viernes, marzo 25

La mejor ciudad para vivir


Por quinto año consecutivo la ciudad canadiense de Vancouver ha sido elegida por The Economist como la mejor ciudad para vivir, para llegar a esta conclusión, ha considerado treinta indicadores que hacen a una buena ciudad, destacando aspectos tales como: atención a la salud, cultura, medio ambiente, educación, infraestructura y estabilidad política.
El tope de esta lista está dividido principalmente entre ciudades de Canadá y Australia, ya que luego de Vancouver se ubican Melbourne (Australia), Viena (Austria), Toronto (Canadá), Calgary (Canadá), Helsinky (Finlandia), Sidney (Australia), Perth (Australia), Adelaida (Australia) y Oakland (Nueva Zelanda). Como verá, no está ninguna Latinoamericana y, a pesar de la activa movida comunicacional Hollywodense, ninguna Norteamericana.
Claro está, que nos queda para lamentar que ninguna ciudad de la región latinoamericana se hubiese podido posicionar siquiera entre las mejores cincuenta mejores ciudades, lo que es explicable con solo mirar alrededor y observar que nuestras bibliotecas no podrían competir contra la biblioteca pública de Vancouver que tiene más de un millón de títulos, ni tampoco nuestra cultura de justicia pro linchamiento o las continuas denuncias de violación dejan cabida a los bajos índices de criminalidad que ostentan varias de estas urbes. Ni me animo a comparar, por simple vergüenza ajena, nuestro sistema de transporte público con lo que pueden tener las ciudades arriba mencionadas, donde la fluidez de su transporte y la calidad de su servicio es indiscutible, a diferencia del micro destartalado y viejo en el cual, amén de los olores que se deben de aguantarse, debemos transportarnos cotidianamente las y los bolivianos.
En lo que hace a la infraestructura aún nos falta mucho, las calles congestionadas de baches nos dicen una realidad a gritos, la basura en los lechos de los ríos o en las esquinas (incluso junto al contenedor) dan otro acierto de que en Bolivia nos falta mucho por aprender. En lo que hace a la estabilidad política no tendríamos cara para poder decir algo, el cuoteo político, la mala práctica en la gestión pública y el abuso de poder y poca eficiencia en el servicio deriva en maltratos que debemos de aguantar todos los días. Los continuos cambios en los municipios del país dan una muestra imborrable de la estabilidad política en que vivimos.
Mucho de lo anterior es cultural, estamos acostumbrados a hacerlo, siempre se hizo así y muchos no quieren cambiar. Pero no por ello se debe perder la esperanza, y espero, sin ánimo de ofender a nadie, que este artículo sirva como reflexión para mejorar, para observar nuestros errores y no contentarnos solo son criticar o sumarse al montón, recuerde mi estimado lector, la ciudad somos todos y uno sí puede hacer la diferencia.

jueves, marzo 10

De friegas y refriegas


Vivimos continuas friegas y refriegas entre los transportistas y la población civil, la gobernación, el municipio, sumadas todas a las incesantes lluvias que dejan hondo pesar en las familias bolivianas y matizadas siempre por el Gobierno que en su conjunto empieza a tener notorias contradicciones y “hace aguas” en frentes tan delicados como la lucha contra el narcotráfico y la capacidad para poder liderar a un país tan complejo como es Bolivia. A esta tremenda mezcla se le sazona únicamente con el carnaval, que como en tiempos inmemoriales, hace que el boliviano baile, beba y olvide sus problemas, aún a costa de perder su costa marítima o cualquier otro riesgo. Y es que así somos, como diría Don Calletano Llobet, conocido columnista nacional “así no más había sido”.
La historia del país gira en torno a un sinfín de luchas, de aspiraciones y, muchas veces, frustraciones mal llevadas. La idea base o global, pareciese repetirse en un pantano en el cual nos hemos estancado ya por varios días y en el que, a raíz de un explosivo fin de año 2010, con un gasolinazo que parece quemó todo y dio pié a una serie de inestabilidades domésticas y otras no tan domésticas, hemos llegado a derivar en enfrentamiento continuo entre hermanos. ¿Y el Gobierno principal artífice de que se encendiese la mecha de tamaño descontento? Bien gracias, prometiendo viviendas a los afectados por el llamado Megadeslizamiento en La Paz mientras la diarrea y los resfríos hace su agosto en pleno marzo.
En otro frente, el nivel de conocimiento que las autoridades nacionales tenían, o no, sobre el caso René Sanabria, no es lo más importante ahora, el fondo del asunto es que la política antidrogas del actual Gobierno no está funcionando, no en vano las noticias en las fronteras e incluso más allá, hacen referencia a droga boliviana. Si la lógica era que la DEA se vaya, para en su reemplazo, ganar dignidad, dudo mucho que la mayoría de los bolivianos notemos diariamente que nuestra dignidad se promueva con mayor producción de droga y un irracional cultivo de coca originaria.
A la par, los famosos, no fiscalizados y hasta (pareciesen) prebendalistas cheques venezolanos ya van cobrando sus facturas al Gobierno, y es que nada es gratis, y Hugo Chávez no es Papá Noel ni tampoco un sujeto transparente, odia la libertad de prensa tal cual se ensaña contra el capitalismo y lo mismo nos cobrará lo que nos dio que cantar por su programa radial.
Como dije, y haciendo alusión a que una “friega” es una molestia, en el país se van sembrando una serie de incomodidades que tarde o temprano le cobrarán la factura al Presidente Morales. Si hoy tuviésemos elecciones nacionales ¿ganaría el Movimiento al Socialismo? Quizás no, e incluso quizás la pregunta no va tanto por eso sino por ver si no es él, ¿quién?
Entre tanto, MAS friegas y refriegas nos esperan.