jueves, enero 28

El cumplimiento de la ley


Cumplir la ley es, quizás, una de las debilidades mayores de las y los bolivianos, desde respetar el semáforo en roja hasta conducir un bus en estado de ebriedad. Entre ambos extremos se encuentran una serie de fallas que de manera cotidiana y hasta jocosa hemos aprendido a tolerar, como ejemplo podemos mencionar: llegar tarde al trabajo, “escapar” a comer algo, “meterle no más” en contra flecha, “torear” para ver quien pasa primero, bocinear dentro los primeros 0,5 milisegundos en que cambió la luz de roja a verde solo para molestar al de adelante, tirar la basura al suelo y qué mejor que hacerlo con bolsa y todo y de la ventana de la flota, “coimear” para que salga más rápido el carnet, “chacharse” de la escuela, comprar los boletos del revendedor aunque sea más caro, encontrar siempre dinero para “chupar” aún cuando hacen falta los útiles escolares de los críos, construir la casa con material de última categoría a riesgo de que se caiga ante cualquier lluvia, meterle a la toma y posesión de tierra aunque el título de propiedad sea de otro, “chupar” como descocido a pesar de que sé que mañana tengo partido de fútbol y se supone soy profesional, bloquear sin importar si se perjudica el proceso de distribución vital para cualquier empresa, comprar del mercado negro porque es baratísimo y hasta a veces comprar lo que nos robaron, tener que morderse los labios cuando se sube al taxi y maneja como loco y de paso nos trata mal, jugar y no mejorar nunca porque siempre estamos “ganando experiencia”, en suma todos o (casi todos) son incumplimientos normativos o derivados y consecuencias directas o indirectas de estas, y la explicación se resume en que las y los bolivianos estamos acostumbrados a vivir en un régimen de incumplimiento a todo tipo de normativa.
Llámese corrupción, sub desarrollo o castigo divino, pero nos encontramos en un atolladero relleno de estas falencias y otras que, seguro mi estimado lector usted conoce mejor que yo, pero no podemos conformarnos con esto ya que a pesar de todas esas falencias (y las que usted mismo podría sumar) Bolivia tiene el potencial de un gran país, no solo por su naturaleza y su belleza geográfica, sino por el recurso humano nacional que bien encaminado puede dar mucho de sí tanto en trabajo esforzado como en dedicación, compromiso, efectividad , humildad y honestidad.
Bolivia es un país con grandes valores subjetivos, el cumplimiento de la ley no es nuestro fuerte, pero seguro estoy que con la ayuda del propio gobierno nacional, las autoridades existentes, el policía que vemos a diario, el vecino que cuida su ciudad, el jugador que respeta a su club, la madre que cuida a sus hijos, el padre que deja de beber, el estudiante que atiende en clase, el ladrón que se reforma, y la ayuda de todas y cada uno de las y los ciudadanos del Estado podremos revertir y hacer de este país un país del cual sentirse orgulloso. ¿Usted qué opina?

jueves, enero 21

Un mejor país


Más allá del feriado del pasado viernes y de los aspectos positivo o negativos que éste puede llegar a tener nos encontramos en los primeros pasos de un nuevo periodo constitucional de gobierno del Presidente Evo Morales, una nueva constitución será aplicada y si bien puede tener sus fallas y quizás podríamos afirmar que nunca llegamos a aplicar bien (ni plenamente) la anterior, debemos reconocer - en estricta justicia - que dentro las políticas aplicadas por el gobierno nacional se rescata un sentimiento de inclusión que hacía falta, menciones de equidad de género y una serie de aspectos tan relevantes como el medio ambiente o los recursos propios del país y ni que decir de la intrínseca recuperación que hace de la cultura propia de esta región que le otorgaba valor siempre a la sabiduría expresada en los ancianos.
A la par el rito milenario aymará llevado a cabo en Tihuanacu, la bendición de los dioses andinos y la inclusión de la whipala y héroes nacionales de corte indígena, bien son muestras de que se inició un proceso de revalorización de lo propio, de lo que teníamos antes de la conquista, de aquello que antes era incluso visto desde balcón con desprecio, bajo esta lógica bien sirve de mucho dicho protocolo que no hace más que afianzar una suerte de recuperación cultural. Esta recuperación debe incluso de extenderse a rescatar las costumbres y usos de otras naciones que conforman el Estado Boliviano, hablamos de naciones que se asientan también en el oriente del país y merecen su reconocimiento, hablamos de una integralidad que – si logra encontrarla el Presidente Morales – tendrá como resultado en años posteriores un orgullo nacional que emerja de nuestras costumbres, algo así como sucede en países tan desarrollados como Japón, donde su cultura ha subsistido fuertemente sin chocar con sus desarrollo y tecnificación.
Pero incluso mirando tras este tipo de ritos y de la misma posesión formal en la ciudad de La Paz en la Asamblea Legislativa Plurinacional y del agasajo organizado en el Hernando Siles, debe de insertarse un nuevo discurso en la agenda de la Presidencia del Estado: “el gobernar para todos”. Esto implica dejar de lado el discurso de los 500 años de sometimiento, al menos bajo la óptica violenta y revanchista con la que habitualmente se la vino promoviendo y retomar un discurso de unidad, de gobernar para cambas, collas, chapacos, vallunos, blancos, de color, mestizos, ricos, pobres, empresarios, trabajadores y un largo etcétera que constituye esa plurinacionalidad y multietnicidad a la que tantas veces hizo referencia el Presidente del Estado.
Si el Presidente del Estado logra conjugar la cultura local con la importancia de la tecnología, respeto de la propiedad privada y mayor equidad en la distribución de la riqueza, reconocimiento del valor académico frente al saber tradicional, diálogo y entendimiento en vez de violencia, estabilidad y desarrollo en vez de bloqueos y marchas, bien puede decirse que tendrá un gobierno que podrá dar mucho al país.
Como ciudadano espero y confío en que de esta forma se desarrollará un mejor gobierno, un gobierno para todos y por ende tendremos un mejor país.

