jueves, abril 30

Pandemia


Esta semana más que el terrorismo (de Estado o contra éste) se llevó la flor en los titulares de la prensa (nacional y mundial) la pandemia que viene surgiendo debido al temido virus porcino, cuyo nombre oficial bien recuerda a las temibles armas biológicas del cine: virus AH1N1, pero que también ya es objeto de otras denominaciones tal como “nueva gripe” (para evitar la mala publicidad a la carne de cerdo) o Influenza A (precisamente la AH1N1).
La propia afirmación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que “es tarde para frenar al virus” nos da idea del alcance de este problema, cosa que nos deja muy preocupados a pesar del alivio que también indica el mismo organismo en sentido de que (haciendo referencia al mundo) “estamos mejor preparados que nunca”.
Una pandemia por definición es un brote epidémico que afecta al mundo entero, históricamente y tocando el caso particular de las gripes en el siglo XX tuvimos pandemias en los años 1918 (40 millones de muertos), 1957 (2 millones de muertos) y 1968 (cerca de un millón de muertes).
Las pandemias pasan por fases bien definidas, la primera significa la transmisión del virus entre animales, la segunda ya llega a transmitirse a personas y es la primera alerta de una pandemia, la tercera implica transmisión en pequeños grupos de personas con características similares, la fase cuatro significa la transmisión entre humanos en comunidades cercanas, la quinta fase (declarada la semana pasada) implica el brote de la epidemia en al menos dos países y significa que la pandemia es inminente, la sexta fase es la pandemia misma con presencia del virus en distintas regiones del mundo, además se consideran dos etapas posteriores en las que nos ubicamos en el punto exacto posterior al nivel máximo de infección del virus y finalmente a la denominada “etapa de recuperación” en la que el virus vuelve a sus niveles regulares.
Si bien la mayor incidencia apunta a México, ya se han reportado casos en Estados Unidos, Australia, Canadá, España, Nueva Zelanda, Medio Oriente, Reino Unido, Holanda, Suiza, Costa Rica, Japón y por supuesto Latinoamérica (el primer caso oficial fue en Perú). Hasta la pasada semana las únicas muertes se habían reportado en México y Estados Unidos.
En Bolivia se habló de potenciales casos que a la postre fueron descartados, pero bastó ese simple “aviso” para que en diversas farmacias se acaben los barbijos o mascarillas que en esta época se han convertido en accesorio obligado de todo aquel preocupado en el tema, pero más allá de esto resulta preocupante ver en qué medida realmente estamos preparados para combatir contra una pandemia de este tipo.
¿Si el dengue no dejó tan mal parados qué podría suceder con la gripe porcina? más aún analizando el factor socio cultural tan acostumbrado a dar la mano para todo, al beso en la mejilla, al abrazo espontáneo y porque no mencionar la falta de higiene.
Para colmo de preocupaciones varios expertos dudan también de la eficacia del barbijo basados en que la transmisión de la gripe porcina es igual que cualquier gripe, valga decir por pequeñas partículas de agua impulsadas a un metro de distancia a momento de estornudar o toser, en su caso tocar lugares donde alguien hubiese estornudado o tosido y que hubiesen sido tocados por quien luego lleve sus manos a su boca o nariz.
La clave, afirman los expertos, está en la higiene básica personal, reflejada en el lavado de las manos, desechar los pañuelos usados y desinfectar las superficies. Agregan que una mascarilla bien puede usarse de manera continua por 10 horas, al termino de esto debe desecharse, lo propio en caso de sacársela durante este tiempo.
Resulta prudente acotar que se debe de evitar el alarmismo, ya suficientes problemas tenemos como para que podamos sostener una pandemia.
La recomendación final es no entrar en pánico, algo a lo que las y los bolivianos no estamos acostumbrados.

