jueves, julio 29

El poder total


Mientras el Presidente de la República agradecía a las Naciones Unidas por haber declarado el agua como un derecho humano, mientras el amauta Valentín Mejillones, nos mostraba que los saberes andinos tienen las mismas falencias de las que son susceptibles los conocimientos occidentales, mientras un alemán causaba un revuelo en esferas gubernamentales, mientras se admitía - lo que es secreto a voces - que el MAS tiene serios problemas internos, teníamos al Vicepresidente del Estado Plurinacional afirmando que la quinta etapa en la “revolución democrática” implicaba la toma del poder total, enfocada en que no solamente se hable del gobierno, sino que se tenga la capacidad de decidir y mandar sobre la economía y la política en el país.
Esta arenga llegaba tras la afirmación de que el proceso “revolucionario democrático” del MAS había sido obra y gracia de un proceso muy planificado en el cual la primera etapa habría sido la construcción del instrumento político de los pueblos, reflejado en el Movimiento al Socialismo, una segunda etapa habría sido la incursión en los procesos electorales, una tercera en la que se llegó al gobierno, una cuarta en la que se derrotó ideológica y políticamente a la derecha y que tiene una quinta etapa por medio de la cual se obtendrá el “poder total” tanto en lo económico, político y cultural.
Suena un tanto contradictorio, lo afirmado por el Vicepresidente, si tomamos en cuenta que somos un estado plurinacional, donde la idea de totalizar aspectos tan vario pintos como lo cultural es poco menos que imposible, o que se trate de ejercer el poder en lo económico si aún quedan por zanjar las visiones en torno al pago impositivo con los comerciantes agremiados, peor en lo político donde la única forma de ejercer el poder total es la existencia de un sistema unipartidista, al estilo Cubano, donde bien conocemos las limitadas expresiones de libertad que son permitidas.
El británico George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair) escribió entre los años 1947 y 1948 una obra literaria que fue bautizada como “1984” en la que primaba un Partido Único cuyo líder supremo era el Gran Hermano, en pocas palabras una descripción apocalíptica de un sistema totalitario, sistema que llegó a modificar la historia real y cambiarla por una conveniente para los fines del Estado, sistema que afectaba toda comunicación y convertía a los seres humanos en poco menos que animales, un gobierno marcado por la decisión estatal que tenía un único pensamiento y en el cual el “poder total” lo ejercía el Gran Hermano.
Las declaraciones del Vicepresidente del Estado, mal alimentan apetitos insaciables de masas ignorantes que pueden entender, equivocada y erróneamente, que pronto se pretende encumbrar al Presidente Morales como un Gran Hermano, cuyo Partido Único es la solución a todo y cuyos opositores deberán ser callados o incluso eliminados. Quizás sería mejor dejar de lado los mensajes con trasfondos revanchistas y enmarcados en el totalitarismo y empezar con un discurso de diálogo y hermandad, que mucha falta nos hace.

