lunes, octubre 16

El Che, en la vereda opuesta

El 9 de octubre de 1967, Ernesto Guevara era asesinado por las fuerzas militares bolivianas. Moría allí la persona del hombre leyenda, de aquel que posaba en las fotografías con el infalible habano cuyo humo parecía envolver la realidad para trocarla en la fantasía de la revolución posible, del guerrero poseedor de la boina azul y de la melena abundante en cuya mano no temblaba la metralleta de la insurrección. Su imagen, adoptada como símbolo revolucionario en los setenta, ha perdido peso y fuerza en un mundo que, desde hace ya mucho, ha recorrido senderos contrarios a su ideología. A pesar de ello, varios jóvenes aún sueñan con su lucha de ideologías, ignorando que cuando se habla de establecer focos de insurrección como forma de lucha contra el orden establecido, se habla de muerte, se habla de inestabilidad y de restricciones a las libertades civiles. Por eso aquella estela romántica de revolucionario sacrificado debería ser medida en su real dimensión, la cual, seguramente, hoy le encajaría más en una visión de terrorista que de héroe. El mundo ha girado a un camino que no hubiese, seguramente, querido el Che, y desde la China Popular, hoy uno de los principales productores del consumismo mundial, hasta la gigantesca Rusia, que puede hoy disfrutar de hamburguesas capitalistas en el corazón del Kremlin, vivimos definitivamente un panorama diferente, y si bien aún persiste un populismo de izquierda, bien saben los líderes de los Estados que no puede dejarse de lado la lógica de la democracia liberal, porque es la única que pareciese permitir una cierta sostenibilidad. Por estos motivos, resulta negativo y hasta absurdo que se inviertan recursos en rendir homenaje a quien ahora el Gobierno considera un héroe, y si bien es evidente lo afirmado por el Presidente de nuestro país, en sentido de que hoy Bolivia sería “totalmente diferente” si el guerrillero argentino cubano no hubiera muerto ejecutado por nuestro ejército, tenga por seguro mi querido lector que hubiese sido una diferencia en sentido contrario, un hundirse en el pantano del socialismo y un enfangarse en la tiranía de la censura. Por eso es que el Che está en la otra vereda del mundo, en la que suena bien como mito, pero que no es la que da la certeza y estabilidad de la realidad.

lunes, octubre 2

Un buen baño de letras

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo". Seguramente el lector ya habrá reconocido las líneas iniciales de la obra cumbre de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, libro publicado el año 1967 y que constituye un texto base para todo amante de las letras; la novela, impregnada en hermosura y complejidad, precisa de una buena capacidad de lectura, misma habilidad que, hoy por hoy, y gracias a un estudio publicado por el Instituto de Estadísticas de la UNESCO, vemos ausente en más de la mitad de los jóvenes de América Latina y el Caribe, mismos que, aún a pesar del desarrollo tecnológico, carecen de los niveles suficientes para ser aptos en lo que a capacidad lectora refiere. Éste grupo humano, compuesto por 19 millones de adolescentes, concluye los esforzados años de formación secundaria sin obtener de manera óptima los recursos esenciales para entender lo que leen. Si colocamos dichos datos en porcentajes, tenemos que un 38% de los jóvenes y niños presentan ésta falencia, cifra triste en relación al 14% de Norteamérica y Europa, más o menos similar al 31% del este y sudeste asiático, y más optimista que el 57% de Asia occidental y norte de África, o el deprimente 88% de África Subsahariana. ¿Qué hacer entonces? La directora de las institución responsable de estos estudios, Silvia Montoya, afirma que se precisa mayor capacitación a los maestros para atender características específicas del nuevo estudiantado, resolver complejos problemas de infraestructura, evitar las pérdidas de días de clase por paros u otras causas, entre otros temas; sin embargo de ser válidos todos estos argumentos, creo yo, que un elemento fundamental para mejorar ésta falla es recuperar el hábito de leer, y éste debe retornar de las mano de los libros y los dispositivos electrónicos de lectura, buscando, como siempre se hizo, aquel viaje maravilloso por las páginas de las novelas y los cuentos, no pretendiendo devorar libro tras libro, sino persiguiendo degustar, detalle a detalle, cada página, cada párrafo y cada palabra, obteniendo en cada bocado, la riqueza literaria de las palabras bellas. Pero para que esto funcione es preciso adiestrar con el ejemplo, y esto no sólo es tarea de los profesores y las instituciones educativas, el modelo ideal de lector deberá partir por crear el hábito de leer en el hogar, y eso sólo se logra con padres lectores, con familias amigas de las letras y con mentes abiertas; sin embargo de ello, muchas veces preferimos evitar la cena fastuosa de literatura porque nos resulta más fácil ingerir la comida chatarra del celular, la sencillez del argumento de la novela televisiva o el abundante contenido que a diario vomita Internet. Pero no todo está perdido, bien afirmaba Mario Vargas Llosa en el inicio de su Elogio de la lectura y la ficción (en ocasión de aceptar el novel de literatura el año 2010): “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio”. El desafío es sencillo, la pregunta es clara: ¿estamos predicando con el ejemplo?, se viene la Feria del Libro y no habrá mejor ocasión para darnos un buen baño de letras. (Imagen tomada de archivos públicos de Internet)

lunes, septiembre 18

¡Oh Cochabamba querida!