viernes, abril 17

A la Boliviana


A inicios de la semana el Vicepresidente de la República había afirmado que se aprobó la Ley Electoral “a la boliviana” haciendo alusión a los conflictos, peleas y revuelos vividos en este proceso.
Este comentario me dejó curioso toda la semana respecto a lo que consideramos hacer las cosas “a la boliviana”. Tras un breve sondeo y coincidiendo con la imagen que proyectamos las y los bolivianos, me encontré con que “a la boliviana” implicaba cosas tanto positivas (las menos) como negativas (lamentablemente las más).
En este contexto es parte de actuar a la boliviana ser impuntual, en un promedio que oscila generalmente los 5 a los 30 minutos, y que esto llega al extremo de la tradición cuando en cualquier reunión que desee empezar a cierta hora se convoca con media o una hora de antelación cosa de que la gente acostumbrada a la hora nacional llegue a tiempo. También es muy propio del país el exceso con alcohol, cigarro y comidas en las fiestas, cosa que trata de ser aminorada con comentarios tan típicos como “menos mal que sólo es una vez al año” pero que sumando los días somos más carnavaleros que los mismos brasileros. Otro aspecto a mencionar es la “viveza criolla” emparentada con muchas cosas, entre estas el aspecto laboral, que va desde llevarse a casa un clip o unas cuantas hojas de papel hasta inventar historias para no ir al trabajo o escapar de éste. El respeto a las normas de urbanidad es también un ausente en nuestra nación pues bien puede un hijo de vecino escupir o depositar cosas de mal olor en todas las calles del país (sobretodo en festividades). Dentro el peor aspecto también va la ignorancia nacional reflejada en la incultura de la inestabilidad que se muestra en los bloqueos y marchas, en la quema de puestos de control, en la intolerancia desmedida, hasta extremos mucho más terribles como ser los tratamientos dizque “originarios” que en muchos casos resultan dañinos para la salud (beber pociones peligrosas, usar ungüentos de quien sabe que, emplear ladrillos calientes para todo y nada, etc.) o incluso más horrendo aún las continuas violaciones o asesinatos que se presentan con regularidad. De igual forma valga la pena mencionar el grado de eficacia y efectividad que ostentamos las y los bolivianos, nos decimos trabajadores pero… ¿realmente lo somos?, ¿cuánto re-trabajo debemos de realizar?, ¿cuántas veces nuestra labor está bien a la primera?, ¿cuán detallistas y cuidadosos somos sin que sea necesario llamarnos la atención? Finalmente no podían faltar los políticos que (como en otros lados) tienen un alto grado de corrupción y un bajo grado de confiabilidad y trabajo por sus regiones, con índices de negociados y cuoteos alarmantes y siempre en conflicto (porque lo político es más que lo económico o lo social).
Todo este contexto es poco para resumir la serie de taras en las que vive nuestro país y en las que estamos muy acostumbrados a desarrollarnos.
Por el lado “positivo” (nótense las comillas) vivir a la boliviana es considerado altamente positivo ya que comemos y bebemos bien y barato (en relación a otros países), tenemos hidrocarburos subvencionados, en muchos lados se trabaja sin realmente hacerlo (marcar tarjeta y luego escapar o comer mientras los clientes esperan) pero obviamente existe una puntualidad inglesa para cobrar el salario, también nos consideran buenas gentes, no reclamamos y somos más bien callados, apuntando en esto al ridículo de que cuando nos tratan mal o algún amigo o compañero de trabajo se equivoca preferimos callar porque es más fácil hacerlo, porque preferimos la frase sacramental: “para qué voy a hacer lío”, olvidando que este conformismo (vigente en todo lo que tiene Bolivia) hace que tengamos malos trabajadores, malos hoteles, mala atención al cliente, ,mal transporte público, y una serie de factores que existen debido a que nosotros los toleramos.
Eso, al parecer y en un breve sondeo de opinión, resume parte de lo que es “vivir a la boliviana”, francamente al paso al que vamos más nos aproximamos a “sobrevivir a la boliviana”.
Evidentemente Bolivia es un país maravilloso, con montañas, valles y llanos con ingentes riquezas ¿qué falla entonces?... pues al parecer el factor humano, usted, yo, sus vecinos y mis vecinos, lamentablemente todos ya acostumbrados a la mediocridad nacional.
Valga la pena lanzar la reflexión para tratar de cambiar esto empezando por casa.

