jueves, junio 24

San Juan, hoy por hoy


El alma de los pueblos bien puede encontrarse en sus tradiciones, en sus bien aventurados éxitos y en sus derrotas, que son por lo general, de conocimiento público. El catalizador más exacto de la tradición es la comunicación oral plasmada de boca a boca entre los abuelos, los padres y los hijos, así se recuperan las ideas y procesos establecidos desde mucho antes que la memoria, de los hoy vivos, pueda siquiera pretender recordar. Dentro el cúmulo de tradiciones que se han heredado en Bolivia, queda la de San Juan, festividad que en antaño sometía a miles de troncos y ramas de árboles a una quema pública rodeada de un ambiente familiar y matizado por ponches, bebidas y comida que reunía a todos los integrantes de las familias en la denominada: Noche más fría del año.
Claros quedan aún los recuerdos en la mente de los ciudadanos, de inmensos troncos parados en la calle, quemados y humeantes, a cuyos pies ardían ramas menores y leña comprada en el día, con madres y padres quemando fotografías recortadas de los avisos de los periódicos aún en blanco y negro, a fin de poder obtener un milagro del fuego cuando arrojaban la imagen pretendiendo su primer automóvil o casa, e incluso billetes de alasitas que consumidos por el fuego serían devueltos en dinero real, contante y sonante, en beneficio del creyente. Los niños saltando alegres y emocionados por el fuego, buscando restos de carbón para poder caminar sobre ellos con agilidad demostrando su valentía, al fondo hileras infinitas de hogueras se veían en las calles de las ciudades bolivianas mostrando una rica tradición que poco o nada se preocupaba de temas como el medio ambiente. Al día siguiente las calles de las ciudades eran espesas aglomeraciones de humo que uno podía cortar cual pastel debido a su consistencia, los cerros cercanos no se distinguían así como no se podía ver de una terraza a la otra, a nadie excepto a su madre le interesaba lo que un bebé pudiese sentir cuando no podía respirar, o un niño con asma, o un anciano, la gran mayoría prefería recordar el ponche y la comida consumida hasta el amanecer e ignoraban el daño que se causaba.
El pasado veintitrés de junio demostramos una vez más que la tradición se sigue imponiendo en Bolivia por encima de la razón, si bien ya no se ven las infinitas hogueras, ahora es el estruendo de los cohetes lo que muestra nuestra ignorancia plena, ya no quemamos troncos, preferimos consumir chorizos, pero seguimos siendo lo suficientemente irresponsables como para promover en nuestros hijos el uso de cohetes que contaminan igual. De nada sirve que el alcalde Castellanos envíe un mensaje a la conciencia si en las esquinas de las principales avenidas de este Valle se siguen comercializando a diestra y siniestra todo tipo de artilugios y cohetes contaminantes, poco o nada puedo esperar si el arca sigue abierta y un padre irresponsable solo debe estirar la mano para entregarle a su hijo un arma de humo y riesgo.
Más atrás en el tiempo y siguiendo la misma conclusión de la reunión realizada en Alemania sobre el medio ambiente, podemos afirmar que la Cumbre Climática de Tiquipaya fue un show mediático montado con fines políticos más que ecológicos, si en el propio país no respetamos el medio ambiente será difícil que otros lo hagan. Con razón la noticia de dicha Cumbre no fueron los resultados de sus mesas de trabajo sino las afirmaciones del presidente sobre el pollo y la Coca Cola, más aún resulta evidente que la presencia internacional no existió y que lo único que se vio fue un nuevo ejemplo de Democracia Morbosa con masas humanas inconscientes e ignorantes, únicamente hábiles para gritar vítores a quien se le ocurra rebuznar mejor y ajenas a cualquier mensaje medioambiental.
San Juan, hoy por hoy, sigue dañando tanto como el de años atrás.

