lunes, abril 16

La vaina de ser empresario

Ser empresario en Bolivia es una tarea fatigosa, pues lejos de acercarse a la visión del hombre de negocios que viaja aquí y allá, nos acercamos a la del quijote que sufre e insiste en su locura medieval. No niego que tenemos empresarios pujantes en el país, pero tampoco miento cuando afirmo que existen varios emprendedores que deben luchar día a día para lograr las utilidades mínimas que siquiera signifiquen sostener su inversión. Por eso es que cuando la Central Obrera habla de un incremento salarial desorbitado se puede percibir la escarcha de miedo que se forma en la piel de los quijotes que aún creen en sus emprendimientos. Similar escalofrío afecta, incluso a las mentes más optimistas, cuando se menciona el doble aguinaldo. Peor sensación se tiene cuando hablamos del Estado y sus técnicas de flagelación, en las que el contribuyente es exprimido cual naranja para financiar las innumerables canchitas que va dejando el poder público en su pesado peregrinar tras la reelección. Además, se debe considerar la burocracia estatal que constituye una maraña de pesadumbre que obliga al empresario a hacer de todo menos a trabajar. Así, para iniciar una empresa, se precisan 15 procedimientos, toma más de 50 días (el promedio del resto de América Latina y el Caribe es de ocho procedimientos y unos 29 días) y cuesta más de 1.600 dólares (casi el 58% del ingreso per cápita, en Chile este monto alcanza al 0,7%). Al año, una empresa requiere dedicar más de mil horas a temas tributarios, mientras que en países vecinos como Chile o Perú no pasan de 300. Más de 40 pagos debe efectuar un emprendedor local en contraste con los menos de 10 que exigen Ecuador o Argentina. Porque en Bolivia existen demasiadas obligaciones (registro en Fundempresa, impuestos, multas antiquísimas, cargas sociales, el ROE, etc.), y eso que no menciono la inestabilidad tan propia de nuestra región ni la competencia desleal (de los comerciantes informales contra los comercios que sí tributan, de los carritos de comida con los restaurantes, de los contrabandistas contra los que importan legalmente, etc.). Amén del poco apoyo del Estado al sector privado. Por eso, muchas veces, uno duda si es bueno ser empresario, y en ocasiones llega a la inevitable conclusión de que mejor es ser empleado que emprendedor, porque pareciera que apostar por el desarrollo y el crecimiento del país es una vaina. //////// Imagen tomada de https://www.google.com/search?biw=1280&bih=903&tbm=isch&sa=1&ei=xxTVWv_8O4StwASRzavoAg&q=la+vaina&oq=la+vaina&gs_l=psy-ab.3..0i67k1j0l9.17569.17569.0.18481.1.1.0.0.0.0.303.303.3-1.1.0....0...1c.1.64.psy-ab..0.1.303....0.en08PqUXn4U#imgrc=8zOuF9p2T6PJ8M:

jueves, abril 5

Cuestión de prioridades

Si de algo no sabemos en la gestión pública nacional es de prioridades, pasa en este gobierno y ha sucedido en otros, independientemente de su ideología política. Y es que cuando uno se pone a ver dónde paran nuestros recursos nos topamos con la maraña de necesidades (si es que no intereses) que los distintos sectores sociales y económicos pueden argumentar, todos con el rótulo de urgente, todos con el anhelo de la solución inmediata. Así es que recorremos los senderos de la burocracia, caminos que luego se encuentran empedrados de la degradante estrategia del poder y que luego terminan adoquinados del vil egoísmo que marca el propio interés; por eso es que terminamos inundados de las decenas de canchitas de fútbol, o embutidos hasta el tuétano del famoso Dakar, o costurados los unos a los otros con la bandera monumental de la reivindicación marítima, o ensombrecidos por la titánica casa del pueblo que se supone necesaria para un mejor gobernar, o desolados ante un museo que nadie va a visitar, o encabritados por no poder volar en el renovado avión presidencial, y así, la lista podría aumentar con un sin fin de cosas que ya en antaño también existieron. Porque en cuestión de prioridades no somos buenos. Porque en la experiencia de la realidad, no es importante el fútbol o los edificios colosales, ni siquiera el mar. Lo relevante en el mundo que nos rodea – y seguramente muchos de quienes lean este artículo lo ratificarán con la propia experiencia – se reduce a enfocar una base sólida en tres rubros: salud, seguridad y servicios básicos. Porque en los hechos, más que canchitas, necesitamos buenos hospitales, ítems para médicos, equipos y una infinita lista de insumos médicos que hoy por hoy no tenemos. Más que el Dakar precisamos una policía confiable, que luche contra la delincuencia y que garantice la seguridad de todos los estantes y habitantes del país, que cuente con recursos humanos y tecnológicos que permitan una convivencia pacífica y ordenada. Y, por supuesto, es preciso contar con buenos servicios básicos, que nos permitan tener agua realmente potable, alcantarillados que no revienten a la primera lluvia y con acceso a energía sana y ecológica. Pero no, eso no sucede, porque tenemos otras prioridades, porque nos dejamos hipnotizar con cualquier vaina en vez de mirar lo esencial. (Imagen tomada de Internet: https://www.centraldesermones.com/mensajes-cristianos/20377-mensajes-cristianos-cual-es-tu-prioridad)

