jueves, febrero 25

VANCOUVER Y COCHABAMBA


Precisamente en estos días en que la ciudad canadiense de Vancouver acoge a los juegos olímpicos de invierno vienen a la mente diversas interrogantes, cada una más cizañosa que la anterior y todas enmarcadas en poder responder porqué Vancouver es considerada la mejor ciudad del mundo para vivir. Y es que con un envidiable y hasta inalcanzable puntaje de 98 puntos sobre 100 la ciudad de Vancouver fue catalogada por Economist Intelligence Unit como una ciudad de primer orden en temas de tanta relevancia como la estabilidad, la asistencia médica, cultura, medio ambiente, educación e infraestructura. Desde el año 2007 este sitial parece reservado para esta noble ciudad de la costa oeste de Canadá que cada gestión se levante en el podio, con el orgullo cada vez más notorio de sus habitantes, quienes ya gritaban de manera diplomática, como suelen ser los canadienses, sus muestras de nacionalismo en la inauguración de los Juegos Olímpicos invernales.
No puedo menos que pensar que Vancouver se debe ver muy bien, debe oler muy bien y hasta uno debe poder caminar tranquilo sin que nadie le empuje ni atropelle en el camino, pero eso es solo una ficción en tanto mi vida cotidiana se desarrolla en una ciudad boliviana como Cochabamba. Mi ciudad, como me gusta llamarla, está notoriamente dividida en dos partes, la primera es similar a muchas ciudades del primer mundo con niveles de desarrollo humano nada envidiables a otros lados y con calles plagadas de gente” linda” y donde se pueden encontrar los productos más modernos y las prendas de vestir más elegantes, la otra tiene serios problemas de desarrollo humano básico y es más bien sucia, mal oliente y caótica, pero contradictoriamente a los críticos del neoliberalismo es mucho más comercial que la otra, mueve fácilmente miles de bolivianos a diario y sus casas, si bien aparentan falta de inversión, pueden doblar en valor a otras más bonitas pero cuyos propietarios no tienen tanto dinero, a pesar de vestirse mejor.
En estos tiempos de campaña electoral y con miras a elegir a los administradores de las ciudades por excelencia, es decir las y los alcaldes, no queda más que plantear en qué medida se presentan propuestas para hacer de Cochabamba una ciudad de primer nivel, algo más que el rótulo que aún ostentamos de ser la mejor ciudad de Bolivia, que a mucha honra no deja de ser una realidad, pero que aún dista mucho de lo ideal que podría ser. Los ejes planteados por Economist Intelligence Unit para ser considerados una ciudad de primer nivel son buena guía en esta época en que la población se mal acostumbró a disfrutar, de una manera morbosa y hasta complaciente, de discursos políticos y poco técnicos, de ataques más que de ideas y de aclamaciones más que resultados.
Resultaría positivo ver en qué medida pueden los candidatos, ofrecer medidas concretas en torno a la estabilidad, en un país más carnavalero que estable, o quizás sobre asistencia médica cuando el arrancar un ítem de salud es similar a una proeza digna de los espartanos, a la par tocar el medio ambiente en una ciudad que tiene un río cubierto de botellas plásticas y basura en cada recodo y cuya población prefiere tirar la basura por la ventana antes que enterarse del uso de un basurero, sumo a esto la educación y el nivel de exigencia académica que se da en diversos lugares y para rematar los logros en infraestructura, por supuesto ligada también a estos aspectos y otros cuyos resultados aún se hacen esperar.
¿Será posible soñar con que un día, antes de que uno muera, pueda escucharse que Cochabamba es la mejor ciudad para vivir en el mundo? Pues claro que sí, soñar no cuesta nada, ¿cierto candidatos?