viernes, junio 18

Reglas claras


Pocas veces, dentro el avance histórico de nuestro país, se han planteado las cuestiones de fondo que hacen a la consolidación de la nación como un ente de desarrollo o de atraso, las más de las ocasiones debemos, cual hojarascas llenas de desechos de muchos lados - tal cual diría García Márquez describiendo como nació Macondo -, entretener nuestra atención y capacidad mental en temas de escaza relevancia para el desarrollo del país, nos agrada más debatir si el pollo resulta determinante en las preferencias sexuales de las personas, que hablar de la materia básica del progreso: la estabilidad.
En esta ocasión Aerosur ha planteado una cuestión de fondo y transversal a la existencia misma del estado boliviano mucho antes de que sea considerado plurinacional: “necesitamos reglas claras”, no solo en la aeronáutica, también en la educación, en la política, en materia de seguridad, en salud, en la gestión pública, en todas las actividades que contempla la existencia misma del ser humano, incluida, por supuesto, la inversión privada.
Todo ciudadano boliviano tiene el derecho de invertir en aquello que considere es factible de retorno, bien podrá ser un carrito de helados, una tienda de barrio, un café internet, una tienda de ropa, una empresa de servicios, una universidad privada, una industria o una corporación, en todos y cada uno de estos casos se hace necesario definir las reglas con las que se trabajará.
Con la fiebre del mundial de fútbol en alta, bien podemos utilizar como ejemplo la situación del país en una analogía con este popular deporte, imagine usted querido lector que inicia un partido de fútbol con el estado boliviano, su equipo va jugando según las reglas comúnmente conocidas y su equipo juega bien. Al cabo de treinta minutos el árbitro informa que se modificarán las reglas de juego y que ahora las cosas son distintas, se encuentra usted ante un escenario distinto, con cambios no esperados ni previstos que por supuesto afectan su juego. La figura empeora si el árbitro muestra favoritismo por el equipo contrario y eso le hace suponer que sus reclamos no serán atendidos nunca, o peor aún, que el árbitro empiece a jugar a favor del equipo contrario y contra usted (acoso jurídico). Así, de manera simple, en un castellano no complejo y de común entendimiento, didáctico si usted quiere, se puede exponer el juego al cual deben de someterse los empresarios en nuestro país, desde el más pequeño que debe competir con La Cancha (que no factura, no requiere Fundempresa y no carga una serie de obligaciones que los “formales” sí tienen ) hasta el más grande que debe de soportar una serie de jugadas que le dejarán, lamentablemente con un cierto grado de certeza: mal parado.
Cualquier país requiere de la iniciativa privada para poder crecer, es obligación de todo gobierno protegerla y no atacarla, su rol principal se enfocará en agresivas políticas sociales, que garanticen los derechos de los trabajadores y el respeto a su dignidad, y no así en promover competencia desleal u otros temas. Necesitamos reglas claras, seguro que sí.

jueves, junio 3

Más sabe el diablo por viejo que por diablo


Todo Estado se ha formado considerando la lógica de que su fin principal es el bienestar de su población, para dar cumplimiento a esto sus funciones se han establecido a través de sus actos legislativos, ejecutivos y judiciales. A la par los elementos del Estado, constituidos por la población, territorio y poder, tienen en el ejercicio pleno de la norma las garantías para que los ciudadanos puedan asumir obligaciones y requieran asimismo el cumplimiento estricto de sus derechos. La aplicación de toda ley tiene alcance en el territorio de este Estado, bajo diversas consideraciones constitucionales y otras normas de menor jerarquía en su conjunto van delimitando las acciones de la población que vive en este territorio y se somete a este poder.
En la sociedad, ya subdivida en estamentos y en todo tipo de agrupaciones, existen organismos encargados de vigilar la aplicación de la norma por sobre esa población, pero ¿qué sucede cuando una parte de esa población, llámese Consejo de Mallkus o cualquier otra agrupación, pretende no cumplir el poder que se supone ejerce el Estado a costa de mal interpretaciones en torno a conceptos como la justicia comunitaria?, ¿debe ser posible tranzar, por ejemplo la vida humana, entre muchas otras cosas que en Bolivia solemos negociar? Y cabe mencionar, como ejemplos, que en nuestra patria en diversas oportunidades las agrupaciones ciudadanas, sindicales, universitarias, del magisterio, del transporte, o de a quien vainas le interese, pueden ejecutar acciones de hecho en las que se destruye la propiedad (vehículos con parabrisas rotos, puestos de venta de chicles, escaparates de tiendas y un sinfín de cosas) o incluso se atente contra la vida misma (por ejemplo el joven Urresti, entre una larga lista de personas que murieron y dieron su vida por nada, sí, literalmente: nada) y estamos acostumbrados a negociar, al charle, a que luego y a pesar de las pruebas que puedan existir se borre con el codo lo que la norma escribió con la certeza de que se cumpliría. Y eso sucede en todo, más recientemente los aberrantes planteamientos del Consejo de Mallkus de Uncía, pidiendo la legalización de los autos chutos de sus pobladores o el respeto de una supuesta justifica comunitaria. Si se aceptase esto, mañana deberemos de acceder a ver que el ayllu tal o cual cosa, mate, robe o viole y se escude en la justicia comunitaria y habría que negociar sobre esto. Malos antecedentes resultaron ya en su tiempo cuando los líderes de atentados contra bienes públicos, detenidos por las fuerzas del orden, fueron liberados a cambio de que se arreglen o siquiera relajen los conflictos existentes.
Hace varios años atrás, en 1981, Margaret Thatcher, conocida como la Dama de Hierro, afirmaba: “un crimen es un crimen, no es política” haciendo alusión a las negociaciones que pretendían obtener prisioneros del IRA y del Ejercito Nacional de Liberación Irlandés, quienes sostuvieron una huelga de hambre para ostentar un status de prisioneros políticos cuyo fin llegó con la muerte por inanición de al menos nueve de estos criminales. Si bien no es posible dejar el lado humano, debe existir un principio bien marcado de autoridad en el cual la firmeza pueda imponerse en un país acostumbrado a la viveza criolla, un país donde el policía tránsito te pide “aporte voluntario” en vez de aplicar una multa, donde el micrero se detiene donde quiere mientras la autoridad solo atina a quedar sin aire debido al resople de su pito y a la inexistente sanción, donde los comerciantes informales sostienen gran parte de la economía familiar y las iniciativas privadas son coartadas, donde lo político sigue siendo más importante que lo académico y lo técnico, donde el que no es vivo peca de gil, donde más sabe el diablo por viejo que por diablo.