jueves, julio 12

Crisis de Estado

El Estado, como entidad abstracta existente desde hace cientos de años, ha mostrado en sus elementos constitutivos, la esencia misma de su presencia reflejada en el poder que se traduce en las leyes que deben de cumplir aquellos que a la vez son los habitantes del Estado y cuyos límites geográficos son el territorio que delimita la normatividad referida. El Ministro Romero, a raíz de la IX marcha por el Tipnis, mencionaba la pasada semana que este conflicto social era el único que podría haber derivado en una crisis de estado. Tal afirmación, provoca el presente artículo que busca reflexionar, desde un punto de vista no solo político, sobre la situación boliviana en relación a la estabilidad, entendida como factor decisivo para el desarrollo de una nación, y a la inestabilidad, como herencia transmitida de generación en generación en el país. No es exclusividad del MAS sufrir bloqueos, embates de organizaciones sociales, marchas, críticas y ataques de diversos frentes, por el contrario durante mucho tiempo ha sido precisamente el Presidente Morales quien, liderando las Federaciones del Trópico de Cochabamba, ha promovido y efectivizado bloqueos con resultados nefastos para la economía, estabilidad e imagen del país, lo vivieron varios mandatarios de los partidos rotulados como tradicionales y antes de estos también fue similar la situación. La relación entre las instituciones del Estado con los grados de efectividad, eficacia y eficiencia que demanda la población, o la imagen de transparencia que se supone vigente en el imaginario colectivo boliviano, se encuentran muy distanciados. El pueblo, por su parte, es un grupo humano cuya mayoría tiene niveles de educación insuficientes, con falencias complejas que vienen a significar la conformación de una sociedad resquebrajada en temas tan básicos como la higiene, la pronunciación, la escritura, la cortesía, el respeto a la ley, el cuidado básico en salud y la disciplina laboral, esto significa en pocas palabras que como sociedad nos falta mucho, las clases sociales bien marcan diferencias notorias entre los unos y los otros y es preciso que estas diferencias que afectan a quienes son actores diarios del cotidiano vivir sean superadas para bien, y esto tomará años. Existe, por otra parte, un divorcio entre las entidades públicas y la confianza de la población, cada vez resulta más compleja una relación carente de efectividad, transparencia y con excesiva politización, el MAS, tal cual los partidos predecesores, ha demostrado que la falta de institucionalidad en Bolivia es una regla y no una excepción. Esta realidad, triste pero cercana a cada uno de los ciudadanos del país, conlleva los riesgos de una crisis de Estado, si bien no políticamente enfocada en lo gubernamental, es un territorio, su población y su consabido poder en continua y profunda crisis. Resulta evidente que conceptual y doctrinalmente hablando, en estricta sujeción a las teorías políticas existe un enfoque distinto en lo que es en esencia una crisis estatal, sin embargo en Bolivia las crisis son cosa común. Concluyendo este artículo queda preguntarnos: ¿cuál la solución?, la respuesta es harto difícil, porque parte de cada uno de nosotros, de ser mejores ciudadanos para poder exigir mejores gobernantes, de respetar las normas en vez de buscar burlarlas, de ser puntuales en vez de identificar excusas, de en pocas palabras ser mejores ciudadanos porque, a pesar de todo, amamos a este país.