martes, marzo 20

El lenguaje del poder

Los pasillos del poder están inundados de un lenguaje que lleva consigo el mensaje que al poderoso le interesa transmitir. Sucedió así en los Gobiernos más democráticos y sucede también en los regímenes más duros. El mensaje (entiéndase discurso político), que el emisor (léase el poderoso) trata de incrustar en el receptor (llamémosle pueblo), carga consigo la propuesta ideológica de la gestión gubernamental. En el caso actual, el discurso gubernamental ha tenido varios ribetes, uno de estos se ha centrado en la reivindicación del indigenismo, pero no únicamente como revalorización cultural o social, sino que ha adoptado un tinte de revancha contra el que ha sido definido como “blanco”, como el “kara”, o como la “clase media decadente”, entre otras definiciones. Este discurso político, reiterado en numerosas ocasiones por la cúpula política nacional, ha creado el panorama del indígena eternamente abusado y del citadino abusador, y le ha definido a este último —con exclusividad— con el rótulo de discriminador. No vamos a negar que la historia del país está plagada de injusticias sociales de las cuales los indígenas han llevado la peor parte, pero es también innegable que el discurso actual del Gobierno es un discurso basado en el odio, un mensaje que pone al hermano contra el hermano. Resulta triste verificar que el Gobierno, con el apoyo que tuvo en su momento (y que actualmente ya no dispone), pudo unir en vez de separar. Pero quien siembra rencor cosecha tempestades, porque el odio sólo genera más odio.(Imagen tomada de archivos públicos de Internet)

lunes, febrero 19

¿Cuándo nos volvimos tan indiferentes?

Durante muchos años he disfrutado el carnaval de Oruro. Siendo niño, resultaba increíble ver cómo los diablos y personajes de las leyendas se hacían realidad en el antruejo de Los Andes y, ya mayor, me encantaba compartir con los amigos y bailarines. Desde siempre la festividad ha adolecido de problemas de organización que eternamente surgían como hongos: mal manejo económico, limitantes en la hotelería de la ciudad, escasa capacidad urbana ante una festividad de tamañas proporciones, falta de apoyo gubernamental, la ruta, las vivanderas, las graderías, etc. Todo ello va dentro la falta de previsión que muchas veces debemos afrontar en el país por la falta de gestión técnica y la mala voluntad política. Pero ahora se cierne sobre nosotros la sombra de un mal mayor que cada vez se incrusta más en nuestra forma de ser: la indiferencia. Ya hace unos años la caída de una pasarela dejó luto y dolor sobre la misma ruta del carnaval, pero aun así, tras limpiar el lugar, el baile siguió. Este año, a poca distancia de la festividad, la muerte se pronunciaba nuevamente y la fiesta parecía no inmutarse. Es evidente que suspender el carnaval no enmendará en manera alguna la desgracia acaecida, pero es innegable también que es una contradicción moral el que unos estén bailando mientras los otros están embadurnados de dolor. Comprendo que se deba considerar la inversión en los trajes, las infinitas horas de ensayo, la gente que viajó solo para esta ocasión, la base económica que representa esta fecha para el pueblo orureño, la riqueza folclórica y cultural de una festividad única en su género, y, por supuesto, la fe y la devoción que en muchos inspira la Virgen del Socavón. Sin embargo, en estricta justicia, se debe admitir también que la festividad del carnaval se ha transformado en una celebración de excesos, que muchos de los bailarines danzan embriagados para continuar borrachos en las fiestas de las fraternidad y que continúan entonados cuando se visten los vistosos trajes, y que para gran parte de los espectadores lo importante no es lo cultural sino el desborde de libertades que terminan en muchas otras desgracias a las que tristemente ya estamos acostumbrados. Me duele, como orureño, ver este nivel de insensibilidad, y me aterra, como padre, pensar que nuestra sociedad va camino a la indiferencia absoluta. ///////////(Imagen tomada de: https://directivosygerentes.es)

