lunes, septiembre 24

¿Existen presos políticos en Bolivia?

Publicado en el periódico Los tiempos el sábado 22 de septiembre de 2012 Los obispos de la Iglesia Católica de Bolivia sugirieron en días pasados que en calidad de “gesto de pacificación” se pueda declarar una amnistía para encarcelados, exiliados y refugiados políticos, aduciendo además que este sería un gesto de reconciliación e indicaron que resulta aberrante el uso de la justicia para perseguir judicialmente a aquellos que se encuentren disconformes con el proyecto político que vive el país. En respuesta, la Ministra de Transparencia y Lucha Contra la Corrupción, Nardi Suxo, así como otros legisladores del oficialismo, negaron que existan presos políticos en el país. En esta lógica cabe analizar aspectos fundamentales que pueden ayudar a mejor comprender esta discusión, obvio desde una óptica académicamente fundamentada. Si definimos preso político, se hace referencia a una persona física que es retenida en un centro penitenciario o en otro ambiente que limite su libertad, debido a que las ideas por él expresadas significan una amenaza para el sistema político imperante en un estado, es así que aquellos que detentan el poder siempre negarán tal condición a aquellos que sufren esta condición, pero, ¿existen presos políticos en Bolivia? Analicemos los antecedentes desde una lógica muy sencilla, es esencial priorizar que los estados mantienen en su estructura organizativa, para existir, de acuerdo a la visión que ya Montesquieu planteaba en su obra “Del espíritu de las leyes” (1748), una división sustentada en la existencia del poder legislativo, ejecutivo y judicial. Este último, independiente del poder ejecutivo y legislativo, garantizaría de manera autónoma la correcta administración de las leyes en un país, situación, que cabe indicar siempre tuvo complejidades que pasaron en Bolivia, como en muchos otros estados, por el apoyo político que debían tener las autoridades que pretendían funciones en el poder judicial (elegidos por el entonces Congreso Nacional), hoy en día elegidos por elecciones populares tras un filtro político igualmente discutible. Aterrizando ahora dichos antecedentes, si el gobierno en cualquier estado, incluido por supuesto el boliviano, influye en este Poder Judicial para coaccionar, perseguir, procesar y finalmente detener y limitar la opinión de aquellos a quienes considera contrarios a su régimen, se identifican las características básicas para ser considerados como presos políticos. En nuestro país, existen actualmente autoridades que son objeto de procesos legales (demorados y muchas veces cuestionados), un caso emblemático resulta ser Leopoldo Fernández (preso desde el 2008 sin sentencia ejecutoriada) pero las limitantes y autocensuras se han extendido a muchos niveles y, conforme afirma la oposición, son muchos los que ya ven limitada su acción y son perseguidos políticos. Debe, el gobierno nacional, dar muestras más claras de que no existen perseguidos políticos en Bolivia, en tanto la Iglesia Católica tiene la razón.

jueves, septiembre 13

¡Gracias Cochabamba!

Bien sabido es que Cochabamba es una de las mejores ciudades de Bolivia, anhelada por muchos y una aspiración y un sueño hecho realidad para otros. Hace ya varios años que esta ciudad es cobijo de propios y extraños, su perfecto clima, la calidez y calidad de su gente, su deliciosa comida, sus hermosas mujeres, sus trabajadores y emprendedores hombres, sus tradicionales bebidas, sus valles floridos, su hermoso trópico, su pujante progreso y desarrollo, su pasión deportiva, su tradición hospitalaria, sus obras y avances viales, sus premios, sus eventos internacionales, sus líderes, su larga historia de ex presidentes, hacen de esta tierra un sitio bendito en el cual muchos tenemos la suerte de vivir. Podemos tener diferencias, desde las más simples hasta las más complejas, pero en todos los casos las similitudes y el buen carácter de nuestra gente hacen que Cochabamba palpite con un solo corazón, con un solo sentimiento que se engalana, de manera especial, cada 14 de septiembre. Agradezcamos, entonces, el poder vivir en una región como ésta, que un lujo semejante, no lo tiene cualquiera. Gracias Cochabamba, por tu presencia de magia mezcla de trópico, valle y puna, por tu esencia de ensueño y color, olor a flores y a fruta madura, gracias por permitirnos ser parte tuya hoy y siempre. ¡Felicidades a todos los habitantes de esta hermosa tierra!, ¡felicidades Cochabamba!