viernes, julio 23

El desarrollo, el crecimiento económico, usted y yo


Comúnmente cuando se habla de crecimiento económico se piensa en
Estados Unidos, en Europa, en Canadá, Japón, Suiza y varios otros países
considerados grandes, por el contrario hablar de Sud América era
sinónimo de devaluaciones venidas a menos, déficit fiscal y continuos
gritos que pedían ayuda a organismos internacionales para solucionar
crisis demasiado politizadas como para ser salvadas. Esta imagen va
cambiando y fruto de aquello y de muchas realidades, es que el Fondo
Monetario Internacional ha pronosticado que nuestra región crecerá a
un ritmo de 4,8%, distante del promedio europeo que alcanza a un
estimado de 1%, así también los espectros latinoamericanos de otrora
ahora son problema presente en el Viejo Continente.
Acorde a la CEPAL este progreso tiene tres ejes articuladores
claramente identificados: el consumo privado, el aumento de la
inversión y el repunte de las exportaciones. Pero ¿en qué medida estos
ejes son parte de la realidad boliviana?, ¿de qué nos sirven estos
números, que usualmente solo entienden los economistas, en una región
con 80 millones de niños pobres? (datos de Unicef).
En toda la región la población total alcanza a aproximadamente 560
millones de personas, el comercio con China y la India se ha
incrementado, se han diversificado mercados y ya no solamente
producimos materia prima sino que le incluimos valor agregado. Pero
como ciudadano, como empleado, como vecino o ama de casa ¿realmente
siento que la China o la India me hacen bien? La respuesta es harto
difícil, porque en tanto el discurso numérico suena optimista, el día
a día de millones de ciudadanos no se ve afectado de manera favorable.
La gran mayoría de los ciudadanos de clase media ven como sus ingresos
se reducen a un simple “no falta pero tampoco sobra”, a una
incapacidad de ahorro galopante y a una dinámica muy politizada, más
allá del discurso del “cambio” que nos deja a los habitantes de esta
región un sabor amargo a miseria muy difícil de superar.
Pareciese que la “lógica de la inversa”, por medio de la cual los
europeos están dejando de lado sus gustos y buena vida para pisar
tierra en un mundo que también tiene guardada una crisis para ellos,
nos encuentra macroeconómicamente bien pero aun demasiado inestables
como para creer que esos números tan publicitados por el Fondo Monetario
Internacional lleguen realmente a significar algo para el común
denominador de la población.
Para muchos analistas Bolivia es una isla, favorecida en tiempos de
globalización y crisis con la inexistencia de riesgos mayores debido
precisamente a esa soledad en la que ha vivido, para muchos otros un
lugar demasiado critico como para ser un buen socio o siquiera un buen
sitio donde invertir, el que tenga la razón bien podrá definirse como
ganador de una pregunta que nos hacemos los bolivianos a diario:
¿Cuándo Bolivia será un país desarrollado?

viernes, julio 16

La ideología, el poder y los bolivianos


Con los ojos cerrados y con el corazón abierto, bien puede todo ciudadano, identificar que más allá de toda disputa ideológica se encuentra el bienestar, en mayor o menor medida, definido por sus propias condiciones de vida dentro de una determinada sociedad. Los ideólogos de distintas corrientes del pensamiento, tanto en lo que a economía refiere o incluso en lo más filosófico del abismo humano, han sostenido en sus planteamientos las mejores ideas (llámense sistemas, económicos, políticos, sociales, etc.) para que la sociedad alcance un determinado bienestar. Pero la ideología por sí misma no ha podido justificar una serie de contradicciones que han hecho de cada uno de nosotros, en numerosas ocasiones, solamente un número o únicamente un engranaje más en un esquema mayor, tal el caso del sistema comunista que – solo por mencionar un ejemplo – en Corea del Norte no puede abastecer un sistema de salud básico, llegando al extremo de realizar amputaciones sin anestesia u operar a la luz de las velas si la intervención es nocturna, así también la fama de Cuba en el área de la medicina, ya declinada por la falta de soporte soviético, no se refleja en la libertad de expresión o la simple crítica al régimen castrista. Lo propio sucede en la otra vereda con el sistema liberal bajo la óptica de que bien podemos observar un ciudadano muy rico y otro muy pobre, con el amén del estado que pareciese ignorar la inequitativa distribución de la riqueza o el nivel básico de vida requerido para poder aspirar a lo que es conocido como “dignidad”. En pocas palabras, para alcanzar el bienestar, la ideología puede ser importante pero no es suficiente.
Por otra lado está el poder, como figura aspirada por muchos y de la cual se abusa en desmedida sea por parte de oficialistas u opositores, esta figura estuvo presente en diversos instantes de la historia humana y bien la pueden haber tenido y degustado personajes tan dispares como Adolfo Hitler o el actual mandatario norteamericano, Obama, cada uno, por supuesto, con distintos fines y lógicas totalmente contrapuestas, sin embargo con la posibilidad de aplicar el poder en sus estados. Cosa similar sucede hoy con el poder que detenta el masismo y que en otras épocas recayó en los llamados partidos tradicionales y mucho antes incluso fue objeto de muerte con las dictaduras, en todo caso siempre como “poder”, cosa que pareciese tampoco es la repuesta por sí misma.
Finalmente, los habitantes de un territorio, llámese población, en el caso nuestro bolivianos y bolivianas, somos el elemento humano sobre el cual se aplica y ejerce este poder, y al cual se pretende convencer de la aplicación de una determinada ideología, pero ¿qué sucede si a pesar de la ideología (expresada, por dar un ejemplo, en el modelo socialista, tal cual propugna el actual gobierno) y a pesar del poder (que se tiene, expresado en la lógica de la aplanadora masista en la asamblea legislativa, el esquema ya establecido en la estructura de las fiscalías o simplemente el manejo de las fuerzas del orden público – interno y externo -) no se consigue el bienestar?, ¿qué pasa entonces? La respuesta, con absoluta seguridad, no la tendrá ni el propio Azkargorta, ni el pulpo Paul, ni tampoco el mejor plan del gobierno, ni la mejor ideología, ni el más arduo ejercicio del poder, ya que la base esencial de este conflicto no radica en eso, radica en la mejora de una población que ha aprendido a vivir de manera indisciplinada, acostumbrada a estirar la mano y recibir algo, a exigir por el medio más violento posible (llámense bloqueos o quema de oficinas públicas o privadas), y finalmente con la idea equivocada de que a costa de ser un “movimiento social” bien pueden dejar de lado la ignorancia y recibir, ellos mismos, un grado de poder ni siquiera sustentado en ideología alguna. En pocas palabras si la ideología no es suficiente, si el poder tampoco funciona, quizás habría que pensar en trabajar de mejor manera en darle al elemento humano mayor atención, quizás es necesario que cambiemos primero nosotros antes que únicamente pedir cambios de otras instancias.