jueves, febrero 18

TODO PODEROSO


Cual fuerza omnipotente, suprema e inalcanzable a los ojos de los simples mortales que yacen pasivos y hasta indiferentes, se alza el poder ejecutivo del Estado Boliviano, con facultades que para otros gobiernos eran simplemente inimaginables, o que en su comento al menos provocaban – mínimamente –un respeto hasta cierto punto sepulcral por mantener una imagen sólida de aquello que en un momento fue denominado “independencia de poderes”.
Más allá de las buenas intenciones, o discurso platónico del Presidente Morales, es imposible imaginar – siquiera en una fracción de segundos – la posibilidad de que se sostenga independencia en el accionar de quienes fueron designados con aval de un órgano eminentemente político tal cual constituye el Ejecutivo de la nación. Similar cosa se observaba cuando el cuoteo político también ingresaba, cual ratas escapando del hundimiento de un navío, para las designaciones de autoridades, sean o no del Poder Judicial.
El argumento es simple, la visión es nefasta y el resultado no puede sino preocuparnos, quien le debe a otro algo terminará por pagarle, o al menos retribuirá en una mínima parte el beneficio obtenido y por ende cumplirá lo que sea más conveniente para quien fue – en su momento – el bienhechor de un cargo. De igual manera el dictaminar de manera cívica y hasta con un cierto grado febril, que si uno comete un delito debe ir a la cárcel, aún tratándose del propio Presidente de la República o de un Ministro de Estado, es un discurso que tenía que darse hasta en los sueños del opositor más pintado, era lógico que debían de figurar estas arengas que, de dientes para afuera, son altamente efectivas ante una sociedad acostumbrada a la promesa y al “charle”.
Ya desde las primeras ideas de Estado dadas por Platón, pasando por Nicolás Maquiavelo y llegando (por referir a algunos de los autores clásicos de la ciencia política) a Montesquieu se discutía – con fervor, vehemencia y hasta un grado necesario de locura – respecto a la mejor forma de organización de las sociedades humanas, así nacerían conceptos básicos como el respeto al otro, al que es distinto y hasta contrario a uno, al que se obliga en la misma medida en que yo lo hago con el único fin de respetar y mantener aquello que todos los seres humanos anhelan cuando se aglutinan para vivir en sociedad, un espacio de paz y posibilidades de desarrollo para sí y los suyos, así también se exigiría la sanción para aquel que no acepte la forma de organización social aceptada por la mayoría – llámese la imposición democrática – y por supuesto nacerán quienes están llamados a exigir y demandar el cumplimiento de ese contrato social que bajo la forma de la Constitución Política y las leyes es el código de conducta de estantes y habitantes de un territorio, sin embargo y para garantizar que no se presente aquello que fue conocido como tiranía o mejor enfocado despotismo, autores como Montesquieu plantearon que el Estado debía de estar dividido en tres poderes u órganos, un Ejecutivo, un Legislativo y un Judicial, independientes los tres a fin de garantizar que nadie, por mayor apoyo que pueda tener en un momento dado, pueda ejercer el poder de manera unilateral.
Esta regla, básica y simple de toda nación y estado se ha quebrantado con la denominada “Ley Corta”, quedará pendiente en el ambiente la promesa de garantizar, tal cual parecerá pretender el Gobierno de turno, un estado que tenga independencia de poderes y por ende se respete a sí mismo y a sus ciudadanos y ciudadanas.

jueves, febrero 11

ADOBES


El adobe es una pieza de construcción muy propia de países como Bolivia, Argentina, México, Perú y Ecuador, sin embargo de que su uso ya se identifica también en el Antiguo Egipto, así también en el Viejo Continente, España tiene – en las regiones de Castilla y León – uso para este tipo de material de construcción. Dicen los entendidos que la consistencia del adobe usualmente tendrá un 20% de arcilla y un 80% de arena y agua, agregándose – para darle mayor solidez a la mezcla – crin de caballo, paja o heno seco, dejándose secar al sol por un espacio de 25 a 30 días.
Y así como el adobe es malo para los movimientos fuertes – llámense sismos – así también resultó para el ex ministro Patzi el excesivo alcohol que consumió la noche en que fue detenido manejando su vehículo. La lógica de las autoridades andinas al pretender que el indicado ex secretario general de la prefectura paceña pueda redimir sus pecados con la construcción de una muy buena cantidad de adobes, es una lógico por demás absurda que desconoce el principio jurídico básico de la sanción, sustentado a la vez en la ley de la causa y el efecto, o dicho en léxico popular “lo que se hace se paga”.
Si se utilizara la lógica del adobe para varias cosas estaríamos ante la posibilidad de que si por 1000 adobes puedo manejar ebrio, supongo que por 5000 podré robar y ni imaginar lo que se podría hacer por un millón de adobes. Esta lógica es un absurdo y no puede responder a una sociedad que se precie de civilizada o mínimamente organizada y esto bien lo saben las piedras andinas y las culturas aymaras y quechuas porque son – y así lo fueron en su momento – sociedades organizadas.
Bien hace el Gobierno Nacional en rechazar tales propuestas, por mucho que éstas vengan endulzadas del clásico cantar de “voluntad de los movimientos sociales”, por el simple hecho de que los movimientos sociales – en numerosas ocasiones – no tienen dos dedos de frente. La institucionalidad nacional, bajo la lógica de cualquier gobierno, debe tender a otorgar seguridad a las y los ciudadanos, con las consecuencias que esto pueda traer para aquellos que fuerzan o simplemente rompen la norma.
El ejemplo del polémico Felix Patzi es una muestra clara como el agua de que en Bolivia todos debemos cumplir la norma y que en caso negativo corresponde – en estricta aplicación de principios de justicia acordados por la sociedad organizada y representada – sancionar a quienes no acaten lo dispuesto.
Queda también mal mirar a los transportistas que a costa de defender lo indefendible – en un momento de la disputa – amenazaron con paros y bloqueos para defender a quienes llevan en sus manos a decenas de vidas humanas, con familias, con hijos, con sueños y esperanzas y que están en todo el derecho de exigir seguridad en las carreteras, vías y calles del país, más allá del “gustito” que pueda representar embriagarse.
Valga la reflexión en un momento altamente especial tal cual es el carnaval, donde las y los bolivianos usualmente tienden a perder la cabeza sumergida en la cerveza, la chicha y el alcohol y todos sus derivados. Piense mi querido lector en las consecuencias de sus acciones antes de esa cerveza demás, antes de ese nuevo “baldecito”, antes de que – tal cual el Sr. Patzi – pretenda quedarse fabricando 1000 adobes como mea culpa.

