jueves, marzo 25

“Patria o muerte” y La fiesta del Chivo


Por estos días me encuentro leyendo un libro escrito por el reconocido escritor peruano Mario Vargas Llosa, el libro en cuestión titula La fiesta del Chivo y trata de una triple historia muy bien entretejida y con la ya establecida calidad literaria del autor, dentro estas historias destaca (sin menoscabar el interés que despiertan las otras) los últimos momentos del dictador dominicano Leonidas Trujillo, conocido también como el “Jefe”, el “Benefactor”, el “Generalísimo”, su “Excelencia” o el “Chivo”. Este dictador, que fue líder de su país por varias décadas, hacía lo que quería, con quien quería y donde quería (literalmente hablando), entre muchas cosas Santo Domingo (capital de República Dominicana) llegó a llamarse “Ciudad Trujillo” en homenaje al dictador, que si bien logró muchos avances para su país también cometió una serie de excesos y abusos contra los derechos humanos. Trujillo era alabado por propios y extraños en la isla dominicana, contenía los avances de los haitianos que como mano de obra barata amenazaba con desplazar a la dominicana, sostenía – a decir de varios historiadores – un desenfreno sexual en varias de sus actividades y en su gestión se asegura que más de 30.000 personas perdieron la vida y un número similar se exilió. Bastaban sus deseos más simples para que se convirtiesen en realidad y esto abarcaba tanto a políticas de estado como a cosas mucho más simples.
El libro es un deleite para todo bibliófilo, sin embargo no pude evitar comparar los caprichos que menciona en el libro el autor, haciendo referencia a Trujillo, con pruebas de lealtad y una serie de simbolismos que enaltecían al Dictador más que al Estado en sí, con los excesos que muchas veces pueden llegar a cometer los gobernantes, quienes embriagados por el poder pueden errar en diversos niveles. Dentro este tipo de acciones se pueden catalogar a cientos de deseos y sus consiguientes realizaciones en muchos países del orbe, las más de las veces con temáticas tan variadas que en muchos casos son irrelevantes y en otros resultan graciosos.
En nuestro Estado la última propuesta del Presidente hacía referencia al semi estrenado “¡Patria o muerte!” que fue gritado en algunos escenarios del país el día del mar. Esta arenga desplazó a la clásica “¡Subordinación y constancia!”, que, en el tono más franco, tampoco suena mejor o peor. Sin embargo y aún a pesar de que reconozco que no es un tema de fondo, es parte del colectivo social y en este caso incluso de la institucionalidad propia de las Fuerzas Armadas, seguro estoy y afirmo que el Presidente y su equipo pueden o debieran enfocar su accionar en temas más importantes y menos ponzoñosos, tenemos – con absoluta seguridad – problemas más importantes que atender que discutir lemas con tinte comunista.

Chávez, Internet, sociedad y Estado

Rousseau es considerado el ideólogo del Contrato o Pacto Social que permite la convivencia en sociedad, el resultado de este contrato social será pues la existencia del estado que como tal solamente existe para regular las múltiples contradicciones que se dan en la sociedad. Ya desde tiempos inmemoriales las diversas teorías políticas han discutido respecto al estado y su existencia, a su relación con la sociedad y un sin número de ramas que hacen de este tema algo hartamente comentado. Algunas corrientes parten de la existencia de las clases sociales como recipiente vital de una sociedad cargada de injusticias, opresión y mal trato por parte de los dominadores hacia los dominados, entiéndase capitalistas y obreros. Por otro lado otras corrientes buscarán en la Edad Media y en los albores de las clases burguesas a las bases de aquellos que luego requerirán del estado para regular, garantizar y valer sus derechos comerciales y de este modo poder mantener una sociedad mercantil basada en el respeto a la propiedad y el comercio. Ambas posturas respetables y con razón según el punto de vista del cual se pretenda mirar.
Hoy en día el rol del estado ha dado un giro y ha pasado de aquel estado limitado que pretendió impulsar la era Gonista a través del sistema de la capitalización (valga aclarar que la idea tampoco era del todo mala) a un estado regulador y con facultades intervencionistas que ha crecido en burocracia e influencia. A su turno la sociedad, entendida como la agrupación de personas que conviven con fines comunes para satisfacer sus necesidades, sigue debajo de este ente abstracto pero efectivo llamado estado, su accionar como conjunto de personas es delegado de manera representativa a las autoridades, que en democracia, se han elegido para la administración de la cosa pública. Bajo esta lógica y en la misma ruta de la historia pareciese que los hechos se repiten con mayor o menor detalle y se mantienen los elementos de sociedad y estado, ambos permeables y con capacidad de cambio dentro aquello que los marxistas llamaron dialéctica y a la vez estables y firmes cual rocas inmutables que rompen las olas sin estupor. Sin embargo surgen nuevos elementos que se deben considerar, y precisamente uno de ellos es el Internet, el mismo que se usa actualmente para todo, el que trae tanto conocimiento, el que posee tanta cochinada, el que permite reencuentros a través de las redes sociales, el que nos facilita el trabajo, el que nos trae noticias, revistas y entretenimiento y nos enfoca cada vez más en un mundo virtual que es (ahora y para siempre) imparable.
Recientemente el Presidente Hugo Chávez ha rememorado lo sucedido en China con la censura al Internet, literalmente el mandatario venezolano mencionaba: “Internet no puede ser una cosa libre donde se hace y dice lo que quiera” haciendo referencia a un sitio web que contenía información de un forista que fue tachada de falsa. Por esto en Venezuela pareciese que se viene la censura al Internet y como primer paso la Asamblea Nacional ya formó una comisión para el tema.
Más allá de que en el Internet tenemos desde la basura de la más cruel hasta el extremo de poder ver tesis doctorales, nos encontramos con que un nivel de censura en un elemento tan democrático como la web sería un antecedente negativo en la región, incluso viniendo del egocéntrico y absolutista presidente Chávez. Esperemos que en Bolivia no sigamos estos malos ejemplos y se respete la democracia y los niveles básicos de convivencia que se supone deben existir entre estado y sociedad, incluidas las tendencias modernas como el Internet.