sábado, julio 10

BOLIV IA, LOS QUE HACEN BIEN Y PAUL EL PULPO


El viento frío de las montañas se estrella ágil contra el cálido llano formando en su camino lo que conocemos como Bolivia, un cúmulo de habitantes, distintos en forma pero similares en esencia viven el día a día contemplando sus mercados, odiando sus congestionamientos, ahorrando el centavo y anhelando el pasado, que para muchos, siempre fue mejor. Los ancianos y los padres recuerdan con gloria la antesala del presente y caminan en sus mentes por lo que fue y ya no será, los jóvenes viven en una realidad que desearan fuera más extranjera y menos nacional, los adultos viven y trabajan más que pensar, y los niños, que son los únicos que cantan orgullosos un himno nacional, esperan su turno para poder acceder a una de estas categorías y replicar la historia una vez más.
“La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve para nada” decía García Márquez, pero, y aún a pesar del Nobel del 82 o del cíclico andar de la vida boliviana, siempre diurna, siempre familiar, eterna y orgullosa de su inmovilidad, es posible encontrar la sabiduría en pequeños detalles de aquellos que sí quieren un país mejor, la respuesta no está en manos de un pulpo con aires de oráculo, la respuesta está en la razón de aquellos que sí creen que haciendo las cosas bien podemos construir un lugar bueno para vivir. Cada calle del país tiene problemas, cada rincón muestra falencias y aún a pesar de ello están los que día a día tratan de hacer lo suyo bien, los que sin ser autoridades públicas, sin ser masistas u opositores tratan de ganarse la vida con esfuerzo y genuina dedicación, a ese ciudadano común y corriente, soldado raso que nunca llegará a cargo alguno en el municipio, en la gobernación o en algún apartado escritorio de la administración pública, debe ir el reconocimiento pleno de la gestión verdadera que significa vivir bien, aquello que hace y forja los países grandes, los que no tienen en sus calles la basura que sale del bolsillo, los que no escupen en el suelo, los que saben la diferencia entre un árbol y un baño, los que saludan, los que piden la factura, los que son como son no por sus gobiernos ni sus líderes sino por ellos mismos.
A todo aquel que siente que hacer bien es luchar contra la corriente, que es alcanzar un sueño imposible, debiera ir el reconocimiento de todos, porque en ellos estará el futuro posible de esta nación, nosotros decidimos, nosotros somos los que debemos de cambiar. En tanto esto no suceda nos queda la fachada lamentable del enfrentamiento entre Costas y el Vicepresidente, los accidentes, los campeonatos de la liga que deberemos de soportar a regañadientes luego del mundial, los rumores de nacionalización, los discursos del Presidente, las rabietas de la oposición, y la eterna y bien arraigada idiosincrasia nacional que todo lo puede amparada en la viveza criolla.
Y nos queda solo esa opción, o creemos en mejorar o nos hundimos, o alentamos más a los que hacen las cosas bien o mejor vayamos preparándonos para que en un futuro un cefalópodo como Paul pueda llegar a ser Presidente, si tantos aciertos tiene y nosotros somos tan ingenuos, casi y absolutamente todo es posible en nuestro país.