lunes, febrero 5

¿Son realmente necesarios los políticos?

Si en algo coincidimos los habitantes del mundo entero, es en afirmar que los “políticos” son un tipo de persona indeseable, un sujeto marcado normalmente por sus propias ambiciones, las que, a su vez, deberán ser satisfechas con el dinero de todos, fondos reciclados del bolsillo ciudadano a través de un Estado que en su necesidad histórica de un administrador, acude a este tipo de personajes para organizarse. Pero, ¿son realmente necesarios los políticos? Esta misma pregunta fue analizada por Ed Turner (jefe de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Aston, a petición de la BBC), quien en un análisis minucioso nos muestra que los políticos quizás sí son algo de lo cual prescindir, y en dicha lógica refiere algunas muestras: Irlanda del Norte, por ejemplo, inicia el año sin Gobierno, ya que hace más de 12 meses su viceministro principal dimitió tras una polémica desatada por un programa energético, a raíz de ello sus fuerzas políticas han chocado con la falta de acuerdos, derivando en una conducción presupuestaria realizada desde Londres y manejada por funcionarios estatales en vez de dirigentes políticos. Alemania ha sido otro caso hasta no hace poco (por no decir que este fin de semana precisamente se cierran acuerdos importantes en materia política de esta nación), el problema nació en las elecciones federales de septiembre pasado, cuando la candidatura de Angela Merkel no obtuvo lo que quería y ello derivó en varios meses en los que aún no se pudo formar gobierno. Entre los años 2010 y 2011, Bélgica estuvo sin un Gobierno cierto, con bloqueos políticos de hasta 589 días. El 2016, España, pasó diez meses en similar situación. El mismo año, nuestros vecinos, Brasil y Perú tropezaron por distintos motivos en casos afines. Somalia, entre las décadas de 1990 y 2000, estuvo sin Gobierno oficial por 15 años. Irak pasó lo mismo muchos meses del 2010. El sano criterio dice que la buena gestión pública puede bien ser realizada por técnicos, más que políticos, cosa que sucedió en la Italia de Mario Monti (2011 al 2013), cuando tuvo que asumir esta responsabilidad tras el colapso del Gobierno de Silvio Berlusconi. Quién sabe si es que alguna vez podremos librarnos de los políticos, sean estos de izquierda o derecha, y quizá enfoquemos nuestra atención y recursos en temas realmente importantes. (La imagen fue tomada de archivos públicos de Internet)