Vivir en Cochabamba es, quizás, el sueño de muchos y la realidad de miles de afortunados que día a día olvidamos las pequeñas maravillas que nos ofrece esta tierra y que, en varias ocasiones, se eclipsan ante los errores y taras que, por lo reiterativo, preferimos ver antes que valorar realmente la calidad que nos ofrece este fértil valle. Para que esta nota no caiga en las meras apreciaciones personales, he tomado los datos de un índice que, en su momento, ha valorado a varios países desarrollados y a los emergentes más importantes, para medirlos sobre la base de indicadores que reflejen bienestar y que no sólo se centren en referentes económicos. La OECD (The Organisation for Economic Co-operation and Development) es una entidad que promueve la implementación de políticas de bienestar y ha tomado datos interesantes que bien podrían ser empleados a la hora de valorar a nuestra Llajta querida y definirla como una tierra de mucho bienestar, veamos los casos concretos: 1. El balance entre vida y trabajo.- El cochalo es un sujeto trabajador, eso lo podemos ver y sentir a diario, porque en las espaldas de roca que tenemos se apoya una pujante industria local que genera empleo y progreso para todos los estantes y habitantes de esta bella tierra. No es en vano que somos cuna de las más importantes empresas del país y que nuestros emprendedores son cotizados por propios y extraños, pero no sólo eso, porque también somos muy buenos para el ocio, y podemos poner en balance perfecto el tiempo que le dedicamos a la labor y el que pasamos con los amigos, los momentos de familia y los espacios para descansar. En resumen, sabemos trabajar bien pero no descuidamos el necesario buen descanso. 2. Salud.- Uno de los elementos, no exento de problemas y carencias, es el área de la salud, donde arrastramos los mismos inconvenientes que tiene gran parte del país. Sin embargo, tenemos prestigiosos centros médicos que prestan servicios de calidad y que invitan a aquellos que precisan de sus conocimientos (incluidas las más altas autoridades) a visitar Cochabamba en una suerte de turismo de salud. 3. Comunidad.- El elemento comunitario no deja de ser un tanto subjetivo, sin embargo el cochabambino es confiable y tiene un alto sentido de pertenencia, pareciera no identificarse como colla ni como camba, porque en realidad es valluno y eso lo hace buena gente y querendón de los buenos sabores (los que por cierto aprecia mucho) y de la buena vida (la que posee, merced a un envidiable clima). 4. Empleo.- Evidentemente se necesitan más fuentes de empleo, más empresas que persigan sus metas cumpliendo los sueños de sus trabajadores, sin embargo, Cochabamba es una de las grandes capitales de Bolivia, y por sus calles y avenidas circulan los profesionales de distintas latitudes y los oficios más útiles, todos satisfaciendo necesidades de una amplia población. 5. Ingresos.- El valle tiene un nivel de ingresos bien sustentado en su propio aparato productivo y, si bien los salarios locales no son los más altos del país, son suficientes para un nivel de vida que resulta bastante cómodo para el habitante de esta hermosa tierra. 6. Educación.- Muy buenas entidades educativas radican en Cochabamba, colegios y universidades sólidas forman generaciones de ciudadanos productivos que alimentan así una Cochabamba pujante y rica. Entonces, vivimos en una tierra de bienestar, un maravilloso valle que no sólo posee el mejor clima del país o la mejor cocina de la región, sino que nos da el cobijo y buena vida que toda persona anhela. Ello es algo que debemos agradecer.