sábado, julio 3

Extrañando USA 94


El 17 de junio de 1994 empezaba la Copa Mundial de Fútbol: Estados Unidos 94, con la participación de 24 equipos, entre ellos Bolivia, en el evento se desarrollaron 52 partidos, se anotaron 141 goles (un promedio de 2,7 goles por partido), salió campeón Brasil en una final solamente empañada por la definición a penales en la que perdió Italia. En aquella época los bolivianos en general caminábamos con la bandera nacional bajo el brazo y con la cara pintada a la espera de todo, en las eliminatorias habíamos coreado a voz en cuello la victoria sobre Brasil en el Hernando Siles, y habíamos degustado cada gol de Ramallo y cada diablura de Etcheverry, los tiros de Erwin Sanchez nos dejaban sin aliento y admirábamos las atajadas de Trucco.
La serie a la que pertenecía Bolivia era el llamado Grupo B, compartido por la última campeona, Alemania, y además por España y República de Corea, llegábamos como la Cenicienta y con la emoción atravesada en la garganta. En el debut, nada menos que en el partido inaugural, fuimos derrotados por los germanos por un tanto contra cero, con gol de Juergen Klinsmann, con la República de Corea empatamos y dividimos honores sin apertura de marcador, en tanto que con España perdimos por 3 tantos contra uno, con el único gol anotado en un mundial a cargo de Platini Sánchez. En la tabla de posiciones terminamos últimos y no clasificamos, mas no recuerdo otra época en la que haya visto tanta gente que se sentía boliviana, que gritaba y apoyaba a su país, que sentía en el alma el orgullo de ser boliviano.
Recién me daba cuenta que hoy por hoy, miles de jóvenes eran demasiado niños como para recordar eso y que los únicos que sí habían vivido ese fervor eran aquellos que todavía se acordaban lo que significa un Atari, los que todavía tienen memoria para ver como era el mundo antes de los celulares o el internet y que tuvieron su niñez sin microondas, sin conocer lo que es Cartoon Network y sabían bien lo que eran los pitufos. Las nuevas generaciones aún no han sentido esa pasión desbordante que deja el fútbol y hoy en día se emocionan con un lindo mundial en el que se recupera la magia de fútbol hermoso, del fútbol bello propio de los sudamericanos. En algún momento, espero, podrán seguramente vivir esta misma alegría y orgullo, mas recordaba también que resulta triste darse cuenta que uno se siente orgulloso de su país cuando las cosas salen bien, por eso son orgullosos otros países, por que se saben buenos en algo.
Si queremos ser buenos en algo, y queremos poder sentirnos orgullosos de muchas cosas en un futuro, será mejor empezar desde ahora, empezar por sentirnos que hacemos bien las cosas, que si bien quizás nunca podremos cambiar plenamente la idiosincrasia del boliviano, podemos intentar cambiar a nuestro entorno, partiendo por hacer nuestro trabajo bien, por crear una nueva imagen del ciudadano boliviano, desterrando la viveza criolla, el oportunismo y sembrando las semillas de la honestidad, la verdad, el trabajo y la responsabilidad. En pocas palabras ser el factor que haga la diferencia, así no tendremos que extrañar otras épocas y un mundial será poco para poder expresar el orgullo que sentiremos por ser bolivianos.