jueves, marzo 11

El estado y yo


El origen del Estado es, para muchos teóricos, consecuencia directa del accionar del ser humano. Esto produce como resultado tres interrogantes doctrinales básicas: ¿por qué debe existir un estado con poder coactivo?, ¿por qué se subordina la persona el estado?, ¿en qué medida debe sacrificarse una persona por un estado?, así también una cuarta interrogante personal será ¿en qué medida se justifica este estado (con todo y sus cambios) para un ciudadano común y silvestre como yo?
A través del tiempo aquello que es conocido como la “justificación del estado” ha recibido el aporte de diversas teorías, desde las teológicas que afirmaban que Dios había fundado el estado y por ende éste debía subordinarse a su autoridad, pasando por la Teoría de la Fuerza por la cual el estado reflejaba el dominio de los fuertes por sobre los débiles, esta última incluso con el apoyo de autores como Tomas Hobbes o Leon Duguit, arribando en aquellas de tinte jurídico o las muy difundidas contractuales, entre las que destaca Rousseau y su consabido Contrato Social, finalizando en las planteadas por el marxismo en las que el estado solamente refleja la dominación de la lucha de clases.
Pero más allá de todos estos argumentos queda el saber en qué medida el estado, por muy plurinacional, multiétnico, centralista, federal o autonómico sea, me permite vivir bien o al menos mejor. Esto por supuesto deja de lado la importancia relevante de las ideologías que hoy en día parecieran retomar cierta importancia, así pues el grito socialista de “¡Patria o muerte, venceremos!” no hará que mis fuerzas armadas sean mejores o peores, tampoco el entonar el himno nacional con el puño izquierdo en alto hará que mi país se posicione con un nivel de desarrollo humano mejor que en pasados años, lo propio se puede afirmar de las críticas de la oposición (si es que se puede considerar que existe alguna). Y es que Bolivia, como muchos otros países, tiende a preocuparse por un sin fin de pavadas (sí, léase bien: “pavadas”) y aún no toca de manera frontal lo sustancial de la vida, que se identifica en niveles de desarrollo humano aptos y un “buen vivir”.
Bien decían los jerarcas romanos: “al pueblo dale pan y circo” y los tendréis contentos, tal cual sucedió entonces lo mismo sucede en pleno siglo XXI en todas las naciones del mundo, los más desarrollados lanzan guerras contra otras naciones (tal el caso de George W. Bush) y los más pobres lanzan arengas contra el imperialismo en busca del apoyo popular. En ambos casos no justifican la existencia del estado como un ente que debe sostener las múltiples diferencias y antagonismos existentes en la sociedad.
Es por esto que el estado, incluida su representación a través de los gobiernos departamentales y lo municipales, requiere como operadores a personas con un alto sentido de capacidad y honestidad, así pues afirmo que al más puro estilo del soñador más pintado o del ingenuo más sincero, en las elecciones que se avecinan el próximo mes tendremos más de lo mismo, y que si bien entre uno y otro frente podemos identificar, quizás contando con los dedos, a ciertos profesionales o líderes que bien tienen un alto potencial, no existe un frente en el cual podamos afirmar que se justifica plenamente el rol de estado a través de su organización jerárquica. En suma usted, al igual que yo, no encontraremos respuestas y cambios significativos a nuestra ya compleja realidad.