viernes, febrero 5

EDUCACIÓN VIAL


La reciente atención del Gobierno a los accidentes de tránsito motiva a retomar un problema constante en la sociedad boliviana, la indisciplina recurrente en conductores y peatones, además de las denuncias (a gritos) de corrupción en la Policía de Tránsito y las condiciones de las propias vías de circulación en las ciudades y ni que decir de las poblaciones intermedias.
Si fuésemos un tanto retrospectivos, podríamos afirmar que los problemas de todo conductor se inician cuando se debe sacar la licencia de conducir, las interminables filas, la inexistente revisión médica, el reciclaje de fólders solo para poder cobrar un pesito demás, el maltrato del cual somos objeto todos los ciudadanos, y por supuesto el absurdo (por no decir otra cosa) sistema de entrega de las licencias (a pleno grito en la puerta de su edificio).
Bajo esta lógica es evidente que viva la corrupción y que las licencias puedan ser emitidas sin requisitos básicos y por ende potencialmente peligrosos. Sobre esto - a tomar apunte ministro Llorenti - también se debe trabajar.
En caso de pesar un problema de por medio la cosa se pone peor, ¿quién controla las postas donde se depositan los vehículos que tuvieron un accidente?, ¿quién gana con los cobros que directamente se impone a quien tiene la desgracia de haber sido parte de un accidente?, ¿en qué medida se atienden los derechos humanos de quienes deben – además de atravesar por el problema y trauma sufrido en un hecho de tránsito – pasar por todo el vía crucis que implican los engorrosos procedimientos relacionados con tránsito?
Temas como la higiene del transporte público o de las dependencias públicas en tránsito son temas de otra discusión que ojala pudiese considerarse también.
Otro factor es el estado de varias vías en nuestro país, ¿qué hacemos con una calle llena de baches que bien puede provocar un accidente? (amén del daño a los propios vehículos), quizás también referir la escasa iluminación en ciertos lugares que obviamente son factores a tomar en cuenta y que pueden incidir en un hecho de tránsito. También podemos mencionar la ilógica existente cuando encontramos jardineras a medio manzano, siendo que se supone que los peatones debemos de cruzar la calle siempre por las esquinas y por los llamados pasos de cebra. A esto podemos también sumar como queja la falta de señalización vial, o la poca notoriedad de los pasos de cebra y menos todavía de los famosos “rompe muelles”.
Ya por las aceras vemos como los pobres peatones caminan en época de lluvias y deben ser “bañados” por los vehículos que salpican el agua atorada en varias vías (atorada también por la falta de educación de nuestra gente que tira su basura donde mejor le place) o quizás ver que las aceras están en tan mal estado como algunas de las calles de nuestras ciudades.
Cochabamba en particular es quizás una de las ciudades con mayor atención a sus vías, su iluminación y otros servicios básicos, sin embargo dicha tarea en varias zonas de la ciudad es aún insuficiente y las autoridades deberán de identificar también los mejores caminos para satisfacer esas sentidas demandas de varias zonas de nuestra urbe. En el resto del país la cosa es mucho peor.
Pero más allá de todo ello estamos nosotros, las y los ciudadanos de a pié que no sabemos siquiera tomar un micro sin romper las normas (peor sabiendo que el micrero parará a media cuadra porque simplemente le dio la gana sin importar de los vehículos que bloquee), a la par también las y los conductores que vemos el semáforo y muchas veces pareciera no entendemos o no queremos entender el significado de los colores, de igual forma el taxista que maneja como loco y que no respeta ni semáforos ni lógicas físicas y que de remate es grosero. En fin un cúmulo de temas que bien pueden hacer integralidad con la postura del Gobierno Nacional a fin de mejorar las condiciones de vida de las y los bolivianos.
Mucho de la solución de este tipo de problemas está en nuestras manos como simples ciudadanos y ciudadanas, por ejemplo el no beber y conducir, el conducir respetando las normas de tránsito, el jamás apurarse demasiado (para esto debemos acostumbrarnos a ser puntuales y salir temprano a nuestras citas), el nunca ofrecer un soborno y denunciar al que lo haga, y una larga lista de etcéteras podrían ayudar en gran medida a que seamos un país mejor en temas de educación vial.