jueves, enero 14

La silla municipal


La carrera por la alcaldía de Cochabamba ya se ha iniciado y aglutina a muchos interesados, entre estos tenemos a Edwin Castellanos, músico, cantante y compositor (Movimiento al Socialismo), Raúl Rico Gamboa ex autoridad universitaria de San Simón (Movimiento Sin Miedo), Guillermo Mendoza, ex candidato uninominal (agrupación ciudadana Despierta Cochabamba), el ex alcalde Gonzalo Terceros (Ciudadanos Unidos), el ex diputado plurinominal Arturo Murillo (Unidad Nacional), a la par también anunciaron su candidatura el ex diputado Bernardo Montenegro (UNIR) y el ex asambleísta Gamal Serham , este último pendiente de anunciar la agrupación con la que participará.
Un Alcalde es por definición un funcionario que se encuentra frente a una administración pública, su existencia es antigua y se repite como figura en casi todo el mundo. Este personaje y su influencia en el posible desarrollo de las regiones es de vital importancia ya que cuenta entre sus funciones actividades básicas para el armónico y correcto desarrollo humano.
Por ello es que resulta importante efectuar el seguimiento adecuado a quienes pretenden ocupar un sitial tan importante, aspecto que no excluye al rango de Gobernador que será motivo de análisis en otro artículo.
En el caso de Cochabamba, casi todos los candidatos (aclarando que el saliente no lo hará por obvias razones) han hecho referencia de una u otra manera a la necesidad de mejorar los servicios que presta la comuna, hecho que es una regla general en la administración pública caracterizada por servicios poco efectivos, insalubres y corruptos. En el caso de los municipios, entendido como una unidad fundamental dentro el andamiaje de la organización de un estado, se hace preciso realizar un salto de muchos aspectos, tal el caso de la informatización que evita la burocracia, la corrupción y el favoritismo, o quizás la tecnificación humana del personal con recurso humanos con respaldo académico demostrado, cosa que a las luces de la clásica política nacional se hace poco menos que inviable habida cuenta de que quien sube a la silla municipal lo primero que hace es copar los espacios con gente de su línea política independientemente de su capacidad, amén de su rendimiento posterior.
Las mejores ciudades del mundo han tenido como factor común de desarrollo a buenos alcaldes, personas que han dado mucho de sí dejando inclusive de lado lo político, que pareciera es el talón de Aquiles en nuestra región y evita que el desarrollo y el progreso toquen las puertas de muchas ciudades latinoamericanas.
Confiemos y estemos atentos al desarrollo de los acontecimientos que nos conducirán en este año a elegir un nuevo alcalde, y no perdamos la esperanza de que quien asuma dichas funciones sea un cochabambino digno de apoyo y que trabaje por su región.

jueves, enero 7

Mucho ruido y pocas nueves


Cuando William Shakespeare escribió su comedia musical “mucho ruido y pocas nueces” (Much ado about nothing) no imaginaba la significación que dicha frase podría tener muchos años después de su muerte y en torno a temas tan variopintos como la política o la propia vivencia social.
Recientemente el Canciller peruano José Antonio García Belaúnde, utilizaba este término haciendo referencia que las diferencias entre Perú y Bolivia eran meramente ideológicas, y desechaba la existencia de un conflicto real entre ambos países, comentario por demás agradable en materia diplomática ya que todo conflicto es mal visto y las relaciones entre pueblos hermanos nunca deben de lastimarse o romperse a costa de las opiniones – muchas veces tergiversadas – de mandatarios que no siempre reflejan el sentir de sus pueblos.
Sin embargo este dicho también puede aplicarse en un sin fin de aspectos dentro la política de las naciones y Bolivia no es la excepción, sea el tema de la basura, la postulación del ex Alcalde Terceros, la salida de Manfred Reyes del país o simplemente las declaraciones de algunas autoridades nacionales. Tal pareciese que nos gusta vivir con el Jesús en la boca, tenemos una cierta tendencia al morbo, a lo sensacionalista, a incrementar las crisis en lugar de apagarlas, sin embargo cuando parece que la cosa va a estallar simplemente “no pasa nada”.
Independientemente de los problemas por los que atraviesa toda nación, la cultura imperante en las y los habitantes de un país es un factor importante y es menester que se desarrolle en la ciudadanía una madurez que permita promover estabilidad y por ende desarrollo.
Es preciso que tanto los miembros de la sociedad como las autoridades identifiquen estabilidad en todas sus actividades y declaraciones, consoliden una nueva cultura que erradique las diferencias y siembren equidad en diversos aspectos permitiendo el crecimiento individual y grupal de la sociedad a lo largo de este nuevo año.