viernes, abril 3

Los seis goles de la Selección


El pasado miércoles el patriotismo retornó del destierro en el que se encontraba, después de mucho tiempo los cambas, collas, masistas, opositores, evistas, ricos y pobres fueron bolivianos y bolivianas. Y la cosa no era para menos, habíamos derrotado por 6 a 1 a una de las mejores selecciones del mundo, ex campeón mundial y con un cúmulo de estrellas que en cifras significaban una enormidad en relación al modesto combinado nacional.
Con altura o sin ella, Bolivia jugó mejor, presionó como se debía y metió los goles que se podían, la cosa pudo ser más si el arquero argentino no jugaba un muy buen partido salvando su pórtico en reiteradas ocasiones.
Alegría y mucha esperanza desbordó el corazón de millones de bolivianos y bolivianas quienes vieron en once jugadores a la unidad perdida en los últimos años.
Que ganaron en una tarde más que muchos de nosotros en todo el año, seguro, y por mucho que se critique es lo correcto, cuando las cosas se hacen bien y se obtiene la calidad que tuvimos en el Hernando Siles el pasado miércoles se debe de respetar lo ganado, como dicen “al Cesar lo que es del Cesar”.
A pesar de todo este encandilamiento de emociones seguro que nos dejará también un mal sabor de boca el hecho de que el nacionalismo boliviano (no aymara ni nacionalista camba) solamente surja cuando ganamos un partido de fútbol.
Y es que el patriotismo y el nacionalismo surgen mucho cuando las cosas marchan bien, los gringos, los canadienses, los japoneses, los australianos, los suizos y muchas otras naciones desarrolladas se identifican mucho con su marca país en función a que las cosas les salen bien, son productores de mil cosas, punteros en tecnología, en deportes, en calidad de vida y en un sin fin de temas que hacen que en suma ellos se sientan nacionales.
Para muestra basta el botón del 6 a 1, el miércoles la gente gritaba a voz en cuello que eran bolivianos, ¡Viva Bolivia!, éramos ganadores y todos quieren ser ganadores, entonces por ese instante fuimos nacionales. Atrás quedaron los actos cívicos en los que los niños cantan a voz en cuello el himno nacional y los padres apenas abren el pico, casi hasta pareciera que estuviesen avergonzados de su himno.
Y es que usted también puede meter seis goles significativos a favor de su país, usted bien puede hacer cosas que apoyen el desarrollo de su pueblo y esto es algo que hay que valorar.
Sólo imagine que usted fuese puntual, trabajara bien (cero errores), respetase los derechos humanos, exigiese respeto a la libertad de prensa, fuese disciplinado (incluso vencer sobre los vicios de beber o fumar), fomentare de alta forma la ética y fuese un ejemplo de conducta para sus hijos e hijas. Sólo ponga en la mente que todos los bolivianos fuésemos así, que no existieren micreros que paran donde les dé la gana, que los taxistas no manejan como si el diablo les persiguiera ignorando semáforos y niños, que las instituciones públicas tuviesen funcionarios educados y altamente capacitados, que sacar una cédula de identidad o la licencia de conducir fuese cosa de ir y no tardar más de media hora en todo el papeleo burocrático gracias a la tecnología, que no fuese necesario arrebatarse cada fin de semana por temor a que no haya gas vehicular, diesel o gasolina, que la policía fuese impecable y cero corrupción, que nuestros políticos fuesen académicamente formados y éticamente demostrados, que nuestros mercados no fuesen basurero de cosas usadas (ropa y vehículos transformados entre otros), que los comerciantes también facturaran y jugasen en igualdad de condiciones que aquellos que están en un supermercado o un centro comercial, que nos diesen factura hasta por un chicle sin necesidad de tener que insistir “¿y mi facturita?”, que la oposición fuese preactiva y no destructiva, que el Gobierno fuese más democrático y se fundaré en un estado de derecho y no en una democracia morbosa sustentada en presiones de grupos afines a su ideología, en fin, que muchas pero muchas cosas cambiaran.
Para esto se deberán de repensar nuestras actitudes, como padres, madres, hijos e hijas, primos, tíos, funcionarios públicos, transportistas, profesores, estudiantes, comerciantes, trabajadores, empresarios, en suma todos los ciudadanos del país, porque todos podemos convertir también nuestros propios goles en favor de este país.
Intentar no cuesta nada ¿cierto?