lunes, septiembre 4

Por respeto al TIPNIS

TIPNIS significa Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure, se ubica en los departamentos bolivianos de Cochabamba y Beni y ocupa una extensión superficial de 12.363 km², es considerada una de las áreas de mayor biodiversidad del mundo, y es, o mejor dicho era, un área protegida por doble partida, es decir, por constituir un territorio habitado por pueblos indígenas y por ser un parque nacional rico en flora, fauna y hogar de distintas especies. Este hermoso espacio, tal cual se dibuja el panorama actual, se verá afectado por una carretera de concreto que, bajo el rótulo de “amigable”, impulsará nuevamente la invasión humana en los hogares de todo tipo de animales, los que, a su turno, morirán de uno u otro modo, a costa de sostener la visión unidireccional de desarrollo que sostiene la humanidad. La historia, escrita, por supuesto por humanos, nos dice que el hombre ha transformado la naturaleza para lograr los más bellos avances en su ciencia y en su arte, y a ese título hemos devastado bosques, secado ríos, contaminado mares y corrompido el aire; la religión, por su parte, nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza para que ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y tristemente nos lo hemos creído, y ejercemos esa superioridad de dioses chiquitos en todo escenario que se nos presenta, porque sencillamente nos sabemos racionales, porque nos creemos infinitamente gloriosos, con nuestras carreteras que derriban árboles, con nuestros coches que vomitan carbón y con nuestros edificios que consumen energía. Triste resulta admitir que vivimos enceguecidos por nuestro ego, el que resulta monumental para una especie tan parasitaria como en verdad somos, porque dentro nuestros frágiles cuerpos de zozobra nos creemos todo poderosos, y según nosotros, ya sea amparados por un Dios que todo nos permite o por nuestras leyes que todo lo hacen posible, nos damos el lujo de destruir un mundo que no nos pertenece. No discuto que una carretera traerá desarrollo, pero no dudo, ni si siquiera un milímetro, en que una autopista, por muy pequeña que sea, sí dañará el medio ambiente, porque así fue siempre y tal situación no cambiará por el simple hecho de que ahora el gobierno lo diga, porque en el fondo éste análisis es sencillo, porque esas áreas verdes son el cobijo de muchas especies, y si nos ponemos en el lugar del otro, seguro estoy que no nos gustaría que otra especie, presuntuosa y arrogante, venga a construir una carretera que atraviese nuestro hogar, por mucho que explicasen, una y mil veces, que esto traerá desarrollo y progreso para ellos. Es tiempo de que dejemos de lado la visión egoísta de que el desarrollo es únicamente el que viene de los dólares, el que proviene de los colosales camiones que trasladan los productos de consumo humano o el que puede derivar de la contaminación reiterada y sistemática del mundo. Es tiempo de que respetemos la naturaleza, incluidos sus bosques y sus animales. Por eso, por un principio de respeto, creo que deberíamos cuidar el TIPNIS en lugar de destruirlo. (Imagen tomada de: http://revistaideele.com/ideele/content/bolivia-las-lecciones-del-tipnis)

lunes, agosto 21

Un país inmaduro

Nada sería tener que soportar el paso lento del tiempo que parece no hacer mella alguna en la forma que tenemos de pensar, lo realmente difícil es escuchar las aseveraciones de verdad absoluta que salen de los labios de los cientos de giles y miles que nunca aceptarán que en sus espaldas está el presente y no el futuro de una sociedad que marcha demasiado lenta como para creer en un mejor mañana. Y sucede porque la gran mayoría de la población vive enceguecida por sus propios miedos, por un irrefrenable deseo de que sean otros los que decidan por uno y por un entierro general del criterio y la tolerancia. Fruto de esto es que se arma monumental alboroto ante propuestas que no debieran parecernos más que los pasos necesarios hacia una sociedad que no está llegando, sino que está ahí, pero no quieren verla. La propuesta de dar paso a cierta flexibilidad en el tema del aborto es un tema que ha levantado el polvo de antaño en las estructuras antiguas del pensamiento y cuyas reacciones no sorprenden, pero sí siguen decepcionando por lo arcaico de su postura. Porque no deberíamos estar discutiendo el caso particular para permitir este tema, sino deberíamos estar viendo el mejor camino para garantizar el derecho de la mujer a elegir, porque ese es el tema de fondo, porque no es una lucha entre asesinos y defensores de la vida, es una disputa por permitir que ellas elijan, por darle voz y voto a la que llevará el prominente vientre por nueve meses y que hipotecará su vida para siempre, la que sufrirá los malestares del proceso de gestación y la que soportará los dolores del parto. Pero lejos estamos de tocar aún con claridad y con criterio técnico, evitando las pasiones y vendas que nos pone la misma sociedad y la religión, temas como el derecho a morir, los derechos de las comunidades LGTB y otros tantos temas que hoy se nos hacen difícil de entender, pero que ya están aquí, y deberíamos de ir rompiendo los moldes de discriminación e intolerancia que nos impiden ver al otro como lo que son, personas humanas simples y llanas, más allá de sus preferencias sexuales, de sus decisiones sobre un cuerpo que les pertenece, de su creencia religiosa y su color de piel. Porque en tanto ello no suceda seguiremos siendo una sociedad inmadura, y sólo cambiaremos cuando tú, yo y los que nos rodean, podamos ver al otro con los ojos de la igualdad.