lunes, marzo 8

La victoria de la razón


Ver que el poderoso gremio de los transportistas pierda es cosa rara, más aún con el antecdente certero de que en nuestro país el que más presiona gana y con el olor aún flotando de aquellos bloqueos que el propio Presidente Morales efectuaba a nombre de las Federaciones del Trópico sin importar las consecuencias económicas que ello trajo para cientos de emprendedores que vieron como se evaporaban sus sueños en las inacabables filas de vehículos que esperaban a que los bloqueos se levanten.
La situación hoy es distinta, el Presidente Morales es el Gobierno, ya no la oposición ni el líder sindical ocupado únicamente de criticar, ahora le corresponde tomar acciones y ejecutar las soluciones y propuestas que más se adecuen para satisfacer las necesidades, ya no de un reducido grupo sindical, sino de todos los ciudadanos de este país. En esa lógica y ante los accidentes de tránsito que el alcohol había provocado a inicios de este año, surgió una actitud ponderable, el Ejecutivo determinó tomar al toro por los cuernos y emitió un decreto supremo sancionando severamente este tipo de desmanes, para colmo de males parecía inaugurar esta norma el radical ex candidato a Gobernador, Felix Patzi quien ni con la fabricación de cientos de adobes pudo obtener el perdón presidencial que se mantuvo aún más firme y radical que el mismo ex ministro en su mejor época de titular de la cartera de educación.
En dos días de intento de bloqueos los ciudadanos vivimos nuevamente la incertidumbre de dudar si nuestros hijos debían asistir o no a la escuela, si podríamos ir en coche a trabajar, si podríamos tomar un taxi y llegar a destino sin recibir chicotazos o al menos si nos dejarían caminar. Los choferes pensaron que como siempre solía suceder iban a detener el mundo y todos sus alrededores por su llana y simple voluntad, pero esta vez se enfrentaron a un enemigo que conocía de sus mala crianzas, un enemigo forjado y nacido de las mismas cenizas de las que ellos pensaban sacar rédito, y más aún se enfrentaron a un enemigo potenciado por el voto popular, por la lógica de la razón y con el ejercicio del poder en su auge, razón por la que cientos de policías salieron a las calles a limpiar al que pretendiese limitar el libre tránsito y con ello se llevaron micros viejos, sindicalistas que ya soñaban con postular a un cargo público habida cuenta de que cumplían con el requisito más importante de las convocatorias públicas y no frenaron sino cuando vieron que las calles se encontraban únicamente con la basura dejada por los transportistas que se aprestaban a desayunar en sus vehículos. Tarde llegaron las quejas de “abusos”, “violación a los derechos humanos” y otra serie de argumentos que comúnmente se manejan de manera cómoda únicamente desde una óptica sin fijarse en el tronco que cada uno lleva en sus ojos. El gobierno se mantuvo firme incluso en aquello que comúnmente es un “perdón judicial adelantado”, cuando a los vándalos acorazados en actos de protesta se les perdona por cualquier desmán bajo el criterio de que son “compañeros”, “afiliados” o incluso “mártires”, dejando de lado que en incontables ocasiones muchos ciudadanos tuvieron que pagar sus llantas pinchadas, sus parabrisas rotos o las fracturas producidas por estos disque líderes, por esto y mucho más es positivo que estos abusos sean sancionados y se garantice un respeto pleno de la propiedad del otro.
Como antecedente cae bien, demasiado bien y hasta diría que es un avance, el hecho de que un paro nacional del autotransporte hubiese sido un rotundo fracaso, porque esto desmerece este tipo de técnicas anacrónicas y dañinas que, entre muchas otras cosas, han permitido que Bolivia sea un país más del montón en el cual el que más y el que menos puede bloquear, linchar, corromper y venderse en todo nivel.
Un pensamiento positivista habla del orden como requisito para el progreso, y no le falta razón al afirmar que aquel que desee desarrollarse, primero debe tener cimientos básicos sólidos y mucho esfuerzo y constancia. Espero que ahora empecemos un nuevo mañana en el que se dejen de lado los bloqueos y las medidas de presión que únicamente han cavado nuestra tumba y podamos salir de este hueco al cual solo le faltaba tirarle tierra.