jueves, septiembre 6

La ideología no da de comer

Bien es conocido que una ideología es el grupo de ideas sobre la percepción de aquello que es considerado real, las políticas y sistemas económicos, visiones científicas, organización social, actividad política, aporte cultural, percepción moral, religiosa y una serie de factores adicionales que, en suma, hacen al conglomerado social, su organización estatal y por ende su vida misma. Ya sea así, o sea bajo la visión marxista de ideología en la que su reflejo se traduce en la “falsa conciencia” y es fruto de las relaciones de producción, se pueden identificar ciertas corrientes claras que dan sus aportes a las distintas formas de ver la existencia del ser humano. A esta división de visiones seguramente hacía referencia el actual embajador en la Organización de Naciones Unidas, Sacha Llorenti, cuando alegaba que su designación se daba en medio de una “batalla política entre dos ideologías”. Más allá de que hacer carrera diplomática en Bolivia, parece, no sirve de nada, ya que bien puede ser embajador un profano a la formación diplomática o un dirigente sindical, o que, tal cual sucede en numerosos casos (el fin de la Coca Cola, la asesoría de piedras andinas y otras tantas), el jefe de nuestra representación internacional, también es visto como ausente de una formación en el área, es necesario que se pueda identificar como retrógrado un discurso anacrónico que si bien fue válido en la época de la Guerra Fría, hoy resulta un resabio que es más un cliché antes que soluciones efectivas a observaciones concretas a lo que sucede en el país. Para el flamante embajador la ideología defendida por él y su partido político apunta a la verdad en tanto que la otra es carente de patria y apunta a las ambiciones, en los antecedentes históricos más recientes podríamos imaginar que las dos ideologías más frecuentadas en boca de los políticos son la corriente socialista y la corriente liberal (en el primer caso con el rótulo chavista de “socialismo del siglo XXI” y en el segundo caso con el muy empleado término de “neoliberalismo”), en ambos casos se pueden mencionar ejemplos de países en los que se han aplicado (con mayor o menor frecuencia, profundidad y pureza teórico doctrinal) estas visiones y que en todos los casos han desnudado falencias que han derivado en abuso de poder, corrupción, y – ante todo – insatisfacción de las necesidades básicas de la población (incluida la libertad, carente en el sistema socialista y la extrema pobreza, abundante en el sistema liberal). Quizás por esto es que diversas corrientes fueron planteándose la realidad respecto a la efectividad de sus argumentos llegando a concluir que la ideología no da de comer. Surgen entre otras ideas similares, concepciones como la planteada por el inglés Anthony Giddens (actual profesor emérito de la London School of Economics and Political Science) denominada como la Tercera vía, una opción definida como ecléctica, en la que se toma lo mejor de ambas corrientes clásicas. Líderes como Gerhard Schröder (Alemania), Rodríguez Zapatero (España), Santos (Colombia), Mujica (Uruguay), Lula Da Silva (Brasil), Bachelet (Chile), Clinton (EE.UU.), Blair (Inglaterra), se han manifestado participes de esta visión mixta de ideología. De pronto y sería momento de que en Bolivia se plantee una nueva visión política que apunte a una tercera posibilidad que vaya en pro del progreso y del desarrollo, restringiendo lo negativo y ensalzando lo positivo, enterrando de una vez las ideologías radicales de socialismo extremo o neoliberalismo salvaje. Dejemos de perder tiempo pretendiendo cambiar el nombre a la Plaza Murillo de La Paz o a la Plaza Colón en Cochabamba, y empecemos a asumir una nueva visión que apunte a lo que es realmente esencial: el bienestar del ciudadano boliviano.