jueves, enero 25

No hay peor ciego que el que no quiere ver

El Código del Sistema Penal es, indudablemente, el argumento inicial de un reclamo mayor, de un pronunciamiento radical que envuelve, bajo la más pura exigencia de justicia, a miles de ciudadanos que expresan hoy su rechazo al lado negativo del Proceso de Cambio, a la cara oscura de un proceso que hace mucho ha empezado a romper la ley, y que en los tiempos recientes ha mostrado, nuevamente, ese deseo insaciable por quedarse en el poder. Se alimentan estos grupos humanos con todos los que están cansados del discurso cargado de odio, del afán prorroguista, de la manipulación legal, de la intromisión en el poder judicial, de la carencia técnica en las instituciones públicas y del poco soporte a la iniciativa particular. Curiosamente, quienes más avivan la hoguera son las principales autoridades del Proceso de Cambio, porque lejos de dar un discurso conciliador, prefieren sembrar tempestades y acrecentar el odio que ellos mismos han generado entre los hermanos de un mismo pueblo. Cuando el Presidente afirma el origen político de estos movimientos, acierta, ya que tras estos afanes de huelgas y bloqueos y marchas infinitas, está el legítimo derecho de opinar, el correcto afán de criticar lo que nos parece indebido, en resumen: el derecho de cada ciudadano a hacer política. Porque en los reclamos y pancartas de los miles de ciudadanos que cotidianamente se movilizan contra lo que consideran un abuso, van muchos que reclaman directamente contra la infamia del tribunal constitucional masista, o contra la angurria incesante y enfermiza por el poder, o contra las decenas de canchitas que pretenden reemplazar los hospitales hoy ausentes, y, claro, contra el egocentrismo desmedido del primer mandatario. Pero no hay más ciego que el que no quiere ver, y en esa lógica se equivocan los dirigentes masistas cuando pretenden descalificar auténticas acciones ciudadanas, tal el paro ciudadano del martes 16 de enero en Cochabamba, o, los otros reclamos que, en otras regiones, también se han realizado. Porque habría que ser ciego para no percibir, con claridad y precisión, que el paro ciudadano del pasado martes, fue una acción histórica de un pueblo que dijo ¡basta!, porque es fácil identificar en las calles cerradas por vecinos de a pie, el fastidio que se siente con la situación actual, porque la gente no quiere sentirse cerca de Venezuela ni de Cuba, y prefiere un desarrollo propio, marcado por la tolerancia y la comprensión entre todos los bolivianos, cosa, que, el Gobierno actual parece incapaz de hacer. (Imagen tomada de: http://gantillano.blogspot.com/2013/01/no-hay-peor-ciego.html)

lunes, enero 8

El auténtico depredador

El Ministro de Gobierno manifestó sentirse profundamente dolido y traicionado por la actitud de los médicos cuando las bases rechazaron el pre acuerdo que se había trabajado en mesa de negociación, obviamente porque él entendía que en dicho pacto ya radicaba la solución exquisita a su necesidad apremiante, pero ello no se dio, quizás por la carencia de argumentos técnicos, quizás porque es otra cosa negociar con profesionales, quizás porque hoy en día nadie confía en el Gobierno. Sin embargo, este amargo sentimiento trae a mente una figura inversa, un cuadro apocalíptico en el que aquel diálogo limpio y de buena fe que hoy reclama el Gobierno, fue lesionado una y mil veces, no por un sector social, sino por el mismo régimen de turno, tal el caso del Tipnis y su maltrecha Ley de Intangibilidad, donde la población en su conjunto vio que de nada sirven las masas marchando por los maltrechos caminos del sacrificio, porque luego de asumir compromisos y adoptar la hipócrita cara de medioambientalista, el poder decidió cambiar de estrategia y, como suele hacer, le metió no más, y habrá seguramente la carretera que destruirá bosque y monte y habrá el progreso destructor al que estamos acostumbrados los humanos. Pero este tipo de dolor y traición se ha dado en muchas ocasiones más, incluso a momento de dar promesas, cuando el Presidente renunció a su reelección y pareció abrazar la institucionalidad y el respeto a la norma, pero luego cambió de parecer y, tras entuertos de interpretación legal y fórmulas mágicas de artificio, apareció con que aún podía repostularse porque se le ocurrió que la historia del país se escribía recién desde el nacimiento de su nueva Constitución; misma carta magna que hoy pisotea al pretender una nueva elección, y que, incluso tras perder un referéndum en el que se supone se expresa la voluntad soberana del pueblo, ha logrado, a través de una instancia legal que mostró a propios y extraños que en Bolivia la independencia de poderes es un cuento chino, lo que le es más conveniente. Entonces, difícil es que el Gobierno pretenda ahora ser la víctima, cuando en realidad ha sido siempre el depredador, lo cierto es que más allá del Código del Sistema Penal esta lucha ha mostrado que el poder hoy en día está muy desgastado, que pocos confían aún en lo que pueda manifestar y que de credibilidad tiene poco, muy poco. (Imagen tomada de: http://www.tiendadeultramarinos.